4 Semanas en Cuba
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A principios de este año (2002) pensaba en realizar en verano un viaje por algún país de Centroamérica. Navegando por internet en busca de información, encontré referencias al llamado “turismo solidario”, estancias organizadas por ONGs en zonas desfavorecidas de Latinoamérica o África en las que los gastos de transporte, alojamiento y comida corrían por cuenta del propio cooperante. A cambio, se le ofrecía la posibilidad de participar en tareas de ayuda a las gentes del lugar y de recorrer el país durante un mes conociendo sitios a los que como turista convencional resulta difícil acceder.
Una de estas organizaciones, Sodepaz, permitía inscribirse en estos viajes sin tener que asistir previamente a cursos de formación, requiriendo únicamente acudir a un par de reuniones informativas y a un encuentro con el resto de participantes. De los tres destinos posibles - Chiapas (México), Guantánamo (Cuba) y Lima (Perú) - elegí el primero, el que más me atraía en un principio, pero tras escuchar la charla ofrecida por un cubano invitado a uno de los encuentros, en la que relataba las peculiaridades de la situación de su país, cambié de rumbo, intrigado por conocer uno de los últimos reductos del comunismo.
Acudiríamos a Cuba invitados por Cuba Solar, un organismo dedicado a proveer electricidad en lugares aislados del país, aunque en la práctica la encargada de guiarnos sería la Unión de Jóvenes Comunistas (UJotaCé). Se trataba de una estancia de 4 semanas, organizada de la siguiente manera: los primeros 6 días los pasaríamos en La Habana, alojándonos en un hotel y realizando visitas a la propia UJotaCé, a un hospital, a un sindicato de trabajadores, a una editorial... Luego viajaríamos a la provincia de Guantánamo, en la otra punta de la isla, para pasar 15 días en el Palacio de Pioneros de Imías (algo así como una escuela-residencia) donde colaboraríamos en algunas tareas (pintar y demás). La última semana la tendríamos libre, pudiéndola dedicar a viajar por nuestra cuenta antes de regresar a la Habana para coger el avión de vuelta a España.
Mis objetivos al iniciar este viaje fueron básicamente dos: por un lado, aprovechar mi condición de cooperante para descubrir la realidad del país y poder formarme una opinión propia, aparcando desde un principio cualquier idea preconcebida sobre temas como la revolución cubana, el comunismo, el embargo económico de los EE.UU. o el turismo sexual; por otro, emplear la semana libre a final del mes para viajar en solitario por la isla, prolongando a ser posible mi estancia en el país más allá de los 30 días planeados inicialmente. En especial, me atraía la posibilidad de recorrer Sierra Maestra.
Al final, el viaje resultó interesante por mil motivos. Este diario te podrá ser de utilidad tanto si estás planeando viajar allí como si simplemente quieres leer y conocer algo más sobre “la Perla del Caribe”. Los amantes de las rutas de montaña encontrarán interesante la parte del diario que relata mi paso por Sierra Maestra (entre los días 22 y 25 de Agosto). En cualquier caso, me doy por satisfecho por poder dar a conocer lo que allí vi.
3 de Agosto, Sábado
Nos encontramos todos los componentes del grupo en el aeropuerto de Barajas, billete de avión, pasaporte y visado en mano. Somos en total 21 personas. En el mostrador de Iberia intentamos facturar en grupo a fin de aprovechar al máximo el peso de equipaje que puede llevar cada uno y poder de esta manera incluir bolsas de material (que algunos tienen pensado entregar en Cuba), pero surge un problema de overbooking y únicamente 9 de nosotros recibimos la tarjeta de embarque. Subimos al avión sin saber si los demás conseguirán asiento en algún vuelo posterior. Durante el trayecto los pasajeros se muestran bastante animados (una azafata ha vendido varias botellas de Havana Club) y el piloto llega a pedir por el micrófono que por favor todo el mundo permanezca en sus asientos para no desequilibrar el avión. En el aeropuerto de La Habana descubrimos que se han extraviado un par de maletas.
En la salida de pasajeros nos espera Nancy, una chica de la UJotaCé. Guiada por ella subimos a un autocar que nos lleva al hotel Altahabana, en las afueras de La Habana, donde nos alojaremos esta primera semana. Tras la cena, Miguel, un representante de Cuba Solar, nos habla sobre Cuba y nos expone las actividades a realizar durante los próximos días: iremos a las cercanas Playas del Este, realizaremos varias visitas en la capital y dispondremos de tiempo libre para bañarnos en la piscina del hotel o recorrer la ciudad por nuestra cuenta. Nos explica también que durante nuestra estancia en Guantánamo nos hospedaremos en el Palacio de Pioneros de la propia ciudad y no en el de la zona desértica de Imías como estaba previsto, y que viajaremos hasta allí el viernes en autocar. Serán 15 horas de carretera y deberemos levantarnos ese día a las 3 de la mañana.
El hotel no está mal del todo, aunque en el vestíbulo y en el comedor el aire acondicionado está a tope y los cambios de temperatura al entrar y salir son muy bruscos. Nos avisan que tengamos cuidado si salimos solos a la calle ya que la zona es algo peligrosa. Junto al hotel hay un pequeño bar que parece estar bastante animado, pero hoy estamos todos algo cansados por el viaje y con el horario cambiado y nos vamos pronto a dormir.
4 de Agosto, Domingo
Durante la madrugada han llegado los demás componentes del grupo, tras haber conseguido plaza en el siguiente vuelo de Cubana de Aviación, excepto dos (Floren y Josep) que aún esperan en Madrid. Desayunamos juntos y a continuación nos subimos a un minibús con Nancy y Clarita (también de la UJotaCé) rumbo a las Playas del Este, a unos 20 km de La Habana en esa dirección. Durante el trayecto, rodeando la capital, Nancy nos señala algunos lugares de interés (un pabellón polideportivo, un centro de investigación...), todos en un estado que deja que desear, al menos por fuera. Por todos lados, en lugar de anuncios publicitarios, veo carteles con las figuras de José Martí, Ernesto 'Che' Guevara y Fidel Castro y frases del tipo de "Un Pueblo para la Revolución".
