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FEBRERO Febrero es un mes que nadie nota. Se lo recuerda como si sólo fuese un día. Lleno de apodos, burlado, trajinado por todos los astrónomos no es más que un nombre más. Dicen que de antiguo era del sol y relucía con el brillo del Bóreas, pero nadie conoce cómo perdió el derecho a ser un mes completo y se quedó esperando que cada cierto tiempo le donasen la sobra de los años. Dicen que él no protesta, sino espera mal vestido con su paciente harapo esa limosna cíclica que le dan y le quitan, y es sólo un día, un día normal de veinticuatro horas, sin minutos de más donde no caen ni fechas importantes. Hasta dicen que si alguien nace preciso en ese tiempo por no dejarlo colgado de la nada se lo regalan al honorable Marzo que tiene un equinoccio. Febrero tiene un alma que nadie ha percibido, un alma antigua muy triste, pero digna, un alma que es el fondo de las almas, que hace dos veces el número del iris: el iris de la luz y el de la sombra, sumado por la cábala da el número perfecto, pero nadie lo nota y él sigue ahí viniendo cuando le toca el tiempo y nos habla discreto, sin pretensión alguna, esperando el momento en que abramos las puertas del espejo y nos miremos hondo, y nos busquemos lejos. 28/2/93 |
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AQUÍ DE NUEVO Heme aquí de nuevo escribiendo poemas de amor como el más ridículo de todos los mortales. ¡Cuánto he odiado siempre esa melosa voz que asumen los amantes! esa pose de "qué me importa el mundo" sembrada entre los ojos. Ahora me sorprendo con cara del que quiere y no quiere; sopesando la voz con que le hablo, cercenando los gestos, pero con el aliento retenido cuando pasan las horas y no llega. Qué traición para un hombre respetable; un viejo profesor que da el ejemplo de como andar la vida sin tropiezos. Quiero tomarme en serio las cosas importantes: las noticias del día, la cola de la leche, pero no logro coordinar, tampoco acierto poner los pies sobre la tierra ni un instante y aunque no quiera hablar de nubes divago todo el tiempo. Las estrellas, aunque cierre los ojos, se me han metido dentro y me laceran con sus puntas estúpidas el alma. ¿Ya ven? volví a hacer el ridículo ante ustedes. No hay remedio; sólo queda que les hable con voz de melodrama y les cuente que de noche me escapo hacia mi cama y le escribo largos poemas de amor desesperado 10/2/93 |
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CENICIENTA Cenicienta regresa a la ventana. El aire huele a sombras y en el jardín el silencio vuelve a cerrar sus alas. No se distinguen las luces del palacio ni se escucha la música. Cenicienta sentada la imagina como otras tantas noches y su mano marca compases en el aire, su mano uñas gastadas por el mucho lavar las esperanzas, Cenicienta regresa hasta la cama tarareando muy quedo, haciendo como si los pies no le pesaran y con fingido gesto de entusiasmo estira las arrugas de la almohada, se sienta y mira la distancia. Allá la fiesta que tanto ha transcurrido. Y vuelve a oír las risas que no ha oído, a escuchar las palabras de susurrante asombro entre las sedas que a su paso se apartan, y tropieza con el joven que nunca tropezara; sus miradas se cruzan y el aliento le salta entre los pechos, entre esos pechos lánguidos que nerviosa se palpa. "¿Aún quedará tiempo para que llegue el hada?" Cenicienta regresa a la ventana. El aire huele a sombras y en el jardín el silencio vuelve a cerrar sus alas. 12/2/93 |
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AHORA QUE TE RECUERDO Ahora que te recuerdo en el silencio no sé por qué te pienso guardándome los mundos tan buscados. Entonces reflexiono y vuelvo, limpio mi soledad y creo verte andar también, tu soledad a cuestas, navegar buscando tus propios espejismos, grave alejarte a la distancia esperando otros sitios, lejos, muy lejos siempre. Antagónico es el tiempo o traicionero nunca dejando hallar lo que se busca; girando sin cesar, empinando las cuestas ya empinadas, lastrando lo que ya de por sí pesa. Ahora intento despertar y me debato; niego, regreso a la cordura que me han puesto, grito que debo despertar, entusiasmarme por la vida toda que te lleva lejos, muy lejos siempre. 9/2/93 |
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DISTANCIAS Hay distancias en todo y la mano no alcanza por mas que duela el músculo y el hueso estirándose en ansias: Hay nebulosas translúcidas y estrellas derrochando su luz y planetas que la memoria sabe mas no ha visto y hay horizonte siempre en fuga y mar en la distancia y hay garzas que cruzan en el alba buscando los paisajes donde encajan como fichas perfectas y hay amor escondido como fuego en la piedra y uno que mira y pasa y nada alcanza, eterno espectador dejando tras de sí la quejumbrosa huella que amenaza devorarlo de pronto igualando su rostro con la nada. 16/2/93 |
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COMO LOS GATOS Me enseñaron a ser como los gatos, secreto y despacioso; por eso es que no sientes ni un aliento cuando mi piel te roza y por eso no escuchas derrumbarse mi voz en el intento de decir lo que pienso. Sé que esconder las garras es veneno que mata para adentro y que me estoy quedando sin entrañas y que pierdo lentamente mis huesos; pero es que me enseñaron a ser sombra y a ser tiempo sembrado y a transcurrir mi cuerpo de fantasma sin mover una hoja, agazapado siempre ante el espejo oscuro del silencio. 17/2/93 |
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EL MONSTRUO Soy el monstruo sentado en un planeta ignoto que ve la tarde mientras desciende el agua de las sombras inundando los valles. Por sobre la silueta de los picos sube una luna cuando la otra espera en medio de ese cielo ya cansado de oros. Y yo soy el monstruo callado que contempla el remolino pausado de la niebla. No hay una brisa que mueva las arenas del desierto distante, ni un rumor que delate el hambre despaciosa de la noche. Y mis ojos de monstruo se levantan en esa soledad también monstruosa, pero quieta y pienso en Nadie que existe en los abismos de los tiempos, en una de esas luces tan remotas sin saber que yo existo. Y Nadie viene a mí como la brisa llega del borde de la noche y me rodea el cuerpo. Así recuerdo cosas que no he vivido nunca y me pregunto si las habré recordado con el color correcto o le habré puesto algo de un ansia fósil, del mucho tiempo rodado por el tiempo y no sé responderme pues no sé lo que espero. 26/2/93 |
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EPÍLOGO El sol ha envejecido lentamente, levanta el aire frío y lo convierte en brisa. Una nostalgia transparente vuela con el cuidado de quien no quiere despertar las cosas. Oigo piar muy quedo los gorriones y recuerdo el Febrero que hoy termina cansado y satisfecho, y recuerdo el recuerdo que he borrado o guardado tal vez en la memoria detrás de la memoria. Es como si hubiese muerto de una muerte muy dulce de cordura y renacido luego en un país distante; como si todo hubiese terminado y comenzado al fin. Delante y largo aún está el sendero que conduce a lo ignoto, siempre esperando el pie que no detiene el paso, siempre mostrando el horizonte, perdiéndose en recodos penumbrosos. Y en el fondo de mí siento brotar ese ademán de nuevo y sé que debo andar, andar ligero, sin volver nunca el rostro, sin olvidar Febrero. 28/2/93 |
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