
Crónica del segundo Viaje a Rawson
Bien dicen, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. En este caso, los docentes de Comodoro Rivadavia, después de haber sido reprimidos en la capital del Chubut, por un grupo de personas no identificadas portando carteles que tenían una extraña similitud (casi como si hubieran sido hechos por la misma persona);por intentar dialogar con las autoridades provinciales, volvimos a dicha ciudad. Esta vez, en mayor número, una caravana de seis colectivos, tres vehículos para transporte de personal petrolero, y una treintena de vehículos particulares, asumiendo un costo monetario muy grande, ayudados por toda la comunidad de nuestra ciudad, marchamos 400 Kms. tras la ilusión de lograr el tratamiento de un proyecto de ley en la Legislatura Provincial.
Tal como la vez anterior, fuimos buscando lograr un diálogo con el poder ejecutivo provincial. Nuestro proyecto de ley solo se limita a lograr ese objetivo, y cuenta con el aval de 20000 firmas de ciudadanos de Comodoro Rivadavia y Rada Tilly. Supusimos que al haber superado ampliamente el requisito para la presentación de proyectos ley del 3% del padrón electoral de la provincia (10000 firmas), los miembros de la Cámara de diputados de la Provincia, al menos tratarían nuestra inquietud.
Que equivocados estuvimos, no solo no se trato nuestro proyecto que fue “cajoneado” como si no existiera la voluntad de las personas que lo apoyaron, sino que además vimos una teatralización de una sesión de la legislatura, donde se aprobó un proyecto enviado por el poder ejecutivo sin ningún tipo de discusión o tratamiento alguno, y donde los diputados de la oposición al partido gobernante solo fueron muñecos sentados en sus bancas sin ningún poder para intentar cambiar algo. Ni siquiera para permitirnos el ingreso al recinto, que el oficialismo intentó manejar como si fuera un partido de fútbol. La mitad del recinto para la oposición (nosotros) y la mitad para ellos (¿serían los muchachos de los carteles?), cosa que al final no se llevó a cabo y solo estuvieron en cámara de sesiones unos pocos acólitos del partido gobernante vitoreando la actuación de sus representantes.
Mientras tanto, los ilusionados viajeros, estuvimos afuera del edificio, sin poder ingresar, no solo porque los legisladores oficialistas no quisieron, sino también porque la policía de la provincia tenía orden de no dejarnos ingresar y porque una guardia pretoriana, formada por personas pagadas vaya uno a saber por quien, nos impidió el acceso increpándonos con cánticos políticos, referidos a nuestra supuesta pertenencia partidaria, cosa verdaderamente extraña ya que no representamos a ningún partido político aunque el oficialismo así lo piense.
Pensamos que eso iba a ser todo, pero al poco tiempo de arribar, recibimos la visita poco grata de un contingente de personas que se sumó a las que no nos permitían ingresar, portando unas pancartas que nos resultaban familiares, claro, si eran las que habíamos visto dos semanas atrás, pero esta vez los portadores lucían un poco diferentes, como más amenazadores.
Durante todo el tiempo que estuvimos afuera de la legislatura, hasta el final de la sesión, estas personas nos insultaron, intentaron provocarnos, golpearon a uno de los docentes y tiraron gas lacrimógenos a otros. Luego, finalizado su trabajo, que era impedir nuestro ingreso mientras sesionaba la cámara, se retiraron a comer. Tal vez lo más normal hubiera sido a un lugar cerrado, pero no fue así. A solo media cuadra de la legislatura, en el cordón de la vereda de un boulevard, se sentaron cual bestias guardianas, a la vista de todos nosotros, del pueblo y de la policía del lugar a comer y beber vino y cerveza; demostrando su total impunidad.
Cuando una docente intentó señalar este acto a la policía local, uno de los encargados de repartir las bebidas alcohólicas, perdió el control e intento agredir a la docente. Afortunadamente fue aprehendido por personal policial en medio de una confusa montonera de gente, que no pasó a mayores debido al correcto accionar de los uniformados.
Después de esto, la docente prestó declaración del hecho en la comisaría, para tratar de explicar que el accionar de los agentes había sido el correcto. Pero fue aquí donde todo lo que nosotros pensamos que estábamos defendiendo, la democracia, sus instituciones, el derecho a peticionar y ser escuchado por las autoridades electas, sin importar si somos una minoría o todo el pueblo, dio finalmente por tierra con nuestra fe en el sistema democrático de gobierno de nuestra provincia. Porque se preguntarán, la respuesta a una afirmación de semejante magnitud debería ser algo muy grave. Pues así lo es, dado que luego nos enteramos que el sujeto detenido fue liberado por una diputada oficialista y los policías involucrados sumariados y detenidos.
A esta altura, nuestro desconcierto era total, la comisión negociadora que nos representa, que había ingresado varias horas antes, no cejaba en su intento de conseguir aunque más no sea un acercamiento, con los diputados provinciales de nuestra localidad, aunque ya hubiera terminado la sesión, pero lo único que obtuvimos de ellos fue sarcasmo y más teatro. Salieron y negaron en nuestra cara que alguien pudiera estar impidiéndonos el ingreso, por más que nosotros señalábamos a los guardianes comiendo sentados en el boulevard.
A la vez, un grupo de colegas, que había logrado introducirse en el interior del edificio, trataba de informarnos lo que acontecía en el interior para intentar decidir que hacer, si convenía quedarse a esperar que los muchachos terminen el refrigerio y vuelvan, afrontando las posibles consecuencias o pedir a nuestra gente que estaba adentro que finalice sus intentos de mediación y partir antes de correr mayores riesgos.
Mientras todos estos hechos sucedían, los habitantes de Comodoro se mantenían en contacto con nosotros a través del móvil de una radio local, que realizó un increíble trabajo, y de los mensajes de texto de nuestros teléfonos celulares.
Cuando un grupo de colegas nos comunicó la intención de salir de nuestra ciudad rumbo a Rawson, apuramos nuestra partida para evitar mayores inconvenientes. Avisamos vía texto de nuestra salida y con la colaboración de la policía partimos por una ruta que no fue la del ingreso para evitar a los muchachos, que ya habían terminado el almuerzo y se dirigían caminando aparentemente hacia el puente de entrada-salida de la localidad. Cosa que no pudimos afortunadamente corroborar por lo anteriormente explicado.
Las conclusiones de este relato, son muchas y variadas, espero que puedan compartirlas con la mayor cantidad de gente posible para crear una verdadera conciencia ciudadana del real estado de nuestras instituciones democráticas.
Muchos pueden pensar que esto es una fábula, pero los hechos narrados sucedieron en Chubut, Argentina, durante la primera quincena de noviembre del año 2005, con más de 22 años de democracia a cuesta, recuerden esto a la hora de poner el voto en la urna la próxima vez.