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Una mujer está sola. Sola con
su estatura.
Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche
sin perder la esperanza.
Piensa que está en el bajel almirante
Con la luz más triste de la creación.
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte
en fuga acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola. Sujetando con sueños sus sueños,
Los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.
Seria y callada frente al mundo que una piedra humana,
Móvil, a la deriva, perdido el sentido
de la palabra propia, de su palabra inútil.
Una mujer está sola. Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto
de la sangre que salta, de la sangre que corre,
de la sangre que gesta o muere de la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje
para vestir su voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola. Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella, del amor, del hombre, de Dios.
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