NOVALIS. CÁNTICOS ESPIRITUALES. HIMNOS A LA NOCHE. MIGUEL ARCILA MONTOYA.

 

 

 

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Jorge Federico Felipe de Hardenberg
(1772, 2 de mayo - 1801, 25 de marzo)
Más conocido como NOVALIS, es uno de los más genuinos representantes del romanticismo alemán.
En 1797, con la muerte de su amada Sofía, comienza a escribir algunos de los poemas de amor más amargos, místicos, nostálgicos y sentidos de la literatura.
Con ellos, el alma romántica se está liberando y canta a las profundidades más inaccesibles y misteriosas.
Fue el propio Schlegel quien exclamaría, al leerlos, que aquellos cantos
"... son divinos y superiores a todo lo que se ha hecho hasta ahora ..."


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Ensayo

CESAR SECO HACE VER AL POETA EN SU ALUMBRAMIENTO

Novalis "está a ojos abiertos al suceder del cielo"

El nombre de Novalis se erige como una suerte de paradigma en el que realidad
y fantasía son inseparables. En sus Himnos a la noche César Seco se topa con la clave para
acceder desde el "vacío país de la oscuridad donde 'todo sobrenada' al país del alumbramiento. Amanecer delante de la noche" y abrazar "vida y muerte en una sola mirada".
El encuentro con el poeta alemán estuvo signado por el destino: "No tuve dudas:
una voluntad actuaba y me sumergía en la lectura de Novalis"

A Ramón Miranda y Wolfgang Garvett

Luego de un inicial interés, aplazado durante años, en buen momento me sumerjo en la lectura de Novalis. Un amigo tenía en su Völskswagen un pequeño libro de cubierta oscura. El vio de inmediato cómo mis ojos se fueron hacia el ejemplar que estaba entre los dos asientos delanteros. No tuvo reparo en colocarlo en mis manos, no sin antes hacer un ademán de niño que lo separan de algo muy querido. Esto ocurrió en medio de un silencio venerable. Sabemos que Novalis fue un poeta despierto al sueño. Mi amigo es un insomne.

Mi primer encuentro con Novalis ocurrió cuando hacía de asistente en la biblioteca pública de mi ciudad solar. Cierta mañana ordenaba una ruma de libros y me topé con los cuentos de Herman Hesse. Al abrir el libro fui a dar a las páginas de un cuento titulado "Edmund". Cuenta éste la historia de un joven "capacitado y de buena familia", que por varios años fue discípulo de un respetable profesor. El relato da cuenta de los infinitos poderes de la mente y de las resoluciones imprevisibles del sentido. La experiencia entre el maestro y su discípulo va del secreto poder de las palabras de un oráculo y su discernimiento, a la refutación mutua de los posibles significados, y de aquí, a una práctica de yoga que nos conduce a un inusitado y sorprendente final. El relato intercala otra anécdota no menos interesante que la primera. Una anécdota que trata de "aquel joven profesor adjunto de Marburgo que se propuso narrar la vida y la muerte del piadoso poeta Novalis. Se sabe cómo este poeta tomó la decisión, al fallecer su prometida, de seguirla en la muerte; para ello, como auténtico creyente que era, no apeló a medios mecánicos como el veneno o el arma de fuego, sino que se encaminó hasta su meta con medios puramente psíquicos y mágicos, llegando a morir precozmente. El adjunto se dejó fascinar por el hechizo de aquella vida y muerte singulares y sintió despertar en sí el deseo de seguir al poeta e imitarle en la muerte a través de un método de configuración e identificación espiritual. Lo que lo movió a ello no fue propiamente el hastío de la vida, sino más bien el ansia del milagro, es decir, de alcanzar el dominio de la vida corpórea mediante las fuerzas del alma". La forma en que Hesse superpone las anécdotas es maestra. Puedo jurar que actuó en mí como pudo haberlo hecho en aquel joven adjunto de Marburgo. Supe que en algún momento la lectura de Novalis me sería propicia. Mi tercer encuentro con Novalis comienza aquí. Abro el libro de cubierta oscura y aparecen los Himnos a la noche.

