con-resurrexit

 

RESURRECCION Y MATERNIDAD VIRGINAL

Jean Tourniac

 

Vamos a dar luz sobre el papel de la Virgen María en los estados póstumos propios a la tradición cristiana.

Se subrayará en primer lugar que la Madre de Cristo se presenta como un escudo en los primeros ataques de la travesía póstuma, como una «protección» y esto toma un relieve fácil de comprender cuando nos acordamos de los «terrores», por otra parte ilusorios, que asaltan al «alma» aislada y que ya no dispone de la racionalidad equilibrante, materializante y «ponderal» del cuerpo grosero. El viaje en lo desconocido descrito en el Bardo-Thödol y el Libro de los muertos egipcio los subraya con abundancia de detalles.

Por otra parte el «Ave María» lo recuerda también en estos términos: «... y en la hora de nuestra muerte. Amen». Toda una tradición que se extiende en la época de Bernardo de Claraval ve en la última invocación de los Nombres de Jesús y María la garantía de la gracia paradisíaca.

Retomemos algunos rasgos característicos tomados de la liturgia católica de la Virgen «Omnipotencia suplicante» (como en Cana):

Letanías: Virgen poderosa, Arca de la alianza, Puerta del Cielo, Refugio de los Pecadores, Consoladora de los afligidos ... concédenos ser liberados de las tristezas del tiempo presente y concédenos disfrutar las alegrías de la eternidad. Por Cristo...»

Misa de María Inmaculada: la «mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas» (cf. el final de los «estados superiores del ser» en la obra de Guénon: la ciudad solar y la Jerusalén celeste) «... Vi la ciudad santa, la Jerusalén que descendía del cielo...» (Introito) (1).

Misa de la Asunción: «María ha sido elevada al cielo, los ángeles se regocijan de ello (cf. Guénon: el más allá de los estados superiores del ser)», «incluso en su carne ella ha dejado este mundo» (la «caro spiritualis»).

Misa del corazón inmaculado de María: « ... obtener por su intercesión las alegrías de la vida eterna... »

Fiesta del Santísimo Rosario: «El Señor os ha bendecido en su poder puesto que por vosotros él ha reducido a sus enemigos a nada (2). «La Virgen Poderosa es como la torre de David: mil escudos están suspendidos de ella y toda la armadura de los valientes (3)».

Misa de la Bienaventurada Virgen María en el Cenáculo: « ... Ye soy la Madre del Amor Hermoso, del Conocimiento y de la Santa Esperanza (4)».

Misa de Nuestra Señora auxiliadora: « ... haz que... tras haber sido sostenidos por una tan poderosa protección en los combates de la vida, nosotros consigamos en la muerte la victoria sobre el espíritu maligno, por Nuestro Señor... » (oración) «que por el auxilio de vuestra Santísima Madre, ellos sean liberados de todo mal y de todo peligro...» (post comunión).

Misa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: «Tu eres... bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejercito dispuesto en batalla (5)»

Misa de Nuestra Señora de la Esperanza de Pont-Main: «e invoca al Señor y habla al Rey en nuestro favor y libéranos de la muerte» (Antifona del Magníficat. 1ª vísperas).

Misa de los siete dolores de la Bienaventurada Virgen María (Stabat Mater): « ... cuando mi cuerpo muera, haz que a mi alma le sea dada la gloria del Paraíso (oración dirigida a Cristo, pero a continuación de las invocaciones siguientes:

«Oh Virgen ilustre... haz que no sea yo consumido por las llamas devoradoras, por ti oh Virgen que yo sea defendido en la hora del juicio».

Oh Cristo, cuando tenga que dejar esta tierra, concédeme por tu Madre el llegar a la palma de la victoria (6).»)

Práctica piadosa: «Jesús, María, José, haced que yo expire en paz en vuestra santa compañía» (los tres han «surgido de la noble estirpe de Jesé para la salvación del mundo» – Himno de la fiesta de la santa familia).

Quisiéramos tras estas citas litúrgicas subrayar la emergencia en ellas de tres temas precisos:

La protección, defensiva y «contra-ofensiva», en el mundo de los ataques sutiles. Es la Virgen muralla, refugio cerrado y sellado, la cáscara que protege a la semilla.

Las ideas de Paz, Alegría, Liberación.

El ascenso a los Cielos, entre la luna y el sol.

Todo esto tiene un significado evidente en los estados póstumos pero nosotros nos vamos a fijar especialmente en el último tema.

En efecto, hemos visto en el transcurso de este estudio que eso que llamamos, a falta de un termino mejor, la «realización espiritual» comporta dos estadios o etapas; vamos a intentar esquematizarlas muy por encima o arbitrariamente, de la manera siguiente:

Naturaleza

Definición

Fase

Objetivo

I

Salvación

Prolongación de la longevidad sutil de la individualidad humana

Espera de la Resurrección

Realización del centro del estado de ser humano. Centro invariable del plano horizontal de este estado. Dimensión del Hombre integral. Paraíso «Terrestre» y Tradición primordial. Fin de los «pequeños misterios» e INMORTALIDAD efectiva.

II

Liberación

Vida eterna. Estado incondicionado o divino

Resurrección de los cuerpos gloriosos

Sobre la base del centro del estado humano anteriormente citado: ascensión vertical a lo largo de los estados informales del ser, o estados angélicos, hasta la piedra angular espiritual del estado divino. Dimensión del Hombre universal. Paraíso «celeste». Fin de los «grandes Misterios» y ETERNIDAD, Vida eterna y cuerpo glorioso.

