EL
GOBIERNO DEL PSOE PREMIA CON LA EMBAJADA DE WASHINGTON AL HOMBRE QUE INDUJO
AL GOBIERNO DEL PP AL MAYOR PATINAZO DE LA HISTORIA DE NUESTRA DIPLOMACIA
Dezcallar dijo a Ana Palacio el 12-M que había acertado al acusar a ETA
FERNANDO MUGICA
MADRID.- El Gobierno ha
nombrado embajador en Washington al hombre que el 12 de marzo de 2004 avaló,
como director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), a la entonces ministra
de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, en su denuncia ante la ONU de que ETA era
la autora de los atentados del 11-M.
El mismo día de la masacre, Palacio habló con Jorge Dezcallar al menos en siete ocasiones y consiguió que el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas suscribiera una clara condena a la
banda terrorista como responsable de los atentados.
Pocas horas después, a las dos de la madrugada del día 12, la ministra despertó al director del CNI, abrumada por la responsabilidad del paso que había dado en el Consejo de Seguridad.
A esas horas, Dezcallar
ya le había confirmado en varias ocasiones que la opinión del CNI se inclinaba
por ETA, y en esa conversación restó credibilidad a las pruebas aparecidas que
apuntaban a los islamistas.
Además, a primera hora de la tarde
había enviado una nota al Gobierno afirmando la casi seguridad de la autoría de
la banda. Es más, en el Centro Nacional de Inteligencia, y así se lo hicieron
saber a miembros del Gobierno, pusieron en duda, en las primeras horas tras los
atentados del 11-M, que los autores materiales a los que señalaba la Policía
fueran los culpables de la masacre.
Jorge Dezcallar
fue el que más firmeza demostró en este sentido. Apostó fuerte porque conocía
el terreno que pisaba. Las redes islamistas que denunciaba la Policía estaban
absolutamente controladas por el CNI. Resultaba prácticamente imposible que les
hubiera pasado desapercibida una trama como la del 11-M. ETA estaba también infiltrada, pero siempre podía haber un grupúsculo fuera de
control. Los razonamientos de sus analistas eran muy claros.
Los ordenadores del CNI trabajaban sin
descanso en aquellos primeras jornadas para cruzar los datos de presos
islamistas y etarras de cara a comprobar dónde, quiénes y cuándo habían
coincidido. La idea de una posible colaboración entre ambos grupos se había
extendido en los ambientes de Inteligencia en el último trimestre de 2003. A
pesar de que fue la tesis defendida por Felipe González, nunca consiguieron
pruebas de que fuese cierto.
Ni Jorge Dezcallar,
ni Ana Palacio ni el ministro de Defensa, Federico Trillo, fueron convocados a
las primeras reuniones de crisis, tras los atentados. El director del CNI casi
lo agradeció.
Había salido ya a la luz la furgoneta Kangoo, la que llevó, según la sentencia, a la pista
islamista por una cinta de audio con versículos del Corán. Aquello de la cinta
le pareció a Dezcallar una majadería y así se lo hizo
saber a quien le preguntó. Desde el primer momento, puso en duda que se
encontraran allí detonadores y restos de pólvora. ¿Qué clase de terroristas
eran aquéllos? ¿Cómo dejaban esas trazas si no se habían suicidado y, por
tanto, podían seguir atentando? ¿O es que acaso querían que la Policía los
detuviera? No tenía ni pies ni cabeza.
Por eso puso tanto énfasis al declarar:
«Yo me he enterado de su existencia por los medios». Quería marcar distancias.
Su información al Gobierno avaló la
iniciativa de Palacio ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Los firmantes de
la declaración representaban a los nueve países más poderosos y, por tanto, con
los mejores servicios secretos del mundo.
De hecho, la ministra ya había hablado
por teléfono con el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, y la
consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, quienes le aseguraron no tener ningún
dato de que Al Qaeda estuviera detrás de los atentados. Palacio era consciente
de que el Consejo no había firmado la resolución por sus dotes de convicción o
por su predicamento, sino porque los informes secretos de los nueve países
coincidían en aquellas primeras horas: tenía que haber sido ETA.
La resolución se tomó por unanimidad.
Si hubiera habido cualquier duda en alguno de esos países no habría salido
adelante, dijera lo que dijera la ministra española.
