Núm. 54: KOSOVO
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1.4. LOS SUCESOS DE RACAK

 En enero del 99, occidente dice obtener la prueba definitiva para culpar al gobierno federal de "crímenes contra la humanidad" y "limpieza étnica". A mediados de este mes las fuerzas de seguridad serbias penetraron en la aldea kosovar de Racak para seguidamente, según los medios de comunicación de nuestras "democracias", ejecutar a un buen número de civiles desarmados y arrojarlos a una zanja. Esta versión fue posteriormente rebatida con todo lujo de detalles por periodistas tanto yugoslavos como occidentales, que presenciaron los hechos. Pero, como es sabido, la primera información es la que cuenta, aunque sea falsa, y el montaje de la "masacre de Racak" fue el primer paso hacia la intervención militar occidental en Serbia.

 El diario Yugoslavo LID, hizo una cronología detallada de los hechos en contraste con la escueta y mal argumentada versión ofrecida, en general, por la prensa occidental. Según dicho diario, a primera hora de la mañana del 15 de enero miembros de la policía serbia rodearon la aldea kosovar de Racak para arrestar a un comando del ELK apostado en el pueblo. El comando estaba acusado de haber dado muerte a 6 policías de origen serbio y a 2 civiles de origen albanés, de secuestrar a miembros de la comunidad albanesa y gitana y de prender fuego a la casa de un albano-kosovar. Al entrar la policía en el pueblo, el grupo del ELK abrió fuego contra ésta desde trincheras y barricadas a lo que la policía contestó de igual manera. La refriega se saldó con la muerte de un policía y la de varias decenas de miembros del ELK que tuvo que huir derrotado. Durante la operación, la policía serbia había evacuado el pueblo para evitar daños a civiles. Miembros de la Misión para la Verificación de Kosovo de la OSCE estuvieron en todo momento en el lugar supervisando la operación. Tras el combate se desplazaron al lugar el juez y el vicefiscal del distrito para abrir una investigación, lo cual fue imposible por que los huidos del ELK no dejaban de abrir fuego desde una colina próxima, (la presencia policial para proteger la investigación fue rechazada por la OSCE con la explicación de que prolongaría los combates). Los hechos fueron filmados por una cámara de la agencia de noticias norteamericana Associated Press y presenciados por el periodista francés Renaud Girard, enviado especial de diario Figaro.

 Al día siguiente, aparecieron 45 cadáveres con ropa de civil en una zanja, tras lo cual William Walker, jefe de los observadores de la OSCE se apresuró a declarar que las fuerzas de seguridad serbias habían asesinado a sangre fría a 45 civiles indefensos. Walker recogió el testimonio de varios vecinos que afirmaron que la policía serbia había separado a mujeres y hombres y había masacrado a un buen número de éstos. Al parecer William Walker había decidido sin aviso previo a las autoridades yugoslavas abrir una investigación para la cual seleccionó cuidadosamente qué reporteros podrían acompañarle, negando la presencia a medios de comunicación locales. Seguidamente, Walker pidió al gobierno yugoslavo que permitiera la inmediata entrada en el país de miembros del Tribunal Internacional de la Haya para crímenes de guerra. Esto, obviamente irritó a las autoridades yugoslavas que declararon a Walker "persona non grata" y le dieron 48 horas para que saliera del país. Se da la circunstancia de que William Walker es un conocido agente de la CIA al que se le imputa la formación de "escuadrones de la muerte" en El Salvador, en la época en que ejerció como embajador de EEUU en este país, y de entrenar a la "contra" nicaragüense en los años 80.

 Sin embargo la versión dada por Walker a la prensa internacional (y que fue difundida por ésta sin haber sido convenientemente verificada) cae por su propio peso sobre la base de los siguientes hechos incontestables:

 a. La operación policial fue grabada en vídeo de principio a fin por un equipo de la agencia Asociated Press sin que la cámara recogiera escenas de la supuesta masacre.

 b. La cámara recogió imágenes de un pueblo en el que la población civil había sido evacuada.

 c. Además de la presencia de periodistas occidentales la policía fue acompañada en todo momento por un equipo de observadores de la OSCE, sin que dieran cuenta de ninguna atrocidad contra civiles en el transcurso de la operación. Posteriormente, algunos observadores de este equipo afirmaron desde el anonimato que la versión de su jefe, Walker, era falsa.

 d. Entre la retirada de la policía y la llegada de Walker transcurrieron 12 horas en las que el pueblo estuvo bajo control del ELK.

