Las Cuentas del Gran Capitán
Esta historia es con toda probabilidad apócrifa, aunque tiene su punto
Cuentan los cronistas de la época que, además de sus dotes de político eminente,
Fernando el Católico tenía cierta recelosa inclinación por el control de los
gastos.
Así, una vez le pidió a don Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran
Capitán, las cuentas detalladas de los gastos durante las victoriosas campañas
de Italia que culminaron con la conquista del reino de Nápoles.
Don Gonzalo, dueño de un gran sentido del humor pero al mismo tiempo, molesto
por lo que consideraba una mezquindad después de haber conquistado un reino para
su soberano, respondió al rey con las famosas "cuentas", exorbitantes e
irónicas, que la leyenda se encargó de magnificar, en la que figuraban conceptos
tan variados como extraños.
De manera que, una vez llegado al país, don Gonzalo se encargó de confeccionar
una lista semejante a esta:
Por picos, palas y
azadones, cien millones de ducados...
Por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento
cincuenta mil ducados...
Por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla,
doscientos millones de ducados...
Por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria,
ciento setenta mil ducados...
Y,
finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a
quien he regalado un reino, cien millones de ducados...
Ciertas o no, estas cuentas del Gran Capitán corrieron de boca en boca y
llegaron a nuestros días como expresión irónica de toda justificación de gastos
desorbitados, incoherentes y arbitrarios.