Entre I y II: la escala vertical angélica de Jacob a Luz-Bethel (7)

 

Es sabido que la Virgen María es representada muy a menudo en una especie de "almendra", como Cristo, en el tímpano de las catedrales, almendra denominada «mandorla». Es Cristo «en gloria» ya que tradicionalmente «la almendra es el misterio de la luz». En una prosa que cita Luc Benoist (8), y que dataría del siglo XII, prosa atribuida a Ricardo de San Victor, se encuentran reagrupados los calificativos siguientes aplicados a la almendra: «la almendra ofrecida en plena luz es el misterio de la luz...», el grano, la materia ósea, el aceite santo, la luz, el alimento, el hueso del fruto, el grano nutritivo, la simiente, notemos que el «nombre de almendra mística, es decir escondida», ... fue consagrado a la Virgen Madre (9). Es el «aura» iconográfica de los Cuerpos gloriosos.

Pero la almendra, o el almendro, se dice «Luz» en hebreo, palabra cuya raíz esta ligada a las ideas de cubierto, oculto, envuelto, secreto. Si esta palabra tiene el sentido general de almendra, almendro o hueso del fruto, contiene también el de inviolabilidad, de sellamiento y de cerca o enclaustramiento. Son atributos estos que convienen a la Virgen María, de ahí su «situación» iconográfica en la «mandorla».

Pues bien, Luz, en la mística judía, designa la partícula corporal indestructible representada simbólicamente como un hueso muy duro, y a la cual el alma permanecería ligada tras la muerte y hasta la resurrección, como el hueso del fruto contiene el germen y como el hueso contiene la médula (10). «Esta Luz contiene los elementos virtuales necesarios para la restauración del ser», nos dice René Guénon en El Rey del Mundo (11) y él precisará que esta revivificación de las «osamentas desechadas» se efectuará bajo la influencia de la «rosa celeste». A propósito de esto cita a Pablo (12): «Sembrado en la corrupción, él resucitará en la gloria», gloria del cuerpo glorioso o Schekhina. Pero Guénon –y el capítulo del Rey del Mundo donde se trata el tema de Luz se titula: «Luz o la sede de inmortalidad»– va a insistir sobre esta noción de «hueso (de un fruto) de inmortalidad» y «sede de inmortalidad» ligada a la designación de Luz. Ahí, dice él, se detiene el poder el «Angel de la Muerte» ya que ahí se encuentra «el embrión de lo Inmortal».

Acordémonos ahora que la almendra «rodea a la Virgen gloriosa» y que Luz es también denominada «ciudad azul», color del zafiro y color del manto de la Virgen María (13).

Esto no es todo. En la Historia Sagrada, Luz designa el lugar llamado Bethel donde Jacob precisamente tuvo el sueño de la escala en la que subían y descendían los ángeles, entre Tierra y Cielo, es decir, para emplear el lenguaje de Guénon, el eje vertical partiente del centro de todo el estado humano e incluyendo todos los «estados superiores del ser» hasta la cumbre de la Divinidad. El eje que conduce de la Inmortalidad a la Vida Eterna y a la Resurrección del Cuerpo glorioso. El eje vertical de la «mujer vestida de sol». Y de hecho se sabe tradicionalmente que en la Virgen María y por su «asunción a los cielos», se encuentran recapituladas todas las jerarquías angélicas que ella «domina». De ahí su título de «María Reina de los Angeles». En ella, por ella, ninguna necesidad de recorrer la multiplicidad de los «estados superiores del ser».

Para volver al Luz bíblico (14), encontramos en la tradición judía (15) la afirmación de que «el ángel de la muerte» no puede penetrar en esta ciudad; no tiene ahí ningún poder. Es por lo tanto verdaderamente la morada de inmortalidad. Es el punto de partida de la «vivificación de los huesos» para aquellos que están inscritos en el Libro de la Vida (16).

El judaísmo legendario coloca cerca de Luz un almendro situado por encima de una «cavidad» accesible por un subterráneo. Es la «caverna secreta» que nosotros relacionaremos con la matriz virginal en las últimas líneas de nuestra obra; una «caverna» situada en la plomada del Polo Celeste y sobre una línea de sicigia vivificante entre tierra y cielo, lo que algunos, en las organizaciones de hermetismo cristiano, han llamado la «fecundación de la caverna» o «nacimiento eterno». Se sabe como el sentido latino del uterus no es el estrictamente fisiológico corporal que ha tomado en nuestros días, sino el de seno maternal y de hueco o cavidad (es la letra hebrea «Beth»: «en»). Se comprende bien que todas estas ideas nos reconducen sin cesar a la Madre de Cristo envuelta en su velo azul y que «guardaba todo en su corazón» (17).

El Génesis (18) nos da de Luz la descripción que sigue: «Y Jacob se despertó de su sueño y dijo: seguramente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Se asustó y dijo: ¡que temible es este lugar!. Es la casa de Dios y la puerta de los cielos. Y Jacob tomo una piedra que había usado como almohada, la erigió como un pilar (19), vertió aceite sobre su cúspide (para consagrarla). Y dio a ese lugar el nombre de Beith-El (casa de Dios) pero el primer nombre de esta villa era Luz».

Curiosamente es en ese emplazamiento donde se elevará Beith-Lehem, casa del pan, y no insistiremos aquí sobre las «equivalencias» de esta denominación (20).