 Al día siguiente los periodistas presentes en el lugar pudieron notar la casi total falta de restos de sangre y casquillos en los alrededores de la zanja en la que se encontraron los cadáveres. Por su parte un equipo de forenses finlandeses, bielorrusos y yugoslavos pudieron constatar que los cadáveres habían aparecido en una postura muy poco natural.

 Todo esto apuntaba a la hipótesis de que en el mencionado lapso de tiempo de 12 horas miembros del ELK hubieran trasladado cadáveres (quizá bajas propias vestidas de civiles) y que éstos hubieran sido amontonados en la zanja. Esta hipótesis fue contemplada por el diario francés Figaro y el británico The Guardian, ninguno de ellos sospechosos de ser pro-yugoslavos. Por su parte Le Monde se preguntó cómo los habitantes de Racak al volver a las casas antes del anochecer no vieran la zanja con los 45 cadáveres, mientras que el diario griego Exusia no se explicaba cómo la incursión de la policía en Racak pudo causar a ésta bajas si, según Walker, los agentes actuaron contra "albaneses desarmados". Aún así, la versión de Walker, fue repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación occidentales, lo cual sepultó cualquier otra consideración sobre los hechos.

 De todas formas, acusación de "limpieza étnica" se contradecía con un informe de los servicios de inteligencia alemanes (BND) elaborado en el mismo mes de enero que señalaba que "no se ha podido verificar que exista en Kosovo una persecución explícita y expresa contra los individuos de etnia albanesa. La vida cotidiana en las ciudades de Pristina, Urosevac y Gjila continúa en un ambiente de relativa calma, pese a los atentados [del ELK]. La represión serbia no parece ir contra una etnia o grupo determinado sino contra los responsables de los ataques" (Artículo 20, nº 27, p. 11).
 

1.5. LA FARSA NEGOCIADORA DE RAMBOUILLET

 Tras el montaje de Racak con las imágenes de los cadáveres y de los supuestos testigos de la "masacre" con lágrimas en los ojos, la opinión pública occidental ya empezaba a posicionarse a favor de una intervención en Kosovo, no obstante, las "democracias" occidentales deciden llevar adelante el siguiente acto de la farsa, a saber, "el agotamiento de las vías diplomáticas". Así, en Rambouillet (Francia) la diplomacia occidental sienta a negociar a las partes en conflicto. Lo cierto es que el líder albano-kosovar Ibrahim Rugova estaba en conversaciones con el presidente Milosevic para obtener de éste un compromiso que devolviera la autonomía a Kosovo cuando las provocaciones armadas del ELK entorpecieron la negociación. Aún así el gobierno yugoslavo acudió a Rambouillet para negociar la "autonomía" en Kosovo, según se especificaba en el texto de la propuesta del grupo de contacto.

 Curiosamente para un gobierno acusado de "limpieza étnica" la representación yugoslava estaba compuesta además de por personas de origen serbio, por dos albaneses, un musulmán eslavo, un turco, un gorano, un gitano romaní y un gitano egipcio. Este hecho puso de manifiesto que Serbia es una república eminentemente multiétnica; de hecho, Belgrado siempre ha sido considerado una de las ciudades más cosmopolitas de la Europa del este.

 Pero en Rambouillet, tras días de negociación en los que aparecía que la autonomía de Kosovo se iba a convertir en realidad, la representante de EEUU ante la ONU, Madeleine Albright, apareció en escena con una nueva exigencia, no recogida en el texto inicial elaborado por el grupo de contacto: Kosovo gozaría de un periodo de autonomía de 3 años tras el cual se convocaría un referéndum sobre la independencia de la provincia serbia. Esto no fue aceptado por la delegación yugoslava pues la Krajina (en Croacia) y Srpska (en Bosnia), dos zonas de mayoría serbia, habían decidido independizarse de estas ex-repúblicas yugoslavas y fueron reprimidas a sangre y fuego por sus respectivos gobiernos apoyados por occidente.