Tal como el poeta lo relata en su Diario, la escritura de los Himnos… la inicia un 13 de mayo de 1797, después de que regresara de visitar la tumba de su amada Sophia. Novalis dice que estando inclinado ante la lápida tuvo el presentimiento de que Sophia le hablaba desde el más allá. "La poesía diluye la existencia ajena en la propia", anotó en sus Fragmentos, como si la suya sólo se cumpliera en el cuerpo de la escritura. La primera lectura de los Himnos… me llevó a un sueño meridiano del que desperté fatigado. Un vapor cálido parecía emanar de mi cabeza. Estaba despierto y nada recordaba. De pronto tuve la sensación de que una luz mi cuerpo recorría. No podía explicarme por qué había en el cuarto tan extraño reflejo. Me levanté y vino a mi sentido el sueño que creí olvidar: una llama azul, algo así como un montoncito de luz rebotaba incesante contra las paredes de una caja oscura. Todo comenzó a parecerme el cumplimiento de una voluntad exterior a la mía. Al promediar la tarde salí de casa. En cuestión de minutos tocaba a la puerta del apartamento de otro amigo, quien se apresuró en abrirme y me invitó a tomar asiento para leerme un cuento que acaba de terminar y que versaba sobre un hombre que por la dignidad de su vida, méritos simples y sencillos, llegó a parecer a los demás un santo. Curiosamente, mi amigo igualaba su personaje a una llamita humeante de incienso. Cuando terminó de leer, nos dirigimos a la mesa y fue cuando nuevamente ocurrió lo inesperado: íngrimo, sobre la pulida madera estaba el libro de Gastón Bachelard La llama de una vela. No tuve dudas: una voluntad actuaba y me sumergía en la lectura de Novalis. La vida siempre estará más allá de lo real y ocurrente. En este momento soy el que está solo, el que ve entrar la luz dando pasos desde la puerta.

La entrada en los Himnos… nos hace ver al poeta en su alumbramiento. Está a ojos abiertos al suceder del cielo. Se desvela alrededor de la harina del poema: "Qué ser entre los vivos/ dotado de sensibilidad/ ante los cuadros prodigiosos/ que el espacio le muestra/ alrededor no ama/ la gratísima luz". Luz que es ceguera para algunos y videncia para otros. Radiación áurea y aérea. Emanación de un espectro. Líquida, distinta y multiforme se nos da. Sobre todo, dice Novalis, a "el de boca grávida de música", el poeta, aquel que se vuelve "hacia la misteriosa, inexpresable noche sagrada". Noche que para dejarse ver solicita su Alma. Oscura noche ésta, siembra su poder "allá en la lejanía, en las radiantes esferas". Pero, es aquí, en nuestro pobre cuerpo humano, en nuestro rostro, donde se espabila: "son los inmensos ojos que en nosotros abrió la noche". Esplendor y descalabro del espíritu, la noche se transfigura en Amada, en Madre y en Muerte: "Te miro en tus ojos negros/y nada veo". Bachelard dice: "Los seres del sueño, en Novalis, no existen sino cuando se les toca". ¡Qué otra cosa estoy sintiendo! Toda la noche vuelve a la luz; luz que es su muerte.

En el volver de la luz la noche aterriza. El poeta sabe que: "Adjudicada fue a la luz su duración, igual que a la vigilia. Pero es intemporal el reino de la noche y eterna es la duración del sueño". La noche se abisma y nos abisma, clara donde oscura es. Mujer abre su cielo al misterio. Elevación y caída súbita. Impacto de la muerte de la Amada: el corazón se desmigaja lento. región de lo fortuito. La muerte es la vida de los espectros que la noche eleva: "Fluyó conmigo la melancolía en un mundo nuevo e insondable, tú éxtasis nocturno, somnolencia del cielo caíste sobre mí". Noche alumbrada por el sueño: "la eterna inquebrantable fe en el cielo nocturno y en su sol, que es la Amada". No cejar de ver, ver lo otro, el arriba en el abajo y viceversa, esto nos pide la noche cuando la poesía nos desvela. Nunca cierra los ojos ella, fragua siempre un nuevo país; otro lugar. Del vacío país de la oscuridad donde "todo sobrenada" accedemos al país del alumbramiento. Amanecer delante de la noche. Ciertamente, vida y muerte en una sola mirada: "sobre la misma cima fronteriza del mundo".