* * *

Las doctrinas tradicionales del hermetismo enseñan pues que a la muerte corporal, el «núcleo (hueso de fruta) indestructible», el Luz, situado simbólicamente en la base del eje vertebral humano o «sede de la kundalini» en los hindúes, y en la base del eje vertical angélico, desciende al «interior» de la tierra (21). Esto en razón de una especie de repliegue sobre si mismo de lo que era el estado corporal. Aquí está el «descanso» o «sueño» de los difuntos en la liturgia, antes de que ocurra el canto del gallo en el alba de un «nuevo día». En compensación, el alma espiritual «sube» en la prolongación de la modalidad sutil de la individualidad humana mientras que el alma «animal» se beneficia del descanso reparador.

Tal es el devenir general del bautizado. No vuelve a un nuevo estado individual ligado al lado «arriesgado» del novenario horizontal, cíclico, el del retorno indefinido. En compensación, él espera la aspiración vertical del estado incondicionado, en lo alto, ahí donde todo será gloriosamente reunido «in Christo». Es el lado «sublime» del novenario, el lado «vertical» de los nueve coros de ángeles, y que se resuelve en la unidad solar del denario: 9 + 1 = 10 = ☼. Es la novena de la oraciones ascendentes y de las bendiciones descendentes.

En ciertos casos sin embargo, este «sueño de la paz» no se aplica al difunto. Aun sin evocar el caso de las almas del purgatorio en de las que solo el «hueso de la resurrección» está todavía en sueño, y que continúan una ascesis (de ahí ciertos signos conservados en los cuentos y leyendas relativos a las almas que «esperan» o bien oraciones, o bien ritos litúrgicos para encontrar el reposo; de ahí ciertos sueños en los que los desaparecidos aparecen a sus allegados encogidos, tristes, aislados y errantes), tenemos también el caso de los elegidos y de los santos para los cuales el «sueño de la paz» es inútil ya que tienen ellos todavía funciones que realizar: sus «cuerpos de resurrección» suben o salen de las tumbas (22).

En la Resurrección, ocurre de otra manera puesto que hay absorción del cuerpo, del alma y del espíritu en la carne del Resucitado. Es el sentido más elevado del «novenario»: Nueva Jerusalén, nueva tierra, nuevos cielos, Buena Nueva (23), anillo de las bodas divinas que simboliza a diferentes niveles la de los esposos, por una parte, la de los caballeros, por otra, y finalmente la boda de los religiosos consagrados según sus funciones.

La resurrección implica la unidad del «pneuma», de la «psyché», y del «soma», en el cuerpo «sarxo». Este entonces reúne en la eternidad todos los modos del tiempo del ser, por tanto del pasado iluminado por la luz del Si-mismo, del supraconsciente al cual nada escapa... es el Juicio final.

* * *

Volviendo a la Virgen, habría que reflexionar sobre las diferentes enseñanzas que se pueden extraer de «acontecimientos» tales como:

– La Resurrección de Cristo, con su cuerpo a veces distinto (24) del que se conocía antes de la muerte, a veces idéntico y atravesando los muros para encontrarse «en medio» de ellos (25).

– La Revivificación corporal de Lázaro (26).

– La ascensión corporal al cielo de Elías de Thesbita en el carro de fuego (27).

– La absorción corporal de Henoch por el Eterno «y no se le vio más» (28).

– La resurrección corporal del hijo de la viuda de Sarephta por el profeta Elías (29) y la de la hija del «jefe» por Jesús (30) o del hijo de la viuda de Naïm por Jesús (31).

– Finalmente la asunción de la Virgen María «a los cielos» y este último punto nos hace retomar el hilo de esta exposición, con la intervención de la Virgen en los estados póstumos.

 

Hay en efecto otro «plano» –término impropio ya que paradójicamente ese «plano» es aquel del que va a proceder la «verticalidad» del «hombre universal» en Cristo– en el que se ejerce la mediación de la Santísima Virgen y esto necesariamente y metafísicamente. Está ahí el elemento más importante de nuestras últimas reflexiones sobre el estado póstumo del cristiano, como se va a constatar a continuación.

Para comprender bien el papel de la Virgen María en el cristianismo, hay que tener presente en nuestras mentes que no es la representación humana de Jesús, con «barba y túnica» lo que es el «Verbo» original divino sino que es el Verbo original eterno el que se encarna en una carne y en una forma humana: la de Cristo Jesús, resucitado de entre los muertos y «subido» a los «cielos» espirituales, llevando allí consigo así nuestra naturaleza y nuestra forma para «trans-formarla».

«El antropomorfismo» divino en Cristo condiciona el «teomorfismo» humano en Jesús.

Pero, «In Principio», el creador es no un hombre, una imagen de hombre sino el Sonido o la vibración (o la «Persona» – no el individuo) que «emulsiona» el vacío puro y virgen e todo salvo de él, el Sonido primordial. Este vacío, esta vacuidad de existencia que la Esencia divina va a fecundar con su Verbo, es el principio de la «carne virginal» en la cual Cristo, Esencia Suprema, se en-carna. Es una «substancia» reflejante y no empañada, totalmente pura, un «reflejo de Dios» (de ahí la «concepción inmaculada» de María, es decir sin el pecado original). Se reencuentra aquí la representación «solar» de Cristo y «lunar» de la Virgen, siendo el sol también el hombre fecundante y la luna la mujer fecundada: la envuelta. De ahí también en el Apocalipsis la mujer «vestida» de sol, con la cabeza coronada de doce estrellas y la luna bajo sus pies, símbolo de la asunción «crística» de la Virgen.

