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Situado
cronológicamente entre el brillante y comercial Direct (1988), que
convirtió a más de uno en fan acérrimo de Vangelis, y el potente 1492
(1992), llamado a convertirse en un superventas en toda Europa, The
City (1990), un álbum
meditativo e intimista, pasó mucho más desapercibido y aún hoy no goza
de excesivo buen cartel entre los fans del Vangelis más grandilocuente,
ése que es capaz de ponernos en órbita a la primera con uno de sus
poderosos himnos. The City no va por ahí, y sin embargo es un álbum
sumamente interesante ya que incorpora componentes absolutamente
originales en la discografía del músico griego junto a elementos muy
"vangelistas" (magníficamente reciclados), que de inmediato nos
traen buenos recuerdos del pasado. Compuesto, según cuenta la leyenda, en
una sola noche en la habitación de
un hotel de Roma, donde vivió tres años y ofreció uno de sus
infrecuentes conciertos (a dicho concierto corresponden las fotos que
pueden verse en el libreto del CD), está claro que es un álbum hecho sin
más ambición que darse el gustazo, y
sin la presión de cumplir con un encargo o ajustarse a los determinados
patrones de una película. Sin embargo es evidente la fuerza de las
impresiones que crea (podría pasar por la banda sonora de cualquier
urbe): el hecho de que no incorpore ninguna de sus típicas marchas "deportivas"
no significa que sea un álbum "blando" en absoluto.
Así, este día en la ciudad al que nos invita The City arranca con
el etéreo pero soberbio "Dawn"
(Amanecer), donde realmente estamos "viendo" el inicio del día
y que revisita un estilo que Vangelis frecuentó en los 70 (v. "La
Mer Recommencée" o "Creation Du Monde" del álbum L'Apocalypse
Des Animaux de 1973): esas composiciones arrítmicas, flotantes, con
capas atmosféricas que nos envuelven poderosamente, aquí junto a un
sonido de corno inglés que de inmediato nos hace pensar en "Chariots
Of Fire". Obsérvese como curiosidad que al final de este tema y
comienzo del siguiente ("Morning Papers", con una mórbida
cadencia que recuerda al Badalamenti de Twin Peaks (1990), oímos
las voces y pisadas de dos grandes amigos de Vangelis: Roman Polanski y su
esposa Emmanuelle Seigner, actriz en buen número de sus películas. Por
aquel entonces su relación era particularmente estrecha, ya que al
parecer su contribución al disco fue algo más que simbólica sirviendo,
según señalan algunos, de inspiración
para el mismo. Sea como fuere el
caso es que sólo dos años después Vangelis compondría la banda sonora
de Lunas De Hiel ("Bittermoon"), una de las películas
más tremendistas de Polanski y cuyo bellísimo tema central
sería editado en el último recopilatorio hasta la fecha del
griego, Reprise 1990-1999 (el resto de la tímida BSO tiene
por cierto bastantes puntos en común con el álbum que aquí comentamos).
Pero volvamos a The City. Por si alguien estaba empezando a
amuermarse tras dos primeros temas relajados vuelve el Vangelis enérgico con "Nerve Centre", que pone las cosas en su sitio con un tema
muy también años 70 pero ahora con 'beat' potente, contundente percusión
(en la que el caballero es experto), y efectos muy electrónicos que harán
las delicias de los fans de "Pulstar".
Es sin embargo en "Side Streets" donde empezamos a
encontrar ese elemento tan original del que hablábamos al principio: un
cierto aire jazzístico pero no en plan virtuoso y frío, como ya le habíamos
escuchado en, entre otros, el apabullante "Nucleogenesis" de Albedo
0.39 (1976), sino con un toque muy latino y sensual, que acaricia el oído
y relaja el estresado espíritu del urbanita. Dicho estilo es aún más
evidente en el siguiente tema, "Good To See You" (single en EE.UU), que incorpora, entre otros indefinibles efectos, un embriagante
sonido de clarinete o similar que cruza todo el tema, campanillas varias
(no podían faltar), una hipnótica y elegante percusión, la ronroneante
voz de la modelo Kathy Hill charlando por teléfono, mientras apenas se
oyen unos tenues y sobrenaturales coros electrónicos y, al final, los
sobrecogedores gorjeos de misteriosos seres que me recuerdan a los díscolos
demonios que interrumpen los coros de Heaven And Hell (1975). Una
gozada.
Volviendo al tema del jazz, comentar que fueron los primeros 90 una época
en la que Vangelis pareció interesarse especialmente por este estilo
musical, que en entrevistas
consideraba como la mejor aportación americana a la música del siglo XX,
tal y como observamos en el breve tema instrumental "Jazzy Box"
del CD Page Of Life (1991) con Jon Anderson, la BSO de Lunas De
Hiel (1992), ya mencionada, y algunos de los nuevos temas incorporados
a la tardía edición de la BSO de Blade
Runner (1994),
especialmente el elegante "Wait For Me". También se dice que previo a The City habría compuesto un
trabajo inédito hasta la fecha llamado
Inner Data de estilo similar. El caso es que, por desgracia, las
influencias jazzísticas no vuelven a aparecer -tan claramente al menos-,
en su discografía, que desde entonces se ha decantado más por la new age
o directamente la música clásica.
Pero recuperemos el hilo. Con "Twilight" (Atardecer),
de nuevo un tema profundamente impresionista y de simple pero bella
factura, la ciudad se vuelve meditabunda y
misteriosa, mientras oímos una voz que en japonés nos relata un
breve poema:
“Atardecer:
magia de un instante / Mañana, el mismo instante, y sin embargo otra
magia / Cuando el color se convierte en fragancia / Y la fragancia se
convierte en color / Las sombras se diluyen en un interminable azul”.
Pero
no hay lugar para la meditación excesiva, que llega el desconcertante
"Red Lights" y sus cantarinas geishas, y con él el lado
guasón del Vangelis de See You Later, 'missing' desde aquel lejano
1980.
"Procession", que incorpora de manera sorprendente los tambores
procesionales de nuestra Semana Santa (al final del tema se observa
claramente), es un tema de rica sonoridad pero bastante lúgubre que nos
anuncia el fin de la jornada urbana
y quizá que ya nos queda un día menos... Al final del tema, las pisadas
y voces de Polanski y Seigner reaparecen
para cerrar este sugerente disco.
En fin, aunque he intentado ser objetivo, el avezado lector habrá,
supongo, adivinado que en gran parte este álbum me tiene encandilado a
pesar de que no seduce a la primera como suele suceder con
los álbumes más famosos del griego. Y a lo mejor ésa es la clave para
entender esta sorprendente, diversa y elegante sinfonía urbana: hay que
trabajarla más que los discos habituales de Vangelis, darle más
oportunidades y al final, con al menos algunos de sus temas, recibiremos
la recompensa de una música que milagrosamente no se "gasta",
que se puede oír una vez tras otra sin que pierda frescura o capacidad
para sugerir.
Samuel
Gómez (marzo, 2002)
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