La playa a la que llegamos no es nada del otro mundo. Hay bastante gente. Algunos cubanos bailan en un chiringuito; otros beben ron metidos en el agua. Con nosotros han venido seis cooperantes del Partido Comunista de Cataluña que se alojan en el mismo hotel que nosotros y que están finalizando ya su estancia en Cuba. Nos explican cómo les ha gustado la zona en la que han estado, Santa Clara, y el haber podido convivir con campesinos.
Tras la ducha y la cena nos acercamos al bar junto al hotel, que resulta tener muy buen ambiente, con cubanos y cubanas sentados en mesas, bailando en parejas o jugando al billar, y bebiendo ron y cerveza.
5 de Agosto, Lunes
Nos dirigimos a La Habana Centro para realizar varias visitas. La ciudad, con sus edificios desconchados y sus vehículos de hace tres y más décadas, ofrece una imagen decadente. La primera parada es en el Centro de Computación, donde un funcionario nos muestra orgulloso las dedicatorias que en sus dos visitas a este lugar ha dejado Fidel Castro y nos hace pasar por algunos laboratorios, todos equipados con ordenadores bastante decentes. A continuación visitamos la editorial Abril, enfrente del Capitolio. Ésta es una zona más turística y antes de entrar se nos acercan varias personas ofreciéndonos de todo, desde puros hasta habitaciones donde dormir. En la editorial nos recibe una mujer que nos muestra y regala algunas de las publicaciones que aquí se editan (como Juventud Rebelde y otras que no recuerdo).
Comemos en un restaurante del cercano Barrio Chino y luego nos acercamos a la sede de la UJotaCé, donde nos espera un tal Franco, el alcalde de Marinao, un municipio del departamento de La Habana. Franco nos habla de Cuba durante un buen rato: es un verdadero libro abierto y se te cae la baba oyendo sus explicaciones. Nos cuenta con detalle la historia del país, nos expone los logros de los deportistas nacionales, lo avanzado de los sistemas médico y educativo, y nos describe el proceso por el que el pueblo cubano elige a sus gobernantes (?). La verdad es que todo lo que cuenta suena muy bien. Según él, las penurias económicas que sufre el país se deben en exclusiva al embargo de los Estados Unidos, que dura ya más de cuarenta años. Me quedo con la duda de si lo que hemos escuchado no ha sido el discurso embaucador típico de un político y de alguien demasiado fanático de la Revolución.
Ya en el hotel, por la noche, de manera más informal y tras sacar 2 botellas de Havana Club 7 años de su mochila y compartirlas con nosotros, Miguel nos habla de las tareas que realiza Cuba Solar y se muestra interesado por saber cosas sobre la vida en nuestro país. Durante la conversación aparecen Floren y Josep, que por fin han podido ser embarcados en un avión a La Habana. Antes de dormir, nos damos un baño en la piscina del hotel.
6 de Agosto, Martes
Por la mañana visitamos las oficinas del único sindicato cubano de trabajadores. Nos reunimos con una funcionaria (no recuerdo el cargo que tenía), pero sus explicaciones resultan algo insulsas y no le presto demasiada atención. Estoy pendiente de averiguar si puedo prorrogar mi visado de cooperante (es de 30 días) y retrasar la fecha de vuelta de mi billete de avión. Otros del grupo tienen pensado volver antes de fin de mes y deben también cambiar su billete, así que tras comer Clarita nos lleva a la UJotaCé para que nos ayuden en estos trámites. Para el cambio del billete me ponen en una lista a espera de que quede una plaza libre en algún vuelo (he pedido regresar en torno al 10 de Septiembre). En cuanto al visado, me explican que no me lo pueden prorrogar, pero que no debo tener problemas para obtener uno de turista en la oficina de inmigración de Guantánamo.
Clarita nos guía después por las principales calles y plazas de La Habana Vieja y al acabar el recorrido nos deja tiempo libre hasta la hora de la cena. Menos mal, porque empezaba ya a agobiarme de tener que ir a todos los sitios en grupo. Cojo la primera calle que veo y me pierdo por la ciudad, intentando salir de la zona turística. Atravieso varias calles más auténticas, sin tiendas ni restaurantes, con viviendas con las puertas abiertas y gente sentada en las aceras. Aunque se ve bastante pobreza, no parece muy peligroso andar por aquí. Salgo a la zona del puerto: se oye música cerca. Dos cubanos se ponen a hablar conmigo. Me cuentan que son músicos y me invitan a ir a ver la actuación de su banda esta misma noche en un local de Vedado, la zona moderna de La Habana. Apunto sus nombres y la dirección que me dan.
Cenamos en el restaurante Castillo de Farners, junto al famoso Floridita. Nos fijamos en una pareja sentada en una de las mesas de al lado, un hombre de unos cuarenta años con pinta de español o italiano y una chica cubana, muy guapa pero apenas una niña. Sólo ella cena, mientras él se dedica a esperar: una muestra, bastante lamentable, de turismo sexual. Por la noche salimos casi todos. Nos acercamos al local que me indicaron los músicos pero, aunque insistimos, no nos dejan entrar, ya que se requiere ir bien vestido y algunos del grupo van con pantalón corto. Unos chicos nos indican otro sitio, que resulta ser un pequeño local con apenas gente. Acabamos la noche comprando ron y coca-cola en una tienda y sentándonos en el Malecón, donde un personaje que se hace llamar el Gitano Canario de Cuba nos ameniza con su guitarra y sus canciones y alguna que otra historia hasta bien entrada la madrugada. Todo un espectáculo.
