METAFÍSICA,
VEDANTA, ADVAITA Y LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL, de las actas del PRIMER ENCUENTRO
ESPAÑOL DE INDOLOGÍA
Conferencias
de Ernesto Ballesteros y Consuelo Martín
Universidad de
Salamanca, 25-27 de septiembre de 1996
Ernesto
BALLESTEROS, La filosofía occidental moderna y el Vedanta Advaita de Sri
Ramana Maharshi
Ponencia del Primer encuentro de
Indología (Univ. Salamanca)
Prof. Dr. Ernesto Ballesteros Arranz.
* * *
El
supremo objetivo del Yoga fue expuesto por Patañjali en el sutra segundo de su
primer libro en términos categóricos: Yoga chitta vritti nirodha, el yoga es
la cesación o detención de las ondas mentales. Esta pretensión no es sólo el
supremo objetivo del Yoga sino de todas las darshanas orientales, pues equivale
a lo que el Vedanta llama moksha, el Samkhya kaivalya, el Budismo nirvana, el
Zen satori, y a lo que todos ellos en sentido más amplio y general entienden
por samadhi. ¿Qué son esas ondas mentales (chitta vritti) de las que el Yoga
intenta conseguir la detención (nirodha)? ¿Acaso se trata de una de esas
fantasías orientales garantizadas unicamente por la experiencia subjetiva de
algún eminente gurú? En la obra Frontiers of conciousness, de Keith Floyd , o
en la quizás más conocida Alternate States of conciousness, de David Shapiro ,
se hace una detallada descripción de las ondas cerebrales beta (14-30 descargas
neuronales por segundo), las alfa (8-13 descargas p.s.), las zeta (3-7 descargas
p.s.) y las delta (1,5 descargas p.s.), identificándose cada uno de ellas con
distintas funciones de la mente. Por ejemplo, las ondas beta, las de mayor
frecuencia neuronal, están relacionadas con los estados de peligro y con las
reacciones de miedo, angustia, dolor o frustración; las alfa tienen mayor
relación con los estados de placer o tranquilidad acompañados de sensaciones
subjetivas de relajación y bienestar; las zeta se producen en situaciones de
planteamiento y solución de problemas, en esfuerzos de memorización o en
cualquier impulso creativo para planificar una acción futura, etc..., y las
delta de baja frecuencia no se sabe bien en qué situaciones específicas se
producen, pero parecen relacionadas con esa extraña actividad (más bien
inactividad) de la mente conocida por samadhi, que tanto preocucpaba a los
pensadores orientales. ¿Cómo es posible que los rishis védicos y los yoguis
dravídianos conocieran la existencia de estas variantes cerebrales sin ninguno
de los sofisticados aparatos que hoy manejan los investigadores de la psicología
transpersonal? ¿Cómo es posible que definieran y clasificaran con tanto
detalle los distintos tipos de prana y relacionaran la actividad mental y la
respiratoria sin los complicados equipos bioeléctricos de la universidad de
Berkeley, Cambridge o Pennsylvania? Y lo que es más sorprendente, ¿cómo es
posible que hoy día, con el concurso de los más ingeniosos y complejos
equipos, hayamos olvidado y pasado por alto tan originales descubrimientos?.
Sin
caer en fáciles ironías, podemos afirmar que la ciencia actual admite sin
asomo de duda que la actividad cerebral se produce en virtud de ondas de
descargas neuronales, de naturaleza bioeléctrica, y que estas ondas (que los
antiguos yoguis llamaban vrittis) presentan al menos esos cuatro ritmos o
frecuencias antes citadas, que los neurólogos han tipificado como alfa, beta,
delta y zeta, además de algunas subvariedades que no hace falta mencionar aquí.
Todos los psicólogos y neurólogos actuales admiten que según la mente opere
en uno u otro de estos ciclos cerebrales, el indivíduo se siente más agitado o
más relajado y (lo que es más significativo) tiene una sensación distinta del
tiempo, directamente proporcional al número de flashes o descargas neuronales
por segundo. Esto es muy interesante porque los antiguos rishis sostenían que
la variabilidad de las ondas mentales no sólo cambiaba el estado de ánimo del
receptor sino su conciencia de la realidad, estrechamente relacionada con el
tiempo. ¡El tiempo, ese enigma maravilloso que protagonizó el mayor cambio de
la Física del siglo XX y que indujo a Heidegger a escribir una famosa obra tan
clásica como insuficiente! ¡Cuántas cosas habremos de oir todavía sobre el
tiempo, el maravilloso escenario en el que se representa el drama humano en
todas sus frívolas y terribles variantes! Porque el hombre, queridos colegas,
no vive en el espacio, según la creencia vulgar, sino que solo es real entanto
en cuanto está alojado en el tiempo (arrojado, decía Heidegger). ¿Es tan
disparatado relacionar las frecuencias neuronales del cerebro, en la actualidad
perfectamente ponderables, con los antiguos descubrimientos de los yoguis sobre
el control y detención de las vrittis mentales?
Los
antiguos Rishis no sólo tuvieron constancia de los ciclos de ondas cerebrales
que ellos llamaban vrittis, sino que aseguraron que podían controlarse a
voluntad por medio de distintos métodos o margas, y aún detenerse totalmente
con un esfuerzo personal suficientemente decidido. Cuando se detenía el prana,
que no era sólo la respiración, sino la actividad del sistema nervioso en
general, la conciencia alcanzaba una particular percepción de lo real
especialmente dichosa y totalizadora que ellos llamaban samadhi e identificaban
retoricamente con la unión de Atman y Brahman, es decir con la unión (yoga)
del individuo y la realidad cósmica suprema. (Para ser más exactos, no había
tal unión ni tal indivíduo, sino que consistía en la desaparición del
imaginaria realidad del individuo (jivatman) al sumergirse en la auténtica
realidad global (Brahman), como el turbulento río se hunde en el sereno y
tranquilo océano).
La
famosa liberación (moksha) de la que tanto hablan los hindúes sólo es una
liberación de la mente que nos obliga a ver la realidad alojada en el tiempo.
Como hipótesis de trabajo, podríamos establecer que los variados tipos de
samadhi, tan meticulosamente detallados por Patañjali y Shankara (sabija,
nirbija, savikalpa, nirvikalpa, etc...) son progresivas detenciones de las
frecuencias de descargas cerebrales que nos permiten percibir (o mejor
construir) la realidad de un modo muy distinto. Lo real no es el ser en tanto
que ser (ontos on) que predicaba ingenuamente Aristóteles, sino la mente que
construye ese ser, como demostró Kant sin llegar a creérselo del todo. Según
las distintas experiencias de los Rishis y la madurez mental de los discípulos,
las vías o métodos para conseguir el control y detención de las ondas
mentales, es decir para alcanzar el samadhi, eran fundamentalmente cuatro:
1)
Renunciar a la individualidad personal por medio de la entrega total y amorosa a
la divinidad, que ellos llamaban bhakti marga, y consiste en la anulación de la
egoidad (ahamkara), la primera vritti o motor que pone en marcha la mente.
2)
Actuar conforme al deber sin esperar fruto o recompensa alguna, que ellos
llamaban karma marga, y consiste en el desvirtuamiento de la acción que es el
objetivo final de la mente en sus frecuencias altas. Los chinos llamaron a este
método wu wei o no acción, porque en realidad se trata de un actuar sin
actuar, es decir sin emplear la mente de un modo consciente y voluntario , típico
de las frecuencias alfa y beta. (Estos dos métodos son los más adecuados para
alumnos inmaduros y por eso son los que más recomienda la Gita y el propio
Ramakrishna. Por desgracia también son muy lentos y poco convincentes para
otros practicantes)
3)
Retener la respiración (pranayama) y meditar en un sólo pensamiento (dhyana),
que ellos llamaban formalmente yoga marga y consiste en la detención de la
mente aprovechando su estrecha relación con la respiración. En realidad consta
de ocho pasos (ashtanga) de los que sólo hemos nombrado los dos esenciales. Es
un método bastante urgente y violento que entraña serios peligros para el
aspirante poco cualificado. Sorprendentemente se ha extendido con fuerza por
Occidente en una versión amable y "light" que todos llaman
"yoga" y poco tiene que ver con la ásperapráctica hindú de ese
nombre.
4)
La percepción directa e inmediata de la verdadera realidad, que ellos llamaban
jñana marga y consiste en la detención de la mente por la perfecta captación
de su ilusorio movimiento en el tiempo.
Estos
términos son bien conocidos de todos vds. y no precisan por ahora de más
ilustración de sus variadas subdivisiones y parcelas. Hay que advertir que
algunos estudiosos señalan la existencia de otras vias más antiguas basadas en
alguna extraña droga relacionada con el soma o el amrita. No podemos entrar
ahora en esta cuestión que creemos secundaria a estos efectos, pues lo cierto
es que a partir del siglo VII-VIII a.d.C., o quizás antes, los Rishis conseguían
la detención de las vrittis por medios puramente mentales, sin necesidad de
drogas. Por la natural limitación de este trabajo no vamos a hablar de las tres
primeras vías que también tienen paralelos en Occidente. A nuestro juicio, el
método o marga más curioso de todos es el citado en último lugar, el jñana
marga o vía de la percepción suprema de lo real, conocido también como Atma
vidya o conocimiento de Atman. De este método quería hablarles por ser el
predilecto de Sri Ramana Maharshi y de todos los maestros Advaita y el que más
parecido tiene con lo que en Occidente hemos dado en llamar filosofía.
El
jñana marga de Sri Ramana tiene hondas raices en el Vedanta Advaita y consiste,
como saben vds., en algo tan sencillo como la indagación sobre la naturaleza
del yo. Siguiendo la argumentación anterior debemos admitir que cuando la mente
se plantea a sí misma el descubrimiento de su origen y naturaleza, consigue una
singular detención o samadhi que hace posible la percepción de lo real. En
palabras del propio Maharshi:
"Cuando
la mente pregunta insistentemente quién soy yo, cae abatida y penetra en el
corazón (hridayam), allí otro yo, yo, yo, brilla incesantemente por sí mismo,
no es el ego, sino el Ser mismo, el Todo" .