Desde otro punto de vista la «Virgen» es como el aspecto pasivo en el cual se efectúa la actividad de lo Divino. Cuando este se exterioriza para crear el mundo, ella lo hace desplegándose, haciéndose visible creando algo «entre Dios y Dios». «Yo soy el que yo soy». Dios se mira en su reflejo. Es el espejo divino, la «substancia» divina de la «Esencia divina», la Virgen de El Eterno, la Esposa del «Cantar de los Cantares», el agua inmaculada o también la Jerusalén Celeste, «el agua de las fuentes que El Eterno hace brotar» o, para volver a la creación del mundo, aquella de la que se ha dicho: «El Señor me ha poseído al comienzo de sus vías, antes de hacer cualquier cosa, en el principio yo he sido establecida» (32). Generación ad extra del Verbo creador. En la iconografía hindú, hay una representación, generalmente mal comprendida por los occidentales, de un tal «misterio»: el Dios abrazando a su «diosa». De hecho, esta no es una segunda divinidad sino la «shakti» o el aspecto femenino y «substancial» en el cual el Dios toma forma y se manifiesta. Esta dualidad aparente pero no real –ya que Dios es Unico y la única Realidad, hemos dicho– es también descrita en el taoismo chino como la conjugación de la Perfección Activa (vertical como el Rayo de sol) y de la pasividad receptiva: «Perfección Pasiva» (horizontal como la superficie reflejante del agua).

A esta oposición relativa y necesaria de lo activo masculino y de lo pasivo femenino, corresponde, en los atributos que el cristianismo dará a continuación a Cristo y a la Virgen que «lo lleva en ella», el complementarismo siguiente sobre el que ya hemos llamado la atención:

Se comprende mejor desde ahora el «recurso a la Virgen» de los cristianos. Ciertamente, ella no puede sustituir a Jesús puesto que, en el «Principio-Verbo» ella no es nada más que su creación y su criatura, pero la primera de entre las criaturas, y tan cercana del acto de los orígenes que ella ha sido definida como no siendo ciertamente «divina», pero situada «en los confines de lo humano y de lo divino». Ella es así la carne misma de Cristo. He aquí lo que hay que retener, lo que hay que «rumiar» si se nos permite la expresión.

De ahí el hecho de que ella pueda «interceder», con una potencia infinitamente más grande que el hombre, cerca de su Hijo, lo mismo que la «substancia virgen» de los orígenes reenvía al «Verbo-esencia-luz» su propio sonido y su propia imagen, su «reflexión» en una expansión de intensidad luminosa. (A propósito de esto hay que señalar que en hebreo la traducción del Génesis puede leerse indiferentemente: «Dios hizo al hombre en su imagen, su espejo, su «negativo», su huella... su sombra (Tselel) (33).

Se tiene ya una primera idea de la «influencia espiritual» de la Virgen cuando ella interviene en la historia directa, «carnal», aconteciente, y es el episodio de Cana:

Lado divino: ella atrae la atención de Cristo sobre las necesidades de los hombres.

Cristo actúa, a pesar de que su hora «no haya todavía llegado».

Lado humano: ella enseña a los hombres a conformarse a la voluntad de Cristo: «Haced lo que él os diga», y Cristo le señala claramente que en Dios no hay ni madre, ni hermano, ni pariente. ¡Lo uno no impide lo otro!

Esta «total reflexión» divina (en este sentido ella no es nada más que «El» cuando él toma carne, también, y a este respecto, no tiene él ni madre ni padre, etc. él no tiene más que «El, en modo de encarnación»), la encontramos ya cuando el Angel Gabriel le anuncia el designio divino, y que ella responde: «Hágase en mi según tu Palabra». Es el «Fiat Lux» de la Palabra.

Por este hecho las oraciones que se le dirijan no pueden por tanto de ninguna manera «hacer obstáculo» a la Fe en Jesús sino ser solamente «reflejadas» o «focalizadas» por Ella en El.

Ella no es nada más que una transparencia divina de Cristo, una «carnación de Jesús». Solo El es la Realidad. De ahí el hecho de que si bien no se puede «adorar» a la Virgen, se puede solicitar su auxilio y sus gracias cerca de Cristo. Ella «ora por nosotros» ya que Cristo no puede orar: El es el Ser y, por este hecho, el cumplimiento o la actualización de la plegaria.

* * *

Esto es lo que enseña la verdadera teología católica lejos de las devociones dudosas, de las supersticiones o de los ocultismos.

Pero hay más desde nuestro punto de vista. Y ahí, penetramos de nuevo en ese ámbito complejo que concierne a los «estados póstumos» del ser, tal como son ampliamente analizados por las Escrituras del lamaísmo tibetano, y descritos en el Bardo Thödol.

Parece ser que el «yo» del difunto vaga durante 40 o 50 días, desprovisto del soporte fijativo y estabilizador carnal. El entrevé la luz o siente la llamada de la Clara Luz (en términos cristianos: Jesucristo) pero no puede soportar su resplandor y absorberse en el, a menos que su búsqueda en el mundo, su vida orante y ritual, la ayuda de los monjes que le conducen «post mortem», no le permitan esta elección definitiva. A falta de esto, el peso de los deseos y necesidades individualizantes le arrastrará.

