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La IMAGEN es la clave del recuerdo
No se requiere ser pintor o frecuentador de las artes plásticas.
Todos tenemos esta propensión biológica. Las imágenes
nos llaman y nos seducen, luego es lógico que sean mejor
recordadas que las palabras, los sonidos o los olores. El truco,
en lo que se refiere al estudio, es traducir los conceptos abstractos
a imágenes. Algunos lo hacen con facilidad, a otros les cuesta
horrores. Pero en todos se puede incrementar esta facultad natural.
Acostúmbrese a usar esquemas (palabras unidas con flechas).
Acostúmbrese a imaginar situaciones donde se aplican los
conceptos que aprende. Imagine que es un director de cine y que
tiene que dar forma visual a lo que lee o piensa. El esfuerzo deliberado
en este sentido se verá recompensando por recuerdos más
fiables (aquellos que nos salvan a la hora de un examen, o de una
pregunta comprometida).
2 - ¡Atención
a la atención!
No estamos atentos. Excepto que un perro nos muestre los dientes
y gruña terroríficamente, no solemos atender con los
cinco sentidos. Y lo peor es que no nos damos cuenta; nuestra "desatención"
nos pasa desapercibida. Como el pájaro surrealista de "La
Isla" la novela filosófica de Aldous Huxley, alguien
debería gritarnos cada pocos minutos ¡Atención
a la Atención!
La atención es una capacidad que se esta reduciendo en nuestra
época. (como señala Neil Postman en "Divertirse
hasta Morir" (Ediciones de La Tempestad. Bcn, 1991) .
La flojera en la atención tiene consecuencias: nuestros recuerdos
son débiles y caprichosos. La memoria no nos ayuda porque
ni siquiera creamos circuitos neuronales suficientemente estables.
Todo ello tiene un remedio, tan sencillo como difícil: prestar
atención con todos los sentidos. "Observar con atención
equivale a recordar con claridad" (Edgard Allan Poe. "Los
Crímenes de la calle Morgue)
Escucha lo que te dicen, no lo
que quieres oír.
3 - ¡La comprensión
también se olvida!
Algunos ingenuos creen que la clave del recuerdo está en
la comprensión. ¡Mentira! Uno puede leer todo un diario
de cabo a rabo y luego, si nos preguntaran sobre lo leído,
apenas mantener alguna información en la cabeza. Es como
si hubiéramos leído en trance hipnótico.
La comprensión de un texto, o de una conferencia, es una
condición necesaria para el recuerdo... no una condición
suficiente.
"¿Recuerdas lo que dijo?". "No", contesta
la mayoría, pero era muy interesante. Solemos recordar nuestras
sensaciones y emociones con mayor prolijidad; las ideas -sobre todo
si son complejas- se van con quien las enuncia.
"(La memoria)...en lo que ha de dar pena es prolija, y en lo
que había de dar gusto es descuidada" dice Baltasar
Gracián (en "Oráculo Manual y Arte de la Prudencia"
-1647- ). Este aparente capricho de la memoria resulta de escuchar
sin atender "a-fondo"; quedamos expuestos a los detalles
que captan nuestra atención inconsciente. Lo más abstracto
se pierde.
4 - ¡No hay aprendizaje sin
actividad!
Cuanto más activo, menos olvido. Se trata de "actividad"
mental, no física. La pasividad, la simple receptividad,
con ser buena... tampoco es suficiente.
Incrementar la actividad -en situación de "alumno"-
puede ser la cuadratura del círculo. Cuando uno está
como alumno no tiene muchas oportunidades de ser activo; de ahí
que en un clase el que más aprende suele ser el que menos
lo necesita... el maestro.
El alumno está en una especie de jaula. No debe moverse,
no debe hablar (excepto para formular alguna pregunta), no debe,
en suma, obstaculizar el proceso estereotipado de la clase ¿cómo
demonios incrementar la actividad?
La respuesta es única: tomando notas. Al hacerlo uno se mantiene
despierto y sigue el proceso del pensamiento que expone el profesor.
Tomar notas es costoso. Se gasta bastante energía y puede
correrse el peligro de perder partes interesantes de la clase. Más
la solución no está en abandonar esta actividad sino
en perfeccionarla: notas telegráficas, incompletas, rápidas,
con "letra de médico". Notas que lleven poco tiempo
y que permitan mirar al profesor el mayor tiempo posible.
5 - La toma de notas es un test
de inteligencia
Cuánto más tonto, más detalladas y prolijos
serán los apuntes tomados en clase. Notas extensas, cabeza
hueca.
Las "notas" deben ser breves e incompletas. El estudiante
hace una apuesta para "después" de la clase. Se
trata de utilizar esas pocas palabras registradas como estímulos
para recordar todo el pensamiento expuesto. Luego, ya más
tranquilos, podemos completarlos agregando todo lo que la memoria
nos proporciona.
Las "notas" deben ser como la "lista de la compra"
en un ama de casa eficaz, breves y sustanciosas. ("Eficiencia:
...esa perfección ... que incluye la aprehensión de
todas las posibilidades mediante las cuales se puede obtener legítima
ventaja". Edgard Allan Poe. "Los crímenes de la
calle Morgue")
Al principio tomar notas de esta manera es preocupante. Uno tiene
miedo de registrar demasiado poco. Sin embargo la experiencia repetida
va mostrando "cuánto" y "qué"
anotar. El que no se arriesga no aprende. El que no se arriesga
no sigue la clase con interés; la comodidad puede ser un
enemigo del aprendizaje. Una persona "inteligente" no
es aquella que "no comete errores", sino alguien que aprende
de sus errores.
6 - ¡El repaso es la clave
del examen!
