Miguel D. Mena: poemas esenciales de la dominicanidad.

LETRAS DOMINICANAS.

Poemas esenciales sobre la dominicanidad del siglo XX.

Miguel D. Mena

 

Se podrá escribir sin necesidad de territorios inmediatos, con esa levedad que da la gracia de la ingravidez, la ligereza del vértigo, alcanzando así la transversalidad de los tiempos. Los malditos y los surrealistas franceses son un simple botón de muestra.

Pero también están los otros, los que intentando alcanzar estas daciones universales lo hacen desde un principio espacial, histórico. Al ser se le siente con la misma intensidad que una despedida o la llegada de la mejor carta.

Enlazar el siglo dominicano en su poética, advertir los latidos que la han estado constituyendo en su imaginario, sus sentires, es dejarse llevar de la mano de estos (estas)  poetas.

Aquí estan los (mis) preferidos de la insularidad. Sospecharán de la (mi) imparcialidad, e incluso de sus (mis) imperfecciones. Quizás por eso sean once en vez de los obligatorios -cuando no tradicionales diez. Pero bueno, ahí nos vemos.

Y con ustedes... ellos:

1.     "Compadre Mon" de Manuel del Cabral: Es el tránsito de la disgregación rural a la búsqueda de un centro. El niño ve, azorado, cómo los patriarcas se difuminan en una infancia de la que el niño no querrá nunca salir.

2.     "Yelidá" de Tomás Hernández Franco: Los mitos insulares apelan a la mitología escandinava. Escrita cuando el sicoanálisis comenzaba a dar sus frutos tropicales, es la constatación de la fuerza telúrica que nos conforma.

3.     "Vlía" de Freddy Gatón Arce: es todo un compendio proto-existencialista donde la teluridad nos mete en lo hondo de lo que pudimos ser.

4.     "Hay un país en el mundo" de Pedro Mir: Es el país de los sueños industriales luego del golpe de la Danza de los millones en el 30. Es el principio de la esperanza puesto en la mano obrera, en el ethos que la Isla todavía contiene, en la fuerza que es su fuerte...

5.     "El Pueblo y la Sangre"(1964) de Juan Sánchez Lamouth: Caída la tragedia del trujillato, la dictadura del "ello", el poeta constata los destrozos del alma. A la grandilocuencia de la Era le sucede el canto whitmaniano a las cercanías, la ternura de lo anónimo.

6.     "Permanencia del llanto" (1965) de Jacques Viau: Estamos en los alrededores de la guerra de abril y nos damos cuenta de que los dolores y el miedo estructuran hasta los huesos. Dominicano como el que mas, este haitiano nos da cuenta de un sentir tran-insular.

7.     "El Viento Frío"(1968) de René del Risco: Santo Domingo es la historia, la Isla, la época, un proscenio por donde todo acontece y en el que el poeta se deja ir a veces para constatar por ahora lo filoso de sus vidrios rotos, fríos todos, sin un regreso necesariamente feliz.

8.     "Sobre la Marcha" (1969) de Norberto James: Comprensión de las territorialidades insulares, que no se agotan en la capital o Santiago, sino que están ahí, en lo cocolo, en las esperanzas, en todo aquello que nos marca aunque queramos ver siempre otros rostros.

9.     "Un extraño ulular traía el viento" de Chiqui Vicioso: La Isla es también el Caribe, el mito no es lo que nos cuentan sino nuestros deseos puestos en ese Deux et Machina que bien puede ser un río, el color de algo, cierta predestinación, lo explicable por el amor.

10. "20 Century (aún sin título en español)" (1982) de Martha Rivera: Epos por excelencia de la modernidad dominicana, el desencanto ante las fanfarrias, las ganas de asumirse sin tener que ser pez muerto, la búsqueda de una historicidad es la onda.

11. "Herrera o Herrumbre"(1982) de Maricarmen Vicente: El óxido es ese color pero también la sensación de ser parte de algo que no se mueve, un infierno del Bosco a golpe de tambora y sin que nadie se de por aludido aunque todo mundo baile.

12.  "Estos días iguales" (1985) de Amable López Meléndez. El viaje ha concluido con la pérdida emocional del último centro del mito, El Conde. Ahora buscamos el maniquí que no se incendia mientras la mayoría sigue tratando de acabar con Judas a las diez.

 

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