La noche es una "inteligente marcha", invita a ascender y descender: "sondearé con gusto dentro del equilibrio de las fuerzas y las reglas del juego, maravilloso juego, de los sinnúmeros espacios y de su tiempo innumerable". Vislumbres del poeta, la noche le hace consciente de lo oculto y lo revelado; noche, arcana amante, voz de la poesía: "¿Acaso todo cuanto nos exalta no lo posee ya el color de la noche?"; súbito del fantasma creador: "Es ella quien te guía como madre y es a ella a quien debes tu grandeza. En ti misma te disiparías desvaneciéndote en los espacios infinitos si no te contuviera y te atare para que te encendieses y al arder engendraras el mundo". La rúbrica es de Dios y el poeta lo sabe: "Para otorgar sentido, un humano sentido a lo que tú creaste". Al final de la noche quien habla es la muerte: "Aspira amado, aspírame con fuerza". A la luz de la poesía es atribuible lo que María Zambrano tuvo por "visión de lo viviente, de lo que se enciende por sí mismo".

Mis anotaciones van poblando el margen del libro y se conectan con los subrayados. Esta pasión contagiante me lleva a todo lo que un poeta es capaz de engendrar y decir. Llegamos a donde Novalis nos sugiere que la noche en que la poesía al Todo dice, es la "noche primordial". Origen aquel de cuando "la tierra era infinita y rica en joyas y milagros". Edén de vuelta a los ojos del enamorado en la vigilia: "Sobre los azulados montes del amanecer... la vivaz y siempre esplendorosa luz". Jardín de oro donde "los ríos y los árboles poseían un sentimiento humano". Vida entonces hecha de vida: "llama frágil y preciosa". Noche tras el Alma, no deja de volar oscura en busca de la luz. Placer y dolor de lo vivo en tránsito, angustia que la imaginación "transforma y fraterniza". Noche vislumbrando el rostro invisible de Dios: "un santuario más hondo… un espacio superior del alma… rostro jamás visto, en la cabaña milagrosa de la pobreza". Corazón chispeante, habla entonces el ángel del poeta: "Eres el joven que desde hace tiempo hondamente llora sobre nuestras tumbas". Rostro transfigurado de Cristo: "La muerte reveló la vida eterna. Tú eres la muerte y tú nos curarás". Caída del espíritu por la materia: "aquella preciosa vida víctima fue de la honda ruina humana". Combustión del alma posible por la fe: "No llora de dolor sobre las tumbas quien amando cree". Espíritu en su morada, fue: "para aplacar su ansiedad la noche le enardece". Fuego que devora y libera: "El amor es ya libre, ya no hay separación". La vida ondea nuevamente, plenitud por conversión. El dolor se trueca en gozo; ascensión mística: "De una noche de gozo/ un eterno poema/ que nuestro sol reside/ en el rostro de Dios".

Un salto doy desde los Himnos… al libro de Bachelard. Me basta con agregar una sola de sus afirmaciones y sosegar el calor de mis impresiones: "¡Con qué facilidad el soñador de mundo pasa de su vela a las grandes luminarias del cielo! Podemos llegar a sentirnos inspirados cuando en el curso de nuestras lecturas somos tocados por esta verdadera amplificación". Así sea.

César Seco. Ensayista y poeta.

