Nosotros, los herejes, los transgresores, los irreverentes, los de curiosidad insaciable que forzamos las puertas del secreto. No hay velo sagrado que no rasguemos con mano, tal vez, temblorosa por el miedo ancestral, pero con el ojo ávido de conocimiento y esa pregunta que nos mantiene en vilo desde siempre, esa pregunta que, como el horizonte, se escapa y nos hace dar otro paso adelante. Nosotros, quizás no heredaremos nada o sólo el ejercicio de la libertad porque es posible que la heredad siempre haya sido nuestra y, nadie sabe por qué, nos lo han hecho olvidar y, al final, todo no sea más que el desesperado intento de despertar de una amnesia milenaria. Madrid, 02/08/03
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