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La importancia de los morteros en la conservación de la piedra. Las migraciones de sales y su cristalización

Las interacciones del sillar de un muro con el resto de sillares, o con el medio, son muchas y en cierto modo complejas, pero gran parte de ellas están directamente relacionadas con  el mortero que les sirve de unión.

La  función más inmediata de este mortero es la de servir de “lecho” para los sillares superiores y laterales, aumentando la superficie de contacto entre piedras,  repartiendo mejor las fuerzas originadas por la carga del muro.

Pero los morteros también  adoptan, o al menos deben adoptar,   otros comportamientos, a parte de los meramente mecánicos, como los de ser transpirables al vapor de agua o comportarse como una barrera natural a la penetración de agua tanto por infiltración como por capilaridad, propiedades estas, que aunque conocidas desde la antigüedad son descuidadas hoy en día.

De forma general voy a catalogar  como morteros duros o poco porosos a los creados con cemento Pórtland y los blandos y porosos a los creados con Cal. Es también cierto que estas propiedades  dependen de la relación árido / aglomerante, ya que un mortero de cal 1:1 puede ser mas duro y menos poroso que un de cemento Pórtland 1:9 de ahí que  la elección de un tipo u otro de mortero no solo reside en el aglomerante sino que también en la forma de prepararlo, pero en igualdad de condiciones suelen ser mas blandos los morteros de cal.

 

Aunque son variadas las formas de utilización de un mortero, es quizás el funcionamiento del mortero en las juntas de sillares o mampuestos donde el trabajo del mortero es mas crítico para el futuro de la piedra colindante y mucho más fácil de comprender los problemas que pueden presentar a largo plazo.

 

En un muro, las juntas entre elementos, constituyen una vía natural para el paso del vapor de agua y agua infiltrada, si para unir estos elementos utilizamos un mortero menos permeable que la piedra utilizada, forzaremos  al vapor o a la propia agua a viajar a través del sillar  hacia el exterior, en estos movimientos el agua arrastra sales que obtuvo de los propios morteros, del suelo o de la misma piedra. Cuando este agua llega al exterior se evapora dejando las sales en la superficie de la piedra, y si las condiciones de humedad y temperatura son las adecuadas estas sales pueden cristalizar , en las ya bien conocidas eflorescencias, que si son superficiales  no causan mas que un mero  daño estético, pero cuando estas se sitúan en zonas del interior de la piedra causan fracturas internas debido al aumento de tamaño que experimentan estas substancias al cristalizar, pero  si este fenómeno se produce cerca de la superficie causan un tipo de alteración característica conocida como “desplacamientos” fácilmente discernible por la  fragmentación de la piedra en pequeñas placas que se van desprendiendo.

Un efecto similar sucede con el  uso de morteros de rejunte muy  impermeables en muros antiguos levantados con morteros de cal, ya que cuando el agua llega a la superficie de estos nuevos morteros, encuentra una barrera, optando por la superficie de la piedra como vía de escape, produciendo los típicos daños antes descritos.

Este tipo de encintados o rejuntes en muros antiguos con morteros muy duros o permeables se ha generalizado con la popularidad de la “rehabilitación” de casas o edificios, aunque afortunadamente, cada vez se sustituyen mas por morteros prefabricados diseñados para este uso específico. Cierto es, según algunas creencias, que este tipo de morteros impiden el acceso de agua a través de las juntas, pero es mas el daño que producen que el beneficio que aportan.

 

Otra característica de los morteros, y más concretamente, del cemento Pórtland, son los procesos  de capilaridad, en  una breve definición de este fenómeno podría  decirse que es la propiedad que tiene el agua (o un líquido) para ascender por un capilar venciendo la fuerza de la gravedad, cuanto más fino sea el capilar mas altura alcanzará. Tal fenómeno es extrapolable al tamaño del “poro” de un mortero, cuanto más pequeño es este, mas favorece la ascensión capilar, en general los morteros de cal poseen un poro más grande que el mortero de cemento Pórtland. Los fenómenos de capilaridad también se producen en las piedras, siendo mas acusado en los granitos, de ahí que se deban aislar del suelo mediante films plásticos. Existen en el mercado productos destinados a frenar la ascensión capilar modificando el sistema poroso del mortero pero una opción más simple es utilizar morteros hidrófugos.

La hidrofugación de los morteros puede ser una buena opción. Ya que  desde la antigüedad muestra una considerable eficacia, proceso en cual además de  evitar   la penetración de agua y la ascensión capilar aumenta la durabilidad en morteros sensibles al agua. El proceso de hidrofugación de un mortero no esta exento de riesgos y  debe ser igualmente cauteloso que la dosificación del mismo ya que un exceso de hidrofugante nos reduciría considerablemente el poro del mortero, causando los efectos anteriormente descritos.

 

Obsérvese pues la relación directa que hay entre las migraciones de sales,  con el consiguiente deterioro, y los fenómenos de transpiración e infiltración de agua en un muro. Por lo  que no es cierto, en muchos casos, que el deterioro por sales sea causado por la existencia de sales en la pared o en sales aportadas por los materiales sino que el problema reside en los defectos  de drenaje, aislamiento, transpiración del muro, a la que se esta sometiendo esa estructura,  siendo estes los factores sobre los que debemos intervenir para que cese el ataque producido por las sales. Ya que debemos pensar que nuestros monumentos o muros están cargados de sales aportadas por múltiples motivos ( contaminación, calidad de los  materiales, degradación natural, biodeterioro ... )   y que su eliminación a nivel superficial no es mas que un acto simbólico, si no frenamos  el aporte de sales, cosa en cierto modo imposible,  o modificamos las condiciones anteriormente mencionadas, que aunque no van a reducir el nivel de sales a cero si crearán concentraciones razonables.

 

Pero el factor que determina los ciclos de cristalización es la situación microclimática  ( condiciones ambientales que lo rodean) a la que esta  sometida un muro es también un factor importante en el control de un ataque por sales, ya que posibles actuaciones a favor de la disminución de estos ataques, son en muchos casos inviables por los costoso de las intervenciones. Las variaciones de estos factores ambientales son tan importantes porque nos determinan los  intervalos a los que nuestras sales van a cristalizar o solubilizarse, por ejemplo se conoce que  el Cloruro sódico cristaliza por debajo del 75% a 25 ºC, osea que a 25ºC y un 40% de humedad el Cloruro sódico es un cristal y al 80% a 25ºC  es líquido, otras sales, como algunos carbonatos cristalizan en humedades superiores al 80%, y otras sales como el sulfato de sodio pasan de hidratado a anhidro según se varíe la temperatura entre 32 y 25ºC, valores en muchos casos próximos a las temperaturas y humedades ambiente.

Creo que todos hemos podido observar interiores de edificios plagados de sales, o en el peor de los casos de alteraciones producidas por estos factores, pero el mayor de los problemas no reside en el afloramiento de sales en la superficie de la roca, que sin duda causan un enorme problema estético, sino que el verdadero daño viene de las oscilaciones de la humedad y la temperatura, por ejemplo de día está lleno de visitantes o con la calefacción encendida pero por la noche  esta situación cesa, experimentando el edificio una enorme variación climática, que incide directamente en la hidratación deshidratación de las sales.

Y son estas variaciones, son  las autenticas causantes de la degradación de las piedras por la acción mecánica que aunque débil es continuada, en  desplacamientos, disgregaciones, fracturación...

© José Pereira Uzal 2001