Este
es el jñana marga de Sri Ramana Maharshi: la investigación insistente y
profunda de la mente por medio de la pregunta esencial: quién soy yo. ¿Puede
haber un método más sencillo, al menos en apariencia, para detener el flujo de
ondas mentales? ¿No les parece mucho más sencillo que las interminables
invocaciones de mantras o el duro esfuerzo del yóguico kumbhaka? Pero a poco
que examinemos esta pregunta fundamental del Atma vichara surge ante nosotros
una consideración mucho más curiosa. ¿No les recuerda de inmediato el famoso
postulado socrático: "gnosce auton"? Con esta sencilla proposición,
"conócete a tí mismo", y no con los locuaces y teatrales diálogos
platónicos, comienza en el ágora ateniense la verdadera filosofía occidental.
Para conocerse a sí mismo, uno tiene que preguntarse quién soy yo, uno tiene
que investigar en profundidad de dónde surge el singular pensamiento o
sentimiento que llamamos Yo. ¿Podemos conocernos a nosotros mismos sin
plantearnos con decisión esta extraña y descomunal pregunta? Este es el método
Advaita de Maharshi, la recomendación socrática primordial,
incomprensiblemente olvidada por Platon y por toda la filosofía europea hasta
Descartes. (Me recordaba hace poco tiempo Ana Agud la crítica de Farrington
contra el poder fascinante y subrepticio de la filosofía platónica sobre el
pensamiento occidental).
Pero
la famosa indagación advaita, el vichara, vuelve a resurgir con fuerza en el
siglo XVII y de la mano de Descartes se convierte en el problema prioritario de
la filosofía occidental moderna, que no es más que una pertinaz inquisición
sobre la mente y el yo, un continuo e infatigable vichara, como lo demuestran
claramente sus títulos más conocidos: Ensayo sobre el entendimiento humano (Locke),
Principios del conocimiento humano (Berkeley), Nuevo tratado del entendimiento
humano (Leibniz), Tratado de la naturaleza humana (Hume), Crítica de la razón
pura (Kant), Fenomenología del espíritu (Hegel), Investigaciones lógicas (Husserl),
etc... Desde el siglo XVII (como había intentando infructuosamente Sócrates en
el siglo V a.d.C.) el filósofo occidental deja de buscar la realidad en el
mundo exterior, misión que delega en la ciencia, y comienza a buscarla en su
propio interior. Se da cuenta de que la realidad exterior es un producto o
construcción de la mente y deja de buscar el ser para investigar la mente y el
yo. Qué es la mente o quién soy yo es pregunta recurrente de la filosofía
occidental desde hace cuatro siglos, y podemos decir que desde esa fecha los
pensadores occidentales practican el jñana marga hindú mal que les pese y
siguen al pie de la letra la receta vedantina del vichara.
¿Pero
qué han conseguido con ello? ¿Han construido un sólido edificio intelectual
que les libere de su eterna pesadumbre? ¿Han conseguido la ansiada
"liberación"? No lo parece al menos. Angustiados por la urgencia y el
"snobismo", cada pensador diseña un sistema totalmente distinto al
anterior y sumamente original que lleva su nombre. ¿Qué tiene que ver la retórica
de Platón con la pesada exactitud terminológica de Aristóteles, traducido y
traicionado por mil plumas diferentes, o con la sobria elocuencia cartesiana, la
descomunal pretensión hegeliana o el desesperado canto de cisne de Pascal,
Kierkegard o Wittgenstein? ¿Por qué rompemos en pedazos nuestro pensamiento,
desgarramos nuestra angustia primordial y la publicamos en los libros de
bachillerato como "historia de la filosofía"?. ¿Qué filosofía es
esa que no se pone de acuerdo consigo misma? Los alumnos sólo pueden concluir
que es una ocurrencia engorrosa y superficial que es necesario aprobar para
pasar la selectividad. Cada filósofo demuestra la falsedad y el error de los
anteriores. En Occidente, cuando queremos insultar y descalificar a alguien
solemos decir de él que está en posesión de la verdad. Pero eso es
precisamente lo que pretenden filósofos y rishis. Si la verdad es relativa,
subjetiva y múltiple ¿qué falta nos hacen los filósofos y los Rishis? ¿No
hemos convertido la filosofía en una espúrea competidora de la literatura, de
la que Platon, Nietzsche o Marcuse podrían ser los últimos "best sellers"?
Pero
no queremos alejarnos de nuestro propósito inicial. Decíamos que toda la
filosofía occidental moderna es una incansable busqueda del yo, un auténtico
vichara. Veámoslo con algún detalle. ¿Cómo responde Descartes a este
occidental vichara? Dice el francés: "Yo no soy, hablando con propiedad, más
que una cosa que piensa..." . Pero ¿piensan realmente las cosas?. Por
supuesto que no, la verdadera esencia de las cosas no es pensar, sino ser
pensadas. Pensar y ser pensado son dos proposiciones contradictorias referidas
simultaneamente a un mismo sujeto (como predicaba Aristóteles del principio de
contradicción). A la pregunta de quién soy yo, Descartes responde con
frivolidad que el yo es un objeto, un objeto que piensa, eso sí, pero nada más
que un objeto, proposición tan contradictoria y absurda como el hijo de la
mujer estéril. Si Descartes hubiera leído a Shankara tal vez no hubiera
cometido tamaño error. De modo semejante, aunque más metafórico y sutil,
responde Blas Pascal a la interrogación del vichara: "El hombre no es más
que una caña, lo más débil de la naturaleza, pero una caña pensante" .
Incapaz de admitir lo que acaba de decir, en un alarde de sinceridad, se
revuelve vivamente contra esta idea en uno de los párrafos más expresivos del
conflicto interior que plantea el vichara a las mentes occidentales: "¿Qué
quimera es, pues, el hombre? ¿Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué
sujeto de contradicción, qué prodigio? ¡Juez de todas las cosas, imbécil
gusano depositario de la verdad, cloaca del error y la incertidumbre, gloria y
excrecencia del universo!" .
Magnífica
expresión de lo que la filosofía occidental tiene de frustración literaria.
Se trata, a nuestro juicio, de una de las más curiosas respuestas de Occidente
al vichara vedantino. Aunque no la mejor, como veremos despues.
John
Locke intenta superar estas dificultades aristotélicas y
"substanciales", definiendo al yo con mucha mayor precisión, John
Locke intenta superar estas dificultades aristotélicas y
"substanciales", definiendo al yo con mucha mayor precisión, aunque
de un modo absolutamente abstracto. Dice Locke: "Para saber en qué
consiste la identidad personal, debemos considerar lo que representa la palabra
persona; a mi entender es un ser pensante que puede razonar y reflexionar y
considerarse él mismo como una misma cosa que piensa en diferentes lugares y
tiempos..." . Esto es, sin duda, la mejor definición que se puede hacer
del yo-objeto: no es una substancia como creía Aristóteles, sino una
conciencia personal, algo que se piensa a sí mismo como una misma cosa. El que
más cerca estuvo de realizar la hazaña fue el escocés David Hume, que no se
conformó con la definición abstracta e ideal de Locke y pretendió desentrañar
su más oculto significado. No se conforma con ver la sombra o idea del yo, como
hace Locke, sino que pretende cogerla con las manos. Un paso más en el vichara
occidental que Hume describe de esta forma: "Algunos filósofos se imaginan
que lo que llamamos nuestro yo es algo de lo que en todo momento somos
intimamente conscientes (la referencia a Locke es clara)... En lo que a mí
respecta, siempre que penetro intimamente en lo que llamo mí mismo (myself),
tropiezo en todo momento con unas u otras percepciones particulares, de calor o
de frío, etc... y nunca puedo atraparme a mí mismo (myself) sin una percepción...,
si tras una reflexión seria y libre de prejuicios hay alguien que piensa que
tiene una noción diferente de sí mismo, confieso que no puedo seguirle en sus
razonamientos... Es posible que él pueda percibir algo simple y contínuo en lo
que llama su yo, pero yo sé con certeza que en mí no existe tal
principio". Estamos, sin duda, ante la práctica más madura y perspicaz
del vichara de la filosofía occidental. ¿Qué trata de decirnos Hume con estas
palabras (que tanto nos evocan ideas claves del budismo madhyamaka)? Admite Hume
que el yo no es una simple substancia material sino, como afirmó Locke, una
conciencia de identidad personal, pero añade que cuando intenta penetrar en la
naturaleza de esa idea no descubre otra cosa que eso mismo, una idea, una
construcción mental, lo que los indios llaman vikalpa. Cuando quiere atrapar el
yo, sentirlo vivamente, captarlo como algo real que se nos impone con la misma
irrevocabilidad que el sol o las montañas, no puede hacerlo porque el yo es un
vikalpa, una mera construcción mental (como denuncia Nagarjuna), y no algo real
o substancial como creen todos los pensadores occidentales y el público en
general desde hace más de veinte siglos, siguiendo la obra más reveladora de
Aristóteles (no estamos hablando de la Metafísica ni el Organon, sino el
Tratado del alma). A nuestro juicio, este es el paso supremo de la filosofía
occidental. Después de introvertir la mente hacia el interior en un espontáneo
vichara, Hume descubre que no es una cosa pensante, como pensaba Descartes, ni
siquiera la conciencia de una identidad personal, como sostenía Locke, sino
solamente una idea, "una perfecta nada" en sus propias palabras:
"Cuando mis percepciones son suprimidas durante algún tiempo, en el sueño
profundo, por ejemplo, durante todo ese tiempo no me doy cuenta de mí mismo y
puede decirse que verdaderamente no existo. Y cuando todas mis percepciones sean
suprimidas por la muerte y ya no pueda pensar, sentir, ver, amar u odiar tras la
descomposición de mi cuerpo... no puedo concebir qué más hace falta para
convertirme en una perfecta nada" . A la pregunta quién soy yo, responde
Hume: sólo soy una construcción mental, una idea evanescente que aparece y
desaparece en el tiempo, algo semjante a nada, lo más parecido al shunyata
budista. Estamos ante un defensor del anatman, un gran budista de Occidente.
Gran sorpresa y admiración nos merece su obra , pero ¿adónde fue a parar su
pensamiento a partir del siglo XVIII? Kant hace con Hume lo mismo que Platón
con Sócrates en el amanecer del pensamiento helénico, y algo muy parecido a lo
que contaba el padre Isla de aquel cura que inventaba herejes idiotas para poder
refutarlos brillantemente. "El divino Platon y el asombroso Kant"
(como les define con énfasis Schopenhauer) quitan de la circulación a los dos
grandes maestros occidentales del vichara: Sócrates (del que sólo nos ha
quedado la pregunta inicial quién soy yo, porque Platon no sabe qué hacer con
ella) y David Hume (del que acabamos de leer esta sorprendente respuesta: mi
conciencia personal no es nada más que una idea, una construcción mental, o
como dice la gente del pueblo, no somos nadie). ¿Pero qué podía hacer
Occidente con una respuesta tan peligrosa y socialmente explosiva como esta?.
