El mundo de B Wilder.Historias

HISTORIAS DE BILLY WILDER.


    A Wilder le gusta contar historias. "Me encanta contar historias cuando consigo que en una mesa grande todos suelten los tenedores para escucharme. Me imaginaba el público del cine de una manera parecida. También los espectadores debían olvidarlo todo escuchando y mirando: soltar los tenedores. Quizás sea ese el único motivo por el que muchas de mis películas empiezan con una historia que llama la atención". Con razón B. Wilder ha sido considerado el maestro de las escenas iniciales.

    Como aperitivo, leed estas tres anécdotas/historias que cuenta Billy Wilder. La primera es la siguiente: en 1.939, después del preestreno de Ninotchka volvían a Hollywood los guionistas (entre los que estaba el propio Wilder) y el director Lubitsch en una gran limusina. Estaban de buen humor, ya que la película había tenido un espléndido recibimiento. Lubitsch leía las tarjetas en las que los espectadores del preestreno habían escrito su opinión de la película. Leía una tras otra y se las iba pasando a sus guionistas. De pronto, mientras leía, empezó a reirse a carcajadas. Jadeando, le entregó a Wilder una tarjeta. Wilder leyó: "Una película muy graciosa. Me he reido tanto que me he meado en la mano de mi novia".

    La segunda es uno de los chistes preferidos de Wilder: En Albany, N. York, un sepulturero manda a su hijo como aprendiz a la empresa de pompas fúnebres más famosa de N. York. En Navidad regresa unos días a su casa y le cuenta a sus padres qué hombre tan formal y sereno es su maestro neoyorkino, cómo sabe resolver cualquier situación. Hace poco -cuenta el hijo para poner un ejemplo- llamaron a mi jefe un domingo desde el Hotel Plaza, diciendo que había tenido lugar un súbito caso doble de muerte, muy delicado. Rápidamente fuimos al hotel, subimos en el ascensor al piso indicado, entramos en la habitación y vimos en la cama a un pareja, unida en la muerte. Y ¡oh espanto! el hombre, aún en la muerte, tenía una enorme erección. Con una gran sangre fría, mi jefe cogió su bastón y derribó la piedra de escándalo, con un golpe certero, ¡así, con este tacto y rapidez, es capaz de actuar!... Lamentablemente comprobamos que habíamos entrado en una habitación equivocada.

    El tercer momento es el siguiente: Es invierno, un oficial austríaco es trasladado a la guarnición de una ciudad cubierta de nieve y allí se enamora de la hija del alcalde, que se llama Annemarie. Una noche el amor no le deja dormir, se viste, y se va a casa del alcalde y, para demostrar a su amada su devoción, mea en la nieve las siguientes palabras: "¡Te quiero Annemarie!". Es decir, él quería escribir eso en la nieve, pero cuando hubo escrito: "¡Te quiero Anne..." se le termina el pipí. Corre al cuartel, despierta a uno de sus soldados, le ordena que se vista y que la acompañe. Se apresura a volver a casa del alcalde, allí le ordena al soldado que se desabroche la bragueta y le ordena: "Aquí, ahora haz pipí y escribe Marie en la nieve". El muchacho se queda rígido, con el órgano en la mano, pero no pasa nada. Finalmente el oficial le grita: "¡Qué pasa!. ¿No sabes mear?". El soldado le contesta: "Mear sí, señor, pero no sé escribir". Wilder contaba este chiste una vez que tuvo que ir al urólogo. A él le pasaba lo contrario que al soldado: escribir sí sabía...


    A continuación os presento algunas de las más divertidas historias y anécdotas (quien sabe si ciertas o no...) que ha contado Billy Wilder. Haz click en la que te interese.














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