 

De Los discípulos en Sais:

//Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama por encima de todas las maravillas del espacio circundante, a la luz jubilosa - con sus colores, sus rayos y sus ondas, dulce omnipresencia al despuntar el alba? Como alma íntima y vital la respira el mundo gigantesco de los astros que flotan, en incesante danza, por su fluido azul - la respira la piedra centelleante y en eterno reposo, la respira la planta, meditativa, que sorbe la savia de la tierra, y el salvaje animal, ardiente y multiforme - pero antes que todos ellos, la respira el egregio extranjero, de ojos pensativos y labios suavemente cerrados y llenos de sonidos. Como un rey de la naturaleza terrestre, la luz convoca todas las fuerzas a cambios innúmeros, crea y destruye infinitas ataduras, envuelve a todos los seres de la tierra en su aureola celestial - con su sola presencia revela el esplendor de los reinos de este mundo. // Dejándola atrás me dirijo hacia la sagrada, inefable y misteriosa noche. Lejos yace el mundo -sumido en honda cripta -desierto y solitario es el lugar. Una profunda melancolía vibra por las cuerdas del pecho. Quiero descender en gotas de rocío y mezclarme con la ceniza. -Lejanías del recuerdo, deseos de juventud, sueños de la infancia, breves alegrías y vanas esperanzas de una larga vida acuden cubiertas de grises ropajes, como niebla del ocaso a la puesta del sol. En otros espacios ha levantado la luz sus alegres tiendas. ¿No regresará al lado de sus hijos que esperan su retorno con la fe de la inocencia? // ¿Qué es lo que de forma repentina surge del fondo del corazón y sorbe el aire suave de la melancolía? ¿Te complaces también en nosotros, noche oscura? ¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que con fuerza invisible me penetra el alma? Un preciado bálsamo destila de tu mano, como si fuera un atado de amapolas. Tú haces que se levanten las pesadas alas del desánimo. Una oscura e inefable emoción nos invade -alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave, un rostro que dulce y reverente se inclina hacia mí, y entre la interminable maraña de sus rizos, aparece la amorosa juventud de la madre. ¡Qué pobre y pueril aparece ahora la luz! - ¡Qué alegre y bendita la despedida del día! Sólo porque la noche aleja de tí a tus servidores, sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas que pregonan tu omnipotencia -tu retorno- mientras dure tu alejamiento. Más celestiales que aquellas brillantes estrellas nos parecen los ojos infinitos que la noche abrió en nosotros. Más lejos ven ellos que los pálidos ojos de aquellas incontables legiones- sin necesitar la luz, sus ojos atraviesan la profundidad del alma enamorada - llenando de indecible deleite un espacio más alto. Gloria a la reina del mundo, la gran mensajera de universos sagrados, la protectora del amor dichoso - ella te envía hasta mí - mi tierna amada - adorado sol de la noche -ahora permanezco despierto- porque soy tuyo y soy mío a la vez - tú me has anunciado que la noche es vida: tú me has hecho hombre - mi cuerpo se consume en ardor espiritual, y convertido en aire, que a ti me una y que íntimamente me disuelva, y eterna será nuestra noche de bodas.

DE LOS CÁNTICOS ESPIRITUALES:

Poema Nº 7

1     Pocos conocen

el misterio del amor,

Pocos sienten

hambre insaciable y eterna sed.

5     El divino significado

del último convivio

es un enigma para los sentidos terrenales.

Pero quien siempre ha bebido

de amados labios fervorosos

10    el soplo de la vida;

a quien el sagrado fuego

en olas temblorosas ha podido

undir el corazón;

a quien se abrieron los ojos

11    Y ha medido las honduras

insondables del cielo,

ése habrá de comer de su cuerpo

beber de su sangre

eternamente.

20    ¿Quién ha desentrañado el sublime

sentido del cuerpo terrenal?

¿Quién puede afirmar

Que comprende la sangre?

Un día todo es cuerpo,

25    un solo cuerpo,

en la sangre celeste,

nada la beatífica unión.

¡Oh! ¡Si el océano

enrojeciera ya,

30    Y en la olorosa carne

se dilatase la roca!

Nunca tendrá fin el dulce ágape,

nunca se saciará el amor,

siempre más entrañable y más íntimo.

35    habrá de poseer al amado.

