LA POLVORA DE VILLAFELICHE |
"ARDE MEJOR QUE LA POLVORA DE VILLAFELICHE"
En efecto este dicho popular se difundió por todos lugares. Villafeliche fue llamado y con razón el Pueblo de la pólvora, prueba de ello es que en el año 1764 había en funcionamiento 165 molinos polvoreros y en el año 1800 unos 180.
Estos se fundamentaron en cuatro elementos esenciales, todos ellos de procedencia aragonesa. Primero, la fuerza motriz del propio Jiloca, derivada en un único y estrecho caz o canal de alimentación por la orilla izquierda del rio. En segundo lugar, el salitre de Epila, del que el viajero italiano Andrés Navagero nos dejó curiosa y cumplida noticia en el primer tercio del siglo XVI. En tercer lugar, el azufre, que procedió siempre de las fecundas minas de Villel (Teruel). Y , en último lugar, el carbón vegetal, procedente de la misma localidad de Villafeliche, cuyos vecinos lo elaboraban preferentemente con sarmientos de vid, y en ocasiones, con ramas de sauce.
Los mencionados ingredientes (de cuyo tratamiento, mezcla proporcional, etc, hay noticias por lo menos, desde la reconquista cristiana del Sur peninsular), se trituraban previamente y por separado en los morteros, que en Villafeliche eran de piedra caliza, a diferencia de los usados en otras polvorerías que solian ser de madera. Los mazos o majaderos, en número de dos o tres, eran siempre de encina, fresno o frutal (acerollo, manzano o peral) y recibían su movimiento de vaivén de las levas (llamadas en la localidad levadores) o ancladas en el eje o árbol (hecho siempre de nogal) y al que transmitían su movimiento giratorio las paletas móviles instaladas en la rueda hidráulica, que era de tipo vertical o rueda vitruviana. En las fábricas de la localidad se solía proceder también al tratamiento final de la pólvora (que previamente era paciente y cuidadosamente secada al sol sobre mantas) consistente en bañarlas, en barriles giratorios en parafina, con el fin de darle lustre, operacion que era conocida con el nombre de pavoneo.
Desgraciadamente la industria entró en crisis hacia 1831, fecha en que fueron prácticamente desactivadas (aunque no destruidas) por el Gobierno, medida que, según Pascual Madoz, testigo coetáneo de la medida, ocasiona la mayor miseria a estos habitantes, cuya mayor parte dependía de la pólvora, viéndose ahora precisados a fabricarla fraudulentamente por un miserable jornal, que adquieren con el más penoso trabajo y expuestos siempre a una constante persecución. Sin embargo la tradición polvorera del lugar se recuperó un tanto en la primera mitad del siglo XX (aun viven algunos viejos polvoreros que recuerdan el casi increible acarreo de la pólvora de Villafeliche nada menos que hasta Sevilla) y se ha mantenido, de forma muy residual, hasta la década de los 80, momento en el que, por pretextadas razones de seguridad, se procedió a la clausura de la factoría polvorera existente en la Localidad.
Los molinos de Villafeliche fueron los últimos de este tipo que se tiene constancia, y que en su día sirvieron de modelo para construir los de Nueva España.
Hoy en día se pueden observar las ruinas de la mayoría, aunque en la parte superior la restauración fiel por parte del Ayuntamiento de uno de ellos ha conseguido que podamos observar tanto exterior como interiormente como eran y la maquinaria tan peculiar que realizaba las tareas de machacado y pavonado.
Ultimamente en periódicos regionales aparece la "extraordinaria" notica que el Ayuntamiento de Villafeliche prevé restaurar el antiguo cuartel de la Guardia Civil para que albergue los museos de pólvora y cerámica, con su centro de interpretación correspondiente. Se prevé que este mismo edificio albergue también la Oficina de Información y Turismo dentro de la Comarca de Calatayud. Esperemos que los Organismos Oficiales competentes aporten las ayudas necesarias para que esto sea una realidad palpable a corto plazo.
Loterías y Apuestas del Estado, en el Sorteo de Lotería Nacional del 24 de febrero del 2001, emitió los décimos con la fotografía del interior del molino de pólvora restaurado en Villafeliche, sumándose a las pretensiones de dar a conocer a lo largo de toda geografía española al menos un trocito de este Municipio.
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