En la costa nororiental de la Bretaña,
las murallas de Saint Malo, retan al fiero oleaje del Atlántico
y custodian a una ciudad que, desde el siglo XII, es patria de marinos
y comerciantes.
En la época de su perteneneica
al Ducado de Bretaña, el espíritu reivindicativo de
sus gentes dotó a Saint Malo de no pocos privilegios. En 1394,
cuando se unió al reino de Francia, la ciudad pasó a
ser un próspero puerto franco. En la actualidad, Saint Malo
es el primer puerto de la costa norte de Bretaña, por su volumen
de comercio y transporte hacia tierras británicas.
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