Durante esta travesía póstuma, él se sentirá –ya lo hemos mencionado– banboleado, aislado, sin amarra o ancla en el océano sonoro y visual interior y entre los fantasmas irreales y oníricos surgidos de sus propios «estados del alma» de los recuerdos de los mundos sensoriales que él se ha creado. Mundos poblados de demonios, de terrores y de espantos... pero también de deseos, de seducciones, de añoranzas de seguridad y de los goces de la tierra, de los amores y arrobamientos carnales, de los «éxtasis» de todo tipo, de los éxtasis del «olvido del momento presente». Es una forma de tentación suicida con relación a la Vida eterna. Perseguida o no alcanzando a «situarse», el alma difunta corre el riesgo de no llegar a descubrir ese centro del estado humano en el que «nadie puede errar ya más». Así su «yo» deviene un «errante» sin cesar alejado del Si-mismo liberador durante toda su longevidad póstuma.

El es atraído por aquello que le permite subsistir como individuo: el «yo» separativo de los siete «pecados capitales», todos formados a base del «tener» posesivo ya que solo el yo posee algo, el Ser no tiene tener: el Es (34) en Yo soy (35).

«Tener-dominación» de sensualidad gustativa, posesiva y perezosa; necesidad recuperadora de calor maternal protector, matricial, uterino. Es el «deseo de Eva» en el ser adámico expulsado del centro del «Pardes», del estado humano, centro que marca... el emplazamiento del Árbol de la Vida que es justamente Cristo, el Verbo creador y Redentor en la perspectiva cristiana.

He aquí entonces lo que se podría denominar «la atracción del útero» que pude arrastrar al ser hacia otro estado «individual» del que ya hemos visto los riesgos de excentricidad periférica con respecto a la realización espiritual, expulsado esta vez a los siglos de los siglos o a los universos de los universos...

Para el cristiano en estado de «salvación», la prolongación de la individualidad en modo sutil hasta la resurrección –o la muerte total– excluye la eventualidad precedente pero el mundo sutil, aquel donde el delirio síquico es dueño de todas las representaciones, permanece lo que el es. Los mismos miedos y los mismos deseos, el mismo fuego, constituirán el purgatorio y los infiernos. De ahí el valor de las oraciones y de los ritos para los difuntos; de ahí el «interés», osamos decirlo, de las protecciones formadas por los ángeles, los Nombres Divinos, la influencia espiritual de la Bienaventurada Virgen María, la intercesión de la Virgen.

Vayamos más lejos.

El «deseo del útero», sublimado en la veneración y el amor a María y en el recurso que podemos tener a Ella, deviene el «pasadizo dei-formante» en eso que San Bernardo denomina, al calificar a la Virgen, el «Utero divino», de ahí la antífona De meis visceribus genui Deum et hominem. (Primeras Vísperas de la Maternidad de la Bienaventurada Virgen María.)

Es por tanto el seno de la Virgen el que va a «captar» al alma del cristiano errante post-mortem

Nos explicamos perfectamente entonces las «bodas» místicas del justo de Israel, del piadoso kabalista, con la Shekinah, que es también la Torah, la Escritura enrollada, conteniendo en ella al Santo –Bendito sea El–, la novia del Cantar de los Cantares, este poema con acentos del Eros espiritual.

Nos explicamos perfectamente también el papel curioso de la «Dama» del caballero cristiano: Nuestra-Señora: novia mística y madre. Habrá por tanto, gracias a la veneración marial o por el amor de María –que Juan tomo como Madre a petición del Crucificado, y sobre todos sus bienes (36)–, una especie de «transferencia sico-espiritual» efectuada desde esta vida terrestre y continuada post mortem, sublimando la necesidad del amor en la feminidad maternal del «Bello Amor» y permitiendo acceder, al termino de los destinos celestes, a la Resurrección en «curso de vida póstuma» y «antes de la hora» como en Cana: «Mi hora no ha llegado todavía». María es entonces el «paradigma» de complementariedad femenina, el útero dei-formante y formador, cristo-formador, atrayendo hacia si la individualidad cristiana «mantenida en modo sutil» para un renacimiento esta vez no en un estado individual sino en un «estado incondicionado» divino: el estado de la naturaleza divina.

Así devenimos realmente «dados a luz» espiritualmente, en este tercer nacimiento glorioso y eterno y «participando de la naturaleza divina» (37) ya que estamos «regenerados» (re-generados) no por «una simiente corruptible sino por una simiente incorruptible, la Palabra Viva de Dios... pero la Palabra del Señor permanece eternamente»(38).

Palabra «encarnada» en la Virgen para el nacimiento humano del Verbo.

Semilla cristiana generada en la misma Virgen María, para un nacimiento divino del hombre, una resurrección, que se podría calificar también, con relación a la carne de corrupción, de encarnación espiritual.

Algunos pensarán quizás que esta «interpretación» que viene a cerrar nuestras reflexiones sobre los estado póstumos del cristiano es fruto de la imaginación y fuerza la exégesis o al menos no esta de ninguna manera sostenida por la tradición cristiana...