Por labios siempre más tiernos

habrá de transformarse lo gustado,

en algo más entrañable y más cercano.

Un gozo más cálido

40    hace temblar el alma;

más sediento y hambriento

se tornará el corazón:

la beatitud del amor así perdura

de eternidad en eternidad.

45    Si los indiferentes

lo hubiesen una vez probado,

abandonarían todo

se sentarían con nosotros

a esta mesa de las nostalgias,

50    Que nunca estará desierta;

conocerían la infinita

plenitud del amor,

alabarían el alimento

54     del cuerpo y de la sangre.

 

DE  HIMNOS  A  LA   NOCHE:

¿Qué mortal
Dotado de sensibilidad
No amará, entre tantas
Manifestaciones prodigiosas
Del ámbito en torno suyo,
La luz placentera
Con sus rayos y ondas,
Sus colores,
Su suave omnipresencia
En el día?
Como la más íntima
Sustancia de la vida
Alienta por ella el mundo inmenso
De las constelaciones sin reposo
Flotando en su mar azul,
Por ella alienta la piedra fúlgida,
La planta silenciosa
Y la fuerza,
En continuo movimiento y en multitud
De formas modelada, de los animales;
Por ella alientan
Nubes y aires multicolores
Y sobre todo
Esos extraños sin par
De mirada sensual,
De paso elástico
Y labios sonoros.
Como rey
Telúrico
Cada impulso la conjura
En innumerables mutaciones
Y con sólo su presencia
Manifiéstase la grandeza
De su imperio terrenal.
Me dirijo hacia abajo,
A la Noche misteriosa,
Sagrada e inefable;
En lontananza yace el mundo
Como encimado en una profunda fosa,
¡Cuán yermo y solitario
está su emplazamiento!
Honda melancolía
Vibra en las cuerdas del pecho;
Lejanías del recuerdo,
Deseos de juventud,
Sueños de la niñez,
Alegrías fugaces
De toda una vida
Y vanas esperanzas
Se presentan en vestiduras grises
Como niebla vespertina
Después de ponerse
El sol.
En lontananza yace el mundo
Con sus goces múltiples.
En otros espacios
Tendió la luz
Su toldo festivo.
¿No tornará jamás
A sus fieles hijos,
A sus jardines,
A su morada suntuosa?
Pero, ¿qué brota
Tan fresco y delicioso,
Tan lleno de presentimientos
En pos del corazón
Y se traga auras
De melancolía?
¿Tienes también tú,
Oh fuerza tenebrosa,
Corazón humano?
¿Qué ocultas
Bajo tu manto
Que tan invisible y poderosamente
Me penetra el alma?
Sólo en apariencia eres horrible;
Bálsamo delicioso
Gotea de tu mano,
Del hato de amapolas.
En dulce embriaguez
Abre las pesadas alas del ánimo.
Y nos ofrendas alegrías
Oscuras e indecibles,
Misteriosas, como tú misma,
Alegrías que nos
Dejan entrever un paraíso.
¡Cuán pobre y pueril
Se me antoja la luz
Con sus múltiples elementos,
Cuán alegre y bendito
El adiós a la tarde!
Y sólo porque
La Noche te aparte de los siervos,
Sembraste
En los confines del espacio
Esferas luminosas
Para anunciar tu omnipotencia,
Y retorno,
En tiempos de tu alejamiento.
Más sublime que aquellas estrellas rutilantes
En ese mismo ámbito
Nos parecen los ojos inmensos
Que la Noche
Abrió en nosotros.
Miran más allá
Que los más pálidos
De aquellos incontables ejércitos;
Innecesitados de luz,
Traspasan las profundidades
De un alma enamorada,
Llenando un espacio superior
De voluptuosidad indescriptible.
Dádiva de la reina del universo,
De la gran profetisa
De un mundo sagrado,
De la guarda
De un amor bienaventurado.
Amada, llegas —
La Noche ha venido ya —
Se ha consumado el día,
Mi alma está enajenada,
Y tú eres otra vez mía.
Estoy mirándote en esos profundos ojos negros,
No veo otra cosa que amor y dicha.
Nos hundimos en el altar de la Noche,
En el tálamo mullido
Caen los ropajes;
Y encendidos por la cálida tensión,
Álzase el fuego puro
De una dulce inmolación.