7 de Agosto, Miércoles
Hoy visitamos un "centro de niños sin amparo filial", una casa situada en una de las zonas residenciales de la ciudad. Aquí me ha parecido todo demasiado perfecto, diferente a lo que hemos visto hasta ahora por la calle. A los niños, todos muy guapos y fuertes, parece que les hayan obligado a aprenderse las frases de memoria: "Me llamo tal, estudio para ser profesor y estoy muy contento viviendo aquí". Estoy empezando a pensar que no todo es en Cuba como nos lo están enseñando. Empieza también a resultarme exasperante, al ir en grupo, el tener que pasar tanto tiempo esperando, a los rezagados o a los que han tenido que ir un momento a hacer cualquier cosa, así que al proponerse por la tarde dar una vuelta por La Habana Vieja, yo decido quedarme en el hotel. En la guía de Cuba que compré en España leo que existe una ruta a pie de tres días a través de Sierra Maestra que pasa por el punto más alto de la isla, el Pico Turquino, pero que para poder realizarla es necesario solicitar antes un permiso especial. Pruebo a realizar varias llamadas para informarme, pero no consigo hablar con alguien que me pueda ayudar.
Por la noche salimos unos cuantos. El taxista nos cuenta que los miércoles en La Habana muchos locales no abren. Encontramos una discoteca en Vedado (“El Amanecer”), preguntamos el precio y acabamos entrando tras regatearle unos dólares al portero. Es algo turística, con gente cubana y extranjeros a partes iguales. La banda que toca es bastante buena y anima a bailar, no como los mojitos y los cuba-libres que sirven aquí, que parecen tener agua en lugar de ron.
8 de Agosto, Jueves
Último día en La Habana. Realizamos dos visitas rápidas: al ICAP (un instituto para la cooperación internacional) y a un laboratorio de investigación de vacunas. Durante el día poco más hemos hecho. Ya por la noche, cenamos en la Habana Vieja y nos disponemos a conocer el ambiente nocturno de esta parte de la ciudad. Bebemos algo en un bar. Al salir, varios "jineteros" se nos acercan indicándonos el mejor lugar, según cada uno de ellos, para ir a continuación. Acabamos entrando en el Palacio de la Artesanía, donde toca un grupo de música. La verdad es que el ritmo cubano te hace mover los pies sin quererlo. La gente que hemos encontrado aquí ha tratado de enseñarnos los pasos de sus bailes, pero lo cierto es que haría falta muchísima práctica para bailar la mitad de bien de lo que bailan ellos.
9 de Agosto, Viernes
Hasta la hora de levantarse para preparar la mochila y salir en autobús hacia Guantánamo me da tiempo a dormir apenas una hora, así que aprovecho el viaje para recuperar el sueño perdido. Paramos a comer algo rápido en la tienda de una gasolinera cerca de Las Tunas. Apenas hay tráfico por esta carretera, pese a ser una de las principales vías del país. Hasta llegar a Bayamo, la isla es llana y el paisaje muy verde. Luego ya hasta Santiago atravesamos un terreno algo más montañoso. Llegamos a Guantánamo a las 5 de la tarde.
El Palacio de Pioneros está situado a 2 km del centro de la ciudad. Es un recinto vallado con varios edificios bajos. Ahora en verano no hay estudiantes. La directora nos enseña las habitaciones y los cuartos de baño y nos explica algunas normas (prohibido traer gente de fuera) y cuáles son las horas de las comidas. Compartiré cuarto con Floren y Josep. El baño que tenemos asignado es para verlo: la puerta no tiene pomo, la cisterna no funciona (hay que coger agua de la ducha con un cubo que hay en la bañera) y los grifos están oxidados y medio rotos. Guantánamo es una de zonas más pobres de Cuba y desde luego ya lo estamos notando.
Por la noche salimos un rato. El transporte público aquí es de lo más pintoresco: carros tirados por caballos y bicicletas con dos asientos detrás. Se ven pocos coches. La mayor parte de la gente es negra o mulata. Caminamos por algunas calles en torno a la plaza José Martí y acabamos metiéndonos en un bar que resulta ser un antro, oscuro y con asientos en los rincones para las parejas. Nos tomamos una cerveza, pagando con pesos cubanos y descubriendo lo ridículo que son los precios aquí. Luego nos cambiamos a otro local, en un edificio al otro lado de la calle, una terraza en el último piso. Bebemos algo más y hablamos con los guantanameros y guantanameras.
10 de Agosto, Sábado
Nos reunimos con la gente del Palacio de Pioneros para organizar nuestra estancia en la ciudad. Ha venido un hombre llamado Padilla, que según la directora es "quien maneja los asuntos económicos del centro". Entre todos planeamos varias salidas (a bañarnos en algunas playas, a ver la Base Naval de los EE.UU., a visitar la ciudad costera de Baracoa y pasar la noche allí...), dejando varias mañanas para el pintado de las paredes del Palacio. Faltan muy pocos días para que comiencen los Carnavales de Guantánamo y para ellos hacemos también un hueco.
En Guantánamo hace todavía más calor que en La Habana (ya nos lo habían avisado allí) y apetece un chapuzón, así que por la tarde nos acercamos al principal hotel (y uno de los pocos) de la ciudad para darnos un baño en su piscina. El conductor del autobús que nos ha traído se ofrece para guiarnos de noche por la ciudad. Al regresar del hotel paramos a comprar algunas botellas de ron para tenerlas en el Palacio y poder echar un trago si nos apetece. Hay varias marcas que se pueden comprar con moneda nacional (Corsario, Relicario...), pero ninguna nos resulta conocida. Nos quedamos con un par de cada e incluso con una (Don Diego) que se vende en botella de plástico.
