cambiaelmundo
Simposio Internacional "Familia, educación y
género", Barcelona, 12-XI-2005
LA EDUCACION
DIFERENCIADA: UN MODELO DE EDUCACIÓN PERSONALIZADA Y UNA OPCION DE LIBERTAD.
Por María Calvo Charro. Profesora titular de Derecho Administrativo.
Universidad Carlos III de Madrid.
“Nada hay más poderoso que
una idea a la que ha llegado su momento”. Víctor Hugo
La
educación diferenciada, es decir, la enseñanza separada de niños y niñas,
constituye un modelo pedagógico moderno que está siendo utilizado en los países
más desarrollados como herramienta para superar determinados problemas a los
que la educación mixta, tras aproximadamente treinta años de experiencia, no ha
sido capaz de dar respuesta.
Los
beneficios que se desprenden de este modelo educativo son cualitativa y
cuantitativamente merecedores de una detallada atención por parte de padres,
autoridades y docentes. Académica y personalmente los resultados son, como
regla general, óptimos. Y, al contrario de lo que se cree mayoritariamente,
provoca un mejor entendimiento y respeto entre sexos opuestos, un ambiente más
relajado y agradable entre los alumnos, mayores facilidades para el ejercicio
de la docencia, unos resultados académicos espectacularmente mejores que los de
las escuelas mixtas, mucha menor conflictividad y violencia, mejora la
autoestima de los alumnos, favorece desde un punto de vista realista la
verdadera igualdad de oportunidades y da respuesta a las peculiaridades
concretas de los alumnos en cuanto personas, niños o niñas, en atención a sus
problemáticas específicas.
Una
educación diferenciada por sexos que supere el mito de la neutralidad sexual
aportará ventajas evidentes. Entre otras, alcanzar mejor los objetivos
educativos y culturales y abrir para los alumnos mayores posibilidades, ya que
los docentes trabajarán con grupos más homogéneos, así como un desarrollo más
armónico de la personalidad que sólo se puede lograr si se tiene en cuenta la
diferenciación sexual, pues es una cualidad que debe ser desarrollada
individualmente. No darle importancia a esta cuestión, reducirla a la relación
sexual, es poner freno al desarrollo personal de los jóvenes.
La
clave del éxito de la educación diferenciada, afirman los expertos, radica en
el equilibrio entre el reconocimiento de la diferencia y la garantía de la
igualdad de oportunidades entre sexos.
A
pesar de las ventajas demostradas que ofrece este tipo de educación, en España
está sufriendo una de sus mayores crisis.
q
Es una educación
minoritaria. Los colegios que la imparten no llegan ni siquiera al 1 % y, por
supuesto, ninguno es público.
q
Es una educación incomprendida
y sobre la que existe una profunda ignorancia y desconocimiento. Aún cuando es
una de las mejores herramientas para la emancipación de la mujer y la
consecución de la igualdad real entre hombres y mujeres, sorprendentemente,
todavía hay quien piensa que en los colegios sólo de niñas se las enseña a ser
seres débiles y dependientes del hombre. Las niñas quedarían recluidas al
ámbito privado (siendo por lo tanto discriminadas y desfavorecidas). Mientras
en los colegios sólo de chicos éstos serían educados para triunfar en el ámbito
público; dejando para las mujeres todo lo relativo a la familia e hijos
(dándoles una educación contraria a la igualdad de oportunidades y a los
tiempos).
q
Es una educación
criticada e incluso perseguida desde ámbitos gubernamentales. Se le atribuye
ser discriminatoria y causante en gran medida de la violencia de género que
sufre actualmente nuestra sociedad. Por ello, el Gobierno de algunas
Comunidades Autónomas, como Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha o Cataluña,
entre otras, le niegan la posibilidad de obtener subvenciones públicas, es
decir, le cierran la puerta al concierto educativo. También el Gobierno de la
Nación ha llegado incluso a cuestionar su legalidad.
Sin
embargo, en los países más desarrollados de nuestro entorno la educación
diferenciada está experimentando un renacer con una fuerza que sólo estamos
comenzando a percibir. Sus ventajas y desventajas están siendo analizadas en
profundidad. En algunos de estos países la discusión y el análisis ha dejado ya
paso a la adopción de medidas concretas, como la creación de colegios públicos
“single-sex” o la separación dentro de un mismo colegio de clases de
niños y clases de niñas durante determinadas edades. No estamos hablando de
experiencias piloto sino de la implantación seria y definitiva de este modelo
pedagógico, cuya fuerza arranca de sus propias ventajas demostradas
empíricamente, al margen de ideologías, creencias o tendencias.
Alemania
ha sido uno de los pioneros en la materia. En este país la educación
diferenciada ha estado durante años prohibida en los colegios públicos. Sin
embargo, en 1998, en los Länder de Berlín y
Renania del Norte-Westfalia, por iniciativa de los socialistas y los verdes y
con apoyo de los movimientos feministas, después de una seria investigación, se
autorizaron las clases diferenciadas por sexo. También en 1998, la revista Der Spiegel, de tendencia socialista, se preguntaba en su portada
“¿Constituye un error histórico la enseñanza escolar conjunta de chicos y
chicas?” La brecha definitiva se abrió en el 2004 cuando la misma revista
dedicó un reportaje monográfico a analizar la situación de las escuelas en
Alemania. El Instituto Pedagógico de Kiel realizó un estudio en Berlín,
Hamburgo y la Baja Sajonia y, apoyándose en los resultados académicos
obtenidos, demostraba que, cuando alumnos y alumnas eran separados para recibir
enseñanza en determinadas materias, tanto el interés como las calificaciones
mejoraban de forma significativa. Todo esto ha llevado a que crezca el número
de docentes, pedagogos y políticos alemanes que estiman que el principio de la
enseñanza mixta ha sido uno de los mayores errores pedagógicos de los últimos
años, y muchos otros consideran una estrategia acertada la de separar a alumnos
y alumnas en determinadas materias, especialmente a partir de la pubertad.
Heidi Simonis, diputada alemana socialista y conocida feminista, mantiene la
necesidad de superar estereotipos: “Es necesario deshacerse definitivamente del
prejuicio de que las chicas necesitan clases conjuntas con los chicos para no
estar en desventaja en el trabajo profesional. Eso es totalmente falso, como lo
es la afirmación de que chicos y chicas aprenden a conocerse mejor estando
juntos”.
En
Gran Bretaña, la red escolar está formada por centros masculinos, femeninos y
mixtos con la misma consideración. Como es sobradamente conocido, los más
prestigiosos colegios son diferenciados. Existe en este país una tradición
arraigada de este tipo de escuelas. Al respecto es destacable el estudio realizado
por la International Organisation for the Development of Freedom Education
(OIDEL). Éste sitúa 36 escuelas diferenciadas entre las primeras 50 mejores del
Reino Unido. En diciembre de 2004, el Ministro David Miliband (School
Standards Minister), declaró la necesidad de insistir en los beneficios
derivados para los jóvenes de una educación en colegios diferenciados(1).
Bastaría con separar a los niños y niñas durante determinadas clases aunque
permanezcan en el mismo colegio e incluso en la misma clase durante otros
momentos del día(2). Esta insistencia parte de la reciente publicación de un
informe, resultado de cuatro años de investigación, de la Facultad de Educación
de la Universidad de Cambridge, en el que se analizan pormenorizadamente los beneficios
que resultan de la educación diferenciada frente al sistema de educación mixta.
En
Francia la coeducación comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la
publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de
adolescencia, juventud y familia) Michel Fize “Las trampas de la educación
mixta” (2003)(3). En él se expone cómo la coeducación en el país galo no ha
conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos. Este libro ha
abierto un encendido debate en la sociedad y entre los políticos franceses pues
su autor es conocido por ser miembro del Centre National de la Recherche
Scientifique (CNRC) y, sobre todo, por haber sido asesor técnico, entre
1997 y 2002, de la entonces Ministra de la Juventud y Deporte, Marie-George
Buffet, miembro del partido comunista francés.
En
Estados Unidos, la Administración Bush derogó, en mayo de 2002, la coeducación
obligatoria que imponía la Ley de 1972 (aprobada durante la presidencia de
Nixon y bajo la presión de los emergentes movimientos feministas radicales) y
autorizó a los distritos a abrir escuelas públicas diferenciadas (“Same sex
schools”) bajo el lema “No Child Left Behind”. Esta nueva Ley
concede a los padres y a los centros mayor flexibilidad para poder optar entre
clases mixtas o diferenciadas, siempre que éstas pongan a disposición de ambos
sexos una programación, currículums, medios, profesorado e instalaciones
comparables. Según un portavoz de presidencia, el objetivo de esta medida es
“ampliar las opciones de los padres”. Se han destinado más de tres millones de
dólares a financiar programas experimentales en este ámbito. Un ejemplo
emblemático es la Young Women's Leadership Academy, de East Harlem, un
colegio público sólo para niñas abierto en 1996. Este centro consigue tasas de
éxito del 100% frente a la media del 42% en Nueva York. Aunque el 90% de las
alumnas procedían de familias sin estudios (el 70% viven bajo el umbral de la
pobreza), el instituto consiguió que todas en los últimos dos cursos llegaran a
la Universidad. Dado el éxito de esta experiencia, en septiembre de 2005 se
abrirá un nuevo colegio público femenino, el Queen Campus, esta vez en el
conflictivo barrio del Bronx de Nueva York.
Según
el corresponsal de Le Monde en Nueva York (9 de enero de 2003) las nuevas
escuelas diferenciadas reciben un apoyo variado, desde republicanos a
demócratas, pasando por neofeministas e investigadores progresistas(4). Esto ha
provocado que para el 2005 el Ministerio de Educación haya anunciado su
pretensión de aprobar una nueva ley por la que se obligará a las escuelas
públicas a ofrecer programas diferenciados. La senadora republicana Kay Bailey
Hutchinson, quien también promueve la iniciativa, ha declarado que “muchos
chicos logran mejores resultados en centros de un solo sexo, libres de la
distracción de las chicas. Y lo mismo tiende a ocurrir en los colegios
femeninos, donde las chicas asumen más iniciativas y un mayor nivel de
liderazgo”. Entre los demócratas, Hillary Clinton, que realizó sus estudios
universitarios en uno de los 84 colleges femeninos de enseñanza
superior, es una defensora convencida de las ventajas de la separación de sexos
en la escuela.