Notas breves incitan a repasarlas para completarlas (lo ideal, dentro
de las 24 horas siguientes). Y ésta es otra cualidad de las
notas breves... que no pueden dejarse sin completar so pena de no
entenderlas semanas después.
Sólo el repaso consolida lo comprendido. El repaso elimina
gran parte de las singularidades caprichosas de la memoria; más
debe hacerse con método, sujetarlo a un calendario. Una vez
escuchado un tema el primer repaso debe ser pronto. Los siguientes
se van espaciando conforme a una progresión casi geométrica.
Resumiendo, el primero al finalizar la clase; luego a las 24 horas,
a la semana, al mes, a los seis meses.
Los expertos aseguran que con estos cinco repasos los temas quedan
"encolados" de por vida. De todas maneras aún no
he conocido el alumno que los haga. En la práctica podemos
reducirlos a las 24 horas, y al mes. El resultado no será
tan completo, pero se mantienen los mínimos requeridos para
cualquier examen (siempre que la persona sea joven; en caso de mayor
edad... se recomienda un poco más de esfuerzo).
7 - Escribir para pensar mejor
Si alguien quiere aprender... que escriba. Cuando se realiza la
operación tan sencilla como poco practicada de poner por
escrito nuestro pensamiento, algo pasa. Uno se permite decir muchas
tonterías cuando habla; al leerlas "saltan" a la
vista (no siempre, por supuesto; estos apuntes podrían ser
una prueba).
Al hablar, las frases quedan inconclusas y el interlocutor también
entiende. Al escribir tenemos que terminar lo dicho; no valen gestos
que ilustran mejor que mil palabras. Hay que ajustarse a una disciplina:
poner una palabra detrás de la otra.
Un consejo: llevad un diario. Un cuaderno anónimo donde vayas
escribiendo diversos avatares de la vida cotidiana. No se trata
de hacer literatura. Escribir sencillo para pensar con claridad;
todo lo contrario de lo que suelen hacer los políticos.
Escribir es "regar" la planta del pensamiento reflexivo.
Una herramienta esencial, si se desea "aprender" toda
la vida.
8 - Para sobrevivir en el bachillerato
¡debes ser esquemático!
Un consejo que dan algunos estudiosos, y es cierto. Pero no sólo
para el bachillerato; vale para cualquier actividad donde se manejen
ideas y donde haya que tomar decisiones.
En este contexto "ser esquemático" no significa
nada malo. Quiere decir: "¡Haga muchos esquemas!".
No se trata de reducir la complejidad de la vida, sino de eliminar
todas las palabras sobrantes. Convertir el pensamiento en un tablero
de ajedrez donde cada idea tiene un lugar y un valor, al igual que
los trebejos del juego
9 - Quien se autoexamina, ¡APRUEBA!
Un estudiante eficaz es autosuficiente: no necesita del examen para
enterarse si realmente conoce el tema. De allí que, intuitivamente
o por método, dedica gran parte de su esfuerzo a elaborar
exámenes privados. Un estudiante eficaz se autoexamina antes
de que lo hagan los demás.
Por otro lado, crear un cuestionario es una excelente forma de repasar.
De allí que no se pierde el tiempo. Haga la prueba; trate
de crear un cuestionario de examen sobre la materia que estudia
(como si fuera un profesor más) y verá lo que sucede.
Otra posibilidad es contar lo que sabemos a alguien que nos pida
ayuda. Intentar transmitir lo que se sabe es la mejor manera de
reflexionar sobre ello. Como decía Sherlock Holmes : "no
hay nada que aclare tanto un caso como el exponérselo a otra
persona..." (for nothing clears up a case so much as stating
it to another person...) (A. Conan Doyle, "Silver Blaze")
10- Duplicar el tiempo
Todos los habitantes de las ciudades tenemos poco tiempo. Las actividades
se suceden sin interrupción. Y cuando nos queda algo, la
industria del ocio se lo lleva todo. La televisión es la
gran asesina de muchas autopromesas de "fin de año".
Y no se trata de que lo haga por contar estupideces... sino porque
roba el tiempo necesario para "hacer" aquello que en fecha
señalada nos propusimos.
Gestionar el tiempo es clave para aprender algo sistemáticamente.
El tiempo es un bien escaso; más aún que el dinero.
El dinero va y viene, el tiempo sólo se va.
Recordemos: a los hábitos solo se los puede cambiar construyendo
nuevos hábitos. Y para ello se necesita tiempo.
Como dice J.L. Servan-Schreiber: "creemos que la diversidad
nos va a cambiar, y es la monotonía la que nos cambia".
Un obstáculo importante en nuestra administración
del tiempo está en las emociones. Hemos desarrollado -en
muchos casos- una equiparación tan incorrecta como saboteadora:
controlar el tiempo es un aspecto más del trabajo. Me refiero
al "trabajo" como medio de supervivencia; a la maldición
bíblica; a lo que hacemos para ganarnos la vida. Luego, evitamos
inconscientemente aplicar esa medida a las tareas lúdicas
o de autodesarrollo.
¡Pues falso! Cobremos conciencia que nuestra vida está
hecha de tiempo. Cuando el tiempo se nos acaba... ¡se acabó!
Mientras nos queda tiempo, hay cosas por hacer y por disfrutar.
Luego es un derroche absurdo "¡perder el tiempo!".
Dicen los hindúes que a cada humano se le asigna un número
finito de respiraciones. No podemos cambiarlo, sólo podemos
inhalar y exhalar más despacio. Las respiraciones serán
las mismas, están contadas, pero la vida será más
larga.
Quizá sea una metáfora. Pero una metáfora importante.
Quizá llevemos una "bomba de tiempo" en nuestro
interior, y cuando suena el reloj estalla. En todo caso llamo la
atención sobre que gestionar nuestro tiempo no es "moco
de pavo". Demos al tiempo su valor.
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