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La
pluma firme de Norberto James
María del Carmen Prosdocimi
Rivera4914@aol.com
Hay poemas que se retienen fácilmente y vuelven una y otra vez. Decir
Hay un país en el mundo es evocar a Pedro Mir aunque existan composiciones
como Amén de mariposas. Hablar de La rosa inmarcesible o de Los caballos de
Suro vienen volando por el aire, es bailar el merengue de Mieses Burgos; El
útero de luz es Máximo Avilés Blonda, los huéspedes secretos o el compadre
Mon es Manuel del Cabral y el Son de la caña es Freddy Gatón Arce. Sirva
esta introducción a La tierra sublevada y Los inmigrantes de Norberto
James.
Autor de una obra relativamente breve, luego de sus poemas sobre la problemática
del trabajador que llega de otras islas del Caribe y permanece y tiene una
familia que hace suya las dos culturas, era para él un desafío seguir
publicando entre obligaciones académicas y un doctorado sobre novela
dominicana y otras investigaciones.
Norberto James comenzó con Sobre la marcha (1969) y La provincia
sublevada (1972). Miembro del grupo La Isla, premiado en el Concurso
Literatura del Movimiento Cultural universitario, se graduó en Filosofía
con especialización en Lengua y Literatura Hispanoamericana. En el presente
volumen reune los textos mencionados, su tesis de doctorado, Vivir y
Lecciones para una ausencia (1999) y Urdimbre del silencio, primera Mención
de Honor del II Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén.
Sobre la marcha es un poemario casi sin notas de color, precedido por la
tristeza, la primera persona plural afirmaba que nadie echaría de menos el
rumbo de las mariposas. Su característica era el tono contenido tanto en
poemas breves como en composiciones más largas en una poesía más de afectos
que amorosa. El poeta, unido a su sangre, era el representante de una
marcha que se transformaba en canto. El decir directo, ahondaba en lo
coloquial, en la realidad de un paisaje con techo de zinc agujerado, las
paredes de madera vieja, la tristeza de una generación irrenunciable en un
mundo signado por el desarraigo.
Este canto colectivo se continuará en La provincia sublevada, donde aúna
exilio con cárceles solitarias, las paredes que la guerra de Abril llena de
balas y sangre con el canto de una generación que admira al Che y se
reconoce en los ancestros. De ahí el ubi sunt (las preguntas que interrogan
sobre el ayer, el dónde está), el tiempo dorado que queda en el sonido del
apellido adulterado y la enumeración de profesiones en la familia junto a
los viejos tambores de los antepasados.
Esta visión del amor como fraternidad aúna también las manos lavanderas,
la heredad, el cañaveral con sus altas columnas de garzas, la ausencia de
libros, la Biblia abierta o el dejo en el cantar heredado del padre. En
vivir hallamos poemas que parecen provenir del texto anterior.
El poeta se mueve entre París y La Habana en metros adelgazados hasta el
Haiku (composiciones orientales), como bandada, en su historia y lo
recuperable del pasado. Véase en No sé quien sea, la ausencia de historia
individual reemplazada por la de abril y una afirmación casi idéntica en
"Historia propia", en Lecciones para una ausencia. Las
composiciones aluden de una forma directa y depurada tanto a la denuncia
como al origen en un paisaje salino e insular que luego será el de la lucha
en República Dominicana, Newark, Harlem o Biafra. En Lecciones para una
ausencia la presencia femenina es más marcada junto a la luz y el color así
como la memoria un leit motiv al que se refiere en las tres citas de
Urdimbre del silencio, en especial, La memoria de la tierra. Varios poemas
en prosa, Retrato y Genealogía, retoman el tema, condensado a veces en una
palabra como los manatíes de "Estas aguas". Se afirma el lugar
donde se conforma el valor de la vida, la isla, las empinadas chichiguas,
el aroma del cundiamor o la ciudad.
Antes hablamos del aliento contenido, asordinado, ahora el tono
despliega un clasicismo notorio en el uso del orden de los enunciados:
"La mano que a tu puerta toca/no es aquella del agua de los
espejos" o "Del furtivo amor que entre vencidas hojas yace",
así como el empleo del adjetivo anticipado como un epíteto de la
naturaleza: "los arrogantes limos, el discreto monólogo" y
nuevamente el ubi sunt como en Los inmigrantes. El poema más breve se halla
más enraizado al origen.
Al principio todo fue foráneo, ajeno "hasta alcanzar la anochecida
neblina del Bois Caiman", en una alusión directa a los hechos que
dieron origen a la revolución de los esclavos en Haití. Dividido en tres
tiempos, la llegada y el refugio culmina con la metamorfosis simbólica de
la naturaleza: "Ahora, árboles somos/de repartidas raíces, aquí,
allá/y todo nos pertenece".
El paisaje está enriquecido
por formas más elaboradas: "La noche desanda/el oscuro viento del sur
o/En su propia sal anclado/el aire espanta los pájaros mudos/de las
sombras", se enriquece con colores, el aire es verde, el resplandor
morado, hay una miel de luz que lo habita, se posee a través del poder de
la mirada: "Míos son estos pájaros, estas tierras".
El Siglo, 20 de agosto 2000
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