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      La llanura hoy conocida como Venecia recibibió a sus primeros pobladores en el segundo milenio antes de Cristo; no fue hasta el siglo I antes de nuestra era cuando llegaron los primeros latinos, que vieron la isla como un lugar seguro en el que estar a salvo de los posibles invasores. Son varias las leyendas acerca del origen de esta maravillosa ciudad así como del término 'veneti', aplicado a sus gentes: el significado de este podría ser el de "nobles" o bien el de "forasteros" o "nuevos llegados"; en cualquier caso, parece claro que de su evolución procede el actual nombre de 'Venezia'.
      Sea cual sea su origen, lo que sí parece cierto es que la ciudad como tal fue fundada en torno al siglo VI, cuando sus vecinos peninsulares se trasladaron a la isla en busca de un lugar más seguro en el que librarse de la invasión lombarda. Desde ese momento Venecia empezó a florecer. Desde la Edad Media fue la reina del mar y se convirtió con el tiempo en un imporantísimo centro político y económico y en la ciudad más libre de Europa.

      En la alta Edad Media las naves venecianas mantuvieron el Mediterráneo libre de piratas, y entre sus hazañas destacan sus conquistas en Dalmacia, Apulia, Grecia, el Peloponeso y numerosas islas jónicas, así como el control de la cuarta cruzada.

      El esplendor económico y comercial empezó a reflejarse en la construcción de sunturosos palacios y el potencial veneciano alcanzó su punto álgido en 1571, al contribuir de modo decisivo a la derrota de los Otomanos en Lepanto.

      De sus periplos por Oriente las naves venecianas vinieron cargadas de tesoros, muchos de los cuales se pueden apreciar hoy en su catedral.
Cattedrale di San Marco
     Se trata, por supuesto, de una opinión muy personal, pero debo decir que tras haber estado en ciudades como Roma, Florencia, Pisa, París o Praga, la Basílica de San Marco de Venecia me sigue pareciendo la más increíble obra de arquitectura religiosa de cuantas he visto. Quizás se deba a su techo totalmente recubierto de mosaicos dorados de estilo bizantino, a su pavimento, ondulado por el agua que se filtra en sus cimientos y compuesto por trozos de mármol de mil colores, o a sus desiguales columnas marmóreas, traídas de tierras lejanas... Lo cierto es que San Marco es, sin duda, diferente al tipo de iglesia que estamos acostumbrados a ver. 

     El inicio de su construcción se debe al Duque Giustiniano Partecipazio, quien dejó en su testamento una importante suma para la realización de una basílica en la que custodiar las reliquias del Evangelista San Marcos, traídas de Alejandría en el año 828.

     Las obras comenzaron en el 829 junto al palacio ducal, y 54 años más tarde se dieron por concluidas; tras un incendio y una reconstrucción, el Duque Domenico Contarini mandó derribar la basílica para alzar una nueva, más acorde con el estilo románico que se estaba imponiendo en Europa.

     El edificio actual, construido uniendo los estilos románico y bizantino, data del siglo XI. Su austeridad inicial pronto empezó a ser sustituida por una rica decoración, con mármoles antiguos traídos de otras partes de Italia y otros elementos orientales, botines de guerra, como los cuatro caballos de bronce que coronan la terraza superior (hoy sustituidos por réplicas y conservados en el museo de la basílica), traídos de Constantinopla en 1204.
Palazzo Ducale
El Palacio Ducal y, a su derecha, el Puente de los Suspiros

     La otra joya de la Piazzetta de San Marco, junto a la basílica, es el Palacio Ducal, máxima expresión de la potencia que llegó a alcanzar la Serenissima. En él se instauró en el siglo IX la sede del ducado, aunque la imagen actual del edificio nada tiene que ver con la que tuvo en su origen. Un incendio y numerosas reconstrucciones se fueron sucediendo, hasta 1424, año en que se culminó la fachada principal. Sin embargo, el palacio no se vio a salvo de nuevas catástrofes y modificaciones, como la que en el siglo XVII añadió el Puente de los Suspiros. Esta famosa construcción une el Palacio Ducal con las Prisiones Nuevas, y debe su nombre a los lamentos de los condenados que lo atravesaban. El otro puente famoso de Venecia es el de Rialto, que se alza sobre el Canal Grande.

Tiendas dentro del Puente Rialto e iluminación de carnaval
San Giorgio Maggiore(Izq.) y La Salute (Dcha.)

     El originario Puente de Rialto se erigió, según la tradición, en 1175, aunque un siglo más tarde fue sustituido por otro con una estructura de palos, más resietente. La versión actual, obra de Antonio da Ponte, data de 1591 y, hoy en día, su interior lleno de tiendas es una de las zonas con más vida de la ciudad.

     El Canal Grande, en forma de S, divide a Venecia en dos y en sus orillas se pueden admirar decenas de palacios nobiliarios, muchos de los cuales albergan colecciones de arte. Al salir de la Piazzetta de San Marco, una de las primeras edificaciones que encontramos en la otra orilla es la Iglesia de la Salud (Santa Maria della Salute), de planta octogonal, con una impresionante cúpula. La planeó Longhena en 1631 como "corona para la Virgen", en agradecimiento por la salvación, por la 'salud' obtenida tras la epidemia de peste sufrida por Venecia un año antes.

     También de frente, aunque un poco más alejada de la Piazzetta, se encuentra la isla de San Giorgio Maggiore, en la que ya en el siglo X se situaba un convento benedictino. La actual iglesia, proyectada por Andrea Palladio, data de 1580.
     El carnaval de Venezia es, sin duda, la manifestación cultural más conocida de la ciudad, que a principios de febrero ve cómo sus hoteles y sus calles alcanzan las mayores cuotas de visitantes. Las calles retorcidas del centro histórico lucen una iluminación especial y por ellas pasean miles de enmascarados (la mayoría, curiosamente son extranjeros, muchos de ellos japoneses), que aprovechan esos días para lucir, en el anonimato, una identidad distinta.

     Los hombres se visten de mujeres, todo vale; eso sí, no pueden faltar el lujo y la ostentación. En los hoteles más renombrados se organizan grandes bailes de máscaras, a los que los invitados acuden a bordo de lanchas motoras, luciendo sus mejores galas.

     Pero el carnaval también se disfruta en la calle, con desfiles organizados y otros espontáneos, cuyos protagonistas se muestran siempre dispuestos a posar pacientemente ante las hordas de visitantes que se detienen para admirar y fotografiar sus ricas vestimentas. Hay ideas para todos los gustos, como el homenaje al euro en el 2001, año de su implantación.

     Durante la semana de carnaval Venecia se llena de un colorido y un bullicio muy especiales. La Serenissima por unos días deja de hacer honor a ese apelativo para convertirse en un hervidero de personas llegadas de todo el mundo, que transitan entre apretones por sus estrechos puentes, guiadas por policías que regulan, sorprendentemente, el tráfico peatonal.

Enlaces de interés:

Ayuntamiento de Venecia

Bienal de Venecia

Aeropuerto de Venecia

La Nuova Venezia

 

Cultura,turismo, arte

Venezia.net

Página Web de Venezia

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