EL
NORDESTE DE SEGOVIA:
UN BREVE COMENTARIO A SUS MINERALES Y A SUS PIEDRAS
Un brevísimo comentario, pues de su geología y de sus piedras hay mucho que decir y escribir.
Con ellas nació mi afición a lo que había de ocupar casi toda mi vida profesional.
El primer contacto “serio” que tuve con las “piedras” procede de mi infancia en Cedillo: Un día que mi padre salió de caza con su amigo Raimundo y anduvieron por Las Rozas y por Carabielas, me trajo unas piedras que parecían conchas y otras redondas con dibujos, que todavía conservo. Eran las valvas de una ostrea y dos equinodermos. Y al preguntar y contestarme, que esas piedras eran animales que habían vivido en el mar, --que entonces cubría todas estas tierras--, y que después de muchísimos años se habían convertido en piedra, mi asombro y mi curiosidad eran tan grandes, que mi padre me llevó al lugar donde aparecían, y pude encontrar yo mismo otras piedras iguales. Tal era mi entusiasmo, que trabajo le costó a mi padre sacarme de allí e interrumpir mi búsqueda. No podía creer que en aquellos montes hubiera podido estar nunca el mar. Mi padre a aquellas piedras las llamaba “fósiles”. Desde aquel día, mi interés por todo lo que tuviera que ver con las piedras, y sobre todo con los fósiles y con los minerales, no decayó nunca, lo que me hizo decidir mi profesión.
Por ella he recorrido infinidad de veces los caminos de esta tierra, mi tierra, estudiando sus piedras, sus minerales y sus variados estratos, cuya antigüedad oscila entre la de los que se están formando ahora y la de los que se formaron centenares de millones de años atrás.
En estos recorridos he visto y estudiado muchos minerales, algunos de interés industrial, como las sepiolitas-paligorsquitas de Pajarejos-Bercimuel-Campo de San Pedro, de recientísima formación en lagos o lagunas ya desaparecidos. Casi de “ayer” geológicamente hablando, y que son objeto de explotación minera como absorbentes, en una planta industrial de Maderuelo.
De origen algo más antiguo, del Terciario Superior, es decir, de "antes de ayer”, son las arcillas generalmente rojas, que hace milenios los pobladores de estas tierras utilizaban para sus rudimentarias cerámicas, y continúan hoy siendo el material de que se sirven otras cerámicas: Las tejerías y las fábricas de ladrillos.
Algo anteriores en la Geología, son los “sílex” de Valdevarnés y Maderuelo, que los “trilleros” de Cantalejo venían a buscar para abastecerse del “pedernal” que necesitaban sus trillos, y los molineros para guarnecer las piedras de sus molinos. Los mismos “silex” con los que los hombres del Paleolítico elaboraban sus armas y sus útiles de trabajo –hachas, rascadores, cuchillos y puntas para sus lanzas y sus flechas--...
Y contemporáneas de los “silex”, las bancadas de blancas calizas pontienses que también aparecen en Maderuelo y en otros muchos sitios, fáciles de labrar, que junto con otras calizas de la zona, más antiguas, más duras y de un color rojizo, sirvieron en tiempos pasados para construir iglesias y ermitas, murallas, fortalezas y viviendas, y para alimentar hornos de cal, algunos aún calientes.
Hoy siguen aprovechándose como piedra de construcción. Y ¿quien habrá olvidado “la tierra de jalbegar” de Carabias?. ¿Cómo no recordar a Celestino y a sus dos borricos grises cargados con el blanco “jalbegue”, que iba vendiendo a diez reales la arroba, para blanquear las cocinas, por todos los pueblos del contorno?.
El “jalbegue” es un caolín extraído de “bolsadas”, que aparecen intercaladas en las arenas del “Albense” formación geológica de la que hoy se sacan arenas muy puras de cuarzo en las proximidades de Carabias, que sirven para varias aplicaciones. Recuerdo haberme arrastrado hasta esas “bolsadas”, por unos estrechísimos y profundos pasadizos en los que apenas cabía un cuerpo, que llegaban hasta la bolsada, y por los que con esfuerzo y peligro, sacaban el “jalbegue” en unos pequeños capazos. La falta total de ventilación, agravada porque se alumbraban con velas y candiles, hacían imposible trabajar en verano, pues al ser más fría la temperatura interior, el aire se hacía irrespirable. Quiero recordar que algún “jalbeguero” perdió la vida por esa causa. ¡ Y luego decían que era muy caro el jalbegue a diez reales la arroba!.
“Jalbegue”
viene del latín “exalbicare”, blanquear.
Otros minerales que estudiamos fueron los mal llamados “caolines de Villacorta”, que no son caolines, sino un mineral llamado “sericíta”, con interesantes aplicaciones cerámicas.
Y también en Villacorta otro mineral, los óxidos de hierro, muy importantes en el pasado, pues alimentaban pequeñas ferrerías locales, que utilizaban para su metalurgia carbones de encina y roble, dando trabajo a los pequeños molinos de agua que movían los martinetes de forjas artesanas, como la que entre otras, hubo en Santibáñez.
Los minerales de Villacorta, también abastecían a las forjas de Sigüenza y Atienza. Todo esto son viejos tiempos, pero tan interesantes para nuestra historia, que merecen un comentario aparte, además de un estudio profundo. ¿Cuándo empezaron a funcionar estas ferrerías? ¿Fueron los romanos quienes las fundaron, o son anteriores o posteriores?.
La edad de hierro, es un hito importantísimo en la historia. Las “ferrerías” nacen alrededor de las zonas donde asoma el rojo mineral, máxime si además disponen de bosques próximos, con cuya madera pueden obtener el preciado carbón, que mezclado con el óxido hace manar el hierro del horno. Y en toda esta comarca hubo grandes robledas y encinares y carboneros que transformarían la madera en carbón.
Esas ferrerías, dirigidas y manejadas por el “ferrero”, de acuerdo con misteriosas y secretísimas fórmulas impresas en su mente, y que solamente eran transmitidas a sus hijos, o a alguno de sus hijos, fueron desde la más remota antigüedad, centros de poder, de los que dependían, ¡nada menos¡, las armas y la agricultura.
El “ferrero” el “herrero”, un “alquimista” que con ayuda de sus fórmulas mágicas y del fuego, era capaz de transformar las piedras en valiosos y raros metales, imprimiendo en ellos propiedades como la dureza, el temple, la tenacidad, --cosas que solamente él era capaz de conseguir--, tuvo siempre una importancia y un poder casi sobrenaturales y místicos, que le convertían en un ser diferente.
Las varias dinastías de prestigiosos herreros que hubo en nuestra comarca, y de las que, desgraciadamente, van quedando muy pocos, son sin duda, las herederas de sus arcanas tradiciones. El investigar en ellas hasta sus raíces, merece una tesis doctoral.
Aún quedan otros minerales por citar: asociado con los minerales de hierro de Villacorta está la “alunita”, sulfato de aluminio y potasio, el volumen de cuyo yacimiento no ha sido aún suficientemente estudiado, aunque no parece ser importante.
Y el grafito de Santibáñez, que mi querido compañero y amigo D. Fernando Pedrezuela, también segoviano, estudia. Por hoy, basta de piedras.