Sin embargo, en la madrugada del 12-M
la ministra no podía dormir. Estaba en juego no sólo el prestigio del Gobierno
de España, sino también el suyo propio. Y es que un detalle le había
desasosegado por la tarde. Era amiga del director de The
Wall Street Journal desde
hacía tiempo y por eso consideró que podía ser apropiado enviarle un artículo,
firmado por ella, en el que se destacara la gravedad de lo sucedido y la
monstruosidad que, en teoría, había cometido la banda etarra. Poco después de
que se lo mandara, le llamó el propio director del diario para decirle: «Somos
amigos desde hace tiempo. Por tu propio bien no vamos a publicarlo. Tenemos
informaciones de que ha sido cosa del terrorismo islámico».
Palacio le contestó, algo molesta, que
comprendía que a los americanos les viniera bien que la autoría fuese
islamista. Era un año de elecciones en Estados Unidos y la Administración Bush
estaba encantada de airear las maldades de Al Qaeda para recordar a sus
votantes los atentados del 11-S, en Washington y Nueva York.
El director le dio algunos detalles que
nadie podía saber entonces. Le explicó que ellos tenían sus propias
informaciones, que iba a surgir una reivindicación islamista en Londres y que
le hiciera caso.
Ana Palacio seguía dándole vueltas a
todo aquello a las dos de la madrugada, casi a la misma hora en que
teóricamente encontraban en la comisaría de Puente de Vallecas la mochila que
sería determinante para que la Policía afirmara la culpabilidad de los que en
pocas horas serían detenidos.
La ministra tenía una enorme
consideración profesional hacia Jorge Dezcallar.
Conocía la frialdad atinada de sus análisis, sobre todo en momentos de crisis.
Por eso le llamó nuevamente y le sacó de la cama. Ya antes había hablado con él
de la aparición de la furgoneta Kangoo en Alcalá, a
la que Dezcallar le había quitado cualquier
importancia.
Palacio le dejó claro que le llamaba
como responsable del CNI y como experto. Le pedía información de forma oficial.
Quería argumentos de autoridad. Dezcallar le
tranquilizó por enésima vez de forma tajante: «En este tipo de atentados existe
lo que nosotros llamamos ruido en el sistema. A veces estas informaciones no se
saben analizar adecuadamente hasta que el hecho ha sucedido. Te puedo asegurar
que he hablado con todos los servicios de Inteligencia importantes y nadie ha
oído ningún ruido sobre este atentado concreto».
El CNI supo inmediatamente que Tel Aviv opinaba que el rey de Marruecos tenía la
suficiente soberbia e infantilismo como para ser sospechoso, pero que aquello
le sobrepasaba. No hubiera sido capaz, según los expertos israelíes, de dominar
la estrategia y las consecuencias.
Dezcallar le insistió a Ana Palacio que
alrededor de los atentados había un black out
(oscuridad) total -fueron sus palabras textuales-. Por supuesto que el 27 de
octubre de 2003 el CNI ya había avisado en un documento de la creciente
hostilidad de Al Qaeda hacia España y la posibilidad de que hubiera en nuestro
país células durmientes. Pero le añadió que los que se habían hecho
responsables de las explosiones a través de un periódico en árabe editado en
Londres eran unos cantamañanas sin credibilidad, y le citó el ejemplo de que
habían reivindicado también el apagón de Nueva York. Le dejó meridianamente
claro que, aunque a esas horas no descartaban ninguna posibilidad, ellos se
inclinaban mayoritariamente por ETA. Podía tirarse tranquilamente a la piscina.
La ministra se fiaba absolutamente del
criterio de Dezcallar. Sabía que el CNI tenía
perfectamente controlada la red de marroquíes y argelinos que se movían por los
locutorios de Lavapiés. Las credenciales del servicio
secreto para dominar el terreno no podían ser mejores. Jorge Dezcallar, el primer civil nombrado como director del
Centro, en 2001, y el primero que ostentó el cargo de secretario de Estado, era
un verdadero especialista en el Magreb.
Había llegado de la mano del Rey. No
era un hombre de Aznar, pero éste no dudaba de su competencia en materia de
terrorismo islamista. La ministra conocía que acababa de simultanear el cargo
de embajador en Rabat con el de jefe de antena del CNI en Marruecos. No era un
paracaidista. Llevaba muchos años en esos menesteres.