Probablemente sólo podía hacer lo que hizo. Expulsarlo de la sociedad de
hombres de sentido común, excomulgarlo, impedir su paso a la universidad y a
todo foro público, y enviarlo a un cómodo retiro diplomático en Francia para
que se callara. Hasta aquí es donde la mente puede llegar sin grandes
tropiezos, según advierte Sri Ramana Maharshi en sus escritos (según he
intentado mostrar con detalle en mi obra "Kant frente a Shankara"). Si
a partir del hallazgo de Hume, queremos seguir profundizando en el vichara,
tenemos que apearnos de la mente y tomar otro vehículo de conocimiento. En caso
contrario nos perderemos en los inextricables laberintos de la fenomenología
que se abren en la famosa expresión del epígrafe 16 de la Crítica kantiana:
"El Yo pienso debe poder acompañar a todas mis representaciones".
Tiene razón Kant en esta famosa proposición, pero sólo en parte. El yo pienso
acompaña a todas mis representaciones, es cierto, pero ¿qué ocurre cuando el
Yo pienso pretende acompañar a la representación Yo pienso?. Lo comentan
jocosamente los budistas diciendo que es poner una cabeza sobre nuestra cabeza.
Dicho brevemente (tal vez demasiado brevemente), la mente puede verlo todo
excepto a sí misma, el yo puede verlo todo excepto al propio yo. (Ortega lo
expresaba muy bien en una de sus afortunadas metáforas, diciendo que el único
paisaje que el hombre no puede ver es el que tiene bajo sus pies). Si queremos
seguir indagando en el vichara y descubrir la naturaleza del yo, tenemos que
aprender a despojarnos de la mente, ir más allá de sus limitaciones y categorías,
prescindir de la razón. El yo no puede descubrirse con la mente por la sencilla
razón de que es la base de la mente, la mente misma . Lo único que podemos
descubrir del yo con la mente es una construcción mental que nos da lo mismo
denominar identidad personal (Locke), apercepción pura primitiva (Kant) o
ahamkara, como dicen los hindúes, pues eso sólo son nombres, formas, o si lo
prefieren, formas con un determinado nombre. Si queremos seguir indagando
eficazmente en la naturaleza real del yo como recomienda Maharshi y los
vedantinos y budistas en general, tenemos que prescindir de la mente y utilizar
un órgano distinto. Pero ¿existe tal órgano a nuestra disposición?. ¿Podemos
conocer con algo que no sea la mente y el yo?. Esta es la pregunta clave que
debemos responder. (No me gusta llamar intuición a ese nuevo modo de conocer,
porque la palabra intuición tiene honda raigambre en la filosofía occidental y
resultaría demasiado equívoca). Prefiero un término mucho más genérico y
ambiguo que utiliza el prof. Panikkar y otros autores, me refiero al verbo
experienciar, que me parece más apropiado, o si vds. prefieren, menos
inadecuado para definir ese nuevo tipo de conocimiento de lo real. Pero el
nombre es lo de menos. La mente humana puede conocerlo todo menos la base de su
conocimiento y de la propia mente, que es el yo. El yo sólo puede ser
experienciado. Cuando hemos concluido (como hace Kant en la Crítica) que el yo
o apercepción pura primitiva es la base del entendimiento, la mente misma, es
inútil seguir buscando el yo con esa misma mente. Para percibir la base de lo
real, la auténtica realidad, tenemos que practicar un nuevo tipo de
conocimiento que podemos llamar experienciar (o como vds. prefieran) y que los
antiguos indios llamaron jñana o vidya. (Para seguir reflexionando sobre la
mente con la propia mente, Kant y los filósofos posteriores tienen que imaginar
dos "yoes", que suelen llamar empírico y trascendental, como he
tratado de mostrar con detalle en "Kant frente a Shankara. El problema de
los dos yoes"). El universo puede conocerse con la mente, pero la mente no
puede conocerse con la mente, como creen ingenuamente los filósofos
occidentales posteriores al XVII. La mente tiene que conocerse, o mejor dicho
experienciarse, con otro órgano diferente al entendimiento y la razón, si es
que tal órgano existe. Mi tesis de que la filosofía occidental no ha dado ningún
paso notable a partir de Hume advierte que este pensador llegó al límite de la
mente y comprendió que detrás del confín de lo cognoscible la mente sólo
puede captar el vacío, shunyata, la nada, según he expuesto en mi ensayo
"Kant frente a Shankara" y no puedo reiterar aquí de forma rigurosa y
documentada, como hicimos en dicho trabajo. No me extraña el poco eco que han
tenido aquellas páginas, dada mi torpeza natural y lo difícil que es convencer
a la gente de que no somos nadie. Pero con todo el énfasis que permite la
natural cortesía académica es preciso subrayar que a partir de Hume no es
necesario ni posible seguir haciendo filosofía al estilo de Kant y sus
sucesores, pues lo que se necesita es buscar un nuevo modo de conocer o
experienciar lo real. Cuando Kant se da cuenta, obscuramente por cierto, del
error cometido, escribe la Crítica de la razón práctica, una obra
absolutamente sorprendente y no muy bien comprendida por sus colegas en la que
pretende cambiar los valores del pensamiento occidental, como luego intentarán
Hegel, Nietzsche, Husserl, Wittgenstein, y tantos otros. Su labor resulta a la
postre infructuosa porque todos ellos intentan seguir "pensando con la
mente" en lugar de experienciar con el corazon. Este es el punto de inflexión
al que todavía no ha llegado claramente el pensamiento occidental aunque todos
los esfuerzos de los grandes pensadores vayan en la misma dirección. (La dialéctica
hegeliana y la fenomenología de Husserl son los dos intentos más serios y
ambiciosos en esa dirección. Dialéctica y fenomenología no son dos nuevos métodos
de conocimiento del mundo objetivo, como se piensa habitualmente, sino dos
intentos de alcanzar un nuevo modo de percibir lo real). No hay que buscar un
nuevo conocimiento sino un nuevo modo de conocer. Podemos llamarlo experienciar
(como sugiere el prof. Panikkar) o buscar cualquier otra denominación, pero lo
capital no es el nombre sino descubrir y practicar ese nuevo modo de
experienciar lo real sin el intermedio "obligado" la mente. El nuevo
modo de experienciar de lo real no puede ser un producto de lo que los indios
llaman antah karana y Kant llamaba razón pura, porque todas las construcciones
mentales (vikalpa) o representaciones (vörstellung, como las llaman los
pensadores occidentales) son pensamientos dependientes de nuestra idea de yo.
Cuando encontremos un modo de conocer o experienciar la realidad con
independencia de la mente y del yo, podremos seguir profundizando en la indagación
del yo, que los vedantinos llaman atma vichara. Si persistimos en nuestra
busqueda meramente intelectual del yo, conduciremos a la filosofía occidental,
como de hecho lo estamos haciendo, a un callejón sin salida cuya más clara
expresión es la famosa proposición 7 del "Tractatus lógico-philosophicus"
de Wittgenstein: "De lo que no se puede hablar, mejor es callarse". ¿Tenemos
algún dato, alguna ayuda o indicación que permita aproximarnos a ese nuevo
modo de experienciar la realidad practicado por los Yoguis y los antiguos Rishis,
sin que los sesudos profesores de filosofía nos tachen de místicos o
iluminados? Eso espero. Al comienzo de esta ponencia hemos hablado de los
distintos ritmos mentales (alfa, beta, delta, zeta, etc...) conformes a la
distinta frecuencia de descargas neuronales, investigados sobre todo por los
nuevos estudiosos de la psicología transpersonal, como Deikmann, Tart, Maslow,
Shapiro, Floyd y otros. Sus descubrimiento coinciden sorprendentemente con los
de los antiguos Yoguis. Cuanto más lentas son las frecuencias de descargas
neuronales más nos aproximamos a un estado de bienestar indescriptible en el
que el espacio asume formas insospechadas y el tiempo discurre tan lentamente
que parece dispuesto a detenerse y alterar substancialmente la relación
causa-efecto. No hay duda de que el funcionamiento de la mente depende de la
frecuencia de descargas neuronales y que esta frecuencia puede controlarse,
sosegarse e incluso detenerse por medio de ciertas prácticas como la detención
controlada de la respiración (kumbhaka), la fijación de la mente en un punto (dhyana)
o la introversión de la actividad racional (vichara), entre otras. La mente es
una inagotable capacidad de preguntar y cuando dirigimos este formidable poder
racional hacia su propio interior, es decir, cuando preguntamos silenciosa,
intensa y profundamente por la naturaleza y el origen de la propia mente, esta
tenaz autopregunta puede conducirnos a la anhelada lentificación o detención
de las ondas mentales (chitta vritti nirodha) y por consiguiente a ese nueva
experienciación de lo real que andamos buscando. Esto es formalmente lo que los
vedantinos y Sri Ramana Maharshi llaman jñana marga o atma vichara, el supremo
camino de la experiencia de lo real, que el Samkhya y el Yoga entienden como la
unión de Atman con Brahman. Ya hemos dicho que este método, la autoinvestigación
del yo o atma vichara, fue practicado de un modo u otro por todos los grandes
pensadores occidentales desde el siglo XVII, y en este sentido puede decirse que
la filosofía occidental moderna es un prolongado y patético vichara, cuya
falta de éxito se debe a la terquedad de Kant y sus seguidores en seguir
utilizando la mente para buscar la propia mente, es decir por seguir utilizando
las frecuencias neuronales alfa y beta para cometidos que la naturaleza no les
capacita. En un pequeño estudio titulado "La filosofía del estado de
vigilia" expusimos nuestra opinión de que la filosofía occidental ha
abusado de las frecuencias mentales del estado de vigilia, ignorando casi por
completo el estado onírico y el sueño profundo, lo que le ha impedido alcanzar
el estado de conciencia que los indios llaman turiya y que en términos
generales debemos identificar con el nuevo modo de experienciar lo real que
estamos buscando. ¿Es eso todo lo que el Vedanta Advaita y Sri Ramana pueden
decirnos acerca del nuevo modo de experienciar la realidad que los indios llaman
turiya? Afortunadamente no, hay algo más. Si en la Escocia del XVIII se hubiera
conocido la obra de Maharshi, es casi seguro que David Hume hubiera avanzado
mucho más en el abrupto sendero filosófico de Occidente. Repasemos su camino y
su involuntaria detención para proseguir imaginariamente su trayectoria. Cuando
nuestro buen escocés, que nunca consiguió una cátedra en la universidad de
Edimburgo pese a los buenos oficios de su amigo Adam Smith, cuando Hume digo,
intenta pensar con la mente qué es ese yo que subyace a todos nuestros
pensamientos y constituye nuestra identidad personal (según Locke) o la unidad
sintética de la apercepción (según Kant) o el yo trascendental (según
Husserl), se siente "asustado y confundido por la desamparada soledad en
