escritor. poesia y prosa

Soy consciente de que ni mi prosa ni mi verso tienen la calidad requerida para ganar un premio literario, pero si que considero que pueden llegar a resultar entretenidas y  sacar ciertas emociones a flote por parte del lector ocasional. Las hay serias, las hay divertidas y las hay sin orientación definida. Que el amable lector juzgue por si mismo. Pero sed benévolos, ¿vale?.

Caminad de día, que la noche es mia Mi primera vez
Algo se muere en el alma... La ideal
La buena vida Vivir sin aire
La tumba del amante Los sentimientos del papel higiénico
Romanza Un pequeño eclipse
El trovador enamorado El caballo de la muerte

 

CAMINAD DE DIA, QUE LA NOCHE ES MIA

 

El tremendo aumento de actividad en la biomecánica de mi cuerpo me da la pista que necesito: ¡Es sábado noche! Y además, ¡qué noche! La maravillosa Luna llena que decora el negro cielo me da unos ánimos que solo sentimos los hijos de la medianoche cuando contemplamos a la "diosa" en su pleno apogeo.

Deambulo, decidido, a mi zona habitual de diversión. En determinados medios de comunicación la bautizaron como "La ciudad sin ley". ¡Pero que pandilla de exagerados! Son la típica gente obtusa que piensa que la palabra "Joven" es sinónimo de "Delincuente", y que no soportan ver a los jóvenes divertirse. Por supuesto que hay algunos que se desmandan más de lo normal y la arman, pero si te mueves por los llamados bares de viejos, seguro que no pasa una noche en la que no haya discusiones subidas de tono y el habitual borracho molestando a todo el mundo. Pero claro, tienen la disculpa de ser "normales", no como los jóvenes de ahora.

Al asomarme por la primera calle de la zona, la marea humana que aparece ante mí me hace preguntarme si quedará gente en el resto de la ciudad, pues parece que estuvieran todos aquí a la vez. Con cuatro codazos bien colocados me abro paso entre ese grupo que me impedía avanzar. 12 grupos iguales más adelante y ya he llegado a la tasca de reunión. Fuerte meneo a la puerta, vieja conocida, y contemplo que la aglomeración de la calle era un gran espacio abierto, en comparación con las apreturas del interior. ¡Calorcito humano! ¡Me encanta! Con la educación que me caracteriza, estampo al borracho contra la barra, un leve empujonazo hace que los novios de mi izquierda contacten más de lo que ya lo hacían y, tras 20 o 30 pisotones intercambiados, llego a la esquina final, donde se encuentran los demás "buitres" nocturnos. Unos cuantos puñetazos de saludo para ellos y unos cuantos arrechuchones para ellas y ya estoy integrado en el ambiente.

La televisión de la esquina emite el "inevitable" partido de fútbol. No me gusta el fútbol, pero el barrillo entre los hinchas de los distintos equipos y el cómo se pican, ¡Cielos, le va a tirar la cerveza a la tele! No, solo ha sido un amago. ¡¡Betis!!  ¡¡Racing!! ¡¡Alé, Zaragoza, Alé, Alé..!! ¡¡Puto Barça, oe!!. Los cánticos superan el volumen de la música, lo cual tiene su mérito. El que pone los discos esboza una sonrisa de complicidad y pone el himno del Zaragoza. Explosión de gente saltando, el melenas de al lado me refresca con una ducha de su litro de calimocho, lo cual le agradezco de inmediato con un empujoncito que le clava su cara contra la columna del centro. El tío se vuelve y me dice: "Perdona, tronco, toma un trago". Para que luego digan que no hay educación hoy en día.

El eterno partido concluye. Comentarios varios, los ganadores restriegan su victoria en las narices de los derrotados. "¡Que no, que yo no era del Barça!", alegan para que les dejen en paz. Hora de cambiar de aires. Recoger las chupas, previo cambio de agua al canario, y a la P... calle, que esta chicharra no hay quien la aguante. Al asomarte a la calle, los 30 grados de diferencia te refrescan en segundos y al minuto ya hace frío. "¿A donde vamos?" Aquí, allí, acuyá,... Nunca hay decisión inmediata, pero vayamos a donde vayamos, estoy seguro de que va a ser genial, estoy seguro de que estará lleno y estoy seguro de que mañana me arrepentiré de haber dormido tan poco pero, ¡Que diablos! , de algo hay que morirse y de viejo es muy solitario y muy aburrido.

