6.1.- Disquetes: el pequeño almacenamientoDesde que comenzaron a funcionar los ordenadores, el almacenamiento de los datos siempre ha sido el problema principal. Todos recordamos los tiempos en los que utilizábamos cintas de cassettes para almacenar los programas. Afortunadamente, esos tiempos pasaron. Hoy día se utilizan los disquetes para el almacenamiento, siendo un método fiable y barato. Un disquete es un soporte plástico redondo en el cual se pueden grabar de forma magnética la información de un ordenador. Evidentemente, el disquete está recubierto de una capa de material ferroso magnético, similar al de las cintas de cassette. Para la lectura y escritura se utilizan unos aparatos denominados disqueteras, que mediante unos cabezales pueden acceder a cualquier parte del disco para efectuar la lectura o escritura de los datos.
Explicar el funcionamiento de la escritura magnética de forma completa se sale del objetivo del curso, pero se puede hacer de forma resumida: Un cabezal compuesto de un electroimán convierte las señales eléctricas que le llegan (los datos) en magnetismo, que orienta las partículas magnéticas del disco cuando este está girando, de manera que la información se graba como zonas magnetizadas (1) o no (0). Los primitivos disquetes eran armatostes de ¡8 pulgadas! en los que apenas había espacio para nada, los cuales dejaron paso a los sistemas de 5 ¼ pulgadas. Posteriormente, aparecieron los sistemas de 3,5 pulgadas, que se han mantenido hasta la actualidad. Los disquetes, conocidos como discos flexibles, han ido cambiando su estructura con el paso del tiempo. Los primitivos discos de 8" y 5 ¼ eran unos discos de plástico encerrados en un cartucho de material flexible. Disponían de una ventana por donde la cabeza podía acceder a la superficie del disco, y una muesca que indicaba la disponibilidad del disco para poder grabarlo. Debido a ello, estos discos flexibles eran muy delicados, puesto que se podían doblar o bien tocar accidentalmente con los dedos la superficie a través dicha ventanita. Esto acarreaba normalmente la destrucción del disco. Posteriormente, los discos de 3,5 pulgadas fueron empaquetados en un soporte rígido, y la ventana está cubierta por una chapa móvil que se desliza al introducir el disquete, de manera que en circunstancias normales, el disco está protegido. Hubo un intento por parte de Amstrad de introducir un disco de 3 pulgadas, pero no hubo nadie que fabricara las disqueteras, excepto ellos mismos. Ello motivó la subida de precio y la consiguiente caída del sistema. Una característica común entre los 5 ¼ y los 3,5 es la existencia de una perforación por la que puede pasar un haz de luz infrarroja, que indica la posibilidad de proteger o no al disquete contra escritura.
En los 5 ¼ se trata de una muesca, que puede taparse con un trozo de papel adhesivo oscuro (oscuro para impedir el paso de los infrarrojos). En los 3,5 se trata de una pestaña deslizante que al abrirse indica que el disco está protegido. Las primitivas disqueteras de 5 ¼ eran de simple cara, de manera que solo había un cabezal, y se aprovechaba solo una cara del disco. Algunos avispados se dieron cuenta que si recortaban con unas tijeras con cuidado un trozo del envoltorio plástico del disco, como si fuera otra muesca de protección de los datos, y se le daba la vuelta al disco, se podía acceder a la otra cara. Afortunadamente, al poco tiempo todas las disqueteras venían con dos lectores magnéticos, uno a cada cara del disco, de manera que ya no hacía falta ningún truco para la lectura. Respecto a la capacidad, los primeros disquetes eran de 180KB. Posteriormente se pasó a 360KB, 720KB y 1,2MB. Respecto a los 3,5 fueron de 720KB y posteriormente de 1,44MB. Hace algún tiempo aparecieron discos de 3,5 a 2,88MB, pero hacía falta una disquetera especial, de manera que no ha tenido mucho éxito, sobre todo teniendo en cuenta el empuje de los discos magneto-ópticos.
6.2.- Mantenimiento y cuidado de los disquetesLos disquetes, especialmente los de 5 1/4, son objetos frágiles cuyos datos pueden perderse con relativa facilidad. Para cuidar un disquete hay que seguir pocas reglas que no exigen demasiado esfuerzo y que, en compensación, nos evitarán muchos problemas. La superficie del disquete es muy delicada, y cualquier partícula de polvo o ceniza, o una huella dactilar que se introduzcan entre la funda del disquete pueden erosionar la superficie y arruinar la información almacenada. La etiqueta es otro asunto que causa graves desperfectos en los disquetes. Nunca debemos escribir sobre la etiqueta ya pegada en el disquete, pues la punta del bolígrafo o pluma ejerce una presión excesiva contra el disquete. Asimismo, es peligroso intentar quitar las etiquetas de un disquete con un objeto punzante: es mucho más sencillo y seguro añadir una nueva etiqueta encima de la existente. A la hora de guardar el disquete también debemos tomar unas pequeñas precauciones. Siempre hay que guardar cada disquete en su funda de papel, y por supuesto, en su caja. Dejarlo, en cualquier lado, encima de la mesa, supone correr riesgos innecesarios con el polvo y la suciedad que, según la ley de Murphy, inutilizarán la copia de seguridad del programa que se nos acaba de estropear en el disco duro justo cuando pensábamos reponerla. Una mala costumbre muy extendida consiste en apilar más de 10 disquetes en una misma caja, lo que puede incrustar en las superficies del disquete partículas que hasta ahora no habían causado daño alguno. El polvo y la ceniza que se introducen entre la funda y la superficie de los disquetes tienen ciertas connotaciones "víricas" ya que al igual que los famosos "virus informáticos", pueden empezar su efecto destructor varios meses después de la "inoculación". Y sin duda, la presión excesiva de un disquete contra otro dentro de una caja es un método idóneo para incrustar definitivamente las partículas de polvo y suciedad en la superficie del disquete. Algunas compañías (por ejemplo, 3M) venden sus disquetes en cajas amplias que incluyen 10 disquetes, pero permiten almacenar cómodamente hasta 15 disquetes. Las fuentes magnéticas constituyen un riesgo continuo de destrucción de datos. Por ejemplo es peligroso dejar un disquete debajo o demasiado cerca de un teléfono antiguo, de los que tenían timbre electromagnético. Si este suena, hay muchas posibilidades de pérdida de datos. Tampoco es conveniente dejar los disquetes dentro de las unidades o apagar el ordenador con las unidades cerradas. Parece como si fuera muy habitual la pérdida de datos por deterioro de un disquete, cuando no es así. Sin embargo, sucede algunas veces y nunca sabemos cuál puede ser el disquete afectado (uno con información irrelevante u otro con la copia de seguridad del trabajo de los últimos cinco meses). De todas formas, comentamos que los disquetes de 3 1/2 ofrecen una resistencia bastante más grande tanto al contagio de polvo y suciedad como al peligro de las etiquetas. Actualmente, hoy día solo se encuentran las de 1,44 MB. Las de 5 ¼ 1,2MB pueden verse en algún ordenador "Prehistórico", y en algunas tiendas en las que se les ha quedado sin vender. Las de 2,88 (¡si alguien la tiene!) es algo muy raro. Las unidades de distinto tamaño son incompatibles entre sí, pero dentro del mismo tamaño las unidades de distinta capacidad son compatibles ascendentemente; es decir, 1.2 MB soporta 360K, pero no al revés, y 1.44MB soporta 720K, pero no al revés, y la de 2,88 soporta a las anteriores de 3,5.
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