COMO CORTAZAR
no quisiera escribir como Cortázar,
claro, porque parece el más fácil de imitar, un estilo fluido, el dejar
derramar las palabras como conversando, pero solamente como, porque detrás de
la aparente indiferencia hay una cuidadosa composición de las frases, un
logrado efecto de tensión, la elección de las metáforas que conviertan al
lector en cómplice y en lector. Entonces, encandilado por el engaño secreto,
uno se larga a escribir y vierte una deshilvanada cadena de incoherencias,
relata sin fuerzas, y cuando lo muestra a los amigos recibe una cordial máscara
de circunstancias y un musitado ¡qué bien, che!.
Santa
Rosa, 11 de agosto de 1993