La Voz Invitada

La Voz Invitada

Nuestro Payno: su crítica y crónica

JOSE ANTONIO ALCARAZ

(Primera de cinco partes)

 

Para Enrique Alonso

 

La imagen proverbial de Manuel Payno (1810-1894) como escritor -aquella que se encuentra con mayor frecuencia al alcance de la mano- reside, por supuesto, en el novelista. O quizá sería más justo afirmar: lo vincula de inmediato con Los Bandidos de Río Frío, como referencia maquinal, aun cuando su múltiple, bien codimentado trayecto, resulta desconocido por completo para quien recurre a la asociación consabida.

 

Como se torna evidente a lo largo de la presente compilación, Payno abarca con tino similar otras zonas en su amplia tarea. En consecuencia, dichas vertientes son susceptibles de auspiciar lo mismo la sorpresa que el goce o estímulos de muy diversa índole, así como -incluso- el debate y la pesquisa.

 

Porque Payno se obstina, por medio de su sabrosa tarea como cronista, en ser testigo del acontecimiento artístico de su tiempo, tanto como discernir y dar fe de cuanto tipifica (según su percepción) a lugares, personajes, consejas, datos o celebraciones al alcance.

 

Uno de los rasgos mercantes, que surge de inmediato a la lectura de su obra periodística -publicada entre otros en El Siglo XIX, El Federalista o la Revista Científica y Literaria de México- se localiza en el conocimiento hondo, incisivo, extenso, de lo realizado por escritores europeos contemporáneos a él, especialmente franceses: Víctor Hugo (1802-1885) o Alejandro Dumas padre (1802-1874), al igual que periodistas como Jules Janin (1804-1874), el omnisciente director del Journal des Debats. Si se toman en cuenta, así sea de modo somero u oblicuo, las dificultades de transporte y comunicación durante la época del Romanticismo en apogeo (corriente estética de la que; puede asegurarse sin temor a exagerar, el propio Payno forma parte, muy a su manera), se traslucirán de inmediato: la avidez del saber, colmillo y condición de lector plural, así como la de conocedor sin cortapisas de la lengua francesa, o sus viajes y filiaciones; estas últimas lo mismo ideológicas que en los movedizos, pasionales, dominios de lo artístico.

 

Del mismo modo, se hace notorio de inmediato en forma irreprimible su rechazo al conformismo. Tal postura marcante lleva a Payno a ejercer un rigor ajeno por entero a las complacencias o soslayos, tan en boga entre aquellos cuyos artículos, reseñas, notas y productos similares, se apegaban a la tibieza mediatizada, mojigatería, o solapamientos que "las buenas costumbres" establecían tiránicamente en forma tácita.

 

A tal punto abundan los ejemplos, que pudiera integrarse con los resultados inmediatos una pequeña -deliciosa- antología invectiva. He aquí una selección cuyo muestrario, basado en coloridos e intensidades y tonos con índole acerada, abarcaría:

 

"Españoles sobre todo, es una comedia de D. Eusebio Asquerino, de que quisiéramos prescindir dejándola en el olvido, que sería cuanto favor pudiera hacerse al poeta (1). Es una comedia de política, de circunstancias, en que el autor se ha propuesto ceñir laureles, y arrancar aplausos a costa de convertir el teatro en una escuela democrática de doctrinas subversivas y disolventes".

 

Revista Científica y Literaria de México, Tomo I, 1845.

 

"La versificación es fluida, sonora y hermosa... mas no sucede así con el argumento que es frívolo, poco inteligible y poco interesante".

 

El siglo XIX, 22 de agosto de 1844.

 

"... y concluyó la función con una pieza titulada: Fernández, verdaderamente mala, pues no es un drama, ni comedia, ni sainete, ni vaudeville, sino un conjunto de escenas sin gracia y sin interés, que esperamos que no se volverá a poner en escena, tanto más, cuanto que el público dio muestras evidentes de desaprobación".

 

(1) Hiende y fundamenta, jamás fustiga de modo gratuito ad hominen. Nótese asimismo su capacidad manifiesta para matizar.

 

Nuestro Payno: crítica y crónica

JOSE ANTONIO ALCARAZ

(Segunda de cinco partes)

 

Continúa la breve compilación de textos no complacientes, escritos por Payno en sus crónicas teatrales.

 

El siglo XIX, 13 de julio de 1844.

"... no pasa de un mediano drama, donde no hay caracteres bien dibujados, donde la acción es cansada y lenta, donde pululan los personajes episódicos, y donde, en fin, no se encuentra una verdadera belleza y efecto dramático, sino en las últimas escenas..." (2)

 

 

El siglo XIX, 25 de septiembre de 1843.

