Benidorm,
pueblo de marinos
Sus Inicios:
Es Benidorm a la vez una gran ciudad
y un pueblo grande, son dos de sus virtudes. En 1950 tenía únicamente
unos 2700 habitantes, muchos de los cuales pasaban una gran parte del
año trabajando en alta mar, a veces muy lejos de Benidorm.
Aunque se encontró
un yacimiento arqueológico interesante en el Tosal, así
como un poblado Íbero y unas termas romanas en el actual emplazamiento
de Terra Mitica, lo cierto es que, lo que hoy es término municipal
de Benidorm, formaba parte de la Baronía de Polop, situada un
poco más al interior y con un castillo más fácil
de defender que a la Torre de Vigilancia y el Castillo de Benidorm.
Benidorm,
precisamente por la amenaza que suponía tener la Isla a un tiro
de piedra, y en la que se podía atracar, y desde allí
hacer incursiones hacia el litoral con la retaguardia cubierta, no ha
sido hasta los últimos decenios un asentamiento urbano de importancia.
Era muy vulnerable desde el mar, de donde venían los peligros
de piratas y berberiscos. Y era poco habitable en tierra, porque faltaba
el agua de beber y de regar. Buena tierra, pero improductiva por falta
de agua y riego. Y buen mar, pero no tanto para pescar cerca, como para
trabajar emigrando muy lejos. (Subir)
Paradojas de la ciudad:
La paradoja de Benidorm es que no tiene un pasado de pequeño
pueblo de pescadores, ni siquiera ha tenido un auténtico puerto
nunca en su historia, ni tampoco tiene un pasado de auténticos
agricultores, por falta de agua. No deja de ser paradójico el
que en la actualidad haya más vegetación, arbolado y cultivos
en el término municipal de Benidorm que nunca en su historia
anterior. A pesar del crecimiento de la ciudad y de la edificación,
el arbolado ha ido aumentando, cumpliendo el viejo proverbio turco que
dice que urbanizar es plantar árboles (si hay casas, hay agua;
si hay agua, hay árboles). Hay más árboles y se
ha podido urbanizar gracias al embalse de Guadalest, que fue ideado
en la época de Indalecio Prieto, y terminado en los años
cincuenta, con destino a la agricultura aunque finalmente su uso más
importante acabe siendo turístico. Igualmente, el Canal Bajo
del Algar permite regar la huerta de Benidorm con agua procedente de
las fuentes y pozos del Algar.
Otra paradoja
no menos sorprendente: ahora es Benidorm más productivo agrícolamente
que hace cuarenta años. Así pues, un falso pueblo agrícola,
que no daba trabajo y nivel de vida a sus habitantes, que tenían
que buscar trabajo allí donde más accesibilidad libre
encontraban en el mar. No hay que olvidad que, hasta muy recientemente
en la historia, era más fácil emigrar a Argelia que a
Madrid, y así se hizo históricamente desde la Marina Baixa.
Benidorm siempre ha vivido esencialmente del mar, antes de mares lejanos,
ahora de su playa. (Subir)
Pueblo de Marinos:
Los benidormenses tienen un largo historial de pesca, no tanto local
como de pesca de altura. Hasta los años cincuenta, puede decirse
que un gran número de capitanes o arraces de las almadrabas del
litoral español y del norte de África eran benidormenses.
En una almadraba atlántica llegaban a trabajar, en la costa de
Cádiz, casi doscientas personas, cuya coordinación exigía
una gran capacidad, que sin duda los benidormenses utilizaron como saber
acumulado para el posterior desarrollo económico de su pueblo.
Pero además de pescadores de almadraba, los benidormenses eran
y sobre todo destacaron como grandes marinos, al servicio de las compañías
navieras, especialmente en los años comprendidos entre 1880 y
1930. En esta época en que la compañía Transatlántica
estaba entre las diez más importantes del mundo, existen pruebas
de que diez de los capitanes de esta compañía, que surcaban
los siete mares, eran benidormenses.
Pero no
sólo eran capitanes de buques, sino prácticos de grandes
puertos, pilotos, jefes de máquenas, radiotelegrafistas, contramaestres
y en general cargos de cierta importancia de la marina mercante. Varias
familias descendientes de aquellos se han preocupado de elaborar una
lista de benidormenses marinos que supèran los dos centenares.
La realidad es que no era un pueblo de pequeños pescadores, sino
de grandes marinos, mercantes y pacíficos. Parece lógico
deducir que el haber dado la vuelta al mundo proporcionaba a los benidormenses
que volvían a descansar, a su vuelta un sentido universalista
de las cosas, mayor tolerancia, un carácter liberal, un seguro
cosmopolitismo, una cierta iniciación a los idiomas y a otras
culturas y un quinto sentido para el negocia de la hostelería
y el turismo.
