No pasa un día en que alguien no me pregunte por la calle quien viste el corazón de Carolina Ferre.
El traje que lo viste es, sin lugar a dudas, de gran diseño,
de una calidad inmejorable y, por supuesto, hecho a medida para
nuestra alteza de la tele.
Porque Carolina es eso: una princesa.
Me refiero al vestido, porque tan cómoda lo lleva que le hace
seguir los pasos de su "creador". De ahí que mucha gente no entienda
el por que de su futura ausencia.
Y es que el amor todo lo puede, supera cualquier dificultad,
salta provincias y países y, si realmente eres consecuente contigo mismo,
puedes hasta dejar de lado toda una carrera.
Carrera que comenzó hace seis años presentando informativos
en Canal 9 (medi ambient y El camp), que continuo con programas
como Guanye qui guanye o Fiebre de domingo noche (Tele 5).
Recuerdo que un buen día la vi aparecer en una fiesta que organizaba
el diseñador Alex Vidal y cuya protagonista de la noche, Maria Palacios,
a su lado parecía una aprendiz de glamour.
Y es que a esta chica de Cocentaina, que comía pipas sin parar en los bancos,
que iba para fotógrafa y que también sabe coser, es un tomo de enciclopedia,
encuadernado en rustico, con tapas de piel repujada y corazón de papel couché.
Aun no ha escrito un libro, pero lo hará, que todavía es muy joven,
porque en su historial quedan muchas hojas por escribir y de temas,
seguramente, insospechados.
Mi columna esta a ella dedicada porque se nos va, y a mí
ya no me va a regalar su proximidad diaria, un codo a codo creativo
que también comparto con mi otra chica, Gemma Juan, y que antes compartí
con el codo de Eduard Fores. Por cierto, con nuevo cambio de look
con aire arrebatador, muy ad hoc.
Ellos han sido mi pequeña familia en la tele, en Canal 9, cara al espectador
(porque detrás hay muy buenos profesionales aunque no se vean, están -,
que hacen posible Tela Marinera).