que me encuentro con mi filosofía" . Detrás de los pensamientos no hay un
yo diferente a ellos, pues según el bravo escocés lo que llamamos yo sólo es
otro pensamiento camuflado y entreverado en el conjunto de los mismos. Lo que
consideramos "substancia" y fundamento de todos nuestros pensamientos,
la propia mente, resulta no ser más que otro pensamiento. El círculo se
cierra, el pez se muerde la cola, nuestro razonamiento cae inevitablemente en
una petición de principio. Podemos pensar y conocer objetos, pero cuando
queremos pensar el propio pensar, sólo encontramos el vacío (shunyata). La
ciencia es un vasto conocimiento objetivo carente de último sentido (una
especie de teatro donde todo es ilusorio y convencional, hasta el propio
escenario, según una afortunada metáfora del escocés), porque el sujeto que
le sirve de soporte y fundamento es una ilusión que los indios llaman maya o
avidya o ahamkara . ¿Que hizo al genial escocés cuya última obra sobre la
inmortalidad del alma y el suicidio fue editada clandestinamente con
"observaciones del editor, como antídoto contra el veneno que estas obras
contienen"? ¿Qué se puede hacer cuando hemos visto de forma clara y
distinta que el soporte de nuestra mente y nuestros pensamientos, sólo es otro
pensamiento? ¿Qué podemos hacer cuando tocamos fondo en la filosofía de la
vigilia? ¿Ponernos a escribir sobre historia, como hizo Hume, o ir a jugar al
backgamon con los amigos, porque "cuando retorno a estas especulaciones
después de unas horas de esparcimiento, me parecen tan frías, forzadas y ridículas
que no me siento con ganas de profundizar más en ellas" , como confiesa en
su espléndida autobiografía? ¿Es eso lo único que se puede hacer o podemos
intentar otra cosa? Según Sri Ramana lo que hay que hacer en esa circunstancia
es "volver la mente hacia el interior y fijarla firmemente en el
pensamiento yo" , porque cuando se sigue "inquiriendo silenciosa y
profundamente en la mente, el pensamiento yo cae abatido y penetra en el corazón
(hridayam), donde brilla incesantemente por sí mismo otro yo, yo, yo... que no
es el ego, sino el Ser mismo el Todo" . Curiosas y exactas indicaciones que
Hume no pudo practicar debidamente. Cuando se llega al fondo de la filosofía
hay que seguir practicando vichara, no la simple concentración de la mente en
un objeto (dhyana), sino una persistente interrogación interna que no debe
practicarse con palabras pues en tal caso sería un acto meramente intelectual,
sino como la búsqueda incesante y febril del lugar donde brota nuestra
"identidad personal" o "apercepción pura primitiva" o
ahamkara. ¿Dónde nace esa sutil ilusión? ¿Dónde brota el fementido yo que
acompaña o "debe acompañar a todos nuestros pensamientos", como decía
Kant, tan exacto y germánico como siempre? Cuando practicamos esta indagación
de forma intensa y sostenida (lo importante no es el tiempo dedicado sino la
intensidad del esfuerzo), asegura Sri Ramana Maharshi que la mente no puede
resistirlo, "cae abatida y penetra en el corazón". ¿Pero qué es ese
corazón que los indios llaman hridayam y sitúan con sorprendente exactitud dos
dedos a la derecha del punto central del pecho? Esta es la clave del proceso,
llegar a hridayam, el corazón vedantino, un punto brillante con forma de
capullo de loto o pulgar invertido y luminoso , en el que tenemos que concentrar
nuestra atención para experienciar el yo en forma de latido o pulsación
recurrente yo, yo, yo... En este momento el tiempo desaparece, o en palabras de
Maharshi: "En su tiempo, pasado y futuro sólo son presente" . Señal
inequívoca de que las frecuencias mentales han llegado a la fase conocida como
delta (1,5 descargas neuronales por segundo), en la que se produce la unión del
sujeto y el objeto que los yoguis llaman yoga, y Maharshi considera el estado de
conciencia turiya donde "el Ser brilla en el corazón incluyendo el cuerpo
y el mundo" . Es el estado que los orientales llaman samadhi, turiya,
kaivalya, nirvana, satori, y de muchas otras formas que sólo son distintos
nombres para describir la liberación de la mente (moksha). ¿A qué liberación
nos estamos refiriendo? La mente es un modo de pensar, es decir de ver objetos
desde un sujeto. Según el Vedanta, tanto esos objetos como el sujeto que los
contempla son ilusorios (mithya). No falsos, sino ilusorios, porque son meros
pensamientos a los que se atribuye una realidad trascendental que no poseen en
absoluto. Los objetos son pensamientos, como describió con exactitud el viejo
obispo Berkeley, pero ¿qué es el propio sujeto que los contempla y concede uan
supuesta realidad?. El gran Edmundo Husserl, el mayor filósofo del siglo XIX,
dice que los objetos son pensamientos unidos al "juicio de
existencia", pero ahí se detiene, atónito, estupefacto, incapaz de seguir
pensando "sin mente". No hay más que releer el cap.I de la
investigación V, donde se arma un lío espantoso con los "yoes" y en
lugar de imaginar dos, como Kant, propone hasta tres "yoes" diferentes
. El único pensador occidental que vió que cualquier posible yo que queramos
conocer con la mente (sea uno, tres o veinte), sólo es una idea sin referencia
óntica correspondiente (es decir sin "substancia") fue David Hume y
por eso se atrevió a decir que cuando miraba en su interior no veía
absolutamente nada que no fueran pensamientos. "Si alguien tiene una noción
distinta de sí mismo -dice con su humilde e irónica soberbia- tengo que
confesar que no puedo seguirle en sus razonamientos". Pero qué
razonamientos hay que hacer para saber que yo soy yo, podríamos haberle dicho
nosotros despues de inclinarnos respetuosamente ante su grandeza. Para saber que
yo soy yo no se requiere ningún razonamiento. No es la mente la que me dice que
yo soy yo, sino otro tipo de experienciación de lo real completamente distinto
al pensamiento objetivo. Si alguien cree que estamos cayendo en la mística o la
parapsicología, ruego se nos permita leer unas breves líneas: "Mis ideas
intentan fundamentar una ciencia nueva referente a un nuevo campo de experiencia
(sic), exclusivamente propio de ella, el de la subjetividad trascendental (el yo
puro). Subjetividad trascendental no significa aquí pues, un producto de la
construcción especulativa sino un reino absolutamente substante de experiencia
directa que por razones esenciales ha permanecido hasta aquí inasequible (sic).
Una experiencia trascendental en sentido teórico y descriptivo sólo es posible
sobre la base de una radical alteración de aquella actitud en que transcurre la
experiencia natural del mundo, un cambio de actitud que como método de acceso a
la esfera fenomenológica o trascendental, he llamado reducción fenomenológica"
. Estas líneas fueron escritas por Edmundo Husserl y la reducción fenomenológica
ha sido el último intento occidental por encontrar un nuevo modo de
experienciar lo real que se nos escapa de las manos como un pez travieso y
alocado. Como saben vds., Husserl jamás pudo llegar a presentar en público a
su eterna prometida, la hermosa fenomenología de la que tan encendidamente
habla en todas sus obras. El camino del jñana o atma vichara no es camino
sencillo ni adecuado para buscadores crédulos y confortables. No basta con leer
atentamente un montón de obras, ni siquiera con comprender lo leído, sino que
es necesaria una práctica esforzada y tenaz para hundir la mente en hridayam,
la sede natural de Atman. Sri Ramana reconoce esta dificultad diciendo:
"Las escrituras afirman que el que ve el Ser ve a Dios, pero esto no es fácil
de conseguir, porque el Ser es uno y no puede ser visto, ¿cómo podemos ver a
Dios?, sólo convirtiéndonos en alimento para Él" . Es curioso que este
hundimiento o inmersión de la mente en hridayam se produzca todas las noches de
forma espontánea en el sueño profundo y que no aprovechemos este hecho natural
para comprender el descenso de la mente al corazón. Tal vez no hemos leído con
suficiente atención la Mandukya y las Karikas de Gaudapada donde se explica
esta práctica con cierto detalle. La filosofía occidental padece una secular
carencia de esfuerzo. Esta es la tremenda verdad que hay que confesar con toda
claridad. Salvo raras excepciones, el pensador occidental es un buscador
meramente intelectual que busca el aplauso social más que una sincera y
profunda implicación en su aventura. Es paradójico que haya que llegar a
Nietzsche, a Carlos Marx o a William James para escuchar que la filosofía no
puede ser un mero conocimiento especulativo, sino que requiere una dosis
inexcusable de praxis, de esfuerzo y compromiso personal, algo que Oriente ha
tenido siempre muy claro. Ninguna de las darshanas orientales son un mero
entretenimiento de salón o una brillante exposición de cátedra, sino un
denodado esfuerzo de autotransformación mental, una insólita empresa para
librarse de la mente como órgano de conocimiento, pues esta sólo tiene
utilidad en determinadas circunstancias de provecho o peligro individual,
etc..., pero se revela totalmente incompetente a la hora de experienciar lo
real. Un conocimiento que carezca de ese sentido trascendente siempre será
considerado por los orientales como un elegante juego de salón, una insensata
frivolidad. Tal vez por eso los yoguis o sannyasis que recorren los caminos de
la India o se pasan meses apoyados en un solo pie o con el brazo levantado, se
parecen tan poco a los catedráticos de la Sorbona o a muchos de los que estamos
aquí, comenzando por mí mismo. Si queremos hacer algo por la filosofía
occidental, que es tanto como decir por nosotros mismos, debemos intentar
experienciar lo real sin el concurso de la mente, que es lo que los antiguos
Rishis indios llamaban jñana o vidya, el conocimiento supremo de lo real. Para
ello son necesarias a nuestro juicio dos cosas: la primera, investigar con suma
atención y rigor filosófico, al estilo occidental, los antiguos
descubrimientos del pensamiento indio, especialmente los del Vedanta Advaita y
el Budismo mahayana, y aprender de ellos todo cuanto sea posible; la segunda,
asumir el compromiso personal de acometer la gran reforma filosófica de
experienciar lo real sin ayuda de la mente racional, lo que sin duda es el más
duro y apasionante reto heredado de los grandes maestros de la filosofía
occidental moderna. Cuando asumamos realmente esta tarea, el sueño de
Descartes, Hume, Kant, Hegel, Husserl, Wittgenstein, James, Jung y tantos otros,
de transformar al ser humano por medio del conocimiento, que es lo que en
estricto sentido significa filosofar, habrá dado su fruto y estos grandes
hombres podrán descansar en paz, o como dicen los indios, no se verán
obligados a renacer una y otra vez para continuar su interminable samsara.
