| Viveiro 8-9-10 junio 2007 |
| Este fin de semana nos fuimos a conocer el norte de Galicia.
El mismo viernes por la mañana llamé al hotel Vila, en Vivero, para reservar habitación. Salimos de Oviedo
a las 5 de la tarde, con rumbo a Pravia por la Cabruñana, con el fin de evitar la A66 con su tráfico del viernes
y su pavimento de hormigón comerruedas, además de hacer menos km y tardar aproximadamente lo mismo.
Pasado Pravia enlazamos con la carretera de la costa, con algún tramo de A8 inaugurado, aunque la mayoría en obras, y nos toca ir en caravana soportando a un volquete que no pasa de 60. Encima se pone a tronar y relampaguear, así que aprovechamos la parada en la gasolinera para hacer algo de tiempo para que pase tanto la caravana como el chaparrón y ponerse los impermeables por lo que pueda venir. A ratos lloviendo y a ratos secándose el asfalto llegamos a Burela, donde paramos a descansar las posaderas y ver qué había por allí... se trata de una villa dedicada a la pesca industrial con algo de veraneo, no demasiado guapo. |
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| Tras el descanso tomamos el paseo que sigue la costa rumbo a San Ciprián,
idéntico al que tiene Foz. El mar en calma y lloviendo no ayuda al paisaje marítimo, pero la carretera es
entretenida. Pasado San Ciprián cogemos la nacional hasta Vivero y encontramos el hotel fácilmente. El Vila resultó
ser muy recomendable, reformado de hace poco y con garaje gratis para motos (para coches 3€), y si vas en
temporada baja está tirado de precio (30 euros).
El chaval de la recepción nos da guías y nos explica donde están todos los garitos, y allá que nos vamos. Como todavía no es verano no hay mucho ambiente, y se nota en la gran cantidad de bares que hay y lo vacíos que están. Tomamos unas cañas acompañadas de los pinchitos que reparten, y luego nos acordamos de la existencia del Ribeiro... habrá que tomarlo para no hacerles un feo a estos gallegos. ;-) Ribeiro por allí, pulpo por allá y chipirones por otro lado dan ganas se tomarse un orujo de miel, pero va a ser que en Galicia no existe, y tiene que ser de café.
Al día siguiente sin prisas arrancamos entre la bruma rumbo a Estaca de Bares por una carretera estupenda. Subimos un alto y la bruma se espesa, creando una capa de agua en la visera. Afortunadamente solo fue un susto, y nos hizo muy buen tiempo hasta la tarde. Para llegar al cabo hay que caminar un trecho, saliendo por detrás del faro. Se agradece llevar los pantalones de cordura, porque las cotollas están crecidas con la primavera y la escasez de turistas. Después de un rato cogemos la carretera que sale a la izquierda desde el faro (vinimos por la derecha) y va a dar a una antigua base americana en ruinas (cerró en los 90), y después de una pista asfaltada vas a dar a la carretera del Semáforo de Bares, un antiguo puesto de vigilancia reconvertido a hotel-restaurante con lista de espera para bodas. Desde allí saqué la foto del Puerto de Bares.
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Se nos hacía tarde, así que pasamos de acercarnos al espigón fenicio y de bajar a O Barqueiro, aunque los vimos
desde arriba. Aprovechando que el asfalto estaba bastante seco apreté un poco por la carretera de Ortigueira, para
llegar a Cariño y desde allí a Cabo Ortegal. En general las carreteras de la zona están bastante bien asfaltadas,
aunque algunas daten de los 90.
Los del Ministerio de Medio Ambiente están compinchados con el concejo de Cariño, y dicen que allí está la separación entre el Océano Atlántico y el Mar Cantábrico. A mi siempre me enseñaron que estaba en Estaca de Bares, y buscando en internet todo lo confirma.
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