Y con esa tranquilidad se metió la
ministra, definitivamente, en la cama. Antes de dormirse, Ana Palacio enumeró
mentalmente todas las veces que Dezcallar había
asegurado, en las últimas reuniones mensuales de seguridad, los seguimientos en
Lavapiés y en las mezquitas, la infiltración en
asociaciones y pisos dormitorio, el control en locutorios, carnicerías y
peluquerías. Tenían a sueldo a los individuos más destacados en relación a las
corrientes islámicas radicales.
Por eso, tras los atentados del 11 de
Marzo produjo estupor a los responsables de la Inteligencia la inmediata
captura de los responsables y la aparición fulgurante de las pruebas en el
mismo entorno que ellos más controlaban.
Sea como fuere, quien podía tener
información más exacta sobre el tema llevó esa noche a la ministra por el
camino contrario al que en pocas horas se consolidaría como verdad oficial
incuestionable. La propia ministra reconocería más tarde que al Gobierno le
habían proporcionado las Fuerzas de Seguridad -sin referirse a nadie en
concreto- informaciones «no veraces e incompletas».
No caben más que dos explicaciones. O Dezcallar mentía abiertamente, cosa que nadie puede pensar
en su sano juicio, o decía la verdad y después no tuvo más remedio que
adaptarse a la postura oficial, por las razones de Estado que unificaron todos
los criterios.
Dezcallar demostró mala memoria al declarar ante
la Comisión del 11-M del Congreso en julio de 2004. Desmintió, eso sí, que
hubiera habido imprevisión de la Inteligencia española respecto a un posible
ataque islamista y se desvinculó de la autoría de Al Qaeda. Pero, al contrario
de lo que había asegurado a la ministra de Exteriores, explicó que la pista
etarra se fue disipando por las pruebas que fueron apareciendo, como la
furgoneta de Alcalá, la tarjeta telefónica y la reivindicación a través de una
cinta de vídeo.
Afirmó también que el CNI había quedado
«fuera de juego» en las primeras investigaciones del Gobierno sobre los
atentados y que no fueron invitados a ninguna reunión hasta el día 16 de marzo.
Dejó patente, tras los atentados, que el Gobierno y la Policía habían marginado
al CNI de sus primeras investigaciones.
A Dezcallar
le ascendieron muy pronto, en junio de 2004, a las alturas vaticanas como
embajador. En Roma vivió momentos angustiosos, como la muerte de su mujer, y
momentos de alegría, como la boda de su hija. En realidad, no era un ascenso.
Suponía el fin de su carrera profesional en Inteligencia. En el semestre
anterior habían matado a todos sus hombres en Irak. Desde el 11-M, tendría que
soportar para siempre la pesada carga de no haber sido capaz de evitar los
terribles atentados.
Le sirvió de consuelo que el día que se
marchó del Centro, y a pesar de los compañeros asesinados en Irak, recibió la
más estruendosa ovación que se había escuchado nunca. Como buen profesional,
todos los secretos, incluidos los del 11-M, se los llevará a la tumba. Resulta
paradójico que al hombre al que los terroristas vencieron en su propio terreno
de forma tan ostentosa el Gobierno le premie ahora con el puesto más
prestigioso que puede alcanzar un diplomático.
A su número dos, María Dolores
Villanueva, la mujer que más alto había llegado en el servicio secreto, el
Gobierno entrante le reservaba un destino más desagradable. Se enteró de su
cese cuando una mañana llegó a su despacho y, al intentar abrir su ordenador,
se dio cuenta de que le habían clausurado las claves para llegar a los informes
delicados.
Junio/1978 - Julio/82 José Lladó y Fernández-Urrutia: fue ministro de Transportes y
Comunicaciones.
Julio/1982 - Febrero/1983 Nuño Aguirre de Cárcer: era
embajador en Bélgica y ante el Consejo del Atlántico Norte.
Febrero/1983 - Enero/1987 Gabriel Mañueco: era
secretario de Estado de Exteriores.
Enero/1987 - Marzo/1990 Julián Santamaría Ossorio:
era director del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Marzo/1990 - Junio/1996 Jaime de Ojeda y Eiseley: era
embajador de España ante la OTAN.
Junio/1996 - Junio/2000 Antonio de Oyarzábal
Marchesi: era embajador en Dinamarca.
Junio/2000 - Junio/2004 Francisco Javier Rupérez
Rubio: fue embajador de España ante la OTAN.
Junio/2004 - Junio/2008 Carlos Westendorp y Cabeza:
fue ministro de Asuntos Exteriores.
