La Fachada de la Basílica
Con la nueva fachada, a pesar de la baja calidad de la piedra empleada, ha ganado mucho en monumentalidad. La fachada es una construcción en forma de retablo, rematada por siete esculturas de santos aragoneses o relacionados con Aragón, a saber: San José de Calasanz, San Vicente de Paul, Santa Engracia, San Valero, San Braulio, Santa Isabel de Aragón, Santiago y San Vicente Mártir. Todos son obras del artista zaragozano Antonio Torres Clavero, excepto S. Vicente de Paul que es de Félix Burriel, también zaragozano.
Situado en el centro geométrico de la fachada, el relieve -retablo de piedra de color blanquecino- y formando parte de ella, se colocó en 1969 la obra de relieve en piedra caliza (8,92 x 4,23 m.) en la que se simboliza la proyección de la Virgen del Pilar en el mundo hispánico, obra del escultor zaragozano Pablo Serrano. Representa la Venida de la Virgen a Santiago, que aparece con los primeros convertidos. Las figuras de los personajes son de gran mérito, y el conjunto muy efectista, debido a los violentos claroscuros que producen sus volúmenes geométricos. El retablo, lamentablemente ennegrecido por las deyecciones de las palomas, es una prueba de la capacidad de la Basílica, en recibir e incorporar los más diversos estilos y tendencias artísticas, siempre que sean de calidad proporcionada a la gran obra que es la Basílica del Pilar, uno de los más destacabas monumentos del arte español y joya primerísima del Barroco en Aragón. La fachada de la Basílica se abre a la plaza construida, sucesivamente por los alcaldes Francisco Caballero y Luis Gómez Laguna. En 1989 se hizo una nueva transformación que dejó la plaza como un inmenso erial de hormigón. Al mismo tiempo se logró mediante torres metálicas, una imponente iluminación del templo que es, ciertamente, lo único verdaderamente positivo en la desgraciada remodelación, que además se llevó por delante, al excavar para construir dos aparcamientos de automóviles, por lo menos dos templos romanos de probada antigüedad.
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