El Mont Saint-Michel se levanta
sobre una roca, a 1,6 kilómetros de la costa. Sus calles estrechas,
llenas de turistas, suben hasta la conocida abadía, edificación
originaria del siglo VIII en la que se mezclan los estilos románico
y gótico. Aunque se sitúa oficialmente en Normandía,
el Mont Saint-Michel es inseparable de la Bretaña.
Durante siglos, las mareas han modificado
el curso del Couesnon, que ha marcado siempre la frontera entre las
dos regiones. Es así como los bretones han perdido el monte,
pero conservan la amplia bahía, conocida por sus ostras y moluscos,
sus mareas y sus arenas movedizas.
Conocido como "la maravilla
del mundo occidental", el Mont Saint-Michel se alza, fascinante,
sobre la llanura. El mar, cuando se retira, deja libre una superficie
de 15 kilómetros de arena. Se dice que la marea sube a la velocidad
del galope de un caballo, y no debe ser ningún cuento cuando
existen tablas que indican los horarios en que esto sucede cada día
del año.
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