11-M / Los protagonistas
Ascensos, promociones y subidas de sueldo
Los
cargos que manejaban la información relevante del 11-M mejoraron su situación
profesional con el Gobierno del PSOE
EL MUNDO
MADRID.- El nombramiento de
Jorge Dezcallar como embajador de España en
Washington y representante diplomático del Gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero ante la Administración Bush es el último y el más representativo de
una cadena de ascensos, promociones y subidas de sueldo con los que el
Ejecutivo socialista ha recompensado a algunos cargos que tuvieron una
participación relevante en la gestión de la información vinculada a los
atentados del 11-M.
Cada uno de los destacados junto a estas líneas tuvieron acceso, antes, durante o después de la matanza, a
datos, documentos o informes cuyo conocimiento podía haber facilitado una
determinada estrategia de acción política y de control de la opinión pública.
La información fue un factor que el PSOE manejó con indudable éxito para
obtener la victoria en los comicios generales de 2004 y para consolidar
determinadas convicciones en la legislatura que siguió. Quizá sea una
casualidad, pero todos ellos han promocionado personal o profesionalmente.
En algunos casos, como el de Telesforo Rubio o Félix Hernando, todos los caminos conducen además a señalar los indudables indicios que les vinculan con el Partido Socialista. El primero se negó a contestar en la Comisión de Investigación del Congreso si había participado en la elaboración del programa electoral del PSOE; tras el 11-M, fue ascendido a Comisario General de Información para coordinar todas las investigaciones que se incorporaron al sumario de la matanza, y ahora disfruta en Moscú de uno de los destinos mejor pagados de la Policía.
El reciente ascenso a general de Félix
Hernando es un caso palmario de que los servicios se pagan. Estrecho
colaborador de la cúpula de Interior condenada por los GAL, fue juzgado (y
absuelto) por llevar a Suiza maletines con fondos reservados a las esposas de Amedo y Domínguez. Después aparece en el 11-M como máximo
responsable de la UCO, encargada de controlar a uno de los personajes clave: Rafá Zouhier, que podía
proporcionar información tanto de la banda de El Chino como de la trama
asturiana. En el juicio, los responsables de la Comandancia de Oviedo acusaron
a Hernando de mentir cuando intentó lavarse las manos.
Otros cargos no han recibido prebendas
tan evidentes, pero también se han visto beneficiados. Es el caso de Carlos
Corrales, que era el máximo responsable de la Comisaría General de Policía
Científica. Fue el encargado de dirigir las investigaciones sobre los
explosivos y, entre otros puntos, sobre la polémica furgoneta Kangoo. Ahora está en el Consejo Asesor de la Policía.
En la carrera fiscal también ha habido
quien ha crecido. La misma Olga Sánchez, por ejemplo, ascendida al Supremo. O
Pedro Martínez Torrijos, el fiscal del caso del ácido bórico, que ha realizado
una auténtica defensa de los mandos que manipularon un informe para evitar que
en el sumario se vinculase a ETA con el 11-M, aunque fuese muy colateralmente.
Antes, representó al Ministerio Público en el caso de las sedaciones del
hospital Severo Ochoa de Leganés, también para pedir
la absolución del doctor Montes. Ahora, Martínez Torrijos ha ascendido a la
Audiencia Nacional.
JORGE DEZCALLAR
Era el director de los servicios de Inteligencia
cuando tuvo lugar la Guerra de Irak, cuando siete agentes del CNI fueron
asesinados en una emboscada en Bagdad y cuando se produjo el 11-M. En la
Comisión de Investigación, reveló datos que fueron utilizados para criticar al
ex presidente Aznar (como que el CNI barajó desde el principio la pista
islamista o que se les dejó «fuera de juego» en la investigación). Tras la
victoria electoral de Zapatero, fue designado embajador en El Vaticano, uno de
los destinos de mayor prestigio. Después, fue director internacional de Repsol
YPF y ahora, embajador en Estados Unidos, la más importante de las misiones
diplomáticas.
OLGA SANCHEZ
La fiscal del 11-M se volcó más allá de
su obligación profesional en la defensa de las tesis oficiales y en el ataque,
en ocasiones, a las discrepantes. La que ella representaba fue la única parte
que pudo participar en la formación del sumario de la matanza, proponiendo,
impulsando y supervisando pruebas, ya que el juez Del Olmo mantuvo el secreto
hasta el final de la investigación. Fracasó en su intento de vincular la
matanza a la red islamista Al Qaeda a través de tres supuestos líderes
intelectuales, que resultaron absueltos, pero, aun así, fue ascendida después
del juicio a la Fiscalía del Tribunal Supremo, puesto al que aspiraba desde
hacía años.
