HERBERT
QUAIN EN LOS PAÍSES IMAGINARIOS
En
la sección "Reseñas" del número 49 de la revista española BEM,
Pedro Jorge Romero comenta el ensayo de Herbert Quain "CRITICA
A LAS OBRAS QUE DESCRIBEN LIBROS IMAGINARIOS" (Ediciones B., Barcelona
1996. Título original: "Crítica a las obras que describen libros
imaginarios", traducción de Herbert Quain, 238 páginas).1
Para quien no leyó el volumen de Quain, baste
señalar que analiza, entre otras, creaciones tan heterogéneas como:
EL SUEÑO DE HIERRO
(The Iron Dream, 1972), de Norman Spinrad, ucronía que incluye la novela apócrifa
"El señor de la Svástica", de Adolf Hitler.
VACIO PERFECTO (A perfect vacuum), de Stanislav Lem, que
glosa a los inexistentes:
Sexplosión,
de Simón Merril.
Vacío perfecto, de Stanislav Lem. Resulta interesante que,
en las primeras líneas, Lem considere un antecedente de la crítica de libros
ficticios justamente al "Examen de la
obra de Herbert Quain", de J.L.Borges, siendo que se trató del estudio
literario de una producción real, con el único gazapo señalado en nota 1.
Quain, asombrosamente, guarda silencio.
Les robinsonades, de Marcel Coscat.
Gigamesh,
de Patrik Hannanhan.2
etc.
LOS LIBROS CONDENADOS
(Les livres maudites. Hay edición española de Plaza & Janés, Barcelona
1976) de Jaques Bergier. Investiga entre otros:
El libro de Toth, de Toth (Dios)3, luego con el seudónimo "Hermes
Trimegisto".
Las estancias de Dyzan,
(traducción del idioma senzar, India, año indeterminado). El original, informa
Bergier, proviene del planeta Venus.
Excalibur
(Excalibur), de R.L.Hubbard. Bergier desaconseja su lectura por conducir
inevitablemente a la demencia.4
REVISTA CACUMEN nº 5
(Zugarto Ediciones, Madrid, 1983), que en su página 60 describe al compendio El
universo, cosa por cosa, ambicioso trabajo deplorablemente inconcluso e inédito,
del taxonomista alemán Fritz Kuadrata.
UN VALOR IMAGINARIO
(Wielkosc Urojona), de Stanislav Lem.5
Trascribe prólogos de tratados inexistentes:
Necrobias, de Cezary Strzbisz (excelente traducción de
Eduardo Carletti, condicionada a que Necrobias
sea escrito).
Erúntica, de Reginald Gulliver.
Historia de la literatura bítica,
de Juan Rambellais. Avisa atinadamente Quain que el prólogo exime de la lectura
de los cinco farragosos volúmenes. Recomienda la "Teología informática"
en el "Prefacio a la segunda edición".
Extelopedia
Vestrand,
44 tomos. Pliego de muestra.
Golem XIV, vvaa.
Los trovadores del Languedoc,
de George Harrison. Explora antecedentes remotos de la música beat.
EL RIZO
INFINITO Y OTRAS APORIAS, de Martin Gardner (Editorial Labor, 1995). Título
original "Book"6,
traducción de José De Ambrosio. Contiene (es dudoso que todos sean falsos):
El espejo irreflexivo,
de Jorge Luis Borges.
La fidelidad conyugal,
de John Kennedy y William J. Clinton.
Yo, el Otro, de Sigmund Freud.
El póker con y sin
(Descartes).
El rizo infinito y otras aporías,
de Martin Gardner. Contiene: El espejo
irreflexivo, de Jorge Luis Borges, etc.
ENOCH SOAMES, de Max Beerbohm7. Estudia los poemarios:
Negaciones, de Enoch Soames.
Fungoides, de Enoch Soames
Hay, por supuesto, mucho más. La "CRITICA..."
de Quain analiza invenciones tan disímiles como El
catálogo de todos los catálogos que no se contienen a sí mismos, de
Bertrand Russell8;
EL HOMBRE EN EL CASTILLO, ó LA
CREACION POR EL I CHING de P.K.Dick; El
Necronomicon, rastreado por el improbable H.P.Lovecraft, etc.