 Junto a esta nueva propuesta, la diplomacia occidental hizo un añadido al documento original: el Apéndice B, titulado "Situación de una fuerza multinacional militar". Este anexo planteaba simple y llanamente una ocupación militar de Yugoslavia por parte de la OTAN. Así el art. 8 rezaba: "El personal de la OTAN deberá poder acceder, junto a sus vehículos y equipamiento a cualquier lugar de la República Federal de Yugoslavia, incluyendo su espacio aéreo y sus aguas territoriales". Por su parte el art. 6 concedía total inmunidad a las fuerzas de ocupación: "El personal de la OTAN, bajo cualquier circunstancia y en cualquier ocasión, será inmune respecto a la justicia de cualquiera de las partes (Serbia, Montenegro y Kosovo) con respecto a cualquier falta civil, criminal, administrativa o disciplinaria que cometa en el interior de la República Federal Yugoslava". Además el art. 10, daba derecho a la OTAN a usar gratuitamente todas las calles aeropuertos y puertos de mar de Yugoslavia. (Estos datos fueron filtrados al periodista alemán Peter Schwartz por el Centro Albanés de Información sobre Kosovo.) 

Estaba claro, pues, que el plan de paz elaborado por occidente en Rambouillet estaba diseñado de tal manera que no podía más que ser rechazado por el gobierno yugoslavo. Así, el diario alemán Berliner Zeitung, una vez salió a la luz la totalidad del contenido de los textos señaló que "el tratado propuesto parecía el tratado de rendición que se firma después de haber perdido una guerra /... / Es fácil entender por qué el presidente Milosevic no quiso firmar estas condiciones". Igualmente la publicación también alemana TAZ escribió: "Un líder de un estado soberano jamás firmará un acuerdo como éste". En realidad, con el modo en que se requirió la firma del gobierno yugoslavo (a modo de ultimátum) y el secretismo sobre el verdadero contenido de los textos del acuerdo, occidente, lejos de buscar una solución pacífica al conflicto, estaba preparando el camino hacia una guerra abierta contra Yugoslavia.
 

1.6. DEVOLVER A YUGOSLAVIA A LA EDAD DE PIEDRA

 Tras el esperado final del episodio de Rambuillet, occidente se dispone a ejecutar su ultimátum. Aquí, la posibilidad de una intervención bajo mando de las Naciones Unidas fue descartada por Washington, pues dos de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China, no estaban dispuestos a permitir una agresión contra Yugoslavia, habida cuenta de la incredulidad de los líderes de estos países con respecto a la acusación de "limpieza étnica" que, por obra y gracia de los EEUU, pesaba sobre las autoridades yugoslavas. Así las cosas, la OTAN decide unilateralmente, sin mandato de la ONU, sin que los líderes de los países miembros de la OTAN informaran a sus respectivos parlamentos y sobre todo, sin declaración de guerra, iniciar el pasado 24 de marzo una campaña de salvajes bombardeos sobre Yugoslavia. El objetivo de esta campaña no sería otro que el de devolver a Yugoslavia a la Edad de Piedra, destruyendo por completo su economía, aniquilando todo tipo de infraestructuras y envenenando su medio ambiente, para que el hambre y la miseria doblegara a la población y aceptara la imposición de un gobierno-títere pro-occidental como los de las ex-repúblicas yugoslavas. 

Como es ya costumbre, esta nueva campaña de destrucción masiva por parte del poder militar occidental se vio acompañada de un gigantesco despliegue propagandístico anti-serbio cuyo objetivo era justificar la agresión de cara a la opinión pública. Así los medios de propaganda occidentales, hablaron de un "recrudecimiento de la limpieza étnica del régimen de Belgrado", como demostraba la huida de miles de albano-kosovares a Macedonia y Albania. Sin embargo analistas occidentales como James Petras (El Mundo, 18-5-99, p. 8) han denunciado esta falacia mediática, pues, en primer lugar, en la cifra de muertes imputadas al gobierno yugoslavo antes de la campaña aérea de la OTAN, unos 2.000 víctimas, se incluyen personas asesinadas por el ELK, es decir, soldados y policías yugoslavos y civiles (tanto albaneses no-separatistas como no albaneses), y combatientes albanokosovares muertos a manos de fuerzas yugoslavas. Por otro lado, como señala Petras, gran parte de los refugiados albano-kosovares huyeron por temor a convertirse en "daños colaterales" de la OTAN, refugiados que aacabaron siendo víctimas de las mafias albanesas que saquearon la ayuda humanitaria y raptaron a numerosas refugiadas para prostituirlas. Por su parte, el intelectual francés Regis Debray visitó Kosovo y pudo constatar, basándose en el testimonio de dos periodistas occidentales que permanecieron allí durante los bombardeos, que no había rastro de genocidio ni de violencia sistemática contra la etnia albanesa. Cierto es que, según Debray, las autoridades yugoslavas en un desesperado intento por desarticular los comandos del ELK que apoyaban desde tierra la agresión otánica, el gobierno yugoslavo ha hostigaron con registros y detenciones a la población sospechosa de estar involucrada en las acciones armadas del ELK, pero de esto a afirmar que había habido un exterminio sistemático de civiles hay un abismo. De hecho, el propio Petras señaló que los militares yugoslavos habían arrestado a 350 civiles serbios armados acusados de violentar a la población albanesa.