El conductor y un amigo suyo nos llevan por la noche a la Casa de La Trova, a pocas cuadras de la plaza José Martí. Para entrar pagamos 1 dólar. Pasamos a un patio donde hay un escenario con una banda de música, varias mesas enfrente y una ventanilla por la que sirven cervezas y ron. Hay bastante ambiente. Entre el ritmo cubano y la gente que se acerca a animarnos no tardamos en ponernos a bailar. Llegado el momento ponen hasta karaoke y los cubanos ovacionan la actuación española, aunque hubo un instante de silencio tenso cuando a Floren se le ocurrió gritar "¡Viva Fidel!" por el micrófono
11 de Agosto, Domingo
Hoy el plan era ir a la playa de Yacabo, cerca de Imías, a 50 km de Guantánamo. Para ahorrar combustible, nos han buscando un autobús más pequeño (y más desvencijado). Sufrimos una avería al poco de haber salido: se ha roto una de las correas del motor y al parecer no hay recambio. Mientras esperamos a que el conductor se las apañe, nos ponemos a jugar a las cartas en la cuneta de la carretera. Al de un buen rato acaba viniendo un camión para llevarnos de vuelta al Palacio. Iremos ahora a la playa en el otro autobús, pero tenemos que esperar a que aparezca su conductor, que ha llevado a su hija a los carnavales. Está claro que en Cuba vale más tomarse todo con paciencia. Finalmente acabamos saliendo después de comer. La zona costera es árida. La playa resulta estar muy bien y nos quedamos hasta que comienza a anochecer. De vuelta en el Palacio, nos sentamos en el terrado que hay sobre el comedor para beber ron y observar las Leónidas (lluvia de estrellas que se puede ver estos días).
12 de Agosto, Lunes
Esta mañana, tras esperar dos horas a que nos consiguieran pintura, hemos raspado y pintando las paredes de algunos de los edificios del Palacio. Mi opinión es que este trabajo ha sido una excusa para que parezca que hemos colaborado en algo durante nuestra estancia aquí, porque realmente ni hacía mucha falta pintar estas paredes ni ha sido algo que no hubiesen podido hacer los empleados que trabajan aquí. De todas maneras no es de extrañar que a los guantanameros no se los vea muy activos, porque con el calor que hace durante el día es para pensárselo dos veces antes de ponerse a hacer nada.
Por la tarde nos hemos acercado a visitar un hogar de niños huérfanos. La oficina de inmigración está cerca y he aprovechado para pasarme por ella. Al solicitar un visado de turista, los militares han acabado haciéndome pasar a una sala donde un oficial me ha interrogado sobre mi procedencia y los motivos que me han traído a Guantánamo: sólo le ha faltado ponerme la luz de una lámpara en la cara. Al final me ha explicado que el trámite de expedir un visado sólo se realiza en La Habana (allí lo que me dijeron había sido otra cosa, como ya he contado).
Al anochecer he ido a caminar por la ciudad. He acabado recorriendo el Barrio del Este, varias manzanas de viviendas construídas en las afueras de la ciudad, entre las palmeras y la vegetación. Hay buen ambiente aquí, niños jugando en la calle y familias sentadas enfrente de sus casas. Me invitan en una a tomar un zumo de fruta, y me explican que este barrio se construyó hace dos años para alojar a la gente que vivía junto al río y que perdió su hogar tras el paso de uno de los últimos ciclones que asolaron la región.
13 de Agosto, Martes
Salimos temprano para Baracoa. Es un viaje de 3 horas, atravesando primero la zona desértica costera y luego la sierra por una carretera serpenteante llamada La Farola. Baracoa es una pequeña ciudad a orillas del Atlántico: fue la primera población que los conquistadores españoles fundaron en la isla. Rodeada de océano, montañas y vegetación, parece un lugar olvidado del planeta. Visitamos el pequeño museo de la ciudad y luego recorremos la calle principal, intentando aprovechar la poca sombra que hay junto a las paredes de las casas para evitar el fortísimo sol del mediodía. Entramos también en una tienda a comprar algunas botellas de ron para beberlo en la playa por la noche.
Nos dirigimos luego al Rancho Toa, unos km. más al norte, donde Padilla nos espera con la comida ya preparada: un cerdo que ha traído desde Guantánamo y que ha estado asando durante la mañana. Por la tarde vamos a una playa cercana, a darnos un baño y a quedarnos a pasar la noche en ella. Juntamos madera para hacer una hoguera y a su alrededor cenamos, bebemos ron con coca-cola y contamos historias y chistes. A medianoche nos damos otro baño. Al de poco comienza a llover y nos metemos en el autobús a dormir, pero acaba resultando imposible a causa del calor que hace en su interior. Algunos acaban pasando la noche como pueden en la arena bajo los árboles y yo me meto en el compartimiento de equipajes del autobús con las puertas abiertas, tumbado sobre el saco de dormir que he hecho bien en traer.
14 de Agosto, Miércoles
Lo primero que hago tras levantarme es darme un baño. Padilla aparece al de poco para traernos uno de los desayunos más raros que he tenido ocasión de tomar alguna vez: pan con mayonesa de bote, y una lata de Tropicola para beber. El viaje de vuelta a Guantánamo se me hace bastante incómodo: en el autobús sigue haciendo un calor espantoso y parece ser además que parte del humo del motor se cuela por algún sitio hasta los asientos. Llego al Palacio con dolor de cabeza y me echo un rato en la cama. Algunos del grupo se han empezado a encontrar mal de la tripa, con diarrea y demás.