En
Suecia, la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el
Estudio de la Educación, presentó, en julio de 2004, un informe definitivo:
“Todos somos diferentes”. En él se afirma que el fracaso de la educación actual
radica en el empeño por despreciar las diferencias entre los sexos. En sus
propias palabras: “Se ha demostrado que las niñas, de pequeñas, entre los 7 y
los 15 años, asimilan con más rapidez que los niños. Mientras que en la
secundaria, tienen mayores dificultades que los chicos. Por otra parte, hay que
tener en cuenta que las chicas alcanzan la madurez mucho antes que los chicos,
y aunque tengan la misma edad no se les puede tratar igual”. El informe acaba
recomendando que se organicen clases solamente con niños o niñas, porque no es
lícito imponer conductas o modelos educativos idénticos a ambos sexos.
En
Suiza el debate sobre coeducación se reabrió en 1993 a raíz de una Conferencia
de Directores Cantonales de Educación. En las conclusiones finales se proponía
que, para eliminar los estereotipos y atender mejor a las necesidades de las
chicas, era preciso adoptar las medidas que fueran necesarias, incluyendo la
separación de sexos, con el fin de lograr una enseñanza individualizada y
diferenciada.
En
Nueva Zelanda, el Ministro de Educación, recientemente, ha creado un “think
tank” para investigar las razones por las que los niños obtienen bastante
peores calificaciones que las niñas en secundaria. Todo parece indicar que el
menor rendimiento académico de los varones está íntimamente relacionado con el
sistema de clases mixtas (The New Zealand Herald; abril 2005).
Escocia
puede ser el siguiente en la lista. Las estadísticas del gobierno demuestran
que el 55% de las chicas de menos de 21 años accedieron a la educación superior
el año 2002-03, mientras que sólo el 42% de los chicos lo hicieron. El primer
ministro de Escocia, Jack McConnell, ha decidido experimentar con clases de un
solo sexo (Scotsman; 14/9/04).
En
España, nuestro Gobierno, por su parte, ciego a esta imparable tendencia
internacional, se esmera en intentar acabar con los pocos colegios que ofrecen
este tipo de educación personalizada. En España, lo moderno es ir en dirección
opuesta al resto de los países desarrollados, aunque ello suponga renunciar a
una de las posibles soluciones a nuestro escandaloso fracaso escolar.
III. EL RECONOCIMIENTO DE
LAS DIFERENCIAS ENTRE NIÑOS Y NIÑAS DESDE LA CIENCIA Y EL FIN DEL FEMINISMO DE
GENERO
Después de aplicar durante décadas el
modelo coeducativo, habiendo puesto en este sistema –de forma loable- tantas esperanzas
por conseguir la igualdad de oportunidades y el mejor conocimiento y respeto
entre sexos, la realidad ha demostrado que esta meta no se ha alcanzado. Es
cierto que la educación mixta sirvió para que las niñas se situaran en el mismo
nivel que los niños en cuanto a exigencia escolar, es decir, currículum y
materias impartidas, pero es también cierto que se ha producido un aumento
significativo de la violencia en los colegios y un profundo desentendimiento
entre los sexos que ha conducido, en último término, a constantes faltas de
respeto y conflictos entre ambos. A esta situación debemos añadir un evidente
aumento también del fracaso escolar.
Como
consecuencia de esta situación, dejando de lado el miedo a ser tachados de
políticamente incorrectos y siendo prácticos, debemos plantearnos si el ignorar
las diferencias existentes entre niños y niñas y el empeño por imponer una
igualdad radical habrá tenido que ver con este aumento de la violencia y del
fracaso escolar.
Los
estudios, estadísticas, informes y la propia experiencia de los docentes han
llevado de forma inevitable a una respuesta tajantemente afirmativa, mantenida,
como hemos visto, en muchos casos, precisamente por sectores de izquierdas. Los
mismos que lucharon en su día con gran ímpetu por la imposición, en ocasiones
radical, del sistema educativo mixto, reconocen hoy la necesidad de tener en
cuenta las diferencias como una de las medidas, entre otras muchas, que será
necesario adoptar para salir de la profunda crisis educativa en la que estamos
sumidos.
Lo
más interesante es que la existencia de diferencias entre niños y niñas ha
encontrado su máxima demostración en los más reciente avances de la
neurociencia. Las diferencias que ambos sexos percibíamos en nuestra
convivencia en el trabajo, en casa, en las diversiones, en la forma de afrontar
los problemas, en la familia, ya tienen una explicación científica. La
explosión de investigaciones científicas y los avances de la técnica en los
últimos diez años han dado lugar a interesantes descubrimientos sobre el
cerebro humano y sus diferencias entre hombres y mujeres, tanto estructurales,
como funcionales. Algo que hasta hace poco era una aberración para la biología
es hoy una realidad empírica y objetiva.
De
manera que podemos decir sin ningún temor a equivocarnos que estamos ante
diferencias innatas. Es decir, no son sólo el resultado de unos roles
tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres, o de unos condicionamientos
histórico-culturales que nos hayan sido impuestos, sino que pertenecen a lo más
íntimo y profundo de nuestra estructura cerebral.
En
1997, el doctor Milton Diamond, experto en el efecto prenatal de la
testosterona sobre la organización cerebral, demostró que, incluso antes del
nacimiento, los cerebros masculino y femenino son notablemente diferentes, cosa
que influye en el modo en que el neonato percibe visualmente el movimiento, el
color y la forma. El resultado es una predisposición biológica de los niños
hacia juguetes típicamente masculinos y de las niñas hacia juguetes típicamente
femeninos(5).
Stevens
Rhoads, en su libro “Taking sex differences seriously” (2004), expone
las conclusiones a las que ha llegado tras años de investigación y estudio,
dando cuenta de las diferencias sustanciales que existen entre hombres y
mujeres desde aproximadamente el sexto mes de gestación. Demuestra, por
ejemplo, que la agresividad es más propia del sexo masculino, y que los hombres
tienden más a competir, mientras que las mujeres prefieren cooperar. Hoy se
sabe que, aunque el cerebro femenino pesa un 15% menos que el de los hombres,
tiene regiones que están pobladas por más neuronas. Entre éstas la zona del
lenguaje. Según una investigación de la Universidad de Yale, las mujeres
utilizan las neuronas de ambos hemisferios cuando leen, hablan o recitan un
poema, mientras que los hombres utilizan sólo las neuronas del hemisferio
izquierdo.
La
revista Time (march/7/05) en un artículo titulado: “La verdad real sobre
el cerebro femenino”, afirmó que, gracias a las nuevas tecnologías de imagen
del cerebro, sabemos que existen más diferencias reales entre los cerebros de
hombres y mujeres de las que pudiéramos haber imaginado hace una década. De
hecho la neurocientífica Sandra Witelson (famosa por la investigación realizada
sobre el cerebro de Einstein en 1990) afirma con rotundidad que el cerebro es
un órgano sexual, con diferente estructura según se trate de varones o féminas,
lo que explica fenómenos tales como la más rápida mejora y recuperación tras un
infarto cerebral en mujeres que en hombres.
Para
complicar más el asunto, nuevos estudios de imágenes cerebrales de la
Universidad de California sugieren que hombres y mujeres con el mismo
coeficiente intelectual utilizan diferentes proporciones de materia gris y
blanca cuando resuelven tests de inteligencia.
En
definitiva, no aprendemos a ser hombres o mujeres sino que nacemos hombres o
mujeres. El estudio en bebés recién nacidos supone una fuente de información
fundamental para la búsqueda de diferencias de origen esencialmente biológico,
ya que los efectos del aprendizaje aún son muy pequeños. En este sentido, el
Doctor Hoffman, de la Universidad de Nueva York, tras años de experimentación,
ha demostrado que los bebés de 24 horas de vida reaccionan de manera distinta
al llanto de otros bebés según sean varones o niñas. Estas se inquietan en
mayor medida, mostrando un alto grado de empatía, afectividad y solidaridad
hacia los que sufren a su alrededor, mientras que muchos niños no llegan
siquiera a despertarse con el llanto ajeno.
En
la misma línea, el pediatra Aldo Naouri, nos invita a fijarnos en cómo las
niñas pequeñas en la sala de espera de su consulta o de cualquier otro
hospital, corren deseosas de consolar o socorrer al niño o la niña que sufre o
llora. Mientras que el niño de su edad aprovecha el momento para darle un buen
mamporro impunemente al crío desconsolado o para arrebatarle un juguete, ellas
inventan para él miradas, gestos y caricias, utilizando todo tipo de voces y
palabras para alegrarle. ¿Es eso solamente una imitación de una madre?. A esta
pregunta responde tajante: “Eso es lo que sostienen los negacionistas
obstinados por la diferencia de sexos, esos que provocan la desgracia al acusar
a la sociedad bienpensante de fabricar ese tipo de comportamiento, al tiempo
que rechazan constatar una diferencia sexual fundamental... ¡que se crea en el
mismo desarrollo embrionario!” (6).
Varones
y mujeres somos pues diferentes incluso antes de nacer. La demostración
científica y empírica de las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres
echa por tierra la teoría de aquellos que afirman que las distintas formas de
pensar, de actuar, de reaccionar, abstracción hecha de las obvias diferencias
anatómicas, no corresponden a la naturaleza sino que son el producto de la cultura
de un país y de una época determinados, que les asigna a cada sexo una serie de
características, estereotipos o roles(7).