 Un saludo cortés a la fuerza de "orden" público, que como todas las noches de sábado se digna acompañarnos para poder ver en directo cualquier conflicto que pueda haber e intervenir .... cuando ya se haya terminado, recogiendo lo que quede. La masa de la calle ha aumentado proporcionalmente al calor de los bares. Comenzamos el recorrido turístico, con la plena satisfacción que da el estar en terreno conocido y con la plena convicción de que en el siguiente bar , puede haber cualquier cosa ... excepto espacio. Sonrío, mientras comienzo a afilar mis codos. Eso lo conseguiremos enseguida. ¡Así que fueran todos mis problemas!

Carlos Cardesa Roche

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MI PRIMERA VEZ

 

No me lo puedo creer. Después de varios años como Chacho de Zaragoza, por fin he podido venir a la cuna de nuestra peña, Teruel, a ver como se lo montan por estos lares en sus fiestas. La plaza del ayuntamiento es un mosaico de cabezas en continuo movimiento, mientras se espera el pregón. En cuanto sale el alcalde, todo el mundo empieza a pitar y el discurso se pierde en los micrófonos de los medios de difusión. Garrafas vacías comienzan a volar hacia el balcón del ayuntamiento que, a diferencia de Zaragoza, aquí está a tiro. Una impacta en la cámara de la televisión allí colocada. Ahora me explico el porque estaba cubierta de plástico.

Observo a mi lado a una señora mayor con un enorme paraguas en la mano. Miro el cielo y cae un "Manolo" de justicia. ¿Estará majareta la buena señora? Comienzan los vivas del final del discurso y la señora se apresura a abrir su paraguas. Aun la estoy mirando embobado cuando una ducha me cubre por entero. ¿Cómo puede estar lloviendo con un cielo tan despejado? El liquido entra en mi boca y su sabor me da la respuesta. ¡Es vino! Toda la plaza a abierto sus garrafas y las agita sin control hacia todos los lados a la vez. Una autentica lluvia negra cubre a todos los presentes, excepto a la del paraguas, claro.

La marea de gente, como si estuviesen programados, se mueve a la limón hacia la plaza del torico. Mis amigos y yo nos dejamos llevar por los demás y, según me dicen como siempre, llegamos justo cuando ha terminado lo del pañuelo en el torico. Una enorme mancha de harina se extiende en el suelo de un lado de la plaza.

-¿Que ha pasado allí?- pregunto en tono pardillo a un lugareño.

-Han pasado los Marinos- me responde, mirándome como si fuese un marciano.

Eso lo explica todo. Es simplemente el resto de una guerra de harina de la peña mencionada. ¿Cómo no se me habrá ocurrido? Vamos con los de la peña Chachos locales a un bar, El Dorado creo recordar, que allí la cerveza es gratis para los Chachos. Los de Zaragoza estamos incluidos. Trinco una litrona y me apoyo en la pared de enfrente. Grave error. Al intentar separarme compruebo que estoy pegado a ella. La lluvia negra se ha convertido en una maseta pegajosa que te adhiere a todo lo que tocas. Para lavarse, los peñistas locales comienzan una guerra de cerveza. Aparte de ser condenadamente divertido, realmente te libra de la capa de mugre del pregón, aunque la ropa se queda algo tiesa.

Tras varios litros de cerveza, se me apetece cambiar de tercio. Me pido un litro de ponche con naranja, con el que los de la barra entran a matar en mi cartera. Da igual, me apetece cambiar. Echo un trago y salgo a la calle. Me cruzo con Armando y le ofrezco de mi litro.

-Si, si, por supuesto que quiero- me dice mientras coge el litro.

Antes de que me de cuenta, me lo ha capuzado por encima y se va riéndose. Me quedo tan helado que no se ni que decir. ¡Con lo que me había costado! Vuelvo a entrar, me agencio un litro de cerveza y, una vez localizado Armando, le devuelvo la moneda, con una amable sonrisa, eso si. Bueno, si, ya se que la venganza  sabe mejor servida fría, pero a mi me va más en caliente, que le vamos a hacer.

