La
capital de la Bretaña es una ciudad llena de contrastes. En
su centro histórico se unen la madera, pintada con mil colores,
y la piedra; casas medievales llenas de encanto y suntuosos edificios
dieciochescos, como el Palacio del Comercio, al más puro estilo
parisino.
La
Rennes medieval estaba totalmente construida en madera, material que
se extraía de los frondosos bosques que rodean a la ciudad.
En la actualidad, Rennes - junto a Vannes y Dinan - conserva los más
antiguos ejemplos de arquitectura en paños de madera de toda
la región, a pesar del fatal incendio que se desató
en la noche del 21 de diciembre de 1720 y devastó gran parte
del casco antiguo.