MIKE OLDFIELD - HERGEST RIDGE

 
  Mike Oldfield. Hergest Ridge. (Virgin Records, 1974).

En 1974, un año después del exitoso Tubular Bells, un Oldfield exhausto se refugia en Herefordshire donde se encuentra su nueva casa para en el mes de septiembre presentar Hergest Ridge, disco que adopta el nombre de una colina cercana a esta localidad inglesa.
Hergest Ridge se nos presenta como un disco de carácter intimista. Con una portada muy significativa donde aparecen un perro y un planeador, todo ello en una pequeña colina rodeada por el cielo gracias a un efecto óptico que redondea la imagen como si todo fuera un pequeño mundo, el de Oldfield, donde reside lo más representativo de su vida privada al margen de la familia. 
Este trabajo está estructurado de forma similar a Tubular Bells (esquema que repetirá en otros discos). La idea es simple, varias melodías que se suceden continuamente con todo lujo de arreglos alrededor de una única, que conforma el 'sonido' del disco, y todo ello dividido en dos partes de larga duración, 21 y 18 minutos respectivamente.
Y como es norma en sus primeros años, la primera parte de Hergest Ridge nos muestra sobre qué va a girar todo el disco. Sobre un fondo estático van apareciendo primero una flauta en primer plano con la melodía principal, un glockenspiel con el que interpreta una línea a medio camino entre arpegio y melodía, un fondo melódico a base de sonidos de órgano y finalmente un bajo. 
Hasta que aparece el primer cambio significativo y uno de los más bellos que se pueden oír en este disco, Oldfield juega con diferentes tonalidades, arreglos voluminosos con 'riffs' acústicos y rítmicas líneas de bajo a base de 'golpear' cuerdas mientras mantiene prácticamente inalterada la melodía principal.
Y llegado a ese punto tras un anuncio distorsionado, se despliega ante nosotros un bonito pasaje en el que un oboe, una guitarra acústica y a veces una trompeta en segundo plano, pero con una magnífica presencia, llevan la voz cantante, un interludio a dos guitarras que a veces cruzan sus melodías, para continuar después en la misma línea anterior mientras desciende el 'tempo' paulatinamente y se adereza con campanas, dando pistas muy claras. 
Y de golpe Oldfield hace cabalgar su bajo acompañándolo con pocos arreglos, dándole así la máxima importancia. 
No dejan de ser unos momentos inquietantes que acaban rápido tras evolucionar al siguiente "movimiento" donde un 'tambourine' marca el ritmo junto al bajo y una guitarra la melodía que al final se dejan caer en una parte sinfónica, parte con piano, órgano y coros hasta su punto culminante donde vuelven a aparecer las campanas topando ahora ya sí con el final de esta primera parte, ¡vaya... acaba igual que empezó!, aunque ahora la flauta se despide. 
La segunda parte se presenta diferente a la anterior. Todo empieza con un arpegio acústico, fondo de órgano, instrumento con el que también se interpreta la melodía y algo de percusión cromática. La idea es la de un mismo paisaje que se observa cada vez a una altura diferente, y es que resulta como subir una colina hasta alcanzar la cima. Y en esta cima musical todo se arregla de forma más rítmica a base de 'riffs' acústicos, bajo 'locomotion', pads a base de órganos y melodía, que más adelante será interpretada por voces para finalizar todo en un típico movimiento en la música del inglés, a base de mandolinas. Y esas mandolinas dan paso a un arreglo diferente al que abría la primera parte, el sonido principal de este disco. La música sigue evolucionando pasando a través de un arreglo distinto al de una de las melodías que ya conocíamos de antes, acompañada esta vez por un incesante órgano percusivo mientras lo siguiente se nos presenta con sorpresa. En su día fue llamado 'una tormenta eléctrica', y vemos que es muy acertado. Una verdadera marabunta de guitarras distorsionadas creando acompañamiento y melodía. Así que imaginando que tras una arrolladora demostración de la naturaleza aparece el sol, podemos hacer un símil sobre que nos presenta Oldfield después de su borrachera distorsionada, y lástima que sea el adiós, la despedida de esta segunda parte y con ella la de todo el disco. 
En todos esos minutos explota sus habilidades como multi-instrumentista e interpreta desde las guitarras acústicas y/o eléctricas, hasta las partes de órganos. La dedicación de Oldfield en este sentido es admirable. Con cada instrumento a parte de su lógica tímbrica, imprime vida propia en forma de lujosos acompañamientos y es que a veces resulta una verdadera orgía de notas musicales. 
Colaboran también otros músicos como June Whiting y Lindsay Cooper a los oboes, Ted Hobart con la trompeta, Chili Charles con las cajas, coros a cargo de Clodagh Simmonds y la hermana de Mike, Sally Oldfield y por supuesto, a la 'conducción' de las cuerdas y voces se encuentra David Bedford, un gran amigo.
Quizá fuera un trabajo demasiado complejo para ser producido con la tecnología de aquel 1974 y Oldfield no pareció quedar muy satisfecho con las mezclas de su trabajo en las que fue asistido por Tom Newman, así que para la primera edición en CD -aparecida en 1984-, remezcló algunas partes. Para algunos de sus seguidores es preferible el trabajo original ya que en aquel no se respira ese 'embotamiento' durante los primeros minutos que sí aparece en la versión remezclada. También se pierde riqueza tímbrica y sutiles partes rítmicas que le dan más agilidad a la introducción de la primera parte. 
Siguiendo los pasos de Tubular Bells, se arregló una versión orquestal para Hergest Ridge que finalmente no fue editada pero que para satisfacción de muchos 'revolotea' por ahí.
Si odias los ambientes hostiles, prueba a oír este disco lejos de ellos, uno de los 'olvidados' de este músico inglés frente a los todopoderosos Tubular Bells, pero no es como esos trabajos editados para el disfrute de pseudo-intelectuales que le dan más al New Age de lo que deberían. Aquí hay música, bastante más música, o ¿estaré equivocado?

Quim Guzmán (mayo, 2002)

Otras reseñas de Mike Oldfield  >>> The Killing Fields OST <<<

 

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