Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.
En el instituto, estudiando secundaria, hicimos una unidad de literatura. En el libro se destacaban los grandes autores de Poesía, prosa y narrativa de todas las generaciones. En ese libro, descubrí un poema que hoy en día, es uno de mis preferidos. Se trataba de "Lo que dejé por ti" de Rafael Alberti.
Recuerdo que la profesora escribió el poema en la pizarra para interpretarlo. Hice volar mi mente y mi visión personal fue que no lo dejaría todo no por un país, pero sí para una persona.