Responderemos a esto que ya San Bernardo, en sus sermones sobre la Bienaventurada Virgen María y el Cantar de los Cantares ha tenido audacias descriptivas que pueden sorprendernos y que, más cerca de nosotros esta vez, San Luis María Grignion de Montfort ha expuesto las mismas consideraciones que las que acabamos de formular

Citaremos de él este texto de un cautivante realismo: «San Agustín llama a la Virgen «Forma Dei», el molde de Dios: si Formam Dei te appellem, digna existu (sermón nº 208: Tu eres digno de ser llamado molde de Dios), el molde propio para formar y moldear a los dioses. Aquel que es puesto en este molde divino es muy pronto formado y modelado en Jesucristo y Jesucristo en él: con poco esfuerzo y en poco tiempo él devendrá dios puesto que se ha introducido en el mismo molde que ha formado un Dios» (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen) (39).

El santo precisa además en el Secreto de María sobre la esclavitud a la Santísima Virgen:

14 8º: «María ha recibido de Dios un particular dominio sobre las almas para nutrirlas y hacerlas crecer en Dios. » San Agustín dice incluso que desde este mundo los predestinados están todos encerrados en el seno de María y que ellos no nacen hasta que esta buena Madre los da a luz a la vida eterna.»

16 1º: «María es llamada por San Agustín Forma Dei, molde viviente de Dios, y lo es en efecto. Es decir que es en Ella solamente donde Dios-hombre ha sido formado al natural, sin faltarle rasgo alguno de la divinidad y es también en Ella solo que el hombre puede ser formado en Dios al natural, tanto cuanto la naturaleza humana es capaz de ello, por la gracia de Jesucristo.

Para resumirnos, en todos los casos de devenir póstumo, excepto aquellos de «realización espiritual» efectiva o, inversamente, de caída infernal, hay una búsqueda de un nuevo útero por parte del alma difunta, búsqueda que puede conducirla a un nacimiento en un nuevo estado individual, extra-humano, periférico o central.

En lo que concierne al difunto situado en el «cuerpo de Cristo» por el bautismo, la alimentación eucarística, la vida, etc., el renacimiento a otro estado individual está excluido hasta el «fin de los tiempos». Sin embargo la búsqueda uterina permanece, pero teniendo en cuenta la «economía escatológica» propia a la encarnación del Verbo («y el Verbo se hizo carne»), esta búsqueda desemboca en las «entrañas deiformantes» de la Bienaventurada Virgen María que «alumbra» al difunto dandole la carne espiritual de Cristo y, por este hecho, las primicias del cuerpo de resurrección o Cuerpo glorioso. El está virtualmente en el cuerpo de su Hijo.

El ser divino permanece Cristo, y Cristo solo, pero la carne espiritual de este Ser, dotada de naturaleza divina y humana, es aquella que fue elaborada en el vientre de la Virgen: «et benedictum fructus ventri tui»; esa carne es necesariamente también la de aquellos que participan de la naturaleza divina del Hijo, carne elaborada, mortificada pero resucitada en cuerpo de gloria, en cuerpo de eternidad sin corrupción.

Este alumbramiento virginal puede por tanto operarse en la duración de la prolongación en modo sutil del difunto e interrumpir la prueba del fuego purificador.

Para el auxilio último, viene en ayuda la calidad de las relaciones espirituales que unieron en los tiempos de su vida corporal el difunto con la Madre de Cristo. Es entonces el aspecto de intercesión y de protección lo que hay que considerar más especialmente y este aspecto es la réplica de las modalidades de veneración, de confianza y de amor que ligan al hombre con la Virgen.

Planteado esto, nos queda que una tal «intuición privilegiada» no es general; de ahí la gracia de Cristo que es suficiente en si misma. ¿Quién osaría asignarle límites (40)? Incluso fuera del cristianismo ¿no existe un «bautismo de deseo»? ¿Una integración en el «cuerpo místico de Cristo»? La constitución Lumen Gentium promulgada por el Vaticano II y a la cual hemos hecho referencia varias veces, admite que Dios ha «decidido elevar a todos los hombres a la comunión de su vida divina». También el pueblo de Dios abarca a «todos los justos, desde Abel el justo, hasta el último elegido», incluso a aquellos «que no han recibido todavía el Evangelio» y que «buscan a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo la influencia de su gracia, en cumplir su voluntad, tal como su conciencia se la revela y dicta, esos pueden llegar a la salvación eterna». Además aquel que inscribe a los hombres en el «Libro de la Vida» es también el Enviado, el «Schiloh» de Israel, lo mismo que él es el Israel de las Naciones y su circuncisión salvadora. También el discípulo del Maestro es llamado, conscientemente o no, a resucitar en el Cuerpo glorioso del Mesías triunfante y, por este hecho, seré él, necesariamente, metafísicamente, engendrado en El en la carne incorruptible y virginal. En definitiva, nosotros podríamos decir que sin saberlo él «pasará» por la Virgen.

Sin embargo este pasaje es ya virtualmente adquirido y «antes de que la hora sea venida» –como en Cana– para aquel cuyo ojo del corazón se ha abierto y que ha tomado sobre todos sus bienes, a ejemplo de Juan el Evangelista, la Rosa Mística del Bello Amor, con la Cruz del Salvador.

* * *

Tal es, para nosotros, la «estrategia» póstuma de la Buena Nueva y el alumbramiento resurreccional de la Virgen María.