Casi sin darme cuenta, la noche me cae encima y me encuentro en la verbena de la plaza de los Chachos. ¿Cuándo he perdido al resto? Que más da. Me pillo un bocata y me siento en la cuesta, tremendamente concurrida. A mi lado está una chica a la que me presento, como está "mandao". Se llama Inma y es de Valladolid (o ese es el cuento que me cuela) Entablamos una conversación intelectual acorde con las horas y el sitio en el que estamos.

-Pues a mi me parece que el vodka no pega con la naranja.- expone convencida.

-Que si, que es con lo que mejor está- le rebato yo.

-Espera aquí, que voy a por uno y lo comprobamos.- Y se levanta hacia la barra.

Tras ser pisado por la mitad de los amables transeúntes, reaparece asintiendo con la cabeza.

-Pues tenías razón, esto esta de vicio- afirma, mientras se relame.

-¡A mi me lo vas a decir!-

Pasa un colega de Zaragoza y me levanto a saludarle. Tras cruzar cuatro palabras, vuelvo al sitio, pero Inma ha desaparecido. En fin, otra vez será. Me sumerjo en la verbena y ......

Un momento de lucidez me hace ver que voy por la calle en la que está el coche de Luis. Si lo encuentro, podré echarme a dormir, que es lo que más me conviene en estos momentos. Tras recorrer, a duras penas, tres veces la calle arriba y abajo, desisto de encontrarlo y me tumbo encima del capó del coche que tengo al lado. Los brazos de Morfeo me acogen y mi consciencia desaparece. Abro un ojo ante un ruido a mi lado. Mi ojo abierto cree ver a Luis dentro del coche sobre el que me he tumbado. ¡Que casualidad! De todos los coches, he elegido el correcto para echarme a dormir. Una suave patada en la puerta le alerta de mi presencia y al instante me encuentro durmiendo en el asiento. Me despiertan con un zarandeo. Es una amiga de Zaragoza que se ha acercado a saludarnos. Me dice algo que no llego a entender, pero como soy muy educado, le respondo con un bocinazo de mi compañera inseparable, la bocina tamaño familiar que siempre viaja conmigo.

Como ya es de día, vamos a tomar algo de desayuno por ahí. Buscando esto nos encontramos con una verbena que aun dura. Es una plaza con dos arcos de entrada y en lo alto se encuentra un pinchadiscos enloquecido, animando el cotarro como si la noche estuviera empezando. ¿Es que aquí la caña no se acaba nunca? Esto hay que repetirlo al año que viene. a ver si es siempre así.

(Si esto lo lee mi madre, me lo he inventado todo, palabra)

Carlos Cardesa Roche

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ALGO SE MUERE EN EL ALMA...

 

...Cuando un amigo se va. Una frase típica que resulta tristemente cierta cuando te toca comprobarla, como me toco a mi el domingo que volvíamos de Cosuenda. La parada en La Almunia me sirvió para enterarme de que un amigo mío, al que conocía desde hacía 10 años, se había ido por el camino sin retorno.

La primera reacción es de no creértelo, después lo vas medio asimilando, siempre con la duda de que sea posible. Mi tercera fase fue la de pensar: Si me hubiera ido yo ¿que habría dejado detrás? ¿Cuanta gente me habría echado de menos? ¿Que huella he dejado hasta el momento con mi paseo por la vida? Estas reflexiones fueron constantes durante toda la semana siguiente y, lejos de dejarme deprimido, me dieron una grata sorpresa, pues me gustó lo que vi mirando hacia atrás.