El
descubrimiento de que las diferencias entre hombres y mujeres son innatas tiene
una importancia enorme de cara a poner freno a la tendencia feminista radical
según la cual el sexo no pertenece a la naturaleza sino que es un producto de
la libertad y cultura de cada ser. De manera que la inclinación sexual se
podría incluso contraponer a la naturaleza. Pretenden dejar a la libertad de
cada cual el tipo de “género” al que quieren pertenecer, todos igualmente
válidos. Esto hace que hombres y mujeres, heterosexuales, homosexuales,
bisexuales... sean simplemente modos de comportamiento sexual producto de la
libre elección de cada persona. La identidad sexual puede “desconstruirse” y la
masculinidad y feminidad no son más que “roles de géneros construidos
socialmente”. Esta visión ha emergido con fuerza en los recientes encuentros
patrocinados por las Naciones Unidas, en el Cairo (sobre población y
desarrollo) y en Pekín (Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres),
infligiendo a las mujeres un nuevo golpe en su identidad en cuanto tales
mujeres, aunque afirmen que la finalidad es proteger su dignidad como personas.
Mantienen pues que la socialización puede imponerse a la identidad biológica.
La
educación mixta cuando se impuso, tanto en España, como en otros países,
resultó un interesante instrumento educativo en busca de la igualdad de oportunidades.
Y, de hecho, permitió grandes avances en este terreno. Especialmente en lo
relativo a conseguir que las niñas recibieran una educación con idénticos
contenidos y formas que los niños. Los grandes problemas se han manifestado sin
embargo recientemente y se deben en gran medida a un factor puramente externo:
el cambio de nuestra sociedad.
Hace
décadas, cuando la educación mixta se instauró en España, la sociedad en
general se atenía a una escala de valores respetados de forma general con naturalidad.
Me refiero al valor de la familia como núcleo esencial de la formación de
nuestros hijos y de la transmisión de valores y virtudes como la justicia, la
generosidad, la obediencia, el respeto a los mayores, el cariño por los
pequeños... Me refiero al acatamiento respetuoso de la autoridad (no al
autoritarismo) de los padres y profesores. Me refiero al prestigio del esfuerzo
personal, al reconocimiento de que para ser feliz hace falta muchas veces
sufrir, por ejemplo, estudiando. Me refiero al bienestar interior que
proporciona el deber cumplido. Me refiero al conocimiento de que se iba al
colegio a estudiar y sólo en segundo término a divertirse... En estas
condiciones los colegios mixtos no manifestaron más problemáticas que las
propias que necesariamente se generan por la convivencia entre sexos
diferentes.
Sin
embargo, en la actualidad, la sociedad se caracteriza en términos generales por
la ausencia total de valores, el desprestigio del esfuerzo personal, la crisis
de la familia (su destructuración, la ausencia de los padres del hogar, las
familias monoparentales, las parejas homosexuales...), la idea de que el
colegio es un lugar de socialización y de diversión, la absoluta falta de
autoridad de padres y profesores sustituida por la tolerancia ilimitada. A
estos factores debemos sumar además la erotización del ambiente, favorecida en
gran medida por los medios de comunicación. Y, en definitiva, la extendida
regla del “todo vale” que -en palabras del pedagogo José Luis
González-Simancas- hace que nada valga y que todo sea indiferente. Es en estas
circunstancias cuando la educación mixta se convierte en un polvorín a punto de
estallar.
Diversos
estudios llevados a cabo por pedagogos, psicólogos, psiquiatras y demás
profesionales(8), tras décadas de investigación y experiencia práctica, y las
más recientes estadísticas e informes de organismos públicos y privados, nos
llevan al reconocimiento de una serie de efectos ampliamente demostrados: el
fracaso escolar ha ido en aumento progresivamente, especialmente el fracaso
masculino; la violencia de género también ha aumentado alarmantemente; y la
relación entre los sexos se ha hecho más complicada, conflictiva e
irrespetuosa.
Otro
dato importante a tener en cuenta es que estos problemas adquieren mucha mayor
intensidad en los centros escolares situados en zonas de clase social baja o en
colegios donde abundan minorías de otras razas o culturas.
1. – DESPRECIO POR LAS
DIFERENTES FORMAS DE APRENDER DE NIÑOS Y NIÑAS. ASIMETRÍAS INABARCABLES PARA
LOS DOCENTES.
Las
diferencias entre chicos y chicas pertenecen al orden natural y biológico pero
inciden de forma directa en su desarrollo personal, emocional e intelectual.
Está ampliamente demostrado que el proceso de maduración es diferente entre
niños y niñas. Estas maduran biológica y psicológicamente antes que aquellos.
Esto a su vez viene determinado por las diferencias cerebrales que se dan ya
desde el seno materno entre los distintos sexos.
El
psiquiatra Jay Giedd, uno de los mayores expertos sobre el crecimiento del
cerebro de los niños, miembro del U.S. National Institute of Health en
Washington, ha demostrado que las partes del cerebro encargadas de las
destrezas verbales, como escritura y lectura, maduran varios años antes en las
niñas. La región de Wernicke, la parte del cerebro que coordina la función
lingüística, es un 30% más pequeña en los hombres que en las mujeres.
En
la misma línea, los neurocientíficos, Reuwen y Anat Achiron, gracias a las
tecnologías actuales, han demostrado que simplemente realizando un escáner del
cerebro, se puede distinguir claramente el cerebro femenino del masculino: el
cerebro de una niña recién nacida está más maduro que el de un varón con
idéntico tiempo de vida. De hecho, el cerebro de una niña de cuatro años equivale
en madurez al de un varón de seis. Esta diferencia permanece hasta
aproximadamente los treinta años, edad en la que alcanzan idéntico nivel de
madurez. Y esto con total independencia de la cultura o la raza.
Esta
diferente velocidad en la maduración de niños y niñas provoca a su vez
diferencias palpables en el rendimiento académico de unos y otras. Se ha
demostrado que el desarrollo cognitivo del varón es más lento en ciertos tramos
de edad. Desde los 7 y hasta los 16 años las niñas rinden intelectualmente más
(especialmente en el tramo de los 12 a los 14 años, es decir, en plena
adolescencia). Las niñas son mejores en destrezas verbales. En cuanto empiezan
a hablar articulan mejor las palabras y crean frases más largas y complejas.
Con la lectura y la escritura las niñas llevan ventaja desde el primer momento
generando cierto agravio comparativo con los varones. La curva del ritmo de
desarrollo de los varones discurre más lentamente, pero nuestro sistema escolar
no se corresponde con esta situación, lo que provoca que muchos chicos queden
retrasados respecto a las chicas, sufren frustración, desánimo, pierden la
motivación y se les obliga a repetir curso en mucha mayor medida que sus
compañeras. Con la educación diferenciada se pretende dar respuesta a la
desigualdad de madurez que se constata entre chicos y chicas, especialmente en
el periodo de la adolescencia, abriendo la puerta a la plena realización
profesional y personal de los dos sexos.
Pero
los niños y las niñas son diferentes no sólo en sus ritmos de maduración.
También lo son en intereses; juegos; aficiones; inquietudes; formas de
socialización; forma de exteriorizar los sentimientos; formas de reaccionar
ante idénticos estímulos... tantas cosas. Todo esto provoca que, en definitiva,
sean diferentes también en sus formas de aprender. Diversos estudios y la
propia experiencia docente nos muestra que lo que es correcto y bueno para las
niñas, puede ser sumamente perjudicial para los varones y viceversa.
Los
niños necesitan que exista competencia en las clases. Que haya un perdedor y un
ganador. Por eso, la división de las aulas en equipos que compiten entre ellos
para sacar la mejor calificación es un modelo óptimo para los chicos que se
esfuerzan por conseguir que triunfe su equipo y aplastar al contrincante. Pero
este sistema no sirve en absoluto para las niñas que, por el contrario,
trabajan mejor ayudándose unas a otras. Les gusta colaborar, no olvidemos que
son más empáticas y solidarias.
Los
niños para estar atentos demandan cierta tensión con el profesor, que éste de
algún modo les rete. Pero las niñas necesitan sentirse queridas por la
profesora. En el varón predomina la búsqueda de independencia y el aprendizaje
de poder o dominio. De ahí la mayor conflictividad latente con el profesor. Hay
demostraciones científicas que avalan que el uso de cierta tensión y
confrontación con los chicos les ayuda a mantener la atención en clase y a
rendir mejor.
Mientras
que las chicas precisan de la técnica contraria, conocida como “inducción” que consiste
en el uso de métodos positivos que eleven su autoestima(9).
Los
varones están mas interesados por las cuestiones objetivas (por ejemplo, datos
o fechas concretas), mientras que las niñas lo están por las cuestiones
subjetivas (acontecimientos).
Para
los niños funcionan mejor las clases bien estructuradas en las que se “sientan
vigilados”. Sin embargo, las niñas mejoran en ambientes más relajados.
Hay
otras muchas diferencias entre sexos. A igual edad, los chicos son más
impulsivos e inquietos; menos ordenados; se concentran menos; encuentran
mayores dificultades para expresar sus sentimientos; muchos tienen problemas de
disciplina. Muchos sobresalen en agresividad, nivel de aspiraciones,
inadaptación escolar. Sin embargo, superan a las chicas en fuerza física y
velocidad; perciben mejor el espacio y lugar que ocupan los objetos, teniendo
más desarrollado el razonamiento abstracto (es decir, la capacidad de llevar
algo real a algo simbólico representado por signos)(10). Además también las
superan en valores políticos, técnicos y económicos(11).
En
el plano afectivo las diferencias también son destacables. En ellas la
delicadeza, la atención a los detalles y el énfasis que ponen en lo emotivo
fundamentará más tarde su afectividad femenina. Las niñas son capaces de
estudiar y comportarse bien en clase por cariño hacia su profesora a la que
realmente quieren. Cosa que resulta impensable en los niños. Estos, en cambio,
se caracterizan por la rudeza, dureza e insensibilidad, descalificando globalmente
la vida afectiva que es percibida en esta etapa evolutiva como desprestigiada y
hasta banalizada.
De
aquí no debe concluirse que en el mundo afectivo del varón no haya lugar más
que para la violencia, sino que en estas edades la ternura está como escondida
y no hace nada por manifestarse. Más tarde en la etapa adulta aparecerá la
ternura masculina aunque manifestándose de forma muy diferente a como acontece
en las chicas.