La última imagen de esta feminidad victoriosa y compasiva nos es dada en el Apocalipsis. Aquí la esposa del Cantar de los Cantares está simbolizada por la Ciudad Santa, la Jerusalén Celeste con las doce puertas, abierta a los descendientes de las doce tribus de Israel, a los elegidos y a la multitud innumerable de los mártires y de los discípulos. Ezequiel encuentra al Evangelista en la visión de la Jerusalén de Arriba. Pero esta Ciudad virginal es también el recinto que contiene al Templo-Dios-Todo-Poderoso y que ilumina la única lámpara del Cordero. Allí reside el Árbol de la Vida. Concluyamos entonces con el beato Luis Grignion de Montfort:

¿El árbol de la vida? Es ya la planta paradisíaca que inspirará al kabalista Hayyim Vital de Safed cuando escribirá su obra Ets Hayyim, el Árbol de la Vida:

«Yo he dado a esta obra el nombre de Ets Hayyim según mi nombre y según el nombre de esta doctrina: la sabiduría del Zohar que es el árbol de vida y no el árbol de la ciencia. Ella es llamada árbol de Vida por que aquellos que la degusten adquirirán la vida, la Tierra de Vida Eterna. Degusta los frutos de este árbol, cómelos y vive para siempre»

¿La Vida? Es la esencia de la revelación monoteista bíblica: «Que los muertos resuciten, es lo que Moisés ha hecho conocer cuando a propósito de la zarza, él llama al Señor: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob (43). Ahora bien Dios no es el Dios de los muertos sino el de los vivos, ya que para él todos están vivos» (44).

Juan, por su parte, deja la última palabra a Cristo: «Como el Padre en efecto resucita a los muertos y los devuelve a la vida, así el Hijo da vida a quien él quiere» (45)

«Yo soy la Resurrección y la Vida. Aquel que cree en mi vivirá aún cuando esté muerto y quienquiera que viva y crea en mi no morirá nunca» (46)

 

Capítulo XII de «Vie Posthume et Résurrection dans le Judéo-Christianisme», Jean Tourniac, Dervy-livres, 6, rue de Savoie Paris VI. ISBN: 2-85076-169-9

NOTAS –––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

1.- Apocalipsis 21,2

2.- Judith 13,18 y siguientes

3.- Cantar de los Cantares 4,4

4.- Eclesiastico (parafrase) 24, 23-24.

5.- Cantar de los Cantares 6, 3-9

6.- Ya hemos señalado en el capítulo precedente los privilegios que acompañan el porte del escapulario del Carmen y mencionado un pasaje de la bula Sabatina. Recordemos sin embargo que el beato Simon Stock, carmelita a quién se debe, hacia 1250, la creación del escapulario de la orden, tenía de la Virgen «Rosa Carmeli Florida, María» esta promesa: «Esta será la marca del privilegio que yo he obtenido para ti y para los hijos del Carmelo. Aquel que muera revestido de este hábito será preservado de los fuegos eternos. Es un signo de salvación, un refugio en los peligros, una garantía de paz y de alianza eterna» (cf. R.P. Alexis-Louis de Saint-Joseph Histoire sommaire de l'ordre de Notre-Dame du Mont-Carmel. Carcassonne Édit. L. Pomiès, editeur de l'Evêché, 1855).

7.- Genesis 2,8

8.- Cf. Luc Benoist: Art du Monde, P. 196, Edit. Gallimard, Paris, 1941.

9.- Luc Benoist: Art du Monde, p. 195. Édit. Gallimar, Paris, 1941.

10.- Por el «fiat», ella da la vuelta al acto de la primera mujer: Eva (« ... mutans Haeve Nomen...), EVA = AVE. Ella es por lo tanto el saludo (Ave) surgido de la Eva mortal («Felix Culpa...»). A este respecto , ella constituye las primicias de la vida eterna sobre la muerte surgida de Eva.

Ahora bien, si los huesos adámicos son destinados al polvo, Ella representa por el contrario el «Luz», o hueso de la resurrección. Así se puede interpretar el «nombre» dado por Adán a Eva (Génesis 2,21), y a pesar de que este sea en el origen su complementario, «el hueso de mis huesos y la carne de mi carne» (Génesis 2,18).

11.- Cf. :El Rey del Mundo, P. 64 Edit Gallimard Paris, 1958. Hay versión española en página : TEXTOS TRADICIONALES

12.- 1 Corintios 15,42.

13.- Recordemos todavía aquí todo lo que ya hemos escrito sobre el manto materializando la bendición y la protección contra los «enemigos del exterior». Vestimenta santa en todas las tradiciones, signo distintivo del caballero o del hospitalario, más espiritual que la espada ya que es de orden sacerdotal pero permitido al caballero «protector». Es esencialmente la cobertura celeste de la Virgen. Este manto era, en la santa Rusia, objeto de una especie de culto: «Pokrov Presvyatoï Bogoroditsy».

14.- Génesis 28,19

15.- Cf.: Yewish Encyclopedia. VIII-219, citado por Guenon en El Rey del Mundo p. 60 Edit. Gallimard, Paris, 1958.

16.- Ezequiel, 37: «Osamentas desechadas escuchad la Palabra del Eterno. He aquí que yo voy a hacer entrar en vosotros el Espíritu y que vosotros viviréis. ¡Ven de los cuatro vientos, Espíritu! ¡Sopla sobre estos muertos y que vivan! ... Hijo del Hombre, estas osamentas, es toda la casa de Israel .... Vosotros sabréis que yo soy el Eterno cuando... yo abra vuestras tumbas y os haga subir de vuestras tumbas...»