Ciertamente, mis logros no saldrán en los libros de historia, ni mis pequeñas aventuras inspirarán ninguna canción, ni se hará una película con mi "maravillosa vida", pero si en estos momentos desapareciese, estoy seguro de que se me echaría de menos en muchos círculos por los que me muevo y me he movido. La cantidad de gente a los que puedo llamar amigos es tan elevada que soy incapaz de recordar el nombre de todos. Se que puede sonar muy prepotente, pero estoy seguro de que hay mucha gente que, de no haber existido un contacto conmigo, no serían como son ahora y eso, realmente eso, es todo lo que quiero dejar cuando algún día me vaya. Huellas en la gente y no en el mundo. Que a muchos se les muera un cachito de alma si yo me voy. Igual que se me ha ido a mi ese cachito que pertenecía a mi amigo Jordi, aunque en mi recuerdo siempre estará vivo y con esa sonrisa amable con la que siempre nos obsequió.

Carlos Cardesa Roche

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LA IDEAL

 

A lo largo de mi vida ya había probado con muchas, pero ninguna llegaba a satisfacerme como yo esperaba. Entonces, un día, la vi.

 Desde el primer momento supe que era ella y solo ella la que siempre había estado buscando. Su aspecto era inmejorable y no podía apartar mi vista de ella. Supe inmediatamente que no podría descansar hasta no tenerla en mi cama, abrazándola con suavidad noche tras noche.

        Tras pequeños intercambios, por fin la tuve en mi casa. Solos los dos, toda la cama preparada para una noche sin igual, me apresuré a poner la funda que había adquirido para protegerla de las fugas líquidas de mi cuerpo. Culminada esta operación y sin más preámbulo, me lancé sobre ella y así comenzó nuestra primera noche juntos, una noche serena, una noche profunda, una noche sin par, solos... mi almohada nueva y yo.

Carlos Cardesa Roche

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LA BUENA VIDA

Sábado por la mañana. Un suave fresquito de cero grados saluda mi aparición en la calle y ganas me dan de dar media vuelta y volverme a la cama. Pero ese espíritu deportivo que me caracteriza (o esa estupidez que me persigue) me hacen seguir el camino que me llevará a la pista de juego. Cuando llego, de mi equipo no hay nadie y ello siembra en mi la duda de si el mensaje telefónico estaría bien recibido. A ver, era sábado, 10’30 en Delicias-1. ¿No sería Delicias-2? ¿No sería a la 1’30 y estoy aquí como un gili...? ¡No! Por allí veo aparecer a alguien de mi equipo.

            Un efusivo saludo con la cabeza, un resoplido de puro frío y un breve resumen de la noche anterior acompañan a todos los que van llegando. Uno viene con unos ojos vidriosos que hacen sospechar que aún le dura la tajada del día anterior, otro directamente confiesa no haber dormido ni una sola hora. Hacemos un recuento de fuerzas y ¡oh, sorpresa!, solo estamos seis. Bueno, hoy al menos tenemos un cambio.

            En este punto, alguien lanza, como disimulando, la pregunta fatídica: “¿A quien le toca ponerse de portero?”. Las reacciones son inmediatas. Yo me puse el último partido, a mí me lo prohíbe mi religión, se me ha muerto el gato y no me veo con fuerzas. Al final, acaba poniéndose el que parece que viene “tajaó”, por aquello de que sea alguien que vea bien la bola, vamos.

            Planteamiento táctico del partido: Salimos cuatro y el portero e intentamos meter algún gol. Todos de acuerdo, las posiciones definidas ¿?, el portero... bueno, en la portería, tapándola algo. Sacamos, primer pase, primera perdida de balón y primer tiro contra nuestra puerta que nuestro portero desvía a fuera con la mirada. Esto promete. Recibo la bola y le hago un pase en profundidad y por elevación a un compañero desmarcado. La pelota se eleva y pasa por encima de los rivales, por encima del compañero, por encima de la valla del fondo del campo y gracias a un enorme árbol detiene su fugaz vuelo en un pase milimetrado. Bueno, se me ha ido un poquito, tampoco hay que exagerar. Recuperamos, la paso a un compañero que se va de un contrario con un espectacular triciclo (normalmente se llamaría bicicleta, pero esto no ha pasado de triciclo), encara la portería, chuta y ... ¡Jo, otra vez contra el mismo árbol! ¿Quién coño ha movido la portería?