Esta
disparidad de maduración, capacidades, intereses y aficiones entre niños y niñas
dificulta la tarea de los educadores, restándoles eficacia en su labor. La
asimetría en lo psicológico es más que considerable. Si los niños y niñas están
en la misma clase, señala el pedagogo Víctor García Hoz, y el profesor explica
de forma muy razonada y analítica, las niñas se aburrirán, y si se explica de
una forma más ágil y explícita, las niñas –más avispadas e intuitivas- lo
captarán mientras que los niños no terminarán de entender.
A
estas diferencias, digamos cerebrales, debemos sumar otra que salta a la vista:
el desarrollo muscular de los chicos provocado por la influencia de la
testosterona (la hormona masculina del crecimiento). Esto les hace mucho más
proclives al movimiento. En los chicos el desarrollo continuo de su musculatura
físicamente les conduce a realizar juegos muy activos y bruscos que sólo con
otros chicos pueden compartir.
Son
por lo tanto más inquietos, brutos y activos. Ni mejores, ni peores, tan solo
maravillosamente diferentes. En los patios o recreos esto es algo que salta a
la vista. Señala Michel Fize, que son lugares en los que se fomenta la
“hegemonía masculina” pues los chicos se inclinan por actividades más violentas
y cinéticas e imponen su dominio en un espacio limitado y reducido a las chicas
(que prefieren los juegos más calmados)(12). Joanne Rodkey, directora de la Woodward
Avenue Elementary School, considera evidentes estas diferencias cuando,
según su experiencia, el primer día de colegio, en una clase mixta de niños y
niñas de seis años, éstas se sientan rápidamente en sus pupitres esperando
disciplinadas que se les indique lo que tienen que hacer, mientras los varones
van de mesa en mesa explorando la habitación, teniendo que ser prácticamente
“acorralados” para que tomen asiento(13).
Un
estudio realizado por profesionales de la educación explica que mientras las
niñas tienen suficiente con un descanso en la jornada escolar, los varones
precisarían hasta ocho interrupciones. Estamos hablando, claro está de reglas
generales, que por supuesto tienen sus excepciones, porque hay niñas que juegan
igual que los niños y viceversa, pero por eso son precisamente excepciones.
En
estas clases donde existen tantas variables emocionales, conductuales y
evolutivas es complicado para el docente llegar por igual a todos. Y resulta
utópico pretender que un profesor explique de dos formas diferentes
simultáneamente.
Profesores
de colegios mixtos norteamericanos afirman perder el 80% del tiempo de las
clases salvando las crisis generadas como consecuencia de las diferencias de
criterios y formas de pensar entre chicos y chicas.
2 - EXACERBACIÓN DE LOS ROLES
MACHISTAS. EL AUMENTO DE LA VIOLENCIA DE GENERO.
La
maduración, más lenta en el caso de los varones, lleva a no pocos chicos a
posicionar su rol a través de actitudes sexistas, de violencia machista, al no
poder compararse académicamente con sus compañeras. Los chicos perciben de
forma traumática que mientras ellos siguen siendo niños, las chicas de su edad
aparecen ya como mujeres física y psíquicamente. No es extraño que las chicas
sean objeto de insultos sexistas en los pasillos e incluso de acoso sexual
físico o verbal. Los comportamientos estereotipados y discriminatorios están a
la orden del día en los centros escolares mixtos. Los chicos tímidos tampoco
salen ganando pues reaccionan normalmente retrayéndose y encerrándose en sí
mismos, aislándose en sus relaciones con las chicas.
Según
Nicole Mosconi, profesora de pedagogía en la Universidad de París, estos estereotipos
quedan reforzados en las escuelas mixtas(14). Y esto curiosamente conduce a un
distanciamiento entre niños y niñas, no sólo psicológico, sino también físico.
Basta observar, como apuntan varios profesores, la tendencia espontánea de unos
y otras a agruparse en clase por separado.
En
Austria, el Gymnasium Rahlgasse, instituto de secundaria famoso desde su
creación por su trabajo en la emancipación de la mujer y que tiene como eje la
consecución de la igualdad de oportunidades, tras una dilatada experiencia en
educación mixta, llegó a la conclusión evidente de que este tipo de educación
radicaliza los roles de género. Por eso, su actual directora, Heidi Schrodt,
adoptó diversas iniciativas para separar en determinados cursos a los niños y
las niñas.
3 - EL FRACASO ESCOLAR UN
PROBLEMA MASCULINO. VARONES EN CRISIS.
Es
un hecho que los chicos rinden menos que las niñas de su misma edad, muchas
veces porque ellos mismos reducen su nivel de esfuerzo y aspiraciones al no
sentirse capaces de competir con sus compañeras. También es cierto que son más
indisciplinados –pues son más movidos, activos e inquietos, a causa, como vimos
de la influencia que ejerce sobre su desarrollo muscular la testosterona-. Este
mayor activismo de los varones hace de su educación una labor fatigosa y en las
clases mixtas provoca una progresiva preferencia del profesor hacia las niñas
(más obedientes, quietecitas y estudiosas). Los varones resultan más
“incómodos” o molestos para el profesor. El 90% de los docentes no son conscientes
de las diferencias entre sexos o no aplican medidas adecuadas para
solucionarlas, exigiéndoles lo mismo, de idéntica forma a niños y niñas, en el
mismo tiempo y pretendiendo obtener una misma respuesta por parte de ambos
sexos. Se pretende que sean igual de puntuales, ordenados, constantes y
tranquilos que sus vecinas de pupitre. Se quiere asimilarlos a las chicas, “más
fáciles” para los docentes y esto es sencillamente imposible.
Se
quiere implantar en las escuelas “el ideal femenino”: niños sentados en filas
ordenadas, escuchando las lecciones en silencio y tomando pulcros apuntes.
Muchas chicas destacan en tales tareas pero a los chicos no les va bien porque
tienen otra forma de aprender(15).
Los
niños, en estas circunstancias, resultan molestos para el profesor y se quejan
de que son castigados con mayor frecuencia que las chicas sencillamente por
“comportarse como chicos”(16). Mientras las chicas tienden a estar sentadas y
atender, los varones necesitan tener algo entre las manos, moverse en la silla
o levantarse(17).También en el recreo, en sus formas de jugar, los niños tienen
unas preferencias específicas, se manifiestan con mucha más energía e
impetuosidad que las niñas, tienden también en los juegos a imponer su voluntad
por la fuerza corporal y provocan en su medio ambiente choques mucho más
frecuentes que los que ocasionan las chicas. De este modo están más abiertos a
la censura.
Estas
características propias y normales de los niños, resultan exorbitantes para los
docentes al compararlos con las niñas, lo que provoca a su vez una tendencia a
criminalizar la conducta de los varones. Incluso en algunos casos se
diagnostica a muchos varones el trastorno actualmente más estudiado en niños en
edad escolar: el TDAH o trastorno de déficit de atención con hiperactividad.
Cuando en realidad su único problema es el de ser varones, activos, enérgicos,
competitivos y muy movidos, en clases compartidas con niñas más pausadas,
tranquilas y disciplinadas. Este diagnóstico se soluciona con el suministro de
un medicamento bien conocido actualmente: el Ritalín, nombre comercial
de una droga (metilfedinato) que tiene un efecto “calmante” sobre los
hiperactivos y que a medio plazo puede generar una peligrosa adicción(18).
En
fin, se medica a niños sanos para que no expresen los rasgos propios de su sexo
(inquietud, agresividad, rapidez, expresividad, emotividad...) y así se
asimilen más a las niñas que son las supuestamente normales, por el hecho de
ser más tranquilas y disciplinadas(19).
Esta
falta de comprensión hacia las aptitudes de los niños y el no adaptarse a su
peculiar forma de aprender está provocando un masivo fracaso escolar masculino,
como reflejan las más recientes estadísticas e informes. En contra de lo que
infundadamente piensa la mayoría de la sociedad, y como demuestran las
estadísticas, son las chicas las que están arrasando en los colegios. Los
chicos se quedan atrás. El chico tipo está un año y medio por detrás de la
chica tipo en lo que se refiere a leer y escribir; está menos comprometido en
el colegio; su comportamiento es peor y es más improbable que acabe realizando
estudios universitarios. Lo que conduce a los chicos a una situación
paradójica: convertirse en el sexo “vulnerable”, pues es el que sale perdiendo
por el alto grado de fracaso académico que sufre en comparación con las
chicas(20).
Datos
del Departamento de Educación de los Estados Unidos y estudios recientes de
algunas Universidades demuestran que, lejos de aparecer tímidas y
desmoralizadas, las chicas de hoy ensombrecen a los chicos. Consiguen mejores
calificaciones. Tienen aspiraciones educativas más altas. Siguen programas
académicos más rigurosos y participan en clases de alto nivel en mayor
porcentaje. Muchas más chicas que chicos estudian en el extranjero. En lenguaje
técnico de los expertos, las chicas se comprometen más académicamente.
Con
el comienzo del otoño han salido a la luz pública una serie de datos sobre
nuestro sistema educativo que deberían movernos a la reflexión a todos, padres,
docentes y políticos, por el elevado componente sexual que se esconde tras
ellos y que, sin embargo, pasa desapercibido a los responsables de la educación
en España. De la lectura del documento publicado por el Ministerio de Educación
y Ciencia “Las cifras de la educación en España” (Edición 2005) y del Informe
de la OCDE “Una mirada a la educación, 2005”, se desprende una conclusión
evidente: el fracaso escolar en nuestro país constituye una problemática
principalmente masculina.
El
porcentaje de jóvenes entre 20 y 24 años que completó al menos el nivel de
secundaria en el año 2002 es de un 71,9 % de mujeres, frente a sólo el 58,2 %
de los hombres. Por poner otro ejemplo, el porcentaje de alumnos que abandonó
los estudios en el curso 2003 sin completar el nivel de educación secundaria y
que no sigue ningún tipo de educación o formación alternativa es de un 36,1% de
hombres frente a un 23,4% de mujeres.