JOSE MANUEL GARCIA VARELA
Era el responsable de los servicios de
Información y la Policía Judicial de la Guardia Civil en el 11-M. Ahora,
ascenso tras ascenso, ocupa la dirección adjunta y la subdirección operativa
del Instituto Armado. Es el máximo responsable de la Guardia Civil, sólo por
debajo del mando único. En la Comisión de Investigación, descartó que pudiese
existir ningún vínculo entre ETA y el comando islamista que perpetró los
atentados, aunque también reveló que, en los días previos a las elecciones,
nunca se descartó del todo la pista etarra, y que la islamista no fue
prioritaria hasta el mediodía del 13-M.
FELIX HERNANDO
Dirigía la Unidad Central Operativa
(UCO) de la Guardia Civil en el 11-M. Rafá Zouhier, condenado por poner en contacto a Emilio Suárez Trashorras con la banda de El Chino, era uno de sus
informadores. Ha sido ascendido hace unos días por decisión del ministro del
Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora que ocupa de forma interina la cartera
de Defensa. Un informe de la Comandancia de Oviedo acusa a Hernando de mentir
en el juicio y en la Comisión parlamentaria cuando dijo que dejó de investigar
la trama de los explosivos en 2003. Fue juzgado y absuelto por entregar
maletines con fondos reservados de Interior a las esposas de Amedo y Domínguez.
MARIANO RAYON
El día del atentado era el comisario
responsable de la Unidad Central de Información Exterior (Ucie),
encargada de investigar las tramas islamistas. Su unidad fue la que se hizo cargo
de las investigaciones sobre los atentados tras descartarse la pista de ETA.
Fueron sus subordinados los que localizaron al ahora condenado Emilio Súarez Trashorras como implicado
en la trama. En el juicio reconoció que el seguimiento a El Tunecino se mantuvo
hasta el mismo 11-M. Tras las elecciones fue enviado a trabajar a una embajada,
la de Roma, una de las mejor valoradas. Es uno de los responsables policiales
de la etapa anterior que mejor salieron parados.
MIGUEL ANGEL SANTANO
Era el responsable de la Policía
Científica de Madrid. Como tal, su equipo recibió y analizó la polémica
furgoneta Kangoo, donde aparecieron las primeras
pruebas que empezaron a inclinar la opinión pública a decantarse por la pista
islamista. Tras las elecciones de 2004 ascendió y ahora ocupa el máximo rango
dentro de la Comisaría General de Policía Científica. Cuando ya ocupaba este
cargo, varios mandos a sus órdenes manipularon un informe que se iba a
incorporar al sumario de la matanza para evitar una mención que vinculaba
colateralmente a ETA con el 11-M. Por ello, está pendiente de sentencia en el
caso del ácido bórico.
TELESFORO RUBIO
Era un comisario zonal de Madrid. Tras
el 11-M, pasó a hacerse cargo de la Comisaría General de Información, desde
donde pilotó todas las investigaciones policiales sobre la masacre tras las
generales. Apenas un mes después de acceder al cargo, compareció ante la
Comisión parlamentaria. Se negó a aclarar si preparó en la sede del PSOE su
comparecencia y si había participado en la elaboración de una parte del
programa electoral de los socialistas. También se le relaciona con el chivatazo
a la trama de extorsión de ETA. Ahora ha sido destinado a la embajada de España
en Moscú como agregado de Interior, uno de los destinos mejor pagados en la
Policía.
PEDRO LAGUNA
Era coronel y jefe de la Guardia Civil
de Asturias cuando estalló el 11-M. Fue ascendido a general por el Gobierno del
PSOE, poco después de que se cerrara la Comisión de Investigación del Congreso.
Es el actual responsable de la Guardia Civil en Castilla y León. La Unidad
Central Operativa (UCO) le remitió en 2003 un informe sobre la trama de los
explosivos que controlaban Toro y Trashorras, pero él
decidió no investigarlo, sin transmitirlo a sus subordinados. El documento sólo
fue revelado meses después del 11-M, ya después de que Laguna hubiese
abandonado su destino en Asturias.