17.- Luc 2,31

18.- Génesis 28, 16-19

19.- Se vuelve a encontrar aquí el símbolo del eje vertical, partiendo de un «centro» sagrado o sacralizado del plano horizontal humano y uniendo la Tierra al Cielo (por la luna virginal de los «estados angélicos recapitulados en ella, espejo de Justicia, al Sol de Justicia, el Cristo-Verbo).

20.- Cf. Mateo 4,3 y Lucas 4,3 así como R. Guenon: El Rey del Mundo, p. 177 de Edit. Galimard Paris 1958.

21.- De ahí la divisa «VITRIOLUM»: «Visita interiora terrae, rectificando invenies occultum lapidem, veram medicinam» que se encuentra en la caverna oscura o cámara de reflexión donde se aloja el candidato a la iniciación masónica antes de la «recepción de la luz»; esta luz interviene tras la errancia en la oscuridad, cuando se agotan los viajes plenos de peligros... lo cual bien confirma aquello que decimos a propósito del carácter de «preparación simbólica» al destino póstumo, sico o neumo-drama, en este tipo de ritos.

22.- Cf. Mateo 27, 50-53

23.- Apocalipsis 21, 1 e Isaias 65, 17. Además hay un acercamiento al tema de «novena», en las oraciones, que vienen del nombre latino que designa la cifra «nueve» (novem), de las palabras «nuevo» (del latín novus) y del nombre dado al noveno mes del año romano «noviembre» (del latín novem) que resulta ser en el año cristiano el mes de los muertos.

24.- Lucas 24, 13-32: el compañero de la Cena de Emaus; Juan 20, 15: el jardinero; Juan 21, 4-7: el desconocido.

25.- Juan 20, 26.

26.- Juan 11, 38-45.

27.- 2 Reyes 2,11

28.- Génesis 5,24

29.- 1 Reyes 17, 17-24

30.- Mateo 9,23

31.- Lucas 7, 11,16.

32.- Proverbios 8, 22-35

33.- Es la traducción de Fabr d'Olivet. A destacar también a propósito de los estados múltiples del ser y de la indefinidad de los «universos» o modalidades del ser, que Dios es llamado «Señor de los Universos» (Olamim) en la fórmula «Por los siglos de los siglos», siendo idénticas la palabra siglo y la palabra universo.

34.- Exodo 3,14: «Dios dijo entonces a Moisés: "Yo soy el que yo soy"»

35.- Juan 8,24: «Yo Soy» (Traducción Biblia de Jerusalén)

Juan 8,28: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy» (Biblia de Jerusalén)

Juan 8,58: «En verdad en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy»

Indicamos la referencia a la Biblia de Jerusalén ya que ella otorga mayúsculas al Yo y al Soy a diferencia de otras traducciones.

36.- Una advertencia podría ser hecha a propósito de Juan el Evangelista, «hijo del trueno» y discípulo «que Jesús amaba», aquel del que Cristo ha dicho: «Si me place conservarlo hasta mi vuelta» (Juan 21-22) y que , se dice, fue también elevado al cielo como la Virgen María tras su muerte física. En efecto, al pié de la cruz, él deviene como un sustituto de Cristo: «Juan, he aquí a tu madre» y «a partir de esta hora, el discípulo la acogió en su casa» (Juan 19,27). Así, como lo recordaba el Papa Juan Pablo II en Fátima el 13 de Mayo de 1982: « ... Juan devino sobretodo, por la voluntad de Cristo, el hijo de la Madre de Dios. Y a través de Juan, todo hombre devino su hijo ... el misterio de la maternidad espiritual de María ha encontrado su realización en la historia con una amplitud sin límites... ella ha aceptado a Juan y ella ha aceptado a todo hombre y todo el hombre ... la maternidad espiritual de María es pues una participación en la potencia del Espíritu Santo, de aquel «que da la vida...». Cf. la Documentation Catholique. Nº 1831, pp.539-542,, Edit. De la Bonne Presse, Paris, 6 juin 1982.

37.- 2 Pedro 1,4

38.- 1 Pedro 23,25

39.- Hay edición en español en Ediciones San Pablo, ISBN 84-285-2221-9.

También hay edición digital en TEXTOS TRADICIONALES

40.- Cristo no dice «nadie va al Padre más que por María», sino que él escucha a María como en Cana y sin que ella pueda un instante sustituirle, lo que sería pura idolatría. La fórmula «que hay entre tu y yo» es clásica en hebreo, aquí «Mah-Li Valach.......?», esta formula se emplea en las fraternidades místicas para evocar la existencia de un lazo oculto o de un secreto.

41.- El fruto es Cristo, el fruto bendito de las entrañas de la Virgen.

42.- La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen.

43.- Exodo 3,6

44.- Luc 20, 3

45.- Juan 5,21,22.

46.- Juan 11,25.

 

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ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS ESTADOS POSTUMOS del Abbé Henri Stéphane

SOBRE LOS ESTADOS POSTUMOS de Frithjof Schuon

ESCATOLOGIA UNIVERSAL de Frithjof Schuon

- MUERTE, ESOTERISMO Y REENCARNACION de J. Alexander, en la página SABIDURIA UNIVERSAL (http://www.geocities.com/dodecaedro1)

LA IDENTIDAD SUPREMA de Luc Benoist

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- LA CRITICA DEL REENCARNACIONISMO EN ALGUNOS AUTORES CONTEMPORANEOS de Emilio Saura Gomez

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