            Contraataque del rival, que pilla nuestra defensa en su táctica habitual de un defensa contra tres atacantes. Me lanzo a por el de la pelota con la clara determinación de quedarme o con la pelota o con el jugador. Lanzo una coz a ver que pasa. Digamos que no toco la pelota para nada, pero hombre, tanto como falta no creo que halla sido. El tío aún anda, ¿no? Tras la injusta decisión arbitral, me sitúo en la barrera, protegiendo con las manos las joyas de la familia y rezando para que le dé la bola al que tengo al lado, que con este frío no veas lo que escuece. Tenemos suerte y no nos da a ninguno. Nos acaban de clavar un gol por toda la escuadra. Bueno, lo importante es que no nos ha dado.

            Sacamos de centro y el que recibe decide probara tirar directamente a puerta desde nuestro campo. ¡Uy! Si seguimos dándole a ese árbol, yo creo que lo tiramos. termina la primera parte y solo perdemos uno a cero. ¡Venga, chicos, que los tenemos donde queríamos!

            La segunda parte nos trae el cambio de portero, con lo que el “tajaó” entra en juego. ¡Comienza el espectáculo! En su primera intervención, un bote raro hace que se deje la pelota atrás, aunque por una rara casualidad levanta la pierna hacia atrás y la pelota pasa por encima de su cabeza, acabando otra vez en el pie delantero. La jugada del partido, se queda solo ante el portero, pero como el no se ha dado cuenta de nada, se da la vuelta a buscar la pelota detrás de el. Deducimos que no lo ha hecho a idea, aunque ya podía disimularlo un poco mejor. En otra jugada recibe un pase alto. Salta hacia atrás para intentar una chilena. El salto es precioso, ¿hay algún médico entre el público? ¡Seré tonto, si nosotros no tenemos público! menos mal que hoy teníamos un cambio.

            Gracias a nuestra intensa preparación física, cada vez nos van pillando en más contraataques, lo cual hace que el resultado se normalice. Mira, que ese que se va solo es de los nuestros. se ha tropezado, pero al hacerlo le ha dado a la pelota y el portero no se lo esperaba (ni él ni nadie, vamos) ¡¡¡Gol!!! Venga, ya tenemos uno, esto es remontable. ¿Qué? ¿Qué solo queda un minuto y perdemos seis a uno? Calla, calla, no me quites la ilusión.

            Pitido final, típico saludo al árbitro diciéndole que nos ha tirado el resultado y, a lo que importa: Esas “papas” bravas que nos están llamando desde el bar de enfrente. ¡Que bonito es el deporte!

Carlos Cardesa Roche

 

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VIVIR SIN AIRE

 

             Cuando yo era pequeño, mi abuelo me contaba muchas veces la historia de cuando el y sus amigos estuvieron trabajando plantando el bosque de pinos. Y lo contaba con alegría, con orgullo. Hablaba de aquello como de un trabajo duro, pero que se hacía con ilusión, con la esperanza de que todos esos árboles serían, algún día, una parte importante de cada respiración de sus hijos, de sus nietos ... Madrugaban por la mañana, aparecían en el montecillo con la humedad del amanecer y cavaban, a mano y sin maquinas que aminoren el esfuerzo. Ellos cavaban y luego plantaban. Era pesado, la espalda gritaba al final de la jornada, pero a ninguno parecía importarles, pues se veían parte de algo grande, de un proyecto de futuro que beneficiaría a miles de personas.

Hoy día mi abuelo ya no está para contarme sus historias, ya no está para compartir conmigo sus experiencias y alegrarse de las mías y, por primera vez en mi vida, me alegro de que no esté.

            Hoy me he levantado y el nuevo día me a sorprendido ensordecido con el ruido de las motosierras. No me lo podía creer, pero al final y en contra de toda la población de la ciudad, los cuatro politicuchos con poder de la ciudad habían dado la orden y estaban masacrando el bosque que plantó mi abuelo para mí. Atrás quedan muchos días de movilizaciones en los que los nietos de tantos y tantos abuelos que plantaron ese pinar nos manifestamos de mil formas para dar a entender que no queríamos más coches circulando, más contaminación añadida a cada respiración diaria. Nos gustaba nuestro pinar, ese que se esforzaba admirablemente por depurar algo el asco de aire de esta ciudad.