Algunos
países de nuestro entorno hace tiempo que son conscientes de este fenómeno. A
principios de los años 90, el periódico londinense The Times advirtió de
la posibilidad de dar lugar a una segunda clase de hombre sin habilidades y sin
empleo. También The Economist se refirió a los chicos como “el segundo
sexo” el día de mañana. El Departamento de Educación de Estados Unidos prevé,
según sus investigaciones, que en el año 2011 se graduarán 140 mujeres por cada
100 hombres, un porcentaje aproximado del 60% de mujeres frente al 40% de
hombres.
La
revista Business Week, en mayo de 2003, publicó un preocupante artículo
(“How the educational system bombs out for boys?”), sobre cómo los
chicos están siendo marginados por el sistema educativo, frente a unas chicas
que, en igualdad de edad, los superan en capacidades.
Le
Monde de l´Education señaló, en un dossier
dedicado al estudio de esta nueva problemática (2003), la preocupación de los
sectores educativos por la inadaptación de los chicos. El fracaso escolar entre
los chicos les hace padecer un complejo de inferioridad que a su vez provoca
una difícil relación y aumenta la tensión con el sexo opuesto.
El
International Herald Tribune (16 de octubre de 2005) se preguntaba
“¿cómo podemos ayudar a nuestros niños en la escuela?”.
Los
datos más recientes muestran un incremento cada vez mayor de esta tendencia, de
manera que si no tomamos medidas al respecto la diferencia entre el éxito de
las niñas y el fracaso de los chicos va a seguir creciendo progresivamente. El
conocimiento de los resultados de las recientes investigaciones debería
constituir una llamada de atención para los padres y docentes, para tratar de
ser más justos con las aptitudes de los niños, sus peculiares características y
sus tareas vitales específicas, en especial, a través de formas de docencia más
adecuadas.
Ante
esta situación lo que necesitan los varones es comprensión y ayuda para
equiparase académicamente a las niñas, no que se les rescate de su
masculinidad. La educación diferenciada es una forma de liberar a los niños de
una competitividad entre sexos que no beneficia a nadie. Se trata sencillamente
de aplicar el sentido común. Pero para ello es necesario superar las barreras
ideológicas y reconocer la realidad de las distorsiones que presenta el sistema
y que se agravan seriamente en centros escolares ubicados en zonas socialmente
desfavorecidas.
Debemos
tomar medidas sin miedo a ser políticamente incorrectos. La solución no está en
mantener el discurso dogmático de la igualdad radical impuesta a martillazos,
presionados por el miedo a ser demagógicamente tachados de retrógrados. Se
sigue poniendo un gran énfasis en garantizar una igualdad uniformadora y
masificadora (no tenemos más que leer el proyecto de Ley orgánica de educación)
lo que nos lleva en dirección diametralmente opuesta a la solución del
problema: el reconocimiento de las diferencias en el aprendizaje entre niños y
niñas. El reconocimiento de que niños y niñas, hombres y mujeres son iguales…
pero diferentes.
La
igualdad radical parece haber agotado lo mejor de sí misma. Ahora hay que dar
cauce a las diferencias, justamente para erradicar en lo posible la exclusión o
las marginaciones y lograr así una auténtica igualdad de oportunidades. No
estamos ante una masa informe de menores, seres asexuados de género neutro, sino
ante niños y niñas para los que la tarea educativa debe ser una labor de
filigrana similar a la que se desarrollaba con los códices medievales.
1 - MAYOR RENDIMIENTO
ACADEMICO.
Diferentes
estadísticas e investigaciones demuestran que los resultados en los colegios de
educación diferenciada son considerablemente mejores que en los mixtos(21). Por
ejemplo, el último informe sobre las escuelas de secundaria de Ontario
(Canadá), realizado por el Instituto Frazer, constata que diez de los dieciséis
centros con mejores calificaciones académicas ofrecen enseñanza
diferenciada(22).
Esta
mejora en el rendimiento y, en consecuencia, en los resultados académicos,
afecta tanto a las niñas como a los niños. En relación con aquellas existen
estudios que demuestran que las notas de chicas en colegios diferenciados
llegan a ser hasta 1/3 más elevadas que las de chicas similares en colegios
mixtos (estudio realizado por la National Foundation for Educational
Research; 2002). Y por lo que respecta a los chicos, se pueden citar muchas
experiencias positivas llevadas a cabo en diferentes países. Por señalar
alguna, son significativos los resultados obtenidos en la experiencia piloto
llevada a cabo en el colegio de Australia, Appin Park (Melbourne), donde
se crearon clases sólo de chicos para tratar el problema de un grupo de niños
con baja autoestima y elevado absentismo escolar. El resultado fue que niños
que el año anterior no querían ir al colegio, desde la separación por sexos
acudían a las clases sin problemas y sacaban buenas notas (The Age;
october 11; 2004).
Además
varias investigaciones han demostrado, como señala Riordan, que el mejor
rendimiento académico es mayor aún entre alumnos, tanto niños como niñas, que
históricamente han estado en desventaja por motivos de raza, color o
religión(23).
La
subida en el rendimiento académico se debe a varios factores concurrentes. En
primer lugar, adquieren mayor confianza en sí mismos y están menos distraídos
(especialmente en la adolescencia). Pero otro factor determinante es que se
aplican técnicas docentes adaptadas a las características y exigencias propias
de cada sexo. El gusto por aprender mejora incuestionablemente cuando los
contenidos de la educación se enmarcan en programas que tienen en cuenta las
preferencias naturales resultado de la diversa conformación del cerebro
masculino y femenino. Pero el mejor rendimiento académico se demuestra no sólo
con frías estadísticas, sino con la propia experiencia de aquellos colegios que
habiendo sido en un principio mixtos (alguno con larga tradición en
coeducación), han decidido reconvertirse en colegios diferenciados. Podemos
citar, entre otros muchos, el caso del Shenfield High School, en
Inglaterra o el caso del Myrtle Avenue Middle School, en Irvington, New
Jersey (USA). Ambos colegios, dado el fracaso escolar que estaban
experimentando optaron por separar a niños y niñas en diferentes clases. Los
resultados no se dejaron esperar. Sólo tras un año desde el cambio las
calificaciones comenzaron a experimentar un considerable incremento. Y lo que
es más importante, notaron un nuevo entusiasmo por aprender en sus alumnos y
alumnas antes inexistente.
2 - MAYOR POSIBILIDAD DE
ALCANZAR UNA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES REAL
En
relación con las niñas la separación de sexos en el colegio tiene una
importancia esencial de cara a alcanzar posteriormente una igualdad real. Y
esto porque, como diversos estudios reflejan, las chicas rinden más y mejor en
asignaturas tradicionalmente masculinas cuando están solas(24). Está demostrado
que en los colegios mixtos las niñas no optan por materias o actividades
“típicamente masculinas” por miedo a ser rechazadas en el grupo o a no ser
hábiles en las mismas. Por el contrario, en colegios sólo de niñas éstas se
decantan con naturalidad por actividades como el fútbol y tienen mucho mejor
rendimiento académico en asignaturas de ciencias.
En
España este es un hecho evidente: actualmente el número de chicos titulados en
ciencias, matemáticas y tecnología duplica al de mujeres. Y como demuestran los
datos del Instituto Nacional de Estadística del año 2003, la opción
científico-técnica es la más elegida por los hombres y la de ciencias sociales
por las mujeres.
En
Estados Unidos, en 1992, la Asociación Americana de Mujeres Universitarias
publicó un informe en el que mostraba cómo, en las escuelas exclusivamente
femeninas, las niñas tenían más confianza en sí mismas, obtenían mejores
resultados y seguían más estudios de ciencias al pasar a la Universidad. En
este país la separación de sexos ha beneficiado especialmente a niñas de
ciertas minorías. Así, por ejemplo en San Antonio, Texas, una docena de centros
escolares públicos ofrecen clases diferenciadas. Se ha demostrado que esto
favorece la participación de las niñas de origen hispano cuando tienen que
hablar frente a todos en la clase.
En
este sentido, podemos afirmar que la coeducación discrimina a las chicas pues
salen perjudicadas en los aspectos más estrictamente académicos y en su
preparación para el desenvolvimiento posterior en la vida social y profesional.
3 – UN CORRECTO DESARROLLO DE
LA AFECTIVIDAD Y LA SEXUALIDAD
Aquellos
que pretenden la igualdad radical entre sexos, mantienen que una clase sólo de
chicos o únicamente de chicas es peligrosamente artificial, ya que la escuela
debe ser un espacio de socialización que facilite actitudes abiertas y libres.
Esta
postura pudo ser válida en otra época (como de hecho lo fue en un momento en el
que la mujer no estaba integrada en la sociedad) pero en la actualidad es
cuanto menos absurda.
Es
evidente que el ambiente de hoy es muy diferente al de hace unos años. Es
preciso pues situarse en el contexto actual para proponer sistemas pedagógicos
acertados, incluso cuando éstos no coincidan con la moda al uso, en especial,
cuando tales modas son empobrecedoras para la persona. La educación separada
pudo representar un problema para la integración social de niños y niñas en una
época en la que la propia sociedad no era mixta, por la falta de incorporación
de la mujer al mundo laboral, político y social en general. Pero actualmente
suponer que un niño se va a “traumatizar” por ir a un colegio diferenciado es
absurdo, máxime cuando los temas sobre el sexo opuesto han dejado de ser tabú y
se hablan y comentan con naturalidad dentro de la familia (o al menos así
debería ser, pues no se puede perder de vista que antes que alumno se es hijo y
que los hábitos han de adquirirse en casa, pues donde un padre o madre no
llegan no se puede esperar que llegue un profesor).
El
Estado y la escuela no son padres y por eso no pueden satisfacer las
necesidades emocionales o morales de los más jóvenes. La convivencia familiar
es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento
abstracto sobre la tolerancia o la paz social(25). Como afirma William Bennett,
la familia es el primer y mejor Ministerio de Sanidad, el primer y mejor
Ministerio de Educación y el primer y mejor Ministerio de Bienestar Social
(26).