Descansamos por la tarde, y por la noche salimos a los Carnavales. Esta noche actúan varios grupos, venidos de La Habana y de otros puntos del país. En una de las plazas de la ciudad han colocado un escenario, y en las calles del alrededor puestos de venta de bebidas y de bocadillos o pizzas. Hay mucha gente por todas partes. Resulta fácil entablar conversación con cualquiera: la gente se acerca a hablarnos, aunque resulta evidente que muchos lo hacen de una manera interesada. Pedrito, un amigo del chófer del autobús, nos presenta a unas chicas (las que estaban más cerca en ese momento). Con una de ellas me pongo a hablar y a bailar, pero acaba dándome la impresión de ser una "jinetera" que lo único que quiere es sacar provecho económico (o similar) de estar conmigo, y con la excusa de ir a buscar un baño me largo. Me encuentro con Josep y los dos nos vamos a recorrer otras calles. Llegamos a una muy animada en la que varios camiones cisterna están repartiendo cerveza gratis. Compramos una jarra de plástico y agolpándonos entre la gente la llenamos dos o tres veces. Luego conseguimos meternos en una especie de bar privado que han hecho cerrando con paredes de caña una calle. Aquí la gente parece haber bebido mucho y está muy animada. Vemos cómo bailan todos en parejas, un baile al que yo luego he bautizado como "del perrito": el hombre y la mujer muy pegados, siguiendo el ritmo a base de movimientos pélvicos, en varias posiciones, pero siempre de pie... o casi. Nos invitan a practicarlo.
15 de Agosto, Jueves
Se ha decidido que durante los días que duren los Carnavales no pintaremos: de todas maneras ya se ha visto que lo de pintar no tiene mucho sentido. Hoy por tanto, al no haber nada programado, nos hemos dedicado a descansar y hacer el vago durante buena parte del día. Los que se han atrevido a salir por la tarde para ver los Carnavales “diurnos” han vuelto con pocas ganas de repetir la experiencia debido al calor que hace en la calle a esas horas. De noche sí hemos salido casi todos, excepto algunos que han seguido encontrándose mal de la tripa.
16 de Agosto, Viernes
Los tres que compartimos cuarto nos quedamos toda la mañana tirados en la cama, recuperándonos de las dos noches de Carnavales, rezando para que no se estropeen los ventiladores que tenemos en la habitación. Al otro lado de la calle hay una especie de caserna militar y no paran de poner música a todo volumen.
Por la tarde montamos en el autobús pequeño para ir a ver desde el lado cubano la Base Naval Norteamericana. Padilla, con pantalón de camuflaje, nos acompaña. Esperamos un buen rato frente a la barrera de acceso a la zona militarizada de la bahía, mientras habla con los soldados del puesto de control, que se han cuadrado ante él. Finalmente se nos permite el paso. Atravesamos unos cuantos kilómetros de terreno desértico y llegamos a un mirador desde el que se puede ver la valla fronteriza entre Cuba y el territorio norteamericano. Un camarero se acerca desde una terraza cercana para ofrecernos un cuba-libre. Padilla nos explica que la franja de territorio cubano ante la valla de los EE.UU. es un campo de minas. Se le escapó luego, según me comentó alguien esa misma noche, que esas minas están colocadas para evitar que los propios cubanos pasen a territorio estadounidense.
Hoy me he encontrado mal de la tripa, y según me han dicho ha podido ser por beber la cerveza que dispensaron los camiones el primer día de Carnaval (desde que estamos en Cuba hemos estado tomando sólo agua tratada o embotellada, nunca el agua que beben los cubanos). Por la noche me he acercado con los demás al centro de la ciudad, donde siguen las fiestas, pero me he retirado pronto para irme a dormir.
17 de Agosto, Sábado
Hemos ido a una playa situada a medio camino entre la bahía e Imías y que ha resultado no estar tan bien como las de Yacabo y Baracoa. Por la noche hemos vuelto a salir a los Carnavales, sólo que en lugar de ir de nuevo al centro de la ciudad nos hemos quedado en el barrio de San Isidro. Allí, en un descampado, había un escenario y algunas atracciones de feria (como una pequeña noria y un tiovivo). Un cubano nos ha conseguido meter en una fiesta privada que no ha estado del todo animada.
18 de Agosto, Domingo
Hoy se ha ido a ver el “Zoológico de Piedra”, pero yo he preferido quedarme tumbado en la cama. Por la tarde algunas de las chicas del grupo y yo nos hemos acercado al centro de la ciudad para ver las comparsas. Me ha llamado la atención ver desfilar a un grupo de niños con réplicas de rifles (de cartón) en sus manos.
Estamos ya saturados de los Carnavales (acaban ya hoy) y por la noche hemos salido sólo a cenar. Ha sido todo un reto, porque en el restaurante al que hemos ido nos ha tocado compartir las sillas, los cubiertos e incluso la comida, al no haber para todos. El desabastecimiento es algo habitual en Guantánamo.
19 de Agosto, Lunes
Nos comunican que no hemos de pintar más. Así, al final sólo hemos dedicado una mañana (y ni a eso llegó) a la tarea que teníamos asignada en Guantánamo. Creo que la ayuda que realmente se esperaba de nosotros ha sido el desembolso que hicimos por nuestro alojamiento (unos 180 dólares por casi 2 semanas, cantidad que de sobras supera el gasto que supone la comida y el transporte de cada uno de nosotros y que permite cubrir los salarios de cada empleado del Palacio durante varios meses).
Así, sin tareas ya a realizar, acabados los Carnavales y con poco más que ver o hacer en Guantánamo, decidimos marcharnos de aquí pasado mañana, dos días antes de lo previsto. El plan será ahora viajar a Santiago de Cuba, pasar allí una noche y seguir luego hasta Trinidad. Padilla nos da una dirección a la que dirigirnos en Santiago y propone reunirse con nosotros en Trinidad para conseguirnos alojamiento. A partir de Trinidad cada uno continuará viaje por su cuenta. En mi caso, me separaré del grupo antes, en Bayamo, para dirigirme a Sierra Maestra.
Por la tarde nos han enseñado un campamento pionero, pero había poco que ver y nos hemos aburrido bastante esperando allí hasta la hora de cenar. Por la noche he estado con Floren y Josep bebiendo ron en casa de Joselis, una de los muchas personas que hemos conocido durante los Carnavales. Nos ha llevado a dar una vuelta por la ciudad con sus amigos, en el coche de uno de ellos, un verdadero trasto de los años 50.