Dos jueces y dos
estilos
MADRID.- El juez Javier Gómez Bermúdez es, sin duda, la persona a la que su relación con el 11-M ha proporcionado mayor relevancia pública. Por dos veces, el Supremo anuló su nombramiento como presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional. Desde ahí, se autodesignó para presidir el juicio. La mayoría conservadora del CGPJ insistió tres veces en designarlo para el cargo, hasta que el Alto Tribunal lo confirmó.
En diciembre, firmó junto a vocales
progresistas un manifiesto anti-PP promovido por
Jueces para la Democracia, pese a que él pertenece a la APM, que siempre apoyó
su candidatura a la Sala Penal.
Su esposa, Elisa Beni, vendió miles de
copias de un libro que contaba interioridades del juicio y por el que fue
destituida como jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
El instructor del sumario del 11-M,
Juan del Olmo, disfruta ahora del tranquilo destino que él quería: la Audiencia
de Murcia. Impidió la participación en la formación del sumario de las defensas
y de otra acusación que no fuese el Ministerio Fiscal. Después del juicio,
obtuvo de un permiso de cinco meses con todos los gastos pagados en París para
llevar a cabo un estudio que él mismo propuso argumentando su experiencia al
frente del 11-M.
Los que salieron
intactos
MADRID.- Algunos altos cargos policiales salieron intactos, pese a las evidentes negligencias que cometieron antes o después de la matanza. El caso más claro es el del teniente coronel Bolinaga, que era jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Gijón. Fue destituido y, después, sancionado por el Tribunal Supremo por ocultar al juez la cinta encontrada en la localidad asturiana de Cancienes en la que el confidente Lavandera revela, en el año 2001, que Toro y Trashorras traficaban con cientos de kilos de dinamita y buscaban a alguien que supiera montar «bombas con móviles». Se le buscó un destino tranquilo (Toledo). La única consecuencia que sufrió por su actuación fue la pérdida de 10 días de sueldo.
Juan Jesús Sánchez Manzano era el
máximo responsable de los Tedax en los atentados.
Pese a las graves irregularidades en su gestión y las contradicciones entre sus
versiones en el Congreso y en el juicio, el Gobierno le mantuvo en su puesto.
Actualmente ya no ocupa la plaza de jefe de los Tedax,
pero sigue en la Policía.
Rodolfo Ruiz era el comisario jefe de
la comisaría de Vallecas, donde apareció la polémica mochila. Fue juzgado por
el caso de los militantes del PP detenidos tras la presunta agresión a Bono en
la manifestación de la AVT. Conservó su sueldo pese a la condena inicial.
elmundo.es Especial: 11-M, la sentencia.
Reencuentra a Rajoy en una cena discreta
CARLOS
SEGOVIA
El
hasta ahora director de Internacional de Repsol YPF mantuvo un cordial
reencuentro con el presidente del PP, Mariano Rajoy, en una discreta cena el
pasado 20 de mayo.
Tuvo lugar en el restaurante
Nuevo Club de Madrid y Dezcallar formó parte de un
grupo de empresarios que tenía interés en escuchar a Rajoy tras las elecciones
generales.
Para Dezcallar fue, según fuentes consultadas, la forma de recuperar relación con el sucesor de José María Aznar tras el distanciamiento que se produjo a partir del 14-M de 2004. Dezcallar mantuvo apartes a solas con Rajoy, y los testigos pudieron apreciar una buena sintonía entre ambos, que ahora le será útil, puesto que el ex director del CNI sostiene que un puesto como el de embajador de España ante EEUU es de Estado y que precisa el respaldo de los dos grandes partidos españoles. Durante la cena, Dezcallar mostró apoyo a la línea moderada de Rajoy y criticó los ataques que éste estaba recibiendo de la cadena Cope. Según fuentes próximas a Dezcallar, éste cuestiona la línea del director de 'La Mañana', Federico Jiménez Losantos, no sólo con Rajoy o con él mismo, sino con la figura del Rey.
Dezcallar ha contado en su trayectoria
profesional con respaldo de la Zarzuela. Sin él, es difícil que hubiera sido
embajador en Marruecos, director del CNI o embajador en EEUU.
A la cena asistieron también, entre
otros, el presidente de FCC, Baldomero Falcones, el vicepresidente de Acciona,
Juan Ignacio Entrecanales o el presidente de Lehman Brothers, Luis de Guindos.
En ella, Rajoy ya dejó claro que quería seguir: «¿Y
por qué voy a facilitar una candidatura alternativa? ¿Es que vosotros daríais
facilidades a otra empresa para que os hiciera la competencia?».