Además
el tiempo que el niño pasa en la escuela al año constituye un 15%. Les queda
por lo tanto un 85% de tiempo para aprende a convivir con el sexo opuesto.
Podemos
asegurar sin dudas que el equilibrio emocional del niño no se va a ver afectado
por estar durante unas horas al día separado del sexo opuesto, con el que se
puede volver a relacionar sin problemas ni trabas artificiales en horas
extraescolares o los fines de semana.
En
contra de lo que creen los defensores de la coeducación como único modelo
aceptable, la convivencia temprana entre niños y niñas en las escuelas no
mejora sus relaciones, ni las hace más fluidas, antes al contrario éstas se
llenan de tensiones y conflictos. En este sentido son definitivas las palabras
de Selon Claire, profesor de lengua en un colegio mixto de París: “en el
colegio, la mixitud no aporta nada. Las relaciones entre niños y niñas
consisten o en ignorarse mutuamente o en faltarse de forma absoluta al
respeto”.
Un
estudio del Departamento de Educación de Washington, demuestra que los chicos
pierden el respeto a las chicas en los colegios mixtos. Y que por el contrario,
la visión del otro sexo tiende a ser más positiva entre los alumnos de escuelas
diferenciadas. Incluso la estabilidad emocional de algunos niños se ve afectada
por la convivencia escolar constante con el sexo opuesto. Diversas
investigaciones al respecto están dando cifras preocupantes de depresiones en
niños y jóvenes que suelen manifestarse con un bloqueo en los estudios que
nadie se explica.
En
la adolescencia, etapa de convulsiones físicas y psíquicas, de incertidumbre e
inseguridad, resulta beneficiosa la separación por sexos en las escuelas. La
identidad personal, masculina o femenina, todavía no se ha constituido
adecuadamente, les falta madurez, experiencia de la vida para saber integrar
todos los elementos que están en juego en una relación interpersonal. La
presencia del otro sexo en el colegio es un importante factor de dispersión
porque les obliga a estar pendientes de parecer bien a sus colegas en lugar de
centrarse en su propia personalidad sin complejos ni miedos.
La
educación diferenciada ofrece a los adolescentes, en palabras de Aquilino
Polaino, un “espacio libre de distracción”, libre de presiones que ayudan a la persona
a madurar(27). En aulas diferenciadas, durante los complejos y convulsivos años
de la adolescencia, chicos y chicas pueden comprender más fácilmente el papel
de su propio sexo.
En
una sociedad que padece una erotización exagerada, es necesaria más que nunca
una institución donde sea posible tratar con serenidad la formación
diferenciada de los muchachos y muchachas en función de la peculiar vida
afectiva de cada sexo. Esta necesidad tiene especial importancia en la
pubertad, cuando las tendencias sexuales se desarrollan rápidamente con el
peligro de que en muchos casos pueda producirse desorientación, frustraciones y
desviaciones psicológicas y conductuales. La ideología coeducativa ha traído
consigo de hecho un aumento de la promiscuidad.
Los
defensores de la coeducación mantienen que la escuela mixta es la fórmula más
adecuada para educar en la convivencia. Sin embargo, la experiencia demuestra
que el conocimiento mutuo, el aprendizaje compartido, el respeto y la
tolerancia de lo diferente, son valores que la coeducación no ha sido capaz de
proporcionar a pesar de que en un principio parecía ser la situación ideal para
su fomento. El resultado ha sido más bien el contrario: agresividad, violencia
machista, guerra de sexos. Y esto porque la mezcla de sexos no es la fórmula
correcta. Es imprescindible una profunda labor educativa que es precisamente
más complicada en la escuela mixta dada la variedad de situaciones de madurez y
de desarrollo personales que se dan entre niños y niñas, así como por el
aumento de tensiones que se produce en un aula no homogénea. Algunos sociólogos
han llamado la atención en este sentido, advirtiendo que las intervenciones
específicas para garantizar la convivencia acaban perdiendo su fuerza
educativa(28).
4 - EL MAYOR BENEFICIO: LA
FELICIDAD DE NUESTROS HIJOS
Pero
sin lugar a dudas el mayor beneficio que puede aportarnos la educación
diferenciada es simplemente la felicidad de nuestros hijos. ¿Qué tiene que ver
la educación diferenciada con la felicidad?. Muchísimo. El hecho de que
nuestros hijos vayan al colegio tranquilos, relajados, sin tensiones,
contentos. Eso es lo realmente importante. Si esta situación previa se da,
luego las buenas calificaciones llegarán por añadidura.
En
los colegios mixtos muchas niñas, por desgracia, no saben lo que es ir
tranquilas al colegio. En general, cuando son pequeñas, el mayor activismo y
movimiento de los niños las perturba. Luego, en la época de la pubertad, el
sentirse observadas de continuo por el sexo opuesto las distrae y hace que
estén más pendientes de los demás que del desarrollo de su propia personalidad.
Algunas viven estas situaciones como auténticos atentados a su pudor, una
perturbación de su intimidad. El estar constantemente tratando de agradar a
otros en vez de satisfacer sus propias y legítimas necesidades genera un
elevadísimo grado de inseguridad en las jóvenes.
Esta
situación tiene su reflejo en patologías como la anorexia, mucho más elevada en
colegios mixtos. En la adolescencia, las chicas se obsesionan por la
importancia de su físico frente a los chicos y dedican por ello gran atención a
su aspecto personal en detrimento de otros ámbitos más importantes para su
madurez. No sentirse atractivas día tras día ante sus compañeros masculinos
puede conducirles a la depresión o a la anorexia.
A
estas edades, las chicas trabajando codo con codo con un varón se pueden sentir
muy vulnerables. Y esto dejando de lado casos extremos de violencia de género o
acoso sexual que convierten para ellas el colegio en una auténtica pesadilla.
Está demostrado que un alto porcentaje de las niñas que sufren algún tipo de
acoso sexual optan por abandonar los estudios como solución a tan desagradable
situación(29).
En
la ciudad de Filadelfia (USA) acaba de salir a la luz una estadística en la que
se demuestra que el 81% de las niñas entre los 7 y 18 años ha experimentado
algún tipo de acoso sexual en su colegio. Porcentaje que ha sido corregido por
la Asociación Americana de Mujeres Universitarias que asegura que las cifras
son mucho más elevadas(30).
En
España no nos libramos de estos supuestos. Casos que de estar protagonizados
por adultos, darían lugar a penas privativas de libertad. El problema está en
que, una vez que en la institución escolar se instaura el sistema mixto, las
situaciones de “acoso” se aceptan como normales en este entorno, pues resulta
muy complicado establecer límites o fronteras en el comportamiento entre chicos
y chicas. Además los profesores no quieren convertirse en policías.
Tampoco
nuestra regulación les permite ejercer su autoridad debidamente, ni la presión
social, pues temen ser tachados de autoritarios, tiranos o retrógrados. De
manera que, en último término, en la realidad, no pueden evitar estas
situaciones que al final conducen a una promiscuidad injustificada y nada
beneficiosa a tan temprana edad. Por otra parte, los maestros tampoco están
formados para identificar cuándo las burlas e ironías se transforman en
verdadera intimidación. Sin contar con que pesan sobre ellos otras
obligaciones, responsabilidades y burocracia.
Otro
hecho estadísticamente demostrado es que en los colegios mixtos los embarazos
de adolescentes son mucho más frecuentes.
Situar
bien la dimensión sexual es vital para el desarrollo equilibrado de la
personalidad del adolescente. Relaciones o experiencias sexuales tempranas
pueden conducir a rarezas o anomalías posteriores en la madurez. En estas
circunstancias, afirma Michel Fize, forzarles a la coeducación no es otra cosa
que violencia psicológica.
Para
las chicas la separación es importante también de cara a la consolidación de
sus amistades, pues está demostrado que en las aulas mixtas las niñas dejan de
cooperar entre ellas (abandonando su empatía innata) y pasan a competir y a
enemistarse. Un estudio etnográfico llevado a cabo por Eder, demostró que la
presencia de chicos dificulta las amistades entre las alumnas. Estas luchan por
ganarse la simpatía de ciertos chicos y entran en clara competencia con otras
compañeras, rompiendo su amistad. Hacen uso de una violencia verbal (calumnias,
difamaciones, murmuraciones, críticas...) que debilita su amistad. En presencia
de los chicos, las niñas transforman su compañerismo en competitividad (31).
Por
el contrario, el liderazgo, la autoconfianza de las chicas y la capacidad de
mantener unas relaciones mejores con las compañeras y el profesorado, mejoran
significativamente en centros exclusivamente femeninos(32). Cuando las chicas
se encuentran en un ambiente predominantemente femenino (porque no hay chicos en
el aula) hay una validación sin palabras de las normas femeninas y de sus
consecuencias, entre las que destaca la facilidad para mostrar afecto y
compasión(33).
Pero
también los chicos salen beneficiados de la separación por sexos, pues se
respetan sus propios ritmos biológicos y de aprendizaje. La separación refuerza
su autoestima y les permite desarrollar mejor y más libremente sus capacidades.
Como
señala Wolcott, “los chicos se distraen menos y se sienten más relajados y
seguros. Por ejemplo, no tienen miedo a hacer preguntas “estúpidas” y se
atreven a bromear con los profesores, cosas que no harían si hubiera chicas
presentes. Pero quizá lo más destacable es que los chicos se liberan de los
estereotipos masculinos y de la presión ambiental que les incita a mostrarse
como “machos”(34).
Esto
hace, por ejemplo, que en los colegios mixtos los varones apenas opten por las
clases de francés por miedo a parecer ante sus compañeras como poco masculinos.
Asimismo, en colegios sólo de niños, éstos mejoran en literatura o poesía,
materias que suelen ser rechazadas por los chicos de colegios mixtos al
considerarlas propias del sexo femenino. Evidentemente, es más eficiente
aprender en un ambiente que, además del esfuerzo necesario para lograr el
rendimiento académico adecuado, no exige un esfuerzo adicional para atender al
rol permanente de imponerse al otro sexo.
