MOMENTOS
DE LA ÓPERA EN MÉXICO*
ANA MARIA ROMERO VALLE
ROBERTO ROMERO SANDOVAL
Durante los meses de marzo y abril,
en el patio central del IIB, se exhibió la exposición
bibliohemerográfica Momentos de la ópera en México, con
la curaduría de Aurelio de los Reyes, académico del Instituto
de Investigaciones Estéticas y profesor de la Facultad de
Filosofía y Letras de la UNAM.
Entre los objetivos principales de
esta muestra, realizada de manera conjunta por el IIE y el propio
Instituto de Investigaciones Bibliográficas, se encuentran:
mostrar la riqueza documental que guardan la Biblioteca y
Hemeroteca Nacionales sobre un tema poco estudiado: la ópera en
México; detectar su importancia en la cultura nacional y poner
de manifiesto el impacto que tuvo en la sociedad mexicana la
estancia de María Callas en sus diversas visitas a México.
La exposición se compone de tres
grandes apartados. La llegada de la ópera a México; Angela
Peralta "El Ruiseñor Mexicano" y "De Angela
Peralta a María Callas". Comienza con la llegada de la ópera
a México; en este apartado encontramos varias partituras del
maestro de capilla de la Catedral de México, Ignacio Jerusalem y
Stella, a quien se atribuye el fomento de la música
italianizante. Sabemos que Jerusalem y Stella era de origen
italiano y que llegó a Nueva España en 1742.
La muestra continúa con las compañías
de ópera que vinieron a México durante la primera mitad del
siglo XIX. Tal es el caso de la compañía de ópera de Manuel
García, quien arribó a México en 1827, gracias al auspicio del
coronel Luis Castrejón. Lamentablemente, García no tuvo el éxito
esperado, ya que los espectadores no estaban acostumbrados a
escuchar las obras en su idioma original y ya en la representación,
abandonaban la sala del teatro a media función. En 1831, por
iniciativa de Lucas Alamán, Cayetano Paris trae a México al
famoso Filippo Galli, junto con varias cantantes y músicos; a su
llegada a Veracruz esta compañía ofreció dos conciertos. El 12
de septiembre se presentaron en el Teatro Principal, con gran éxito.
Esta parte de la exposición se ilustra con litografías del
Teatro Principal, de Filippo Galli y del Paseo de las Cadenas en
noche de luna llena; el paseo, al parecer, era una costumbre que
el público tenía después de terminadas las funciones de ópera.
La sección dedicada al público
recrea la gente que asistía a esta clase de espectáculos, y se
menciona cuál era el tipo de instalaciones donde se
representaban las óperas. La prensa periódica señala que para
1827 las instalaciones del Teatro Principal se encontraban en
estado deplorable; que el vestuario era el mismo tanto para una
tragedia griega, como para una comedia contemporánea. Esta
situación continuó durante buena parte del siglo XIX. El Teatro
Principal fue remozado hasta la etapa porfirista. Del público,
se sabe que fue poco escrupuloso, dado que una vez iniciada la
función continuaba hablando y opacando las voces de los artistas.
Sin embargo, poco a poco el público mexicano fue adquiriendo una
cultura operística, volviéndose exigente y apasionado.
El romanticismo, tema de otra sección,
fue uno de los géneros literarios que más honda huella dejó en
diversas expresiones culturales como la música, la pintura, la
litografía e indudablemente la ópera. Juan Lacunza creó en
1835 la Academia de Letrán para iniciar la búsqueda de una
literatura nacional, fincada en el romanticismo. Por lo tanto,
los compositores preferidos serían los autores románticos por
excelencia: Gioacchino Rossini, Vicenzo Bellini, Gaetano
Donizetti y Giuseppe Verdi.