20 de Agosto, Martes
Otra mañana más que hemos pasado haciendo el vago. Por la tarde nos han organizado una despedida en el Palacio: primero nos ha cantado y bailado un grupo de niñas y luego ha actuado la banda del jardinero, un grupo de música tradicional campesina. Todo ello amenizado con ron, pero al haber sido por la tarde y no haber podido invitar a gente de fuera ha resultado una despedida un tanto descafeinada.
Tras la cena hemos acudido como invitados a la reunión de un CDR (Comité para la Defensa de la Revolución). Un barrio entero nos estaba esperando, reservándonos los asientos de honor en una grada de bancos colocada en la calle. El acto ha consistido en la lectura de varios textos, agradecimientos e incluso un poema. Han actuado también una banda de música y un cantautor. Por último nos han invitado a pasar a una casa donde nos han atiborrado de fruta, helado, tarta y café. Mientras la gente del barrio se agolpaba en la puerta de la vivienda intentando ver qué sucedía en su interior (al más puro estilo “Bienvenido Mr. Marshall”), un tipo nos ha dado la tabarra con un discurso patriótico y revolucionario que no tenía ni pies ni cabeza.
De regreso del CDR, y aunque ayer, tras habérselo solicitado, la directora del Palacio nos había dado permiso para invitar esta noche a personas con las que hubiésemos entablado amistad a lo largo de nuestra estancia la Guantánamo, nos hemos encontrando con que los guardianes seguían con órdenes de no dejar pasar a nadie. Ya habían llegado algunas personas, que se habían quedado esperando resignadas al otro lado de la valla. Me ha molestado bastante, no sólo por la falsedad de la directora, sino también porque en la imagen que ofrecía esta gente he podido ver la diferencia que existe entre los cubanos que tienen acceso a las ventajas que ofrece el gobierno y los que no lo tienen.
21 de Agosto, Miércoles
Llegamos a Santiago en poco más de una hora y buscamos la dirección que Padilla nos ha dado. Allí hablamos con una mujer que acaba consiguiéndonos alojamiento en casas y apartamentos cerca de la plaza de Marte. Para comer, cansados ya de ir todos juntos y tener que perder tiempo esperándonos unos a otros, decidimos separarnos en grupos más pequeños. Unos jineteros insisten en llevarnos a una casa donde nos pueden servir langosta. Comemos juntos Floren, Josep, Iñaki, Iker y yo mientras afuera diluvia, y hacemos balance de lo vivido hasta el momento en Cuba, dando ya por buena la experiencia. A partir de mañana yo viajaré por mi cuenta, y quedamos en encontrarnos el día 29 a las 9 y media de la noche en una plaza de La Habana Vieja.
Tras la comida, entro en un Centro de Comunicación y por fin consigo hablar por teléfono con Villa Santo Domingo: me explican que no me hace falta ningún permiso especial para realizar la ruta por Sierra Maestra, que debo ir acompañado por un guía pero que me puedo presentar ahí cuando quiera. Luego, me acerco a la estación de autobuses y me informo de los horarios de salida hacia Bayamo.
En Santiago, como en La Habana, hay sitios en los que se puede comprar cajitas de comida pagando en pesos cubanos. Sale muy económico. Cenamos así, tras habernos reunido todo el grupo. A continuación nos dedicamos a conocer el ambiente nocturno del centro de la ciudad. Guiados por unos rastafaris que algunas de las chicas han conocido por la tarde, entramos en un bar con música en directo. Tras éste, vamos a otro local, mucho más animado, donde uno de los 'rastas' me presenta a una chica que baila de maravilla, que se pone a beber y a intimar conmigo... y que acaba pretendiendo sacarme la máxima cantidad de dinero posible, menos mal que en desenmascarar jineteras ya he adquirido algo de experiencia y consigo darme cuenta a tiempo, aunque la verdad es que ésta lo disimulaba bastante bien.
22 de Agosto, Jueves
Duermo hasta pasado el mediodía y por la tarde cojo el autobús a La Habana, que tiene parada en Bayamo. Mi idea era dormir en esta ciudad tras haber comprado con calma provisiones y cualquier otra cosa que me hubiera podido hacer falta en Sierra Maestra (un recambio de pilas para la linterna, por ejemplo), pero al final y con el fin de aprovechar los días que me quedan en Cuba decido intentar llegar antes del anochecer a Villa Santo Domingo. Hablo en la estación con un taxista que accede a llevarme hasta allí (son 70 kilómetros) por 25$. Antes de salir de Bayamo paramos en una tienda y compro varios paquetes de galletas, un par de bocadillos y agua embotellada. De la ciudad de Bayamo conservo apenas el recuerdo de la estación de autobuses y de un par de calles como las de otras ciudades ya vistas.
La carretera atraviesa un paisaje más verde de lo habitual. Delante nuestro se recorta la silueta de Sierra Maestra, con sus picos envueltos en nubes. Ya en las estribaciones, el taxista toma un desvío a la izquierda (un letrero anunciaba un campismo a 1 km). Un par de curvas más adelante el asfalto está levantado e impide al coche seguir. El taxista me asegura que poco más adelante se encuentra mi destino. Tras pagarle, cargo con mi mochila y camino unos minutos hasta llegar al campismo en cuestión, que según me informan resulta estar ¡a 25 kilómetros de Villa Santo Domingo! A estas horas (anochece) ya no hay transporte para intentar llegar más lejos y debo quedarme aquí a pasar la noche. Mientras me acuerdo del taxista, sentado a la puerta de mi cabaña, converso con un cubano que está pasando unos días de descanso con su familia en la cabaña de al lado. Me invita a un trago de su botella de ron, me pregunta sobre la vida en España y me habla de cuando estuvo trabajando en Rusia.