 Al mismo tiempo, la OTAN usaba armamento prohibido las devastadoras bombas de fragmentación o los proyectiles de uranio empobrecido (con los que ya se había experimentado en Irak) para "defender" a los albano-kosovares, los cuales irónicamente se convirtieron en no pocas veces en "daños colaterales" de la maquinaria bélica occidental. Y no es extraño que extraño que así ocurriera pues la fuerza aérea de la OTAN tenía órdenes de bombardear desde una altura de más de 5.000 metros, es decir, fuera del alcance de las baterías antiaéreas yugoslavas. Consecuentemente las bombas "golpearon a ciegas" causando un gran número de víctimas civiles. La campaña aérea, además, se vio apoyada por operaciones terrestres a cargo del ELK, ahora fortalecido por el reclutamiento de nuevos efectivos procedentes de los campos de refugiados de Albania y Macedonia, que fueron usados como "carne de cañón" en la estrategia bélica de la OTAN.

 A medida que pasaban los días se iba filtrando a la prensa más información sobre la naturaleza y objetivos del pequeño ejército separatista albano-kosovar. Así, el 19 de abril David Prince, miembro del parlamento canadiense, declaró ante varios reporteros que 50 soldados canadienses estaban ayudando a comandos del ELK en Kosovo a dirigir los bombardeos de la OTAN. Además otros cuerpos de élite de ejércitos de países de la OTAN como el Reino Unido, Francia y EEUU entrenaban al ELK, según informó el Sunday Telegraph del 18-4-99. De este último país había una agencia ultrasecreta llamada MPRI, colaborando con los nacionalistas albano-kosovares, agencia que estuvo detrás de la brutal campaña de represión del ejército croata contra los campesinos serbios de la Krajina1. De hecho, la prensa occidental desveló que un alto mando del ejército croata de ascendencia albano-kosovar y de nombre Agim Ceku, que tomó parte en la represión de la Krajina, estaba al mando del ELK (El Mundo, 4-5-99, p. 8). Igualmente, este diario informó que Ceku "hizo /... / algún curso de especialización en doctrina y tácticas militares de la OTAN".

 Por su parte, Gary Wilson dio a conocer en Workers' World del 9-4-99 un informe filtrado al portavoz del PDS (ex-comunista) alemán, Jurgen Reents, desde altas instancias del gobierno alemán, documento que contenía información sobre la intervención en Yugoslavia. Según Reents, en el informe se decía que los oficiales occidentales mentían al hablar de los asesinatos en masa y de las deportaciones de albano-kosovares y que la OTAN habría ofrecido recompensas de 200.000 dólares a los refugiados que pudieran aportar cintas de vídeo o fotografías de masacres, aunque fueran "escenificadas". Pero, sin duda, la parte más reveladora del informe es la que versa sobre el papel de la CIA en la crisis yugoslava. Así, se habla de una operación secreta conocida como "Operación Raíces", según la cual la CIA habría promovido la desestabilización de Yugoslavia a base de sembrar el odio interétnico. Esta operación tendría entre sus objetivos "la separación de Kosovo [que abastece electricidad al resto de Serbia], con el fin de que se convirtiera en parte de Albania; la separación de Montenegro, como último medio de acceso al Mediterráneo; y la separación de la Voivodina, que produce la mayoría de los alimentos para Yugoslavia. Esto llevaría al colapso total de Yugoslavia como un estado independiente viable". También se menciona en el informe que el ELK fue fundado por la CIA y financiado por el dinero procedente del tráfico de heroína y que la agencia de espionaje norteamericana estaba detrás de la campaña de atentados del ELK que hizo fracasar las negociaciones entre Rugova2 y Milosevic en 1998. Así la represión de la policía yugoslava contra el separatismo armado albano-kosovar pudo ser usado como pretexto para la intervención de la OTAN. 

