El No-x se asomó tímidamente al límite
(pero esto es una figura: el no-espacio carece de límites) de su irrealidad.
Como no existía -en rigor, poseía existencia negativa-, sus desplazamientos
eran meramente virtuales.
Aquí, en la orilla de la nada, podía atisbar
hacia el más allá, la región del zlondar positivo, donde decenas de festivos
X reían, bailaban y flexeaban sobre una maravillosa espuma músico-cromática.
El No-x curioseaba con tristeza: él sólo podía inflexear, en soledad, sobre
irreales vibraciones vaporosas.
Le estaba vedado ingresar al zlondar: un solo
paso lo aniquilaría. Luego (dicho por analogía: antes, ahora, des-pués, eran
puras ficciones) de un no-tiempo o de un tiempo infinito, se retiró
contrameneando pesaroso su imaginario apéndice superior.
Mientras se sumergía en las tinieblas de su
no-existencia, una cuasilágrima rodó desde su pseudoojo y flotó en el
improbable espacio tiempo cuántico. Una antipartícula singu-lar, esa
cuasilágrima en la eternidad.
Generó tensiones: el espacio tiempo avanzó
desde la improbabilidad hacia una vaga concreción. Germinaron fuerzas, especies
de remolinos en torsión; una distorsión y la lágrima estalló y se expandió
y fue el big-bang y fue el espacio y fue el tiempo y el nuevo universo tuvo
principio.
Santa Rosa, abril de 2004