Uno de los acontecimientos más espectaculares de la segunda guerra mundial en Europa fue la novelesca liberación de Benito Mussolini, quien, tras su caída en Junio de 1943, fue recluido primeramente en la isla de Ponza y luego en el Gran Sasso ( en el macizo montañoso de los Apeninos). Italia bajo el mando del mariscal Badoglio, seguía aparentemente al lado de Alemania y en guerra con los aliados. Siguiendo instrucciones de hitler, el capitán Otto Skorzeny logró liberar al prisionero, empresa difícil y arriesgada que damos a continuación según los relatos que ofrece el libro del primero titulado Misiones secretas (según la traducción de ediciones Destino, Barcelona, 1950). Y el del segundo titulado, Historia de un año.
RELATO DE BENITO MUSSOLINI
En la historia de todos los tiempos y todos los pueblos figuran narraciones de fugas y de liberaciones dramáticas, románticas, a veces rocambolescas; pero la de Mussolini se nos aparece ya como la más audaz, la más romántica y al mismo tiempo la mas "moderna", por los medios empleados y por el estilo. Verdaderamente puede considerársela legendaria.
Mussolini nunca había alimentado esperanzas de ser liberado por Italianos, ni siquiera por fascistas. Que alguno pensara en su liberación, es seguro; que entre los grupos de fascistas mas animosos se trazaran algunos planes, queda fuera de duda; pero nada de esto paso e simple proyecto; por otra parte, los grupos o individuos capaces de intentar su realización estaban estrechamente vigilados y carecían de los medios necesarios que hicieran posible el intento. Desde el primer día, el pensamiento de Mussilini se dirigió al Führer; él lo haría todo por libertarle. El embajador Von Mackensen se dirigió en seguían al rey para solicitar permiso, conforme al deseo del Führer, para visitar a Mussolini; pero su petición fue denegda con esta nota: " su majestad el rey ha hecho presente al mariscal Badoglio el deseo del Führer. Al comunicaros que se encuentra en perfecto estado de salud y su agradecimiento por el trato que se le depara, el mariscal Badoglio lamenta no poder acceder a la petición de permiso para visitarlo, y esto en interés personal de su excelencia Mussolini. Sin embargo, esta dispuesto a hacerle llegar las cartas que su excelencia el embajador estime oportuno enviarle, y transmitiros su respuesta. - 29 de Julio de 1943".
El telegrama de Georing
Dada la situación del gobierno Italiano que "fingía" ser aliado y estaba decidido a "continuar" la guerra, el gobierno de Berlín no podía -con "Pasos" formales, como hubiera podido serlo la petición de una inmediata liberación-comprometer la relaciones entre los dos gobiernos, o anticipar la crisis de estas mismas relaciones. Estaba claro que Berlín dudaba ya del desenvolvimiento y de los objetivos de la política de Badoglio. Pero las relaciones diplomáticas obligaban a esperar que la duda se confirmase en algún hecho preciso. El 29 de Julio nadie se acordó de Mussolini. Solo hubo una excepción: el mariscal de Reich, Hermann Goering, envió al Duce el siguiente telegrama:
" Duce, mi mujer y yo os enviamos en este día nuestros mejore votos. Si las circunstancias me han impedido ir a Roma, como me proponía para ofreceros, junto con mis saludos un busto de Federico el Grande, esto hace que sean aun mas cordiales mis sentimientos de plena solidaridad y fraternal amistad que os expreso en este día. Vuestra obra como hombre de estado permanecerá en la historia de nuestros dos pueblos, que caminan hacia un destino común. Deseo manifestaros que vuestros pensamientos os siguen constantemente. Quiero agradeceros la gentil hospitalidad que me ofrecisteis en otro tiempo y me proclamo una vez más, con fe indestructible, vuestro Georing".
Ya durante su instancia en la isla de la Maddalena, Mussolini había observado algunos movimientos alemanes; éstos tenían una Base utilizable al otro lado del mar, en Palau. Efectivamente, los alemanes habían elaborado un plan, que consistía en tomar tierra con un submarino en apariencia inglés, y con tripulación dotada de uniformes ingleses, recibir de los italianos a Mussiloni y libertarlo. El plan iba a ser puesto en ejecución cuando Mussolino fue trasladado al Gran Sasso.
El sábado por la tarde, 11 de septiembre, una rara atmósfera de incertidumbre y expectación reinaba en el Gran Sasso. Ya se sabia que el gobierno había huido, junto con el rey, del cual se anunciaba la abdicación. Los jefes encargados de la vigilancia de Mussolini parecían disgustados, ante la obligación de ejecutar una tarea particularmente desagradable. Durante la noche del 11 al 12, Mussolini se levanto y escribió una carta al teniente, en la cuál le advertía que los ingleses no le habían de coger vivo. El teniente Faiola, después de Haber retirad de la habitación del Duce todo aquello que fuera metálico y cortante, especialmente cuchillas de afeitar, le repitió:
- Fui hecho prisionero en Tobruk, donde caí gravemente herido, soy testigo de la crueldad británica con los Italianos, y no entregare jamás un italiano a los ingleses - Y lloro de nuevo.