Como resulta notorio en esta última cita, Payno sabe servirse de tintes delicados, así como el claroscuro en aras de la precisión y -término de la época- la probidad, sin por ello perder una postura exigente, misma que en su época aparecía ante muchos como radical, pues invocaba (de nuevo) el rigor con tenacidad al emprender una análisis equitativo, sin falsas bondades ni miramientos, de cuanto llevaban a cabo los dramaturgos, cuyo cometido despertaba en él requerimientos más estrictos (patentes a la lectura) que al referirse a los actores.

 

Pero también la puesta en escena, las condiciones de salubridad u ornamentación de aquellos locales donde acudía para presenciar tareas escénicas, eran objeto de su severidad al emprender la reseña respectiva.

 

Así, cuando Payno elogia, el aplauso cobra mayores peso y densidad. Un panegírico suyo no se ganaba fácilmente, aun cuando en ocasiones lo escrito por él trasluzca que en ciertos renglones no se volvía difícil complacerlo. Sus observaciones -devastadoras algunas veces- hermanan franqueza llamativa y gracia lírica, en floreciente sensatez.

 

Algunas veces se muestra gentil y hasta benévolo con sesiones que hoy pueden considerarse heterodoxas al extremo (3), pues con gran desparpajo, incluían algún texto dramático, tanto como recitaciones muy al gusto del momento, fragmentos de ópera u otro tipo de evidencias de habilidad vocal al entonar canciones y romanzas quienes estaban a cargo de ello; también algún número bailable o el juguete cómico de moda y múltiples primores de índole más que diversa, en insólita yuxtaposición. Esto sucedía especialmente durante aquellas funciones llamadas "de beneficio", cuya mera denominación explica el propósito de las mismas -para una actriz o actor, cierto barítono, y quizá una danzarina, favorecidos-, con una muy ecléctica manera de integrar su trayecto (o itinerario, si se quiere).

 

Al atenerse al resultado práctico, es decir: cuanto contienen las críticas teatrales de Payno, resulta fácil percibir que el teatro hablado: la música en numerosos recitales -también heterogéneos, según lo entonces proverbial-; las representaciones operísticas; o las obras tan singulares que la danza ofrecía a los espectadores capitalinos como opción en aquel momento, despertaban el apetito a Payno; le eran familiares en forma idéntica: siempre parece estar dispuesto a consumirlas y reseñarlas con fruición manifiesta.

 

Esto último, a pesar de su declaración explícita : "Con todo y tenerle antipatía a la ciencia coreográfica". El colmillo y conocimientos que despliega al referirse a piruetas, evoluciones o cuadros bien compuestos de índole dancística y cuanto se refiere al tema -como parte de su examen en dicha circunscripción, pretendidamente chocante para él- se obstina en desmentir tal alergia o rechazo. Su exteriorización escrita puede tomarse quizá como signo de coquetería humorística, o bien un modo oblicuo -típico en las tías de Proust (1871-1922), al agradecer a Swann sus atenciones y obsequios-, para hacer referencia a la que considera su poca aptitud, con el fin de emitir un veredicto acertado por el escaso conocimiento de tal disciplina. Puede ser que Payno dudara de la solvencia de sus juicios en tales dominios o simplemente estuviera harto de oír hablar a colegas, así como a extraños -y extrañas- por todas partes, con obcecación e inclemencia o frivolidad, acerca de los bailes y sus intérpretes, tan favorecidos por aquellos espectadores para quienes el teatro hablado o la ópera entrañaban un arduo ejercicio intelectual.

 

(2) De nuevo: el ánimo estricto, que no impide señalar aciertos eventuales como parte de un desaguisado evidente; en aras de cierta objetividad ¿equitativa?

(3) Emparentadas de modo evidente con la receta actual de una entidad chusca por excelencia: el "Festival de fin de cursos", o cualquiera otra celebración escolar.... harto sentida.

 

Nuestro Payno: crítica y crónica

JOSE ANTONIO ALCARAZ

(Tercera de cinco partes)

 

El cronista Payno cerraría de manera drástica -puede pensarse- el paso a la fórmula reiterativa, el comentario sobado, la acotación superflua, los tópicos manidos y la necedad estrafalaria disfrazada de frase encantadora en los balletómanos; detonadores nimios para discusiones tan farragosas como apabullantes, dada su naturaleza superficial o carencia de propósito saludable.

 

Como muestra exquisita, entre aquellas obras funambulescas que constituían el deleite para ciertos sectores integrantes del público en la ciudad de México, se consigna aquí una, cuyo sólo título provoca escalofríos hirientes: "El gran baile Napoleón en Egipto", espectáculo al que se refiere Payno el 22 de agosto de 1844, en su artículo por El Siglo XIX.