Muchas gracias.
BIBLIOGRAFIA DEL AUTOR SOBRE ESTOS TEMAS:
- "La filosofía del estado de vigilia". Univ. Castilla La
Mancha, 1990.
- "Antah karana". Edit. Bhishma, Madrid, 1991.
- "Comentarios al Sat Darshana". Ed. Bhishma, Madrid, 1991
-
"Kant frente a Shankara. El problema
de los dos yoes". Ed. Bhisma, Madrid, 1992.
- "Amanecer de un nuevo escepticismo". Ed. Bhishma, Madrid,
1995.
Mi dirección académica es: Escuela Universitaria de Magisterio de
Cuenca. Univ. de Castilla La Mancha. Mi dirección personal: C/ Cubas y
Clemente, 14. Palomera (16192) CUENCA. Telef. 969 - 25 60 00.
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Consuelo
MARTÍN, La Advaita, la trascendencia del conocer y apertura a una nueva
metafísica
CONTENIDO
Pág.
1. ¿Es posible transcender la
relatividad del conocer? 3
2. La vocación metafísica y lo
inexpresable 7
3. El estado de conciencia
desconocido 12
4. La nueva ciencia metafísica 16
1. ¿ES POSIBLE TRASCENDER LA
RELATIVIDAD DEL CONOCER?
"El
conocimiento es una modificación de la mente, e irreal por naturaleza",
dice Sankara . Conocer es ampliar las fronteras de nuestra conciencia.
"Todos los hombres están interesados en conocer..." comienza el libro
de Aristóteles sobre metafísica, el primero con este nombre por su anecdótica
situación transfísica. Y ese interés se ha centrado en múltiples
conocimientos científicos o filosóficos valorados de diferente manera en las
distintas épocas. Pero pocas veces se ha advertido la coincidencia de tantos
modos de conocer en la limitación radical de una conciencia fragmentada. Todo
conocimiento es dual y lo conocido no es sino compuesto fenómeno de componentes
percibidos y maneras de percibir del perceptor. Así la llamada realidad
objetiva no puede ser sino algo relativo a un sujeto cognoscente. La disyuntiva
entre sujeto y objeto tantas veces pasada por alto en las ciencias, hace
relativo todo intento de descubrir la verdad como realidad. Quien investiga
sobre lo real ¿se conformará acaso con una adecuación formal de lo percibido
a las reglas lógicas de nuestro intelecto?... Como decía Sankara en la frase
con la que comenzamos, ese conocimiento no puede ser real. Una investigación de
lo real tiene que explorar abriéndose a horizontes más amplios. Teniendo esto
en cuenta en los textos advaitas sankarianos además de la percepción empírica
del ámbito de "manas" o nivel mental sensorial, encontramos dos modos
de conocer la verdad. Uno es "jñana" el que se aprehende de las
escrituras o el maestro, conocimiento del nivel "budhi", nivel mental
superior racional e intuitivo. Y el otro es "vijñana", la
inteligencia que toma conciencia de la verdad directamente.Este último no es
intelectual en el sentido que damos habitualmente al término. Lo llamaremos
sabiuduría para destacar su calidad de inteligencia directa, frente al mero
conocer formal. En él se da una visión totalizadora desde la unidad. Y el
resultado de ese conocer con sabiduría es discernimiento (viveka). Si bien el
conocer de "jñana" no pude salir de la dualidad aunque tenga la
posibilidad de intuir la unidad que le trasciende, el segundo "vijñana"
brota del estado unitario de conciencia. Y esta es la novedad que los textos
"vedanta advaita" aportan a quien esté dispuesto a verificar sus
afirmaciones. No es que la filosofía occidental haya ignorado por completo esta
visión gnoseológica que implica la realidad, el conocer y el ser. Esto se ha
explicado ya de alguna manera a lo largo de la historia de la filosofía. Se ha
hablado de distintos niveles de conocimiento desde los griegos, distintos
conocimientos que no sólo se diferencian por el objeto conocido. Platón
llamaba "eidolon", a los objetos del conocer sensorial y racional y
"eidos" a los objetos del conocimiento dialéctico. Y distinguía
diferentes modos de conocer verdadero, separando la "pistis" o
creencia cuyo objeto eran los "eidolos", entes naturales o artísticos,
la "diánoia" o conocimiento de los "eidolon" por hipótesis
cuyos objetos eran los entes matemáticos , de la "noesis"
conocimiento dialéctico referido al ámbito del ser. Según esto las cosas
naturales serían copias de los entes matemáticos. Lo que concuerda muy bien
con la nueva física reducida en último extremo a formas o fórmulas. Y estos símbolos
matemáticos serían copia de los "eidos" o esencias eternas. Con un
trasfondo ideológico diferente, en la Edad Media se mantienen las distintas
maneras de conocer. Hugo de San Víctor señala la "cogitatio" o
pensamiento basado en los sentidos y la memoria, la "meditatio" o
reflexión que aclara lo que está oscuro, y la "contemplatio" que es
visión directa y total. Y Ricardo de San Víctor habla de tres ojos,el de la
carne, el de la inteligencia "cogitatio" y el espiritual "contemplatio".
Esta última visión descubre la dimensión de lo trascendente. Hugo describe así
esta aventura:"El que al entrar en sí penetra dentro en sí mismo, se
trasciende y se eleva hacia Dios". El llamado en nuestros días "filósofo
de la conciencia", Ken Wilber, recuerda esta teoría del conocimiento y
siguiendo la metáfora de los tres ojos en su libro "Eye to eye" dice:
"El ojo de la contemplación es al ojo de la razón lo que el ojo de la razón
al ojo de la carne. Del mismo modo que la razón trasciende a la carne,la
contemplación trasciende a la razón. Así como la razón no puede reducirse al
conocimiento carnal ni originarse en él, la contemplación tampoco puede
reducirse ni originarse en la razón. El ojo de la razón es transempírico pero
el ojo de la contemplación es transracional, translógico y transmental".
Y explica como un nuevo paradigma de ciencia debe integrar no sólo el
conocimiento empírico y el racional sino tambien el contemplativo que los
trasciende. En varios lugares de los textos Upanisádicos encontramos esta
invitación a trascender lo que no tiene forma ni física ni racional. El Katha
por ejemplo dice: "No existe su forma entre lo visible. Nadie le vé con
sus ojos" . Ni con los ojos de la carne ni con los de la razón, habría
que completar. Y Sankara comenta, como podríamos hacerlo ahora, que muchas
personas niegan la realidad no-dual de su ser (atman) porque creen que no puede
conocerse lo que carece de forma. "Así es en verdad, dice, para los que
están demasiado involucrados en las cosas externas para poder dedicarse con
interés a los medios adecuados para encontrar el verdadero conocimiento".
La posibilidad de ser consciente de esa realidad que trasciende lo dual "atman-Brahman"
es la única salida de la relatividad del conocer dual. Es el paso de lo
conocido a lo desconocido y sin embargo verdadero. Un verso del Bhagabad Gita
dice: "Aquello que es noche para todas las criaturas, es día para el dueño
de sí mismo, y lo que es día para aquellas es noche para el que vé, para el
sabio". Y Sankara lo explica así: "La noche de la ignorancia que
consiste en la separación de sujetos y objetos, en la que las criaturas que están
en verdad dormidas se dice están despiertas, aquella en la que se encuentran
como los soñadores en el sueño, es noche para el que vé, para el sabio, para
el que capta la Realidad, meta suprema". ¿Existe una realidad que pueda
contemplarse más allá de la relatividad del conocer dual que sólo crea
realidades relativas? Sería la realidad que puede coincidir con la verdad
absoluta, "Brahman". Pero no podría ser ningún objeto conocido ni
por conocer, sino un estado de conciencia lúcido, "turiya" se ha
llamado en la Mandukya Upanisad . El acceso a la realidad se produciría
entonces en un nuevo estado de conciencia. Sólo al despertar del sueño
nocturno reconocemos su irrealidad, no antes. Así sólo al despertar del
conocer limitado, propio del estado vigílico, reconoceríamos su irrealidad. Aún
antes es posible intuir la belleza de lo ilimitado e incondicionado Brahman,
para los advaitines, Dios, Tao, etc. en otras tradiciones. Pero sólo al vivirlo
como estado de ser se comprende el gran misterio que encierra el conocer. La
conciencia absoluta no es una realidad objetiva ni subjetiva. Si la luz, la
lucidez, traspasa los distintos niveles mentales sin distorsión, es decir, sin
la creencia en que los objetos proyectados son reales, sin identificación con
lo visto, entonces todo el conocer relativo queda iluminado, trascendido por la
claridad de la luz única. Leemos en un Upanisad, el Svetasvatara: "Es la
divinidad única, escondida en todas las criaturas, el ser interno que todo lo
penetra. Es el alma de todo, el que impulsa las obras, el testigo que todo lo
contempla. No tiene atributos. Es la conciencia incondicionada".
2. LA VOCACION METAFISICA Y LO
INEXPRESABLE.
