En la Revista Fierro número 57, Buenos
Aires, Mayo de 1989, se publicó un comentario sobre la denuncia del plagio.
UNA FORMA DE PLAGIO EN LA
LITERATURA FANTÁSTICA
“Continuidad de los parques” es una pequeña joya facetada con
minucioso trabajo de orfebre por Julio Cortázar; integra el libro de cuentos
FINAL DE JUEGO. En apenas dos páginas de extensión, logra en forma
perfecta la irrupción del mundo de la literatura en la realidad -.que,
aclaramos, tampoco es ´nuestra´ realidad y tiene esa fantasmal existencia que
compartieran Helena de Troya y Don Alonso Quijano-. El protagonista lee sentado
en un sillón de terciopelo verde, la conjura de dos amantes para asesinar al
marido de ella; el hombre penetra en la casa según la indicación de la mujer,
y en el párrafo final “el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el
alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón
leyendo una novela”, cierra el círculo, que no es más que una forma de
aquella regresión al infinito de los tarritos de Royal o de los versos
borgeanos “¿qué Dios detrás de Dios la trama empieza...?”.
Lo original del relato está en la ejecución brillante. La idea, por
supuesto, no es novedosa literariamente. En el QUIJOTE y el
MARTIN FIERRO aparecen, en sus segundas partes, referencias al libro
primero, leídos por los propios personajes. Aquel notable cuento “Enoch
Soames” confundía ´realidad´ y ficción, entremezclando ambas
deliciosamente. También Philip Dick utilizó en forma magistral el recurso de
combinar los universos del sueño y del soñador (UBIK, LOS TRES ESTIGMAS DE
PALMER ELDRITCH) y entre nosotros recientemente Miguel Angel Molfino entretejió
con calidad creador y personaje en “La muerte viaja en una Olivetti”
(publicado en Puro Cuento n° 8). El mismo Cortázar en varios de sus cuentos
interpoló planos de existencia distintos de aquél aparentemente principal
donde transcurría la acción.
Pero que la idea general sea patrimonio común, no puede amparar la
utilización de un cuento concreto en forma que exceda a una vaga inspiración y
se asemeje, lamentablemente, a un plagio. En MENSAJES DE LA ERA DEL ORDENADOR
(comentado en Cuasar n° 12, páginas 133-134) se incluye el cuento de Gregory
Benford “La pulsación”; no es más que la perla cortazariana esmaltada con
otro color, retocada y presentada nuevamente en sociedad.
Benford, por supuesto, ha ´modernizado´ el cuento, trayéndolo del
campo de la fantasía al de la CF: la novela es ahora un juego de vídeo. No
obstante, quiere preservar el espíritu original. Aclara: “Era muy parecido a
trabar conocimiento con los personajes y el escenario de una novela”.
Principio y fin son virtualmente iguales, sólo cambia el desarrollo del ´medio
juego´, única parte donde Benford introduce algún aporte personal, extendiéndose
en la descripción del mundo del juego (Cortázar, con un par de pinceladas
magistrales, delineó el ambiente de su ´novela´ con mayor economía y mejor
precisión).
Más allá de la similitud general de los relatos (cualquiera que los lea
percibirá la inequívoca identidad en lo sustancial), se advierten en “La
pulsación” citas casi puntuales de circunstancias narradas por el argentino.
Entre las más notorias:
JC: “Había empezado a leer la novela unos días
antes. La abandonó por negocios urgentes”.
GB: “Hoy, en el trabajo, pensó incesantemente en el
juego... Por la mañana tuvo una reunión de negocios que discurrió con
despiadada lentitud”.
JC: “...después de escribir una carta a su
apoderado...”
GB: “...una entrevista con su abogado”.
Eso, en la introducción. Vuelto el protagonista a su hogar:
JC: “...volvió al libro en la tranquilidad de su
estudio...”
GB: “...se fue a su estudio...” (para sumergirse en
el juego).
JC: “...arrellanado en su sillón favorito...”
GB: “ ...se instaló en su butaca de cuero
favorita...”
JC: “...de espaldas a la puerta...”
GB: “El se sentó de espaldas a la puerta...”
Luego del desarrollo central, el prefinal; los amantes se encuentran:
JC: “...en la cabaña del monte...”
GB: “...en una posada del campo...”
En ambos casos, se trata de la conjura, la despedida sigilosa y la marcha
de él hacia la mansión del marido de ella para asesinarlo. Parte el criminal:
JC: “...lastimada la cara por el chicotazo de una
rama”.
GB: “...las ramas le arañaron la cara...” (no es
concebible Benford conociendo el chicote).
JC: “...la alameda que llevaba a la casa...”
GB: “...la línea de árboles que llevaba hasta la
gran casa...”
Y la escena final, el protagonista de la novela-juego electrónico
llegando al estudio para matar al lector-jugador-marido-víctima.
Conjeturar que todo es mera coincidencia sería cometer una ingenuidad.
La sobreabundancia de puntos de contacto aventa esa hipótesis. De Benford se
nos dice que es un físico (en el libro mencionado y en el primero de la serie
Universo); lo intuimos especializado en la obtención de fotocopias.
Desconocemos la divulgación y repercusión de la obra de nuestro sudaca
Cortázar en los imperios centrales. Se nos ocurre sugerir que de su talento
prolífico pudieran nutrirse generaciones de mediocres escritores de ciencia
ficción, pero les pediríamos la mínima honestidad para mencionar la fuente.
Utilizando solamente las ideas de Borges y Cortázar pueden escribirse decenas
de relatos; si la piratería de Benford ha de prosperar, que por lo menos
represente una reconocida propagación de la literatura fantástica argentina.
Autores e ideas abundan en nuestro país; es de suponer que la cantera tiene
para mucho tiempo de producción y deseamos que no se perjudique con el plagio
de quienes tienen acceso a otros mercados más remunerativos.
Por ahora, repudiemos a Benford con un fuerte abucheo.
© 1988 José De Ambrosio