 

Pasmo y regocijo, así como hilarante ira (llena de celos por no haber presenciado tan excelso primor) surgen hoy al leer cuanto Payno acota: "Entre las cosas perfectamente ejecutadas, fue la escena en que el bajá y Napoleón descienden (sic) al subterráneo, e inmediatamente que se alza el telón aparecen en los primeros escalones de un alto caracol. La ilusión fue completa, y aún muchos disputan sobre si eran personajes dobles, ocultos detrás de aquellos peñascos que están al pie del caracol, o si éste es elástico". (4)

 

La frustración sube de tono, llega a su punto máximo, al revisar un párrafo precedente: "... lo diestro que estaban los comparsas (que en los bailes ascienden a partes principales) y lo bien ideado y mejor ejecutado de los solos, padedús (5) y tercetos, hicieron que la función fuese lucidísima".

 

Como producto de la investigación ejemplar que fundamenta su libro El Ballet en México en el Siglo XX (1991), Maya Ramos (1944) señala: "En agosto (de 1844) tuvo lugar un importante estreno: Napoleón en Egipto, baile heroico-pantomimo en tres actos, para el cual Pautret (6) contó con una espectacular producción... numerosos comparsas, caballos y complicados efectos de tramoya. Con Angel Padilla en el papel de Napoleón y María Rubio, Joaquina Pautret y Antonio Castañeda -aplaudidísimos en el pas de trois del tercer acto-, el ballet causó gran sensación".

 

¿Cuál músico compuso los dulces sones y suntuosas melodías de ritmo oportuno, ora sobrecogedoras con ánimo de tragedia histórica, ya exóticas como corresponde a ese tan pintoresco sitio donde se desarrolla "El gran baile Napoleón en Egipto"? Misterio irresoluble. Ni don Andrés de Olavarría y Ferrari (1844-1918) puede proporcionar auxilio al efecto, pues no menciona dicha obra dancística tan portentosa, a pesar de referirse a Pautret y su repertorio varias veces en el Tomo Primero de su obra magna.

 

Dicho sea de paso: el distinguido historiador que hoy da nombre a una escuela situada por los rumbos de Tacubaya, no hace gala de amabilidad hacia Payno, pues (tal parece que despectivamente) lo llama, en alguna página de su vasta epopeya "... el revistero del Siglo XX"; a propósito del -¡ay!- estreno en México del Don Juan Tenorio de Zorrilla. Esto no impide a Olavarría, por otra parte, incluir a Payno en una apretada lista de quienes colaboraban en el semanario El Mosaico Mexicano que "publicó artículos y poesías de mérito de nuestros literatos".

 

(4) En 1844, México albergó munificente a precursores -en acción- de: Cecil B. de Mille (1881-1959), Charles Ludlam (1943-1987), (Lord) Andrew Lloyd Weber (1948) y Harold Prince (1928). Labor codiciable, harto aparatosa, olímpica y prolija. Oropel quimérico; sobrenatural.

(5) Sí: padedús.

(6) Andrés Pautret, el coreógrafo de dicha obra, cuya actividad en México se sitúa durante el lapso: 1824-1848. c.f. Maya Ramos.

Nuestro Payno: su crítica y crónica

JOSE ANTONIO ALCARAZ

(Cuarta de cinco partes)

 

Como efecto patente de un (voluntario, diría el amigo del casi pleonasmo) no haber querido llenarse de citas ni referencias, sino únicamente insertar algunas indispensables, ni recurrir a elucubraciones o porfías, esta serie de artículos acerca de don Manuel comienza a fatigarse y a adoptar cierto aire abrumador.

 

Sin embargo, ahí va Payno. Prosigue, redacta con ahínco efusivo su obra crítica de extensiones sorprendentes, amplísima, con una condición versátil manifiesta, la amenidad como norma y el referirse en voz alta a cuestiones ciudadanas en tanto que deber irrenunciable.

 

He aquí al educador cívico: "En un periodo de treinta y tres años el erario de Morelos habrá absorbido íntegranmente toda la propiedad rústica; de manera que los hijos de los que hoy son ricos... no tendrán ya ni un cuarto de plata, ni una pulgada de terreno; pero les queda siempre el consuelo de morir a la misma edad de los antecesores del Barón de Roschild quienes le quitaron la vida a Jesucristo".

El Federalista, 15 de noviembre de 1869.

 

¿Antisemitismo? Por supuesto que no: mordacidad certera ante la feroz especulación bancaria. Actualidad del pretérito ante la naturaleza contingente, efímera, de una prosperidad artificialmente esgrimida por la misma administración gubernamental que la urdió, en complicidad voraz con los financieros. Profético también ¿no es cierto?