¡Que
sorprendente me parece esa opinión, en estos días generalizada, de que la
metafísica, meollo de la filosofía, no tiene nada que decir, o que ya lo ha
dicho todo y no ha sido comprendida. Nunca termina la vocación por inquirir en
lo real tras las apariencias. Unas maneras de filosofar dan paso a otras
mientras la necesidad de descubrir lo que es real por sí mismo subyace siempre
bajo diferentes formas. Siempre consideré que filosofar no era memorizar ideas
y repetirlas para alimentar ese fantasma social llamado cultura. Ese es un
objetivo muy limitado ante la apasionada urgencia del filósofo por comprender
la realidad. E impulsada en todo momento por esa pasión, he dedicado mi vida a
investigar sobre lo real, no en los libros, aunque leyera algunos, sino en la
conciencia misma, no en las representaciones pensadas, sino en la luz misma que
las hace posibles. Así fué como me sentí unida a aquellos filósofos de la
India, a los advaitines, para los que hacer metafísica era dejar constancia
racional del descubrimiento del estado de unidad de conciencia, evidente para mí.
Cuando se reflexiona por necesidad vital de descubrir, la reflexión desemboca
naturalmente en contemplación y de ahí al vacío de lo conocido y la plenitud
de lo real no hay ni un paso, sólo inspiración. Cuando la investigación es
movida por auténtico interés existencial no se detiene hasta llegar a la
evidencia de lo verdadero. Que recuerde con sinceridad el escético donde se ha
detenido su inquirir... Es evidente que el pensamiento lógico es mero
instrumento, cual mecánico ordenador, incapaz de contemplar directamente la
verdad. Y de sus rodeos impotentes surge la opinión, muy común, de que las
verdades son relativas. En efecto con el instrumento lógico pensante se puede
demostrar una idea y la contraria con todo rigor lógico y científico. ¿Quiere
esto decir que la verdad absoluta no existe?Unamuno, en nombre de muchos se
preguntaba: "¿Es sólo verdadero lo racional?, ¿no habrá una realidad
inasequible por su naturaleza a la razón y acaso opuesta a ella?" . Porque
su intuición le abría las puertas a ese ámbito presentido que él llamaba
"lo vital" y que le mantuvo siempre en creativo descontento con lo
conocido. El filósofo cuando es auténtico es "filosofante" según el
término utilizado por Platón. En su vital demanda necesita hacer metafísica,
comprender la realidad como un todo único.Y hacerlo en cada instante de nuevo
sin conformarse con los esfuerzos de otros. Sin embargo, pensaremos que cuando
no se traspasa el nivel lógico como parece haberle sucedido a Descartes y a
tantos filósofos conocidos y desconocidos, ese intento puede acabar en la
construcción de fragmentadas doctrinas explicativas, fruto de una demanda
insuficiente de verdad. Kant denunció los límites del conocer racional sin
sospechar una evidencia detrás, aunque aludiera a una objetiva realidad nouménica.
La mente es creadora de realidades objetivas. Pero más allá de lo conocido, la
inteligencia continúa hasta su origen como contemplación sin división ya
entre los opuestos sujeto conocedor y objeto conocido. Los textos advaita de la
India tienen algo muy importante que aportar a la investigación auténtica
filosófica tal como la estamos considerando, la que al inquirir por la realidad
efectúa la comprobación de las verdades metafísicas en la misma conciencia
del que investiga. Y la conciencia no es individual ni privada, pues toda
separación queda trascendida en el acto del contemplar. Es la conciencia única
más allá de la dualidad mental. Marx quiso cambiar el sentido de la filosofía
denunciando que no bastaba con explicar el mundo., que habría que
transformarlo. Y muchos se pusieron manos a la obra para tratar de transformar
la vida humana desde el exterior. Los resultados ya los conocemos. En la filosofía
advaita se nos propone la transformación de la conciencia. Y si esto es
realizado por uno o muchos seres humanos, desde ahí surgirá toda expresión
innovadora, toda inspiración o creatividad. La vivencia de esta dimensión
nueva que se expresa ya y se expresará con más claridad en el futuro próximo,
según indicios, no es el efecto de ciertas causas histórico-sociales. Está
fuera de la causalidad y tambien de la temporalidad aunque aparezcan los signos
en ella. Es ahistórica, tanto vale para la época de Sankara, como para la
nuestra, como han demostrado en su quehacer los advaitines actuales. Y no
depende de una cultura particular, ya que, en todos los casos, sólo se produce
sobrepasándola. Es por tanto algo inexplicable en conceptos convencionales.
Diremos que es una toma de conciencia de lo que Es. Del ámbito racional,
agotados sus pasillos lógicos, brota una protesta que podría sintetizarse en
aquellas célebres palabras con las que Winkestein termina su "Tractatus lógico-philosophicus".
"De lo que no se puede hablar mejor es callar". Sin embargo paralelo a
este clamor de impotencia, lo inexpresable se ha expresado, se expresa y seguirá
haciéndolo. La llamada filosofía perenne, de todos los tiempos, tan apreciada
hoy en día por un sector creciente de investigadores sinceros, lo atestigua. Y
es que cabe la posibilidad de que aquello inexpresable sea precisamente lo
verdadero, lo real tras las apariencias, capaz de dar sentido eterno a la vida
humana. Quizá por eso Unamuno decía: "Es menester decir una y otra vez lo
que no debe decirse". Cuando alguien sospecha que esto puede ser así,
surge en él una vocación irreprimible por investigar sobre aquello intuído.
Porque la intuición, no la sensible pre-racional, sino la transracional,
existe. Y su existencia apunta en dirección a una vivencia no-dual Allí donde
conocer y ser se identifican. La verdad antes de ser formulada es un estado
contemplativo que diluye la dualidad. La mente representativa reconoce a veces
esta intuición, este "intus", este entrar dentro, y la explica en términos
duales. Y en el filosofar como en todo conocimiento, las palabras representan
pensamientos, símbolos de visiones parciales o verdades relativas. Todo ello
son fragmentos conocidos de una verdad irrepresentable, impensable, a la que únicamente
se llega por una toma de conciencia real. Y allí lo que se vé se es. Dice el
Kena Upanisad: "Lo que no puede expresarse en palabras y sin embargo es por
lo que las palabras se expresan, sabe que eso es en verdad el Absoluto y no lo
que las gentes adoran." . Una investigación como ésta es una aventura
inusitada hacia dentro. Podría decirse que es un adentrarse en lo desconocido.
¿Se puede descubrir algo más allá del pensar siguiendo la misma senda de la
inteligencia, esto es sin desviarse por el sentimiento? Las explicaciones que se
han dado en este sentido, como la metafísica advaita, denotan una clara
convicción hija de la evidencia. Es posible una expresión racional como la del
gran filósofo advaitin Sankara. Pero en general los textos advaitas o aquellos
que parten de la vivencia no-dual, aunque no sean hindúes, requieren para su
comprensión una ampliación de las leyes del pensamiento conocidas hasta
incluir los opuestos. Escapará así a los caminos trillados de la lógica
establecida. Por ello sus explicaciones no se dan para convencer sino para
animar a emprender el nuevo camino desconocido. Y para facilitar el que cada ser
humano lo descubra por sí mismo. Tratar de convencer de algo sería introducir
en lo condicionado lo incondicionado, lo que no tiene ningún sentido. Para
hacer eso desde luego mejor es callar. "Lo Absoluto incondicionado es
silencio" dice Sankara en los Brahma Sutras . Estamos haciendo alusión a
un estado inexpresable y afirmamos, a favor de tantos textos con esta misma
pretensión, que conviene y se ha hecho y se hará una ciencia de lo impensable,
construída claro está de pensamientos. Esta clase de ciencia de la que es un
ejemplo la metafísica advaita hindú y tambien la actual psicología
transpersonal, apunta a la realidad que es origen y fin de todo pensar
condicionado. Pero sólo la evoca y favorece su intuición. Mientras Aquello, lo
Absoluto, Brahman, permanecerá desconocido por su misma naturaleza
incondicionada, tras las representaciones pensadas. Lo que se debería evitar es
pedir a esa ciencia metafísica pruebas sensoriales de lo que sobrepasa los
sentidos e incluso pruebas lógicas de lo que ha trascendido la razón. René
Guenon dijo hablando en la Sorbona sobre esta metafísica vivencial: "¿Qué
pruebas pueden darse? Es verdaderamente extraño que se pida probar un
conocimiento en vez de intentar darse cuenta de él por sí mismo, haciendo el
trabajo necesario para adquirirlo. Para aquél que posee este conocimiento ¿que
interés y que valor pueden tener todas estas discusiones?" . ¿Cual es el
ser que una vez conocido todo se conoce? Pregunta una y otra vez el discípulo
al sabio maestro en los Upanisad. Le pregunta por un estado, fin supremo, aunque
toda meta pertenece al tiempo. En realidad se pregunta por el fin de la
relatividad existencial. "El fin supremo, dice Guénon en la misma ocasión,
es el estado absolutamente incondicionado liberado de toda limitación. Por esta
misma razón es totalmente inexpresable y todo lo que puede decirse de él no se
traduce más que en términos de forma negativa: negación de los límites que
determinan y definen toda existencia en su relatividad. La obtención de este
estado es lo que la doctrina hindú denomina "mukti" "liberación"
cuando la considera en relación con el "Principio Supremo" . Como
estado de conciencia no es un estado más relativo al modo de conocer sino el
natural en el que la conciencia no se aliena, no es conciencia de algo sino
conciencia en sí.
3. EL ESTADO DE CONCIENCIA
DESCONOCIDO.
La
experiencia fundamental está representada en el pensamiento religioso y filosófico
en todas las tradiciones de diversa maneras. A pesar de que una doctrina
religiosa no se suele reconocer en otra, es fácil comprender que en el origen
de todas ellas siempre se ha dado una apertura de la mente contemplativa hacia
lo desconocido. Lo que se considera en todos los casos sagrado es una objetivación
de aquél estado sin objeto. Y lo llamamos desconocido no sólo porque no se ha
conocido todavía sino porque es incognoscible. No es algo conocido por un
sujeto. La metafísica advaita es la única que ha sido construída directamente
desde esa inspiración de la unidad trascendente e inmanente a lo conocido. Y la
ha colocado como realidad de realidades, realidad absoluta, a partir de la cual
las realidades conocidas físicas, sentimentales y racionales son proyecciones
de una visión limitada. En occidente no se ha llegado aún a tal reconocimiento
metafísico. Podríamos desde luego señalar anécdotas entre nuestros filósofos
que apuntan a este intento tantas veces insuficiente. Nos limitaremos aquí a
recordar aquella de la escolástica por ser a mi parecer de las más
sorprendentes ... Tomás de Aquino, al final de su vida y despues de haber
escrito la monumental obra de la "Suma Teológica" en la que se ha
fundado por siglos la filosofía católica, dijo un día: "Todo lo que he
escrito es como paja comparado con lo que he visto y se me ha revelado" .