            Pero eso ya no será posible. El aire será un poco más asqueroso, ya que los que tienen el poder se vuelven sordos a los ruegos de la gente que los ha puesto donde están una vez se les llenan los bolsillos y se les tapan los oídos con ofertas de gente con dinero.

            Al caer la tarde no he podido resistirme y he tenido que ir a verlo en persona. El paisaje ya no era el mío. Ya no era lo que yo recordaba desde niño, ya no era la extensión de árboles perfectamente imperfecta que solo se partía por una pequeña e inevitable carretera. La autopista de desolación era casi tan grande a la vista como la que se abría en mi corazón y no lo pude evitar, ...., lloré. Lloré por dentro, lloré por fuera, lloré de las miles de formas que se puede llorar cuando algo duele de verdad y a mí me dolía mi abuelo. Me habían amputado el mejor y más presente recuerdo que tenía de él y juro por Dios que me alegré de que estuviera muerto y así no viese lo que cuatro desalmados politicuchos habían hecho con el pinar que tanto sudor humano costo.

            Lo peor es que seguramente esos que tan alegremente han dado el decretazo de eliminar el pulmón de la ciudad, estarán metidos en algún grupo o darán dinero a alguno para salvar el bosque de la Amazonia; que si, que también es algo muy loable, pero primero preocúpate de lo que te toca más cerca y luego del mundo, que es algo más grande y menos llevadero.

            Mañana volverán las motosierras y su temible sonido amputará el recuerdo de muchos más abuelos de esta ciudad. Y los nietos no podremos hacer nada más que llorar el recuerdo de sus historias, de sus pasiones, de su pinar.

 

Historia ficticia basada en hechos tristemente reales.

Carlos Cardesa Roche

 

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LA TUMBA DEL AMANTE

 

Ilumina mi soledad

¡Oh, blanca madrugada!

Que tu frío en mi oquedad

limpie mi alma apenada.

 

Se fue el Sol de mi vida

¡Clamen los cielos venganza!

Ella dejó en mi una herida,

desniveló mi balanza.

 

¿Por que tuviste que hacerlo?

Ni esperanza ya me queda.

¿Por que hubiste de romperlo

mi corazón de poeta?

 

Blanca Luna, ya no llores,

sofoca en mi losa tu llanto;

mi tumba no merece flores

por que ella rompió su encanto.

 

Acude a mí, frío viento,

mis escombros esparce al vado;

ella derribó mi cimiento

cuando se marcho de mi lado.

 

No me recordéis con tristeza,

alegría era mi nombre;

reflexionar sobre la belleza

capaz de destruir a un hombre.

 

Y cuando la cigarra cante

y veas pájaros volar,

recuerda que aquí yace un amante

que se dejo traicionar.

Carlos Cardesa Roche

LOS SENTIMIENTOS DEL PAPEL HIGIENICO

 

Suele efectuar sus funciones

donde la espalda pierde su nombre,

sin ejercer distinciones

entre la mujer y el hombre.

 

Cilindro imperfecto y blando,

nunca inspira a un soñador

ni cambiaría de bando,

solo ejerce su labor.

 

Fenómeno innatural y extraño

el que sufre nuestro citado

que nunca llega a vivir un año

y esta cada vez mas delgado.

 

Su corta vida transcurre

de una pared colgado

y cuando a veces se aburre

sueña en si fuera abogado.

 

Siempre vestido de blanco o rosa

les gritaría a los jueces:

"Si no fuera por mi tarea honrosa

iríais cubiertos de heces".

 

Y mientras sueña despistado

han entrado a descargar,

y como ya han terminado

ahora le toca trabajar.

 

Gira el rollo, pierde peso,

y no siente ninguna pena

cuando ríe satisfecho

al tirar de la cadena.

 

Por el desagüe le envían

y allí se lavan las manos

sin saber que la vida expiran

a un rollo con sueños humanos.

Carlos Cardesa Roche

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ROMANZA

 

Busco alegría en tu cara

y tu frío me congela.

Pues tu alma no repara

su libertad de gacela.

 

¿Por que estas triste, princesa,

en esta noche estrellada

en que ninguna nube espesa

deja la Luna ocultada?

