EL AJUAR DOMÉSTICO.
En 1595 había en nuestra tierra personas que disfrutaban de un alto nivel de vida.
¿Qué cosas podía haber en una casa de nuestra tierra hace cuatrocientos años? La respuesta a esta pregunta nos puede dar muchas pistas sobre cómo vivían nuestros antepasados, y para contestarla vamos a analizar algunos inventarios de los bienes de varias familias de Ayllón y su Tierra en 1595.
En primer lugar, los muebles. Había mesas, bancos, banquetillas, arcas grandes y pequeñas y sillas de diversos tipos.
Casi siempre eran de pino, aunque también se usaba el nogal. No todo el mundo tenía cama, y los colchones debían de ser un auténtico lujo, puesto que sólo se mencionan en dos casas, una de un importante ganadero de Alquité y la otra de un herrero ayllonés que debía ser bastante rico.
Así pues, la mayor parte de la gente dormía en el suelo sobre paja, otros colocarían la paja en la cama y sólo unos pocos disponían de un colchón de lana y su correspondiente cama, que cubrían con una colcha de lino o con un cobertor.
En cambio eran frecuentes las almohadas, casi siempre rellenas de pluma y algunas bordadas, y en ninguna casa faltaban varias mantas, blancas, listadas o de color, generalmente confeccionadas con borra.
Cuando había cama también se mencionan sábanas, de lino, estopa y otros tejidos.
Los manteles también eran un lujo, y no había servilletas.
Abundaban los paños, en algunos casos bordados y con adornos de ganchillo, de donde se deduce que se utilizarían como elemento de decoración. Hay varias referencias a bordados de estilo morisco, lo que probablemente sea resultado de la influencia de los moriscos que vivieron en Ayllón hasta finales del siglo XVI. En cuanto a los manteles, el ganadero de Alquité había comprado en Medina del Campo unos de Alemania, aparte de unos tejidos procedentes de Grecia.
Por estos datos -y otros que no vamos a mencionar- es posible decir que en 1595 había en nuestra tierra personas que disfrutaban de un alto nivel de vida.
En la cocina podía haber cazos y asadores, y lo que no faltaba eran sartenes, siempre de hierro, lo que significa que la carne era una parte esencial de su alimentación. Ahora bien, ¿qué clase de carne? Resultaba impensable matar una gallina, salvo que fuese muy vieja o que hubiera un enfermo o una recién parida, puesto que de la gallina se obtenían huevos, muy apreciados, y pollitos.
El carnero tenía un precio muy elevado, y corderos y corderas se dejaban crecer, aunque sí se podía matar alguna oveja o vaca ya viejas o alguna res que se hubiera accidentado.
Sólo con esto no se explica esa abundancia de sartenes en todas las casas, por lo que hemos de recurrir a la caza; caza, algunas verduras y legumbres formaban la dieta habitual, sin patatas porque todavía no se había generalizado su cultivo ya que procedían de América. También había en la cocina barreños, orzas, cántaros, jarros, calderos y calderas, ollas (algunas hechas en Zamora) y platos de distinto tamaño que, según la riqueza de la casa, eran de tierra (blancos, amarillos o con dibujos) o bien hechos en Talavera, Valencia o Málaga, en ocasiones vidriados. No faltaba alguna cucharreña, un cuchillo y llares, siempre de hierro.
Se completaba el ajuar con una artesa, una masera, cedazos de varillas, harneros y una pala de horno, todo ello necesario para hacer pan, además de un escriño para guardarlo.
En alguna casa había objetos inesperados, como saleros de alabastro o tazas de plata. Lo que no se menciona nunca son vasos, y sólo el ganadero de Alquité disponía de almirez. En ocasiones también aparecen candeleros, un brasero, una ratonera, tenazas y hasta alguna imagen, de papel o pintada sobre tabla.
Por algún lado se colocarían los pellejos para el vino, aguaderas, angarillas, cestas, serones y alforjas, aparte de las herramientas propias de un labrador: rastrillos, hachas, azadones de varios tipos, hoces (de podar y de segar), bieldos horcas, arados, etc. Cuando había rebaño en la casa tenían cardas, peines y tijeras de esquilar. También había un interesante muestrario de ropa de vestir, pero de eso nos ocuparemos en otra ocasión.