Como hemos podido comprobar, lo que el pentágono esperaba fuera una operación relámpago que desbaratara la resistencia yugoslava en pocos días (al estilo de la Guerra del Golfo) iba camino de convertirse en un nuevo Vietnam, por lo que la OTAN se vio obligada a negociar con el gobierno yugoslavo, a pesar de haber sido acusado en pleno por el Tribunal Penal Internacional de la Haya de "crímenes de guerra", el mismo tribunal que se declaró "incompetente" para juzgar por genocidio a Solana y a los líderes de los estados occidentales que participaron en la campaña aérea contra Yugoslavia. Atrás quedaron días de resistencia civil contra la maquinaria de destrucción más poderosa del planeta, con miles de transeúntes ocupando los puentes y trabajadores encerrados en fábricas para disuadir a la OTAN de que arrasara sus infraestructuras y economía; la numantina resistencia yugoslava no ha impedido que occidente haya acabado controlando Kosovo, en donde los serbios han sido una vez más expulsados de sus tierras. Como de costumbre, occidente ha incumplido sus acuerdos de paz y no se ha dado ninguna prisa en desarmar a los mercenarios del ELK (al final, se firmó un acuerdo de "desarme" que permitía llevar al ELK armas cortas durante 2 meses), que han hecho huir no sólo a serbios, sino también a goranos, gitanos, eslavos islámicos y no pocos albaneses acusados por los separatistas de colaborar con los serbios en la "limpieza étnica". Esto debería hacer aflorar la sospecha de si la "limpieza étnica" no habría sido en realidad llevada a cabo por los nacionalistas albaneses apoyados por occidente3.

 Por supuesto, el panorama que hemos visto tras la entrada de las tropas de la KFOR, los cadáveres y la devastación, sólo es adjudicable a los serbios, como si los bombardeos de la OTAN y los ataques con fuego de artillería del ELK no hubieran causado víctimas y destrozos. Y para que las pruebas de la "limpieza étnica" serbia no se desvanezcan los poderes occidentales han puesto a custodiar las supuestas fosas comunes a comandos del ELK ( El País 21-6-99, p. 9), que han prohibido el acceso de público y periodistas a dichos lugares a la espera de que miembros del Tribunal Penal Internacional encuentren las pruebas sobre las cuales basaron su sentencia. Curioso proceder el de la "democrática" justicia occidental4.

Notas:
 1. En la Krajina, los aviones MIG croatas ametrallaron las columnas de refugiados serbios que huían. Este ataque formaba parte de una operación planificada por la CIA.Volver

 2. Rugova, por cierto, tras viajar a Belgrado, reunirse con Milosevic y pedir el fin inmediato de los bombardeos fue amenazado de muerte por el ELK y cayó en desgracia para las fuerzas intervencionistas occidentales.Volver

 3. El País del 19-6-99, p. 3, informó del hallazgo por parte de los soldados alemanes de la KFOR de un centro de torturas del ELK, en el que se encontraban 15 personas ("tres serbios, varios gitanos y el resto albaneses") con señales de malos tratos, además de un muerto (un hombre de 70 años que estaba esposado a una silla). En el lugar se encontraban 30 miembros del ELK que no fueron detenidos por la KFOR aunque sí desarmados.Volver

 4. Tras la retirada de las fuerzas yugoslavas de Kosovo, el ELK ha tomado el poder en la ex-provincia serbia apoyado por EEUU, lo que ha supuesto la marginación de la línea política de Rugova (que contaba con el apoyo de la mayoría de los albano-kosovares) y que se centraba en la recuperación del estatus de provincia autónoma para Kosovo manteniéndose dentro de la Federación Yugoslava. Frente a esto, el ELK propone que Kosovo pase a formar parte de Albania (esto supone una vuelta al proyecto de la "Gran Albania" de la División Skanderbeg). Aquí, no se puede hablar, pues, de "independencia" sino más bien de "anexión".Volver
 


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