 

¿Por que no muestras tus colores

al que te habla desde aquí,

al igual que abren las flores

su belleza para ti?

 

¿Acaso la estrella fugaz

que por el cielo pasea

ha quebrantado la paz

que tu universo desea?

 

¿O es que echas en falta

a ese ardiente caballero

que tu belleza resalta

en su recuerdo guerrero?

 

Pues alégrate, soberana,

que tu dicha grande será;

pues el amanecer de mañana

tu amor te devolverá.

 

La batalla ha terminado

y en tu busca el regresa,

soñando en ser reflejado

en los ojos de su princesa.

 

Asómate y que te vea,

no le hagas esperar;

tu caballero solo desea

tus labios volver a besar.

 

Carlos Cardesa Roche

UN PEQUEÑO ECLIPSE

 

Cierro los ojos

y sueño imposibles.

No existen despojos

ni cosas temibles.

 

El mundo es todo bello,

no alberga ya ningún mal.

La hierba es su cabello

y el mar su piel de cristal.

 

Las montañas son su fuerza,

alberga su cerebro la Luna.

Para que su pensar nada tuerza

la galaxia le mece en su cuna.

 

El Sol es su corazón,

le aporta vida y energía.

Los planetas de la constelación

le aportan la compañía.

 

En un descuido de mi mente

he entreabierto un ojo;

y es bien distinta, realmente,

la imagen que ahora recojo.

 

Al mundo le salen ojeras

y tiene cara de enfermar.

Son desiertos las laderas

y es opaco el cristal del mar.

 

desaparecen las montañas,

la Luna prefiere no mirar.

Y el hombre se inventa patrañas

que todo puedan justificar.

 

Parásitos a su calor

pensamos nada perder.

en el Sol hay un temblor

advirtiendo de su poder.

 

Igual que pulgas voraces

chupamos la sangre al planeta;

que espera seamos capaces

de acabar esta agonía sin meta

 

Carlos Cardesa Roche

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EL TROVADOR ENAMORADO

 

Acercose el galán al balcón,     

en una mano, guitarra; en la otra, escalera;

para entonar su canción

a su amada en primavera.

 

Apoyo la escalera, sin guía,

coincidiendo con una oquedad.

Y cuando por ella subía

llamole la gravedad.

 

La altura no era elevada

mas estaba así escrito,

que en esa noche estrellada

daría el mas de un grito.

 

El desgraciado lacayo

cayose sin dilación,

pernil abierto y a caballo

sobre un solido tablón.

 

Aullido de lobo cansado

escapose de su garganta.

Y a un gato allí situado

el sonido irrita y espanta.

 

Con descontrolados zarpazos

y erizando mucho el lomo,

lo cosió con arañazos

y lo dejo hecho un cromo.

 

Dolorido, mas no rendido,

intento de nuevo la hazaña;

por la escalera suspendido,

trepola como una araña.

 

Pensando solo en su amor

llamola sin voz, trastornado.

Pero en vez de ver a su flor

la suegra es la que ha asomado.

 

El amante su canción

no llevo nunca al final.

Pues la suegra sin mediación

atizole con un orinal.

 

Echose de nuevo el mozo

a surcar fugaz el viento,

y fue a aterrizar al pozo

y a su fondo de cemento.

 

Su amada oyó el jaleo,

rescatolo y cubriolo de gasa.

Después el la mando a paseo

y se volvió para su casa

 

Carlos Cardesa Roche

EL CABALLO DE LA MUERTE

 

En un callejón

poco iluminado,

junto a un portalón

un cuerpo hay tumbado.

 

Es una chiquilla,

quince años apenas;

con una jeringuilla

clavada en sus venas.

 

Caballo adulterado

por su sangre trotó.

A su corazón marginado

el ritmo cortó.

 

Con porquería en el cabello

la encontraron al lucero,

mientras algún camello

contaba su dinero.

 

Victima inocente

de su propia cultura,

de su propia gente

y del negocio basura.

 

Ahora no sufrirá

ya ningún dolor.

Su alma habitará

en un sitio mejor.

 

Carlos Cardesa Roche

 

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