Domingo 12 de septiembre
Durante las primeras horas de la mañana del día 12, la cima del Gran Sasso parecía cubierta de nubes blancuzcas; pero a través de ellas también era posible entrever algunos aviones. Mussolini presentía que aquel día era decisivo para su situación. Hacia el medio día el sol rasgó las nubes y todo el cielo apareció luminoso, con una claridad Septembrina.
Era exactamente la dos de la tarde; Mussolini estaba sentado, con los brazos cruzados, ante la ventana abierta, cuando un aparato se poso a cien metros de distancia del edificio. De el salieron cuatro o cinco hombres vestidos de caqui que inmediatamente emplazaron dos ametralladoras y avanzaron después. Segundos mas tarde otros aparatos tomaron tierra en los alrededores, y los hombres repitieron la misma maniobra. Mas hombres descendieron de nuevos aparatos. Mussolini no pensó ni por un instantes que se tratara de ingleses. Para serles entregado y conducido hasta Salerno no hubiera sido preciso recurrir a tan arriesgada aventura. Se dio la alarma. Carabinieri y agentes se precipitaron fuera del portón del edificio empuñando las armas y desplegando contra los asaltantes. Durante aquel tiempo el tenienta Faiola irrumpió en la habitación del Duce, intimidándole:
- Cerrad la ventana y no os mováis!
Mussolini ni hizo caso; permaneció en la ventana y todavía pudo percibir como otro grupo, aún más nutrido de alemanes, ocupaba el funicular, subía, y desde la plazoleta de llegada se dirigía, compacto y decidido, hacia el hotel. A la cabeza de este grupo marchaba Skorzeny.
Los carabinieri tenían ya las armas apuntadas cuando Mussolini diviso en el grupo de Skorzeny a un oficial italiano, en el que después - cuando estivo mas próximo - reconoció al general Soleti, del cuerpo de metropolitanos.
Entonces la vos de Mussolini se dejo oír en el silencio que precedía el tiroteo que iba a iniciarse:
- ¿Qué hacéis? ¿no veis que viene un general italiano? ¡no disparéis! ¡todo esta en orden!
A la vista del general italiano que venia encabeza con el grupo alemán, bajaron las armas. Las cosas habían sucedido de esta manera.
El general Soleti había sido detenido durante la mañana por el grupo de Skorzeny; no se le dijo nada sobre el motivo ni los objetivos. Le fue quitada la pistola y partió sin conocer su destino. Cuando en el momento del asalto intuyo el motivo, se mostró complacido. Se declaro encantado de haber colaborado con la liberación de Mussolini, y de que, tal ves por su sola presencia, se hubiera evitado un conflicto sangriento. Dijo a Mussolini que no era conveniente volver inmediatamente a Roma, donde se respiraba una atmósfera de "guerra civile" y dio algunas noticias sobre la fuga del gobierno del rey; el capitán Skorzeny dio las gracias al general Soleti, quien rogó le fuera devuelta su pistola; se le devolvió; después pidió que le fuera permitido seguir a Mussolini adondequiera que fuese.
En toda esta rápida sucesión de acontecimientos, Gueli no tomo parte. Solamente se dejo ver al final. Los hombres de Skorzeny, después de haberse apoderado de las ametralladoras colocadas al lo largo de la pureta principal del refugio, subieron en grupo a la habitación de Mussolini. Skorzeny, sudoroso y conmovido, se puso firme y dijo:
- El Führer, que desde que fuisteis capturado ha pensado noches y noches en la forma de libertaros, me encargo esta misión. Con infinitas dificultades, ha seguido día a día vuestras aventuras y vuestras peregrinaciones. Hoy tengo la gran alegría, al liberaros, de haber cumplido de la mejor forma posible la misión que me fue encomendada.
El Duce respondió:
- desde el principio estaba convencido de que el führer me daría esta prueba de amistad. Le doy las gracias por ello, y con el os las doy a vos, capitán Skorzeny, y a vuestros camaradas que han hecho posible mi liberación.
La cigüeña despega
El capitán que piloteaba, muy joven, se presento: gerlach. Antes de subir, Mussolini se devolvió a saludar al grupo de sus antiguos guardianes; parecían atónitos. Algunos estaban sinceramente. A otros les asomaban las lagrimas a los ojos.
El espacio disponible para el despegue de la "cigüeña" era verdaderamente exiguo.
A la mañana siguiente, la acogida en el cuartel general del führer fue simplemente fraternal.
La liberación de Mussolini, por obra de unos valerosos alemanes, suscito en toda Alemania u ola de entusiasmo.
El acontecimiento no tuvo reprecisión parecida en Italia. Eran los días del caos, de la destrucción, del saqueo, de la degradación. Se comenzó negando su certeza: se difundió es rumor de que se trataba de una ficción, que mussolini Había muerto, que había sido entregado a los ingleses, que el discurso de Munich lo pronunció un doble de Mussolini. Estos rumores continuaron circulando muchos meses después: eran la expresión de un deseo.
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