Como
explica un profesor de Belmont Hill, una escuela masculina de
Massachussets, en los colegios para chicos los alumnos aprenden que hay muchas
maneras de ser chico. Y además tienen tiempo de crecer a su propio paso,
mientras que en la escuela mixta todo viene determinado por el ritmo más rápido
y precoz de las chicas.
Además
especialmente en la adolescencia, los jóvenes necesitan de modelos que les
sirvan de referencia, que les acompañen en la aventura de buscar sentido a sus
vidas y les trasmitan unos valores que les hagan hombres y mujeres del futuro
fuertes y libres. Después de los años 90 se ha comprobado que uno de los
motivos clave en el fracaso escolar es la ausencia de modelos con los que
identificarse en aquellas familias sin padres, monoparentales o en las que los
progenitores están constantemente fuera del hogar y desvinculados de la
educación de sus hijos.
La
identificación con personas adultas que les sirvan de modelos resulta más fácil
en los colegios de educación diferenciada donde el profesorado suele ser
también del mismo sexo, lo que favorece un contacto más sencillo y
espontáneo(35).
Liberar
a nuestros hijos de todos los posibles “efectos colaterales” de la coeducación
supone incrementar su tranquilidad personal y, en consecuencia, su capacidad
para ser más felices.
VI. LA EDUCACIÓN MIXTA EN ESPAÑA: UN DOGMA INTOCABLE.
LA IMPOSICIÓN DEL MODELO MIXTO COMO MODELO UNICO.
En
nuestro país apenas el uno por ciento de los centros escolares son de educación
separada y ninguno es público. Los colegios mixtos públicos son el modelo único
y obligatorio, encumbrados sin, al parecer, demasiadas reflexiones o estudios
que lo justifiquen. Mientras los países más desarrollados de nuestro entorno
siguen la línea del reconocimiento fundado de la necesidad de aceptar las
escuelas diferenciadas, como algo no sólo bueno, sino necesario, en beneficio
de los niños y niñas, en España este es un asunto que no se puede ni plantear.
Llevar a un hijo a un colegio diferenciado es como hablar de malos tratos a
menores. En lugar de ser considerado como un derecho es visto como un hecho
políticamente incorrecto, casi denunciable ante el Defensor del Pueblo.
Lo
más llamativo es que, en los países citados, han sido precisamente grupos
políticos de izquierdas los que mayor presión han ejercido a favor de la
experimentación y posterior regulación de la educación diferenciada. Los mismos
que hace aproximadamente veinticinco años consideraron necesaria la imposición
de la educación mixta como requisito sine qua non para alcanzar la igualdad de
oportunidades real entre hombre y mujer, son los que actualmente, a la vista
del fracaso escolar generalizado y del patente desinterés de los jóvenes por
los estudios, han decidido volver la cara hacia el modelo de educación
diferenciada, darle una oportunidad a este sistema pedagógico y, en definitiva,
ampliar las opciones de los padres en la elección del modelo de colegio deseado
para sus hijos.
En
España se sigue confundiendo igualdad con igualitarismo. Y se pasa por encima
de consideraciones científicas, legales, de libertad ciudadana o simplemente de
sentido común, en nombre de un “dogmatismo” que no beneficia a nadie.
Y
así, con estos fundamentos, desde el ámbito estatal, el Gobierno tiene previsto
aprobar en el 2005 una nueva Ley orgánica de educación, entre cuyos objetivos
estará el de acabar con las ayudas públicas para aquellos colegios que separen
por razón de sexo a los niños y a las niñas. Y esto porque, como afirmó el
Consejo Escolar del Estado, es imprescindible “evitar la nefasta división del
alumnado en función del sexo que practican determinados centros, algunos de los
cuales son para colmo financiados con fondos públicos”.
Preocupantes
son también las conclusiones a las que llegamos tras la detenida lectura de la
Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra
la Violencia de Género. Esta dispone que “el sistema educativo español
incluirá, dentro de sus principios de calidad, la eliminación de los obstáculos
que dificultan la plena igualdad entre hombres y mujeres”(art. 4.1). Sospecho
que entre “los obstáculos” el Gobierno incluye en un lugar muy prioritario a la
enseñanza separada de niños y niñas, pues de la lectura del posterior
articulado se desprende que la igualdad radical entre hombre y mujer y la
negación absoluta de sus diferencias es el dogma intocable que la inspira.
Esta
Ley, en su Capítulo I, dedica también parte de su articulado a la adopción de
ciertas medidas en el ámbito de la educación consistentes todas ellas, en
resumen, en incidir una y otra vez, de forma machacona, a todos los niveles
educativos (infantil; primaria, secundaria, formación profesional....) en la
necesidad de que el alumnado comprenda que hombres y mujeres son iguales,
iguales e iguales. Incluso, en su art. 7, prevé que la Administración educativa
adoptará medidas para que en los planes de formación del profesorado se incluya
“una formación específica en materia de igualdad”.
Esto
resulta especialmente llamativo cuando en países desarrollados se están
impartiendo a los profesores cursos precisamente sobre las diferencias cerebrales
de niños y niñas para mejorar la eficacia de su labor docente.
Las
causas de preocupación no terminan aquí. Y esto porque el Presidente del
Gobierno, con ocasión del día de la mujer trabajadora, se comprometió a aprobar
la “Ley de Promoción de la Igualdad entre Hombres y Mujeres”. Cual será su
contenido, no lo ha aclarado, pero podemos imaginar lo que nos deparará:
medidas destinadas a profundizar aún más en la ahora abierta guerra de sexos en
la que la mujer ve al hombre como el enemigo público número uno a eliminar y se
compromete orgullosa a negar su feminidad hasta el punto de cambiar su aspecto
físico e incluso su tendencia sexual en nombre de un feminismo que está
llevándolas a su autodestrucción como féminas y a su más absoluta masculinización
con la pérdida de autenticidad y las desventajas que ello implica para las
mujeres.
Las
afirmaciones categóricas condenatorias que el Gobierno está realizando sobre la
educación diferenciada no sólo parten de la más absoluta ignorancia al
respecto, sino que son además sectarias (pretenden indirectamente atacar a los
colegios de religión católica), dogmáticas (son incapaces de reconocer las
ventajas de este tipo de educación y cierran los ojos a los beneficios
comprobados por estudios y experiencias comparadas) y profundamente
irresponsables, pues pueden ocasionar serios perjuicios a miles de niños que
hoy por hoy se benefician de este modelo educativo e impedir que otros accedan
a él. Todo ello, abstracción hecha de la total falta de respeto que supone tal
actitud hacia la libertad de los padres para elegir el tipo de educación que
consideran mejor para sus hijos. El poder público no puede ignorar a esos miles
de padres que desean la educación diferenciada para sus hijos. Es una postura
totalitaria. ¿Es que acaso el Estado sabe mejor que los padres lo que conviene
a nuestros hijos?
Llama
la atención que un Gobierno que permite, en virtud del respeto a la libertad
personal, ejercer la opción de casarse indistintamente con un hombre o con una
mujer según sea la tendencia sexual de cada uno (Ley de “matrimonios”
homosexuales), no permita, limitando hasta el extremo esa misma libertad
personal, la libre elección de un tipo u otro de enseñanza.
La
libertad de enseñanza, reconocida en el art. 27 de nuestra Carta Magna,
establece un marco de libertad y no prima a un tipo de escuela sobre otra. Así
lo reflejan los diversos pronunciamientos realizados al respecto por nuestra
jurisprudencia.
El
Tribunal Constitucional, en Sentencia de 27 de junio de 1985, reconoció que el
derecho de los padres a elegir centro docente forma parte del núcleo o
contenido esencial del derecho a la educación. Y el contenido esencial es
aquélla parte del contenido de un derecho sin el cual este pierde su
peculiaridad o, dicho de otro modo, lo que le hace reconocible como tal derecho
(STC 11/1981).
Pero
en España ese derecho de los padres es materialmente imposible de ejercer, en
la medida en que no hay dónde elegir, pues todos los colegios públicos son
mixtos. Estamos ante un absoluto totalitarismo educativo. Sufrimos la
imposición de un monopolio estatal en materia educativa que soportamos
estoicamente y que, sin embargo, cualquiera juzgaría intolerable si afectara a
la prensa o a la información.
La
realidad es que unos padres que deseen para su hijo un colegio diferenciado no
tendrán más remedio que enviarlo a un colegio privado (que además, posiblemente
nunca recibirá ayudas públicas por ser considerado por el poder público
“discriminatorio”). Estos padres, además de pagar sus impuestos, tendrán que
pagar el 100% de la educación privada de sus hijos. De esta manera resultan
discriminadas aquellas personas de renta baja que no se pueden permitir el lujo
de pagar un colegio privado y se les está imponiendo de forma obligatoria la
coeducación como único modelo posible, porque se supone que es el único modelo
democrático. Cuando lo realmente democrático sería dar la posibilidad de elegir
libremente. Cosa que en España, hasta el momento es impensable.
Si
la enseñanza diferenciada presenta ventajas ¿por qué reservarla únicamente a
los hijos de padres que pueden pagar un centro privado?. O lo que es más grave,
si la Constitución Española en su art. 27 nos reconoce a todos lo españoles el
derecho fundamental, en el mismo bloque y con la misma esencialidad e
importancia que el derecho a la vida o la libertad de expresión (Sección
Primera del Capítulo II), a elegir libremente el modelo educativo que deseemos
para nuestros hijos ¿porqué no nos permiten ejercer efectiva y libremente este
derecho?
Estamos
ante una clara y evidente conculcación de un derecho fundamental que además es
susceptible de recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional (de
conformidad con el art. 53 de la Constitución). O incluso directamente ante los
tribunales, no solo en los procedimientos ordinarios sino a través de los
procesos sumarios y preferentes previstos para la protección de los derechos
fundamentales. Si hoy se conculca este derecho, mañana podrá ser otro (el
derecho a la vida; a la libertad de expresión; a la libertad religiosa...).