 

Otra muestra: "México está privado, en efecto, de barcos y cañones y jamás puede pensar en exigir por la fuerza ni con saludo; pero no debe estar dispensado de tener dignidad y de mantener esa actitud seria... con los gobiernos extranjeros, a la vez que benévola y hasta afectuosa con los nacionales. Que los puertos permanezcan abiertos; que los súbditos y ciudadanos de todos los países comercien, entre y salgan libremente en este país; que seamos con franceses, españoles e ingleses buenos y cumplidos; que las garantías de nuestra Constitución los amparen; que los tribunales les administren pronto y cumplida justicia... pero que con sólo establecer bases prudentes y previsoras, cuyo límite no es posible señalar, ni cuyo sentido se quiere comprender cuando interviene la fuerza, volvamos a reanudar relaciones oficiales... nos parece que será una política... que de seguro no es la que ha seguido el mismo señor Lerdo durante la administración del señor Juárez".

 

El Federalista, 14 de febrero de 1871.

Y Payno refrenda su vocación al nomadismo, llevando consigo la lucidez itinerante, cuando se desplaza a la entonces remota y distinguida capital del Estado de México, para apisonar el terreno a Gutiérrez Nájera (1859-1895), y darle estímulos, con el fin de que más tarde -en el aún distante 4 de julio de 1882- el Duque Job publique corrosivo, con sarcasmo esmaltado y espejante su didáctico Cómo se va a Tlalpan.

 

Se avizoran regiones concomitantes a la que por medio de la prosa hizo suyas la marquesa Calderón de la Barca (1804-1882), cuando Payno narra: "De una mullida cama al comedor, entre grandes quesos, entre vasos de leche blanca y espesa como si fuese marfil fundido; del comedor al teatro sin tener que salir a la calle; del teatro a la casa del gobernador, que estaba a dos pasos. Los demás personajes de México estuvieron agasajados, cuidados con esmero por las más principales familias de Toluca. No tenemos en la boca más que elogios, y a no haber temido por nuestra parte ser pesados y gravosos, habríamos prolongado la visita a un par de semanas". (Continuará)

 

Nuestro Payno: su crítica y su crónica

JOSE ANTONIO ALCARAZ

(Quinta y última parte)

 

"Toda la noche la ciudad estuvo iluminada, los muchos músicos de los pueblos soplaron terriblemente sus instrumentos de bronce, y el pueblo contento, verdaderamente satisfecho... estuvo paseando en la calle.

 

"... Continuamos nuestros paseos por aquellas calles aseadas, la mayor parte rectas, aunque angostas, excepto las avenidas. Observamos muchos edificios nuevos que hace pocos años no existían, cuyas fachadas estaban adornadas con gusto y arte de bajos relieves de ladrillo imitando las de yeso que hacen nuestros escultores. Visitamos la catedral que se comienza a levantar en las ruinas de una parte del Convento de San Francisco... y ni ésta ni en otras mejores que se notan en Toluca, tienen nada que ver los fondos públicos.

 

"Toluca, en resumen, es una de las poblaciones más notables de nuestra República. Colocada en valle alto y fértil... la agricultura ha podido progresar, y el bienestar sin pretensiones y sin la dañosa exageración del lujo, se hace sentir por todas partes. Gente laboriosa e independiente, y viviendo más bien en los campos, que no en la ciudad, tiene por fuerza que ser, y así es efectivamente en lo general, de costumbres suaves, sencillas y buenas.

 

"Toluca tiene un defecto, sin embargo: que es excesivamente frío en todas las estaciones del año, debido a su elevación sobre el nivel del mar. Cuando nos quejamos de la altura de Toluca y del aire delgado que penetra hasta los huesos, los hijos del país responden que son exageraciones, y que más alto está el volcán; pero la verdad es, que en diciembre, como decía Heine de Alemania, hasta el Sol tiene que ponerse una camisa de franela para no constiparse".

 

El Federalista, 3 de noviembre

Payno, viajero experimentado (Nueva York, Filadelfia, Madrid, etcétera) sin ufanarse de ello, autor de unas Memorias e impresiones de un viaje a Inglaterra y Escocia (1853), dialogará en la etapa final de sus crónicas con El Nigromante (1818-1879). Corolario a una trayectoria envidiable, porque incluye tropiezos y hallazgos, declives al igual que aciertos, ingenuidades conmovedoras e inteligencia deslumbrante. Y, ante todo, la exigencia apremiante hacia sí mismo; paradigma de una ética periodística sin resquicios ni componendas.

 

Hoy, cuando se inicia 1997, conviene particularmente a lo aquí compilado, esa metáfora múltiple que habita las imágenes de López Velarde (1888-1921); pues, de manera sana, apremiante, Manuel Payno incita en sus crónicas entrañables a recapacitar, así como a la acción, por medio de cuanto son capaces de poner en relieve acerca del presente, al recrudecerse, los antiguos espejos.

Regresar a Payno