Sucedió un año antes de su muerte, tras vivir un estado iluminado. Es natural
que dijera esto ya que es del conocimiento común de cuantos hemos vivido
estados transracionales que se produce un descubrimiento de unidad tan directo e
inmediato que no admite dudas ni comparación con el conocer dual. Es una
realidad digamos "ontonoética", donde el darse cuenta de lo real
coincide con la realidad misma. Y ese trascendente estado no implica separación
o alejamiento de las experiencias duales del sentir y el pensar, las cuales
quedan integradas allí, como momentos limitados relativos de la realidad
ilimitada,absoluta. Poco interés encuentro en la comprobación del nuevo estado
por pruebas sensoriales,cuando se constatan ondas inusuales en el cerebro con
ayuda del encefalograma. Tampoco las demostraciones racionales ayudan a quien no
lo intuyó con anterioridad a ellas. Con el pensamiento se pueden entender y la
persona puede adherirse a una u otra doctrina con más o menos entusiasmo o
rechazarla de igual manera. Y eso es lo que se ha hecho siempre. Sin embargo
nada sucede cuando se afirman o se niegan conceptos. El sueño del pensar continúa
y continúa tambien la incomprensión sobre la existencia. El pensamiento es
mera repetición de fórmulas acuñadas a la sombra de la luz. Porque la
colocación de la conciencia de espaldas a la luz produce sombras, las del
conocer entre los opuestos, la realidad dual. Y el giro hacia la luz es la
contemplación, ese estado desconocido.
La
realidad conocida, la empírica y conceptual es relativa ¿quien lo duda ya?
Pero eso no significa, como puede parecer, que haya relación entre realidades
en sí. Todo es relativo quiere decir, según constatación de la nueva física,
que no hay más que relaciones sin entidades reales que relacionar. Se ha
comparado esta situación a la de una danza sin bailarines. El final de la
investigación sobre la imaginada materia física es una estructura matemática,
pensada. Detrás de las categorías formales y conceptuales, nada queda.
"Todo esto es "maya", dicen los advaitines. Lo que quiere decir
que sólo es medida y por ello irreal. Todo es relación de relaciones diremos
con los físicos actuales. ¿Donde está la realidad última originaria y
fundamentante? Por la teoría de la relatividad desde Einstein hemos de aceptar
que solo podemos captar relaciones al conocer. Desde las conclusiones de la física
cuántica sabemos ya que sólo observamos probabilidades en ese tipo de
conocimiento. Las ecuaciones matemáticas con las que funciona la ciencia física
no copian la realidad, como puede parecernos, sólo indican una manera de verla
entre otras desconocidas. Se trata de una visión limitada que por su misma
limitación apunta a la posibilidad de un descubrimiento esclarecedor donde
integrarse. Y es ahí donde la visión advaita puede ser pionera atemporal de un
camino metafísico nuevo para el pensar científico y metafísico de occidente:
el de la penetración en la conciencia misma del que investiga. Según esto la
única transformación real es la que se produce en la conciencia con una nueva
visión. Aunque se debería utilizar la palabra "transustanciar" en
lugar de transformar, ya que el pasar a ese nuevo estado no es un simple cambio
de forma. La conciencia humana es lo único que podemos constatar. Somos
conscientes de algo. El "algo" queda indeterminado, dependiente
siempre de nuestra manera de conocer. Pero el ser consciente, la conciencia en sí,
se mantiene como lo único real incuestionable. Y no hay cuestión de ello
porque se trata de una constatación directa. Ser, es ser consciente. Luego
vendrán los objetos que aparecen en ese concienciar en relación siempre al
estado de conciencia o al lugar desde donde la luz de la conciencia vé. ¿Lla-
maremos conciencia al sustrato, a lo real originario? ¿Al descubrir esto
daremos por terminada la ciencia, o por el contrario la abriremos con el nombre
de metafísica, u otro, a una visión más total? ¿La "episteme"
compuesta de pensamientos, formas, es la única ciencia, o habrá otra cuya ascésis
dialéctica, en terminología platónica, esté abierta al conocer totalizador,
"gnosis" de la sabiduría? La primera clase de ciencia busca explicar
"lo que existe", lo que está fuera, los objetos de la
conciencia.Mientras una ciencia gnóstica como la advaita se encamina a "lo
que es", a lo real "sat", como vemos en los diálogos entre
maestro y discípulo de los Upanisad.Para constatar "lo que existe" en
las coordinadas espacio-temporales, se requiere análisis empírico, objetivo y
lógico. Para tomar conciencia de "lo que es", como explican los
textos "advaita" se requiere "vairagya", desapego de las
formas sensoriales y pensadas y "viveka" discernimiento, visión
directa de la inteligencia. La filosofía,"darsana", sólo tiene
sentido en este tipo de ciencia como un camino hacia la unidad de conciencia
"yoga". En otro lugar dije: "La conciencia no debe ser estudiada
como un objeto más de la propia conciencia. La conciencia es el camino. Sólo
descubre mientras se transforma cuando va más allá de los objetos o formas
concienciadas. Por eso no es posible conocer la verdad pero si es posible
vivirla".
4. LA NUEVA CIENCIA METAFISICA
Los
límites de la investigación filosófica radican, como vemos, en la incapacidad
de la razón representativa. Pero se abre una investigación ilimitada en una
metafísica que tome como punto de partida y fundamento el estado de unidad de
conciencia, aquél al que los advaitines y muchos de nosotros consideramos lo único
real, por ser lo único incondicionado. No llegamos a esta conclusión por un
acuerdo objetivo, porque no hay en aquello ningún objeto pensado al que hacer
referencia, sino por una coincidencia intersubjetiva primero y transubjetiva
despues. Es una experiencia sin objetividad en la que el sujeto al dejar la
relación dependiente al objeto deja de ser sujeto. Allí se produce la "coincidentia
opositorum" que no cabe en la lógica aristotélica o cartesiana, válida sólo
para acuerdos del pensamiento. Hegel, sin salir del pensar, intentó una
explicación de esta "coincidentia" por el método dialéctico. Y con
ello creyó estar construyendo el último sistema de metafísica. Pero la metafísica,
al menos la vocación siempre viva del investigador sincero,se interesa por la
realidad y no se detiene en conceptos. La unidad de los opuestos se descubre en
el estado lúcido o despierto al que aluden los Upanisad, Gaudapada o Sankara. Y
el estado de vigilia visto desde aquél, no es sino un aspecto, una fragmentada
visión en la que la conciencia se identifica con su proyección. La nueva metafísica,
consciente de esta posibilidad no tendrá su fundamento en el estado de vigilia,
relativo y temporal, sino en aquél absoluto, atemporal que se encuentra más
allá de los opuestos. Recordemos una referencia del Isa Upanisad a lo Absoluto,
a Brahman, desde la ruptura de la dualidad del pensar: "Aquél se mueve y
no se mueve, está lejano y a la vez próximo, se encuentra dentro de todo y al
mismo tiempo fuera". Con estas palabras se apela a la intuición del estado
en el que los opuestos coinciden, y la relatividad del conocer desemboca en la
evidencia de Aquella presencia de lo real. Una metafísica que no supere las
oposiciones del pensar a través de la contemplación unificadora, es vacía
teoría, ingeniosa relación entre observador y observado. ¿Qué valor pueden
tener esa clase de teorías metafísicas una vez descubierto que el observador y
lo observado no son dos sino una sola proyección de la luz de la conciencia?
Cuando se descubre esto es el momento, de mirar hacia una nueva ciencia que
utilice las verdades descubiertas en la conciencia del que investiga. El camino
es el contemplar. Y estamos viendo que es imposible un contemplar subjetivo,
privado, aunque así parezca cuando pensamos sobre ello. Contemplando
presenciamos la desaparición de esa separación. La identidad que creíamos
encerrada en un recinto particular mental se amplía entonces hasta el infinito.
Y aunque este estado sobrepasa, como hemos visto, los moldes del pensamiento
representativo, la metafísica que surge de él, la advaita y aquella otra
futura, a la que esta abre paso, son conocimiento filosófico y científico.
Filosófico porque estudia lo que trasciende el ámbito empírico basado en los
sentidos y científico porque a pesar de ello se produce una constatación que
trasciende no sólo lo objetivo sino tambien lo subjetivo. En nuestra tradición
el descubrimiento de la conciencia de quienes tuvieron vocación para ello nunca
fué fundamento directo de una metafísica. Podríamos citar, desde luego, muchísimas
intuiciones y referencias a esa aventura existencial entre filósofos, sin
olvidar a Heidegger. Pero nos limitaremos a recordar aquí lo que un científico
dijo al respecto. Quizá sus palabras puedan contribuir a deshacer esa barrera
artificial que en occidente se ha creado entre los descubrimientos científicos
y los llamados místicos. Amaury de Riencourt, cita esta frase de Einstein que
traducimos: "La emoción más bella y profunda que pueda conocerse es la
que siente el místico. Es la esencia de todo arte y de toda ciencia verdadera.