Sólo
así se explica que en Benidorm exista, por un lado, una actitud
acogedora hacia los nuevos residentes que implantas nuevos negocios,
y paralelamente, un control social público y privado del proceso
de crecimiento de la ciudad, que hace, que, a diferencia de otras zonas,
como la Costa del Sol o Canarias, aquí no se hayan producido
ni desastres ecológicos y urbanísticos ni quiebras immobiliarias
de importancia. Se integra y se hace bienvenidos a los que van haciendo
crecer la ciudad, y existe una ley no escrita que implica el amor a
la ciudad y el estar orgulloso de ella, por lo que no caben las actitudes
de ganancia fácil y rápida: tierra quemada o dinero-basura
no es amar Benidorm. (Subir)
Benidorm Actual:
En la actualidad los benidormenses somos alrededor de 50.000, un 17%
nacidos en Benidorm, y otros tantos nacidos en el resto de la Marina
Baixa y Alicante. Hay aproximadamente un 20 % nacidos en Andalucía;
un 17 % en Castilla la Mancha y Madrid, y el resto, en otras zonas de
España y del extranjero.Perdura una vida de pueblo y de barrios,
y van creciendo con fuerza y pujanza las casas regionales. Especialmente
importantes son La Casa de Andalucía y La Casa de Asturias. Gente
Hospitalaria y pacifica la de Benidorm, el Benidorm de todas las culturas
y todas las edades.
Con estos
antecedentes, no es de extrañar se haya forjado el actual Benidorm,
debido indudablemente a la iniciativa, trabajos y esfuerzos de sus gentes
con independencia de la coyuntura turística, pero, naturalmente,
contando y aprovechándose de ella y del momento propicio. Luego
ha surgido el interés y la ayuda de los forasteros, y no lo olvidemos,
de otros valencianos y sus capitales. Su nombre es una palabra mágica
que despierta ansias en toda Europa: es la ciudad soñada. E indudablemente
lo merece, porque todo él, sus alrededores y su término,
son sencillamente maravillosos. (Subir)
Benidorm antiguo:
Como la proa de un viejo navío, el antiguo Benidorm, asentado
sobre su peñón, avanza sobre el mar, cortando los claros
azules de sus aguas que besan amorosamente las doradas arenas de la
media luna de la hahía cerrada por los cabos de Les Escaletes
y del Camell. El pueblo es de casas blancas, acogedoras y hospitalarios,
de pequeños patios llenos de frescosr, donde los geranios ponen
su nota multicolor y los jazmineros su perfume inmaculado. La mayoría
de las calles son empinadas, estrechas, alguna de ellas hasta con escalones.
Benidorm cultiva su "tipismo" con predilección, en su núcleo
originario, en sus fiestas y en su folklore, como forma de conservar
su espíritu popular y genuino y tradicional carácter.
Tarea ardua y difícil porque el hierro y el cemento y la buscada
y fomentada invasión internacional, tenderán a despersonalizarlo
y a convertirlo en una ciudad de vacaciones.
Pero Benidorm
no es solamente su zona urbana como la conocemos, repleta de edificios
interminables, discotecas, cafeterias... En su término municipal
e incluso en los colindantes, crecen las urbanizaciones, sobre todo
hacia el norte, siguiendo la dirección de la carretera de Benidorm
a Pego, a cuyos ambos lados están surgiendo miles de bungalows,
sobre un terreno que asciende paulatinamente hacia el Puig Campana (emblema
de Benidorm), y cuyo desnivel apreciable permite en una longitud de
más de cinco kilómetros hacia tierra, que el mar está
siempre a la vista, convertido por la noche, bajo el embrujo de la luna
en brilalante azogue. (Subir)
Alrededores
Naturales:
El Puig Campana tiene más de 1000 metros de altura. Siempre tiene
prendido de su cima un jirón de nubes acariciándole. Como
a Aitana, de mayor altura, más lejos, que coronan las nieves
en todos los inviernos. Juntamente con la Serrella y Bernia, forman
un impresionante y grandioso macizo montañoso dividido por pequeños
valles que constituyen dulces paraísos, donde brotan abundantes
fuentes de aguas frescas, que riegan numerosos bancales y huertos de
naranjos y limoneros. Y en él, tres pueblos como de leyenda,
La Nucia, Polop, y Callosa de Ensarriá, dignos de la pluma de
Gabriel Miró.
En definitiva Benidorm es un pueblo trabajador que vive del ajeno descanso,
del ocio de los demás. Atrae y seduce por su geografia humana.
Pero también, hay que dirigirse hacia su "hinterland" y contemplar
y gozar de la geografía física, de esas elevadas montañas,
valles, fuentes, ríos y pueblos: sitios y lugares de encantamiento.
Porque todo ello constituye, y no es descubrimiento, uno de los paisajes
más bellos y completos de la tierra valenciana. (Subir)