El metacomentario de Herbert Quain, es
metametacomentado por Romero (no queremos pensar en cómo se denominará este
comentario), en forma incompleta. La reseña que aquí se critica (o la crítica
que aquí se reseña) incurre en descuidos y omisiones. Así señalamos: No se
hace mención al famoso error de Borges por todos conocido. No se advierte la
errata de Quain al considerar falaces a Fungoides
y Negaciones, siendo que los poemas de
Enoch Soames están ampliamente difundidos y sus libros se encuentran con
facilidad en las librerías de la calle Corrientes. El autor de esta nota posee
reproducciones de ambos.
Quain tampoco vio el equívoco de Lem al incluir
a Gigamesh entre volúmenes irreales.
Luis Goytisolo encontró una pila de ejemplares en mesa de saldos9.
Pero probablemente la mayor flaqueza de ambos
(la "CRITICA..." y su comentario) es haber ignorado las vastas mitologías
edificadas por el ítalo-argentino Pablo Capanna, en libros y artículos
aparecidos en diversas revistas.
El procedimiento de Capanna es sencillo pero
apasionante: inventa un autor, le provee nombre y apellido y una reseña biográfica;
luego analiza la evolución de su estilo. La amplitud y calidad del esfuerzo es
admirable. Citaremos dos ejemplos.
a) La
mitología de J.G. Ballard. Es un supuesto escritor inglés, contemporáneo.
Capanna le asigna una inverosímil biografía: nacido en 1930 en Shangai, de
padres ingleses, prisionero de un campo de concentración japonés...
Lo realmente interesante es el desarrollo de la
composición de Ballard, que Capanna divide en períodos (humanista, surrealista,
nihilista), atribuyéndole novelas y cuentos (El mundo sumergido, El mundo de cristal, La sequía, Rascacielos,
Vermilion Sands, etc.) hasta llegar a una elaboración cada vez más
depurada. Referencia especial para el ensayo Pierre
Menard, autor del Quijote, correspondiente al "período realista"
de Ballard: es evidente que se trata de una ingeniosa simbología empleada por
Capanna para homenajear veladamente al autor real Pierre Menard, Premio Nobel
1977. No obstante, no alcanza a reflejar lo más valioso de la obra del auténtico
Menard, de la cual Romeo y Julieta es
la novela más conocida, siendo el Quijote sólo un entretenimiento menor.
b)
La mitología de Cordwainer Smith.
Otro formidable mito capanniano es el del autor que denomina Cordwainer Smith
(con posterioridad, para disimular la vulgaridad del apellido elegido, aclaró
que era un seudónimo de un tal Paul Linebarger). Por sobre los rasgos biográficos
(más inverosímiles que los de Ballard: criado en China, oficial norteamericano,
probablemente espía...), lo destacable aquí es la vastísima saga del futuro
que habría creado Linebarger-Smith, describiendo Eras varios milenios
posteriores. Una ficción dentro de la ficción. La ciclópea recopilación de
Capanna reconoce fuentes tan evidentes como H.G.Wells (animales transformados en
personas), Olaf Stapledon (cronología de futuros remotos) y Ernesto Sábato
(ignoramos el motivo).
La omisión de Capanna por parte de Quain admite
una sola causa: autor anglosajón, desconoce lo que sucede en estas tierras.
Reprochable también es la falta de toda alusión
en el libro de Quain (y su reseña en BEM)
a los famosos arácnidos azules y las bonitas libélulas traslúcidas de Julio
Cortázar10.
Para concluir, es de resaltar que no hay, en
rigor, libro que no sea imaginario. Son imprecisos (o inexistentes) los límites
entre literatura, sueño y realidad. Así lo entendieron Borges y Calderón de
la Barca. También Herbert Quain.
JOSÉ
DE AMBROSIO11