Fragmento de su novela inconclusa Enrique de Ofterdingen:

...Sean ellos lo que fueren, no hay duda de que sus extrañas transformaciones y su naturaleza frágil y liviana tiene que darnos que pensar. ¿No es cierto que todo sueño, aun el más confuso, es una visión extraordinaria que, incluso sin pensar que nos lo haya podido mandar Dios, podemos verla como una gran desgarrón que se abre en el misterioso velo que, con mil pliegues, cubre nuestro interior? En los libros más sabios se encuentran incontables historias de sueños que han tenido hombres dignos de crédito...

...Pero, aun dejando aparte estas historias, imaginad que por primera vez en vuestra vida tuvierais un sueño. ¿No es verdad que os maravillaríais y que no permitiríais que se discutiera lo extraordinario de un acontecimiento que para los demás es una cosa cotidiana? A mí el sueño se me antoja como algo que nos defiende de la monotonía y de la rutina de la vida; una libre expansión de la fantasía encadenada, que se divierte barajando las imágenes de la vida ordinaria e interrumpiendo la continua seriedad del hombre adulto con un divertido juego de niños. Seguro que sin sueños envejeceríamos antes. Por esto, aunque no los veamos como algo que nos llega directamente del Cielo, bien podemos ver el sueño como un don divino, como un amable compañero en nuestra peregrinación por la vida.

 

FRAGMENTICOS:

"Antiguamente toda la naturaleza debió de estar más llena de vida y de sentido que ahora. Fuerzas que hoy en día los animales apenas parecen advertir y que sólo el hombre es capaz de sentir y gozar, movían entonces cuerpos sin vida; y así era posible que hubiera hombres hábiles que, por sí solos, realizaran hazañas y provocaran fenómenos que actualmente se nos antojan totalmente inimaginables y fabulosos. De este modo, según nos cuentan viajeros que todavía han oído estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos, debió de haber poetas , que, con el extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los bosques" ( Enrique de Ofterdingen. 1795-96 )

 "Poeta y sacerdote eran uno al principio, y sólo en tiempos posteriores se separaron. Pero el verdadero poeta es siempre sacerdote, del mismo modo que el verdadero sacerdote ha permanecido siempre poeta. ) Y no debería el futuro hacer renacer la antigua condición?" ( Granos de Polen 1797-98)

 El mundo debe ser romantizado para reencontrar su sentido originario. Romantizar no es otra cosa que una potenciación cualitativa. Cuando a lo que es vulgar le doy un sentido superior, a lo usual una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito, lo romantizo ( Nuevos fragmentos)

La vida debe ser una novela, no dada, sino hecha por nosotros...Nuestro vida no es un sueño pero tal vez debe serlo..." ( Nuevos fragmentos)

Cuando los números y las figuras

no sean la llave de toda criatura

Cuando , por las canciones y los besos

vayamos más allá que los sabios.

Cuando la sombra y la luz

se reúnan de nuevo en la pura claridad,

Cuando a través de las leyendas y los poemas

conozcamos la verdadera historia del mundo,

Entonces se desvanecerá frente a nosotros la única palabra secreta

Ese contrasentido que denominados realidad (Novalis.- Cuando los números y las figuras)

 

Imaginar que por primera vez en vuestra vida tuvierais un sueño. ¿No es verdad que os maravillaríais y que no permitiríais que se discutiera lo extraordinario de un acontecimiento que para los demás es una cosa cotidiana? A mi el sueño se me antoja como algo que nos defiende de la monotonía y de la rutina de la vida; una libre expansión de la fantasía encadenada, que se divierte barajando las imágenes de la vida ordinario e interrumpiendo la continua seriedad del hombre adulto con un divertido juego de niños (Enrique de Ofterdingen. 1795-96)

 


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