Un apartado más estuvo dedicado a
Manuel Payno, destacado cronista e historiador del siglo XIX,
quien asistió en 1836 a la primera representación de Norma. Sus
vivencias fueron publicadas en periódicos, libros, folletines y
otros impresos; cabe resaltar que sus primeros escritos sobre ópera
los publicó en el Museo Teatral. El fistol del diablo, una
de sus obras más importantes, empieza con la inauguración del
Teatro Santa Anna; a su vez, en Los bandidos de Río Frío nos
narra el asalto a una compañía de ópera. Sabemos, por otro
lado, que Manuel Payno se enamoró de algunas cantantes de ópera
como la diva Enriqueta Sontag, la Albini y la Cesari, pues las
evoca en un capítulo de su obra. De acuerdo con estos datos,
podemos pensar que Payno fue uno de los numerosos admiradores que
se disputaban el amor de las sopranos.
Un apartado especial de la muestra
estuvo dedicado a Angela Peralta, "El Ruiseñor Mexicano".
La eximia cantante nació en 1845 en la ciudad de México, lugar
donde realizó sus estudios de piano, canto y composición,
mismos que continuó en Italia en 1861. La fama le llegó al año
siguiente al debutar en la Scala de Milán con la interpretación
de Lucía de Lammermoor. Posteriormente regresó a México
y debutó en 1865 en el Teatro Imperial con la ópera Sonámbula.
Actuó en diversos escenarios del mundo. Por cuenta propia
constituyó su propia empresa y formó una compañía de ópera,
con la que realizó diversas giras por el interior del país. Fue
también compositora, y en 1875 apareció el Album musical de
Angela Peralta.
Durante la época porfirista, el
panorama de la ópera comenzó a cambiar, ya que el porfiriato se
abrió a la moda y a la cultura europeas. En este sentido,
comenzaron a llegar a los escenarios mexicanos artistas y compañías
de ópera de Francia, España, Estados Unidos, entre otras. Se
introdujeron nuevas óperas como Tosca de Giacomo Puccini
y Lohengrin de Richard Wagner. Paralelamente, Ricardo
Castro creó una ópera mexicana al escribir Atzimba, aunque
tenemos el dato que anteriormente Melesio Morales compuso Ildegonda,
misma que se estrenó en México y, posteriormente, en la
Scala de Milán. En la última década del porfiriato, se demolió
el Teatro Nacional para construir el Palacio de las Bellas Artes
en los terrenos de lo que había sido un convento de religiosas.
Ya en la revolución y durante el
gobierno del general Venustiano Carranza se prohibieron las
corridas de toros, por lo que el empresario Pepe del Rivero
decidió contratar cantantes como Tita Ruffo y Enrico Caruso,
mediante la empresa Opera, S.A, para ocupar el espacio que dejó
el arte taurino. Caruso ofreció varias funciones, con las cuales
se ganó la simpatía del público. La primera piedra de lo que
sería el cine-teatro Olimpia fue colocada por Enrico Caruso.
A principios de los años cincuenta
la ópera ocupó un nivel privilegiado en México. Opera Nacional
procuraba traer a las grandes figuras para satisfacer al exigente
público mexicano. Para la temporada de 1950 fue anunciada con
gran pompa la presentación de la soprano absoluta María
Meneghini Callas. Los periódicos de la época relatan la
expectación que causaron las presentaciones de la diva griega,
impulsada por una extensa campaña publicitaria que realizó
Carlos Díaz Du-Pond. La obra elegida para la presentación de la
cantante fue Aída de Verdi, y estuvo acompañada por
Giulietta Simionato y Kurt Baum. Una de las anécdotas más
sonadas de la Callas fue la rivalidad que tenia con Baum, por el mi
bemol fuera de la partitura que dio la cantante, opacando con
ello los agudos del cantante del Metropolitan en su afán de
sobresalir en la obra.
La exposición concluye con la
exhibición de diversos programas de mano de los siglos XIX y XX,
propiedad del Instituto de Investigaciones Estéticas, la
Biblioteca del Centro Nacional de las Artes y del Archivo de
CONDUMEX.
*Publicado en : biblional.bibliog.unam.mx/gaceta