23 de Agosto, Viernes
Para ir a Villa Santo Domingo hay que retomar la carretera que viene de Bayamo. Al no haber ningún pueblo cerca, la única opción posible es "pedir botella" (hacer auto-stop). Por aquí pasan pocos vehículos, y camino durante un rato hasta que para una camioneta del gobierno que lleva televisores para los habitantes de Providencia, un pueblo a 5 km de Villa Santo Domingo. Desde Providencia continúo a pie por una carretera muy empinada: es mediodía y hace muchísimo calor y humedad. Más adelante, mientras descanso unos minutos, me encuentro con una campesina que me invita a comer guayabas y me acompaña incluso al árbol donde las puedo coger. Poco antes de llegar a Villa Santo Domingo, me recoge una furgoneta.
En Villa Santo Domingo, un funcionario del Parque Nacional Turquino me detalla la travesía de Sierra Maestra. Son tres días de caminata, pero una persona en buena forma la puede realizar en dos. De esta última manera, el primer día se sube hasta el refugio Joaquín, a 1600 m de altitud, y se duerme allí, y el segundo se corona el pico Turquino (1972 metros) y se desciende a continuación hasta las Cuevas, una aldea en la costa del Caribe. En total son 28 kilómetros de recorrido con un desnivel acumulado de casi 4000 m. Iré acompañado por un guía durante todo el trayecto. El funcionario me recuerda que tengo que encargarme de mi propia comida y me recomienda que lleve agua embotellada. Me indica también que puedo dormir esta noche en una de las casas del pueblo y que debo estar mañana a las 7:00 en el puesto de control de acceso al Parque Nacional para encontrarme con el guía.
Me alojo en una casa al otro lado del río, donde una mujer me alquila una habitación por un precio razonable. Le pido que me prepare algo de comida para la ruta. Por la tarde doy un paseo por el pueblo y luego ya de vuelta en la casa contemplo cómo durante un buen rato cae un verdadero aguacero, con relámpagos que en lugar de ir de arriba a abajo se ramifican entre las nubes en todas direcciones de una manera muy espectacular.
24 de Agosto, Sábado
Aún es de noche cuando me levanto. La dueña de la casa me ha dejado sobre la mesa del comedor las provisiones para la travesía: un recipiente de plástico enorme con pollo y arroz blanco, algo de fruta y litro y medio de jugo de guayaba (¿o era papaya?). Me despido y me dirijo al puesto de control en el acceso al Parque Nacional. Al de un rato llega mi guía. Le pregunto si me podría llevar parte de mi carga (mi mochila pequeña con las botas de ciudad, un libro, y parte de la comida), comentándole que a cambio le pagaré algo, y no me pone ninguna objeción.
Para llegar al Alto del Naranjo hay que caminar durante cinco kilómetros por la carretera más empinada que he visto en mi vida. En algunos puntos tuve que avanzar en zig-zag para evitar tanta pendiente. Llego arriba completamente empapado en sudor. Aquí ya se acaba la pista asfaltada y se continúa durante 9 kilómetros más por un sendero que serpentea entre una abudantísima vegetación. En algunos puntos hay escaleras y barandillas de madera que la gente del Parque Nacional ha colocado para permitir salvar los desniveles del camino. Entre el peso de la mochila, la humedad y el sendero rompepiernas, la marcha se me acaba haciendo muy dura. A dos kilómetros del refugio Joaquín comienza a llover y aceleramos el paso para evitar que nos pille la lluvia en su apogeo, cosa que no logramos.
El refugio Joaquín es una cabaña hecha de tablas y planchas de metal en el corazón de Sierra Maestra. Aquí me espera otro guía (Alonso) para acompañarme mañana hasta Las Cuevas, su pueblo y el final de la travesía. También me encuentro con el guardián del refugio y con la cocinera. Paso el resto de la tarde calentándome al fuego y charlando con todos ellos. Para cenar acepto la sopa de frijoles que me ofrecen (con mosquitos incluídos, pues cocinan utilizando agua de lluvia que recogen en bidones), y me acuesto en cuanto oscurece para recobrar fuerzas para la jornada de mañana.
25 de Agosto, Domingo
Los dos guías me acompañan en la ascensión al Turquino y a partir de allí sólo Alonso sigue conmigo. Este tramo, desde el refugio Joaquín hasta la cima del Turquino, es de los más duros de todo el recorrido, teniéndote que ayudar a menudo con las manos para subir y bajar tramos de escaleras. La cima del Turquino es un claro en el que se alza un pedestal con un busto de José Martí, y desgraciadamente no se ve el paisaje alrededor.
Desde aquí hasta Las Cuevas ya es todo bajada, salvo un pequeño repecho para subir al pico Cuba. Nos detenemos más abajo, en el refugio Cuba, a descansar. Su guardián nos invita a tomar un vaso de café. El camino sigue descendiendo encajonado entre paredes de tierra y raíces por el cauce de un arroyo. Luego más adelante atajamos a través de la vegetación, siempre en fuerte bajada. Durante el último tramo del descenso me comienzan a fallar las piernas y me veo obligado a detenerme a menudo. Llego a Las Cuevas totalmente destrozado, y Alonso me invita a pasar a su casa, donde me presenta a su mujer y a sus hijos. Las Cuevas es una aldea muy pintoresca, con viviendas de paredes de madera y techos de paja, y sus habitantes van vestidos con las prendas mínimas y descalzos muchos de ellos.
Alonso me explica que hoy al ser domingo no pasa ningún autobús por la carretera de la costa y que para llegar a La Mula, a 12 km, donde pretendo dormir, debo esperar a que me recoja algún vehículo. Tras despedirme de él y de su familia, me dirijo a la carretera y me siento en una piedra a la sombra de un árbol. Coincido con un mulato que espera que alguien le lleve hasta Santiago. Conversamos sobre la situación política del país. Él critica duramente a Fidel Castro: me habla de los chivatos del régimen (me señala incluso, disimuladamente, a uno de los habitantes de la aldea) y de los círculos clandestinos anticastristas que él mismo conoce en Santiago. Abre su equipaje y me muestra algunas fotos de su familia y amigos.