La
búsqueda del equilibrio le corresponde prescriptivamente al poder público por
imperativo constitucional, pues el art. 27.1 CE da idéntico reconocimiento al
derecho a la educación y a la libertad de enseñanza. No se trata de imponer
modelos y mantener actitudes radicalizadas. ¿Es mejor la enseñanza diferenciada
o la mixta? Para algunos lo será la diferenciada y para otros lo será la mixta.
Lo importante, es que exista la posibilidad de decidir un sistema u otro con
entera libertad. Se trata de debatir sobre qué es lo mejor para nuestros hijos,
dar información a los padres y concederles el derecho, ahora negado, de elegir
libremente una de las opciones. Está en cuestión la propia libertad de
educación. Lo que en un Estado democrático resulta cuando menos llamativo.
La
educación no es un monopolio del Estado, ni de las Comunidades Autónomas. Es
por el contrario un derecho. Por lo que no se puede imponer ni un modelo ni
otro, ni la educación privada, ni la pública, ni la mixta, ni la diferenciada.
Sino que se deben ofertar todos en igualdad de condiciones. Es obligación de
los poderes públicos hacer posibles todas las ofertas educativas. Pues bien,
demos a quien lo desee la oportunidad de realizar al máximo sus posibilidades
dentro de la opción libremente escogida: la educación mixta o la educación
diferenciada. Hay que plantear sin miedos la posibilidad de que los centros
públicos ofrezcan clases separadas por sexos.
España
es el tercer país de la Europa de los veinticinco, después de Malta y Portugal,
en abandono temprano de la educación (datos obtenidos del Ministerio de
Educación: Las cifras de la educación en España; 2004) con un 30 por ciento
aproximadamente de fracaso escolar. Y el fracaso escolar es, en muchos casos,
la antesala del fracaso existencial. Por el contrario, el éxito académico, como
han reconocido expertos de diversas sensibilidades, es un elemento socializador
de primer orden(36).
Pero
en España el Ministerio de Educación realmente no sabe a qué atenerse. Adoptará
cualquier medida antes que dar una oportunidad a la diferenciada o reconocerle
algún posible beneficio pedagógico. A pesar de la importancia verbal que se le
ha atribuido a la educación por parte de nuestros gobernantes, los resultados
no engañan sobre la importancia real que se le otorga.
Es
preciso ir a la raíz de los problemas de nuestro sistema educativo: la crisis
de la familia; la ausencia de autoridad; el desprestigio del esfuerzo personal
y también los defectos demostrados de la coeducación, son algunos de los
factores clave que hacen de la educación española actual un verdadero desastre.
El reconocimiento de las disfuncionalidades de la escuela mixta actual
constituirá en sí mismo un paso hacia su solución. Pero para ello hay que
prescindir de criterios ideológicos y morales; aceptar el curso de los
acontecimientos y, como señala Michel Fize, reconocer que la enseñanza mixta no
es un principio intangible del derecho escolar, sino un instrumento para dos
combates de fondo de nuestra sociedad: la igualdad de oportunidades y la
transmisión de valores fundamentados en el respeto y la tolerancia. Lo
importante es ver si está sirviendo para ello(37).
La
calidad, el progreso y la cohesión de nuestra sociedad en un futuro cercano
dependen de lo que tengamos capacidad y voluntad de hacer colectivamente con la
educación. Pero la escalera deberá estar apoyada en la pared correcta, porque
de lo contrario, cada peldaño que subamos supondrá avanzar en una dirección
equivocada y el precio de la equivocación es muy elevado: la educación de
nuestros niños y de nuestros jóvenes.
1. Vid. al respecto: Timesonline; Single-sex schools get top
marks; november 18, 2004; by Christina Odone.
2. BBC News; 1/12/2004.
3. Michel Fize; Les Piéges de la mixité scolaire; Presses de la
Renaissance; 2003.
4. Merece la pena destacar en
este sentido la obra de Rosemary Salomone: Same, different, equal:
rethinking single-sex schooling; y el libro de Christina Hoff Sommer: The
war against Boys: how feminism is harming our young men, en el que propone
dar una oportunidad a las escuelas de sexo único.
5. Milton Diamond; Sex Reassignment and Birth: a long term review and
clinical implications; Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine;
n.151; march; 1997.
6. Aldo Naouri; Padres
permisivos, hijos tiranos; Ediciones B; 2005; pág. 158.
7. Atrás quedan pues
feministas como Simone de Beauvoir, cuyo libro El segundo sexo (1949) ha
sido el decálogo de las feministas más radicales. Estas niegan rotundamente la
existencia de diferencias “naturales” entre hombres y mujeres, siendo aquellas
provocadas o impuestas de forma artificial. O como Kate Millet, que en su libro
Sexual Politics (1969) afirmaba que: “...en el nacimiento no hay ninguna
diferencia entre los sexos. La personalidad psicosexual se forma en fase
postnatal y es fruto de un aprendizaje”.
8. Entre tales estudios
destacamos los siguientes: Rosemary Salomone; Same, different, equal:
rethinking single-sex schooling (2003); Christina Hoff; The war against
boys: how feminism is harming our young men (2003); Hellen Fisher; El
Primer sexo; 2003; Christa Meves; Varones disminuidos y chicas
frustradas; 2003; Michel Fize; Las trampas de la coeducación; 2003;
Nicole Mosconi; Effets et limites de la mixité scolaire; 2004; Laure
Poinsot; Igualdad de oportunidades
entre chicos y chicas en la escuela: ¿las cosas se mueven ya en Francia?;
artículo de: http://www.penelopes.org.
9. Leonard Sax; National
Post; 24/2/05.
10. Datos obtenidos de la
página web del Colegio Intisana (Quito, Ecuador); 2004.
11. Justo Arnal Agustín; Educación
separada/coeducación. Problema y actualidad de siempre; Rev. de Asuntos
Educativos, n. 13.
12. Michel Fize; La Vanguardia; 15/9/04.
13. Hernando Today; County considers same-sex classrooms;
by Paul Quinlan; 21/Febr/2005.
14. Nicole Mosconi; La mixité dans l´enseignement secondaire: un faux
semblant?, PUF, 1989; Effets et limites de la mixité scolaire, 2004;
Mixité scolaire et démocratie, 2004; Femmes et savoir, 2004.
15. Jennifer Wolcott; The Christian Science Monitor; (25/X/04).
16. Joel Wendland; Reversing the Gender gap;
Politicalaffaire.net.
17. Wayne Martin; The Birmingham News; agosto, 2004.
18. National Institute on
Drugs Abuse; Infofacts; Ritalin; 2004 19. En Estados Unidos se calcula
que en algunos distritos escolares entre un 20 y un 25% de los niños están bajo
los efectos de esta medicación. Leonard Sax, nos comenta al respecto que
durante años trabajando como psicólogo infantil en colegios mixtos se encontró
con un número desmesurado de padres que se quejaban del déficit de atención de
sus hijos. Pero cuanto más investigaba estos casos y las diferencias
cerebrales, más fuerte era su convencimiento de que el problema no se
encontraba en los niños sino en los colegios. Los chicos no precisaban
medicación sino un profesor que fuera consciente de las diferentes formas de
aprender entre niños y niñas. Las dimensiones que este problema estaba
alcanzando y su seguridad en que con una separación de sexos en las aulas se le
podría dar solución le llevó a fundar la National Association for Single Sex
Public Education, en defensa de la enseñanza diferenciada.
20. Sobre la «vulnerabilidad»
masculina, vid. Kraemer, S: The fragile male; British Medical Journal;
2000.
21. Entre otros vid., C. Riordan; Girls and boys in school: together
or separate?; New York; Teachers College Press; 1990; D.G. Smith; Women´s
colleges and coed colleges: is there a difference for women?
22. Globe and mail, 19 de abril 2003.
23. Cornelius Riordan; Girls and boys in School: together or
separate?; 1990.
24. V.E. Lee, H. Marks y T. Byrd: Sexism in single-sex and
coeducational secondary school classrooms. Sociology of Education;
1994.
25. José Ramón Ayllón; Cinco
Claves de la educación.
26. Autor del Libro de las
Virtudes para niños y jóvenes.
27. A. Polaino-Lorente; Coeducación:
un cierto riesgo; 1999.
28. Salvador Cardús; El
desconcierto de la educación; Ed: La Campana.
29. Dominique Marlet y
Frédérique Boni; Las escuelas deberían ser lugares seguros para trabajar y
aprender; OIT; Oficina Internacional del Trabajo; 2004.
30. Phillyburbs.com; march, 1, 2005.
31. D. Eder; The cycle of popularity interpersonal relations among
female adolescents; Sociology of Education; 1985,
32. F.A. Mael; Single-sex and coeducational schooling: relationships
to socioemotional and academic development; Review of educational
research; 68; 1998.
33. C. Shmurak; Voices of hope: adolescents girls at single sex and
coeducational schools; New York; 1997.
34. Jennifer Wolcott, en The
Christian Science Monitor (25/5/04), refleja el auge de las escuelas
masculinas en los Estados Unidos.
35. Vid. Al respecto, R.A. Noe; Women and mentoring, a review and
research agenda; Academy of Management Review; 13; 1988.
36. Alvaro Marchesi; El
fracaso escolar es el camino hacia la marginación; La Vanguardia;
20/12/2004.
37. Michel Fize; La
Vanguardia; 15/9/04.
Bibliografía recomendada
— María Calvo Charro: Los niños con los niños, las niñas
con las niñas. Ed. Almuzara,
2005.
— Alfred
Fernández y Jean David Ponci, Education et discrimination. Réflexions sur la
Convention concernant la lutte contre le discrimination dans le domaine de l'enseignement
de l'UNESCO. OIDEL. Ed. Diversités, Genève, 2005.
—José María Barrio Maestre (ed.), Educación diferenciada,
una opción razonable. Eunsa,
2005.
— Rosemary
Salomone, Same, different, equal: rethinking single-sex schooling, Yale
University Press, 2003.
— Michel Fize, Les
piéges de la mixité scolaire, Presses de la Reinaissance, Paris, 2003.