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¡Que todos los seres sean felices, cualesquiera sea su naturaleza! 

Débiles o poderosos, sin excepción alguna, largos o grandes de cuerpo, 

medianos o pequeños, toscos o delicados; los que se ven y los que no se ven,

los que están cerca y los que están lejos, los nacidos y los por nacer,

¡Que todos los seres sean felices!

Que nadie engañe nunca al otro, 

ni le desprecie por ningún motivo,

ni se deje mover por ira ni por odio a desear el mal de otro ser viviente.

Igual que una madre que dará la vida 

por su propio hijo, por su único hijo,

ábrase el ánimo sin límite alguno, rebosante de benevolencia

para con todo el mundo y en todas las direcciones,

arriba, abajo, alrededor,

sin odio, sin enemistad, sin reserva alguna. 

 

Buda

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