Aquél a quien esta emoción parezca extraña, el que no pueda sobrecogerse o
sentir entusiasmo o admiración, está virtualmente muerto. Saber que existe en
verdad lo que es impenetrable es la más elevada sabiduría y la belleza más
esclarecedora que nuestras pobres facultades sólo pueden captar en sus formas más
rudimentarias. Ese saber y ese sentir es el centro de la verdadera vida
religiosa" . La mística, sin poder liberarse de la religión convencional
no ha tenido una clara exposición filosófica. Además el camino recorrido por
los místicos en este sentido fué hecho desde el amor más que desde la
iluminación. Aunque encontramos expresiones de gran lucidez en las obras del
Maestro Eckhart , e importantes indicaciones prácticas en Teresa de Avila, en
la literatura mística tiene el sello, en occidente, del arte y la poesía. No
es así en la tradición vedanta advaita. Allí se pone de manifiesto una verdad
que trás haber comprendido lo relativo del conocer y por ello de toda la
realidad percibida e interpretada, vuelve los pasos sobre sí y contempla el
origen de la objetividad. Para nosotros es llamada desde el origen de todo
conocimiento, llamada reconocida y anunciada por una investigación clara que
desemboca en inspiración. Sólo al responder a esta llamada del Ser, como
insinuara Heidegger, y efectuar ese giro, esa "metanoia" o cambio de
identidad en lo noético puede hablarse con verdad de lo real tras las
apariencias. Sólo entonces la metafísica puede referirse a la lucidez del
concienciar antes de alienarse como "conciencia de algo". Pero eso no
significa que ante la incompresión de los que siguen girando en el universo
pensado, erizado en la oposición de los contrarios, haya que renunciar a la
expresión de lo ilimitado, de lo absoluto. Ningún beneficio habría en tal
actitud recelosa. Por el contrario la serena evidencia de lo real es liberadora
para el que la expresa y para el que recibe comprensivo esa expresión, porque
una intuición de lo que no aparece pero Es, siempre es posible. Por eso... dice
un físico nuclear : "son numerosos los científicos que se toman en serio
y conscientemente la dimensión filosófica y espiritual de sus trabajos y que
no se esconden para hablar de ello abiertamente" Cierto que aquél que
contempla la verdad no-dual, allende el pensamiento, pierde interés por el modo
establecido de comunicación filosófica a base de demostraciones lógicas para
convencer de algo con recurso constante a la autoridad cultural. Y cansados como
estamos muchos investigadores occidentales de los vericuetos del pensamiento que
promete una evidencia nunca alcanzada, quizá pueda parecer un alivio olvidarse
de la vocación metafísica. Hay tantos objetos en que pensar. ¿Qué interés
puede haber en dedicarse a Aquél no-objeto, a Aquello que evade todo análisis
y determinación y no presenta ninguna característica utilizable para algo? A
pesar de ello, ante aquellos cuya vocación por la verdad última no puede ser
sustituída por nada, se abre un camino, la vía única, la puerta estrecha y a
la vez ilimitada de la contemplación. Y ahí están los textos advaita, bella
explicación de lo inexplicable, airosa aventura que bordea los límites del
conocer con una lógica paradógica que integra los contrarios. La ciencia de lo
infinito, lo Absoluto, Brahman, idéntico al Ser del hombre, como afirma la
metafísica advaita, está abierta a la comprobación en la conciencia. Se
presenta como un reto, límite de la identidad humana que oscila entre lo finito
y lo infinito. Y es la posibilidad de una nueva metafísica emancipada por la
toma de conciencia de los presupuestos pensados del pasado. Y será una
investigación válida para investigadores occidentales cansados ya de vagas
intuiciones sostenidas por sistemas enfrentados al principio de no-contradicción.
Las ciencias experimentales tienen objetos definidos, objetos que aparecen en la
conciencia como relaciones estructuradas condicionadas a la experiencia empírica
y al método lógico. Y se pueden comprobar las verdades relativas a las que
arriba cada ciencia, siguiendo el proceso que en ellas se explica. Así es
tambien para la ciencia sin objeto de conciencia definible, aquella no-dual que
trasciende la objetividad a la vez que lo subjetivo. Y una comprobación que
deshace en el silencio del contemplar la dualidad de lo conocido por un
conocedor, es sin embargo científica porque es verificable. La verificación
total se produce en aquél nuevo estado de conciencia, el estado iluminado o
despierto. La ciencia de la conciencia en sí, no precisa prueba sensorial
seguida de la definición del objeto pensado. Aunque utilice referencias a
formas o conceptos no se apoya en ellos. Quizá los presente, consciente de su
papel limitado, desde esa bella sencillez con que se presentan las palabras en
la poesía inspirada. Con la posibilidad de la no-dualidad se divisa el campo
ilimitado de una nueva visión totalizadora.Es la mirada que no escinde
realidades sino que unifica contemplador y contemplado en lo real unitotal,
Brahman, Tao, Conciencia originaria, nirvana. ¿Alguna palabra podría definirla
cuando no hay ningún objeto particular al que pueda referirse? Pero nombrar
esta posibilidad no es comprenderla y sin descubrir el estado al que hace alusión
nunca se comprenderá de veras. ¿Será una realidad mental nacida en los
estrechos compartimentos del pensar?, podría preguntarse alguien. La separación
de los conceptos de mente y materia ha quedado superada por los descubrimientos
físicos en los que los ámbitos subjetivo y objetivo se interrelacionan en la
llamada "singularidad". Si se mantiene esta distinción será únicamente
como proyección de esa realidad singular que trasciende su oposición. Es
cierto que los científicos no suelen hacer referencia explícita a la
conciencia aunque queda implícita en lo que se refiere al problema de medición
de lo observado por el observador a partir de la teoría de indeterminación de
Heisemberg y el principio de probabilidad. Un científico de excepción,
estudioso de las filosofías orientales, Frank Capra, ha dicho sin embargo que
los modelos que los científicos observan en la naturaleza están vinculados a
los procesos de sus mentes, a sus conceptos, pensamientos y valores . Otro científico
tambien excepcional por la amplitud de sus estudios, David Bohm, se refiere a lo
percibido como un modelo de actuación que da realidad a un cierto nivel de
conciencia. Y no sólo señala qué es posible "la exploración de ese
orden a un nivel más profundo más manifiesto", sino que aconseja:
"No debemos estar limitados a la conciencia ordinaria aunque necesitemos
esos niveles en la vida de cada día" . Y otro físico, el canadiense
Bouchart d'Orval dice: "Para conocer la realidad no queda más remedio que
efectuar la experiencia directa, es decir, dejar de creerse un sujeto conocedor
separado del objeto conocido" . Se ha creído conocer la realidad con sólo
darle nombre, decir de ella que es materia, luego energía o quizá un suceso
medido en fórmulas matemáticas. Pero, si no se ha comprobado esa realidad, ¿qué
se adelanta nombrándola? La objetividad compuesta de formas percibidas llamadas
cosas "rupa" y nombres o conceptos pensados que las representan "nama",
tiene por origen al sujeto que se desconoce a sí mismo, que se ha alienado en
la proyección de sí. Sólo el adentrarse en la conciencia, en recogimiento de
la actividad sensorial y pensante, pone de manifiesto este proceso. La realidad
como objeto de conciencia postula un sujeto que la conozca. Pero ese sujeto no
aparece sino objetivado tambien. El sujeto en sí, el sujeto trascendental al
que se referían los filósofos idealistas, no se conoce a sí mismo porque
conocer algo es objetivarlo.Y ¿qué hacer con un sujeto objetivado? Pensando y
sólo pensando sobre ello, parece que el sujeto como conciencia de lo que
aparece, el trascendental, crea la representación objetiva.Y desde esta
explicación del idealismo suelen entender los filósofos occidentales la metafísica
no-dual. Así es como se malinterpretan los textos advaitas. Porque para su
total comprensión implican la vivencia. "La ciencia que no desemboca en
una visión directa e íntima de lo real es siempre una ciencia lamentablemente
tautológica", dice un fisico con vocación de metafísico . Al comprobar
en el silencio contemplativo la disolución de la dualidad del pensamiento, se
descubre que lo real no es objeto ni sujeto, sólo Es. "No lo
entiendo", repetirá una y otra vez la mente pensante en todos nosotros.Y
no bastará con volver a explicarlo.Si la penetración directa del
"intuir" no se produce con la mera alusión, nada puede hacerse.
Incluso quizá fuera mejor en ese caso el no hablar de ello. Se han llenado
demasiados libros y demasiadas mentes con interpretaciones de visiones
fragmentadas de lo real. Investiguemos en la propia conciencia para descubrir lo
que es el proceso del pensar, antes de hablar de la realidad. A ello he dedicado
mi vida y pienso seguir dedicando lo que me reste de ella, ya que el descubrir
la realidad no tiene fin. Los textos advaita son una indicación directa, pero
leyendo la guía turística no se realiza el viaje. Puede que aceptemos o
rechacemos en estos momentos las ideas sobre una metafísica que trasciende el
conocer. Pero en ambos casos, si nos limitamos a eso, nuestra posición será
inoperante por superficial. Comprobarlo es lo definitivo. Y una vez descubierta
la evidencia de la unidad de conciencia, hablemos de lo real, hablemos de metafísica.
Así nuestras palabras abrirán horizontes nuevos. "Hemos creado a Dios
para salvar al universo de la nada, pues lo que no es conciencia y conciencia
eterna, no es nada más que apariencia", afirmó en un momento de inspiración
Miguel de Unamuno . Hemos creado "el concepto de Dios", aclaremos
ahora, porque de la realidad a la que alude nada sabemos. Volvamos la mirada al
estado de conciencia unitotal donde aquél concepto de lo divino tiene su
verdadero origen. Y desentendámonos del origen histórico del símbolo de Dios
que nada aportará a la nueva metafísica. Hagámoslo con una mente
contemplativa. No estamos hablando de reconstruir edificios ideológicos de
nuestra pasada tradición ni de copiar los de otras tradiciones. No es esa la
apertura que la advaita de la India hace a una nueva metafísica. Estamos en las
puertas de una ciencia originaria que reconoce en estados reales, de real acceso
a los seres humanos, los conceptos que los representan. El desconocido Dios no
estará allí en un cielo imaginado espacialmente sino en el silencio de la
conciencia del que lo contempla. Y allí habitará no como huesped apreciado
sino como la realidad misma de ese concienciar. Según esto la palabra metafísica
debería abandonar el "meta" de lejanía y quizá tambien el término
"física" que alude a la ilusión de separación de realidades. Por
cierto una vez que la física ha superado la ilusión de materia separada del
espíritu, o de observador aparte de lo observado, ¿no será ya ella misma
metafísica? Al investigador que se adentre hasta el fondo en su inquirir se le
revelará la verdad más sorprendente: Hay una única realidad se llame como se
llame. Esto fué lo que comprobaron aquellos científicos de la Universidad de
Princeton hace unos diez años. Y fueron llamados gnósticos por dedicarse a la
contemplación interior para encontrar el fundamento de sus descubrimientos físicos
. Porque para descubrir la realidad única que inicia una nueva investigación
metafísica no habrá que situarse más allá de las realidades conocidas
relativas sino más acá en lo íntimo y profundo de la conciencia humana.
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