Durante todo este rato, un par de horas ya, sólo han pasado tres turismos y ninguno de ellos ha parado. Para aumentar la probabilidad de que alguien me lleve, decido ponerme a caminar en dirección a La Mula y hacer auto-stop yo solo. Al poco de haber comenzado a andar se detiene un camión que lleva gente en su remolque, y subo a él. En La Mula, me deja frente al campismo, donde pido una cabaña para pasar dos noches y poder descansar. Me doy una ducha, me quedo tirado en la cama un rato y luego me acerco al bar para pedirme una Cristal bien fría (con la que llevo soñando desde que dejé Villa Santo Domingo). Qué lástima que estén desabastecidos de hielo y no me la haya podido tomar fría.
26 de Agosto, Lunes
Tengo en las piernas unas agujetas terribles. El día de hoy lo dedico por completo a descansar. Ya por la tarde, lavo la ropa sucia y a continuación me acerco a la playa a darme un baño. Ceno en el bar del campismo, donde converso (¡cómo no!) con un cubano, el dueño de una paladar (se llama así a los restaurantes privados). Su mujer está preparando una comida típica cubana (un especie de rollo de carne y maíz envuelto en hojas, no recuerdo su nombre) y me convence para pasar por su cabaña y probarla. Bebemos ron y me ofrece fumar marihuana. Acaba poniéndose muy pesado de tanto beber y me despido para irme a mi cabaña. Por la noche apenas descanso, hay unos mosquitos enormes que no aparecieron la noche anterior, se me ha acabado el repelente de insectos y acabo acribillado. Consigo conciliar el sueño cuando ya amanece.
27 de Agosto, Martes
Al levantarme tarde he perdido los autobuses que pasaban temprano hacia Santiago, así que me pongo a caminar por la carretera de la costa. Más adelante un camión me lleva durante unos pocos kilómetros, y luego otro ya hasta Chivirico, un pueblo con bastante movimiento. Allí compro agua embotellada, como un poco de pollo y veo cómo sale un remolque completamente abarrotado de gente. Alguien me indica que pruebe en la estación de autobuses, donde con un poco de suerte a lo mejor consigo subir en algún transporte. Justo al llegar veo un autobús a punto de salir. Resulta ser uno de los autobuses urbanos que circulaban hace hasta hace poco por Barcelona, con los rótulos escritos en castellano y catalán. La gente se amontona en su interior como en España en hora punta, y el viaje se me hace muy incómodo hasta que llegamos a Santiago. Como algo de pollo (empiezo a estar bastante harto de no comer otra cosa) en la plaza Céspedes y me dirijo a la estación de autobuses para comprar un billete a La Habana. Viajo durante toda la noche (unas 12 horas), durmiendo la mayor parte del tiempo.
28 de Agosto, Miércoles
Al llegar a La Habana paro a un taxi oficial para que me lleve al centro de la ciudad. Le pregunto al taxista por un sitio donde alojarme y acaba consiguiéndome un apartamento cerca del Malecón. No es barato (me cuesta 25 dólares la noche), pero puedo cocinar y estar tranquilo que es lo que me interesa ahora. Encuentro una tienda donde venden artículos y comida de importación y compro lo necesario para prepararme unos spaghetti con tomate y atún. Como la comida, echo ya de menos muchas cosas de mi país. Hasta mañana por la noche, cuando nos encontremos todos los miembros de la brigada, no tengo ya ningún plan, únicamente pasar por la UJotaCé para recoger el dinero que tuve que dejar para poder cambiar la fecha de mi billete de avión. Paso por allí a media tarde y al entrar me cruzo con Nancy, que me saluda sin mostrar mucho interés.
Por la noche doy un paseo por el Malecón y me siento en una terraza a tomar una cerveza. Rehuso la compañía de dos jineteras y hablo con un cubano que me ha pedido permiso para sentarse en mi mesa. Me cuenta que trabaja como técnico de electrónica en un hospital y que sólo cobra 7$ al mes. La Cristal que me estoy tomando yo cuesta 1. Resignado, como otros cubanos con los que te he tenido ocasión de hablar, me confiesa que la solución a los problemas de Cuba sería cortarle el cuello a Fidel Castro. Cómo no, me invita a un trago de ron de la botella que lleva en el bolsillo.
29 de Agosto, Jueves
Paseo por la ciudad, veo la estación de ferrocarril, visito un mercado, compro algunos regalos y un par de camisetas del Che para mí. Por la tarde encuentro una locutorio donde es posible conectarse internet y durante un rato leo las noticias y mi correo. Un chico me pide que le compre, con su dinero, una tarjeta para navegar por la red, pues por lo visto para adquirirla es necesario presentar un pasaporte extranjero; parece ser que los cubanos tienen controlado (era de esperar) el acceso a, por ejemplo, páginas como la que estás leyendo ahora.
Por la noche nos encontramos en La Habana Vieja todos los cooperantes. Cenamos en un restaurante que ya conocíamos y nos contamos cómo nos ha ido a cada uno esta última semana. Luego salimos a tomar los que serán los últimos mojitos y cuba-libres de nuestra estancia en Cuba. Se ha producido un apagón en esta parte de la ciudad y el único sitio que encontramos para meternos ya a medianoche es la discoteca de un hotel, donde tenemos que quitarnos de encima a varias jineteras.
30 de Agosto, Viernes
Doy un último paseo por el Malecón. Sería una buena fotografía: la Fortaleza del Morro asomando a la derecha, la línea del océano enfrente y un trozo del Malecón, con gente sentada en él, en primer plano... Nos presentamos en el aeropuerto 4 horas antes de la salida del vuelo para evitar problemas en la facturación. Por la ventanilla del avión, al despertar un momento durante el trayecto, todavía de noche, en mitad del Atlántico, veo el amanecer enfrente a lo lejos, apenas un resplandor en el horizonte del océano...
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