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La historia colonial
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La presencia española en los siglos XVIII y XIX
La Corona española no dejó de considerarse con derechos en la costa del Sáhara. En el siglo XVIII ( hacia 1766) existe un intento del aventurero escocés George Glass, para establecerse en la costa. Pretendió fundar una factoría: Port Hillsborough. Fue a Canarias en busca de suministros y allí resultó detenido y encarcelado por intentar usurpar unos derechos que España consideraba propios.
Expedición al Sáhara (1886):1, Cervera;
2, Quiroga; 3, Rizo; 4, Abd el Kader L´Agdar El 28 de mayo de 1767, España y el sultán de Marruecos firman el tratado de Marraqués. En su artículo 18 dice así:
"Su Majestad Imperial ( el sultán) se aparta de deliberar sobre el establecimiento que Su Majestad Católica (de España) quiere fundar sobre el río Nun, pues no puede hacerse responsable de los accidentes o desgracias que sucedieran, a causa de no llegar allí sus dominios y ser la gente que habita el país errante y feroz, que siempre ha ofendido y aprisionado a los canarios. De Santa Cruz al norte, Su Majestad concede a éstos y a los españoles la pesca, sin permitir que ninguna otra nación la ejecute en ninguna parte de la costa, que quedará enteramente para ellos...La costa de Sta Cruz al Sur no siendo de mi jurisdicción, no puedo flanquearla ni ser responsable de los acasos que en ella sucediesen..."
Cuando los españoles consideren su establecimiento en estas costas, tendrán presente que Marruecos reconoce en tratados firmados con España y diversas potencias extranjeras (1767,1787, 1791, 1799, 1801, 1825, 1836, 1856, 1850, 1861, y en los proyectos de tratados de 1886 y 1882) que no existe un ejercicio real de su soberanía en las zonas comprendidas entre los ríos Sus y Draa, asegurando concretamente, como en el Tratado de Marraqués, que los territorios cercanos al río Nun, no son de su jurisdicción.
El tratado de Marraqués responde, por un lado al interés de España por restablecer el fuerte de Santa Cruz del Mar Pequeña, y, por otro, a la necesidad de afianzar los intereses pesqueros canarios en las costas fronteras africanas de Uad Nun y zonas inferiores (Uad Draa, Uad Chbeika, Saguia El Hamra...). los canarios pescaban habitualmente en estas costas durante los siglos XVIII, XIX y XX. Con respecto al siglo XVIII carecemos hasta la fecha de otros documentos más explícitos acerca de casos concretos que desvelen la forma en que se manifestó esa relación. Para el siglo XIX, sin embargo, sí tenemos información útil. Por una parte, testimonios orales: Farachi, chej de la Yemaa del Aaiún durante la época colonial y posteriormente miembro importante de la R.A.S.D., explicaba esta relación y entre otros casos mencionaba la Duna Santiago, situada cerca de Aaiún, como un lugar de encuentro entre pescadores canarios y saharauis de la tribu de Izarguien, para intercambio de productos y carbón vegetal. Por otra parte, testimonios escritos, como los casos de Puyana, Butler y otros "náufragos" , que pretendieron negociar con el caid Beiruk de Gullimin el establecimiento de una factoría y fueron convertidos en rehenes. El caid Beiruk exigirá a España el reconocimiento de su persona como rey de Tecna y Uad Sus a cambio de la libertad de los comerciantes.
En 1853 se fundó la Compañía Capa Aguirre para explotar el Africa Occidental. En 1865, el explorador catalán Gatell realiza un viaje al país Tecna que se conserva descrito en sus memorias. En 1880 nace la sociedad de Pesquerías Canario-Africana.
Los saharauis van a recordar, sin embargo, otros datos que serán de interés a la hora de analizar el establecimiento español posterior. Las primeras monedas que tuvieron fueron las que ellos llamaban "sabil", que tuvieron durante mucho tiempo. Son monedas de Isabel II. Luego llegaron las "fonsus", que son de los Alfonsos, y posteriormente las "hassan", que son las primeras marroquíes que conocieron. Siempre desconfiaron de éstas últimas por la baja calidad de la aleación y acuñación que tenían.
Con motivo del triunfo español sobre Marruecos en la batalla de Uad Ras (o Wad-Ras o Guadrás), en 1860, España y Marruecos firman el tratado de Tetuán. Las Bases preliminares, firmadas por O´Donell y Muley Abbas el 25 de marzo de 1860, dicen, en su artículo 2º:
"Del mismo modo, Su Majestad, el Rey de Marruecos se obliga a conceder a perpetuidad en la costa del Océano en Santa Cruz del Mar Pequeña el territorio suficiente para la formación de un establecimiento como el que España tuvo allí anteriormente".
Y en el artículo 8º del Tratado, firmado en Tetuán el 26 de abril de 1860, se insiste:
"Su Majestad marroquí se obliga a conceder a perpetuidad a Su Majestad Católica en la costa del Océano, junto a Santa Cruz de Mar Pequeña, el territorio suficiente para la formación de un establecimiento de pesquería como el que España tuvo allí antiguamente. Para llevar a efecto lo convenido en este artículo se pondrán previamente de acuerdo los Gobiernos de Su Majestad Católica y Su Majestad marroquí, los cuales deberán nombrar comisionados por una y otra parte para señalar el terreno y los límites que deba tener el referido establecimiento".
No obstante, el rey de Marruecos declarará en el tratado de comercio firmado en Madrid el 20 de noviembre de 1861, que su poder sobre los habitantes de Uad Sus es muy precario y que no puede hacerse nada por facilitar este establecimiento. El príncipe Muley Abbas de Marruecos declarará además que el jefe de esa región es independiente de hecho y que no se puede nada contra él. Se está refiriendo al caid Beiruk, que exigirá a España el reconocimiento de su soberanía en 1870.
En varias ocasiones, Marruecos intentará someter al caid Beiruk (1863, 1882, 1888) pero la unión de todas las tribus de la zona provocaron siempre el fracaso marroquí.
Por estas fechas, la atención de Europa se centra en el continente africano, de grandes posibilidades coloniales. La política europea se orientaba cada vez más hacia el reparto de Africa. La Conferencia de Berlín y el acta consiguiente (1885) dejaban en libertad a las diferentes naciones para la ocupación en Africa de aquellos territorios que estuvieran "libres", es decir que no hubieran sido ocupados con anterioridad por otra nación.
Varios hechos determinarán la intensificación de la presencia española en la zona, fundamentalmente la intensificación de la actividad pesquera canaria y la presencia de los ingleses en Cabo Juby , interesados en crear una nueva factoría en Río de Oro. En 1881, España establece una plataforma frente a la península de Río de Oro y se compra dicha península a la tribu de Ulad Delim, ante notario, en Las Palmas, por unas monedas de plata. En 1883 se crea en España la Sociedad Española de Africanistas, y en febrero de 1884 se sitúan de manera fija barcos frente a Río de Oro y Cabo Blanco.
En octubre de 1884, el gobierno de Cánovas envió a Emilio Bonelli, militar y arabista de prestigio, con tres barcos que reconocieron la costa desde cabo Bojador a cabo Blanco. Bonelli establece tres factorías a las que llamó: Villa Cisneros (Río de Oro), Medina Gatell (Cabo Blanco) y Puerto Badia (Bahía de Cintra). A la vez, firma diversos convenios con las tribus locales, por los cuales éstas colocaban el territorio bajo el protectorado de España. De aquí arrancaron los derechos españoles sobre el Sahara pues el 26 de diciembre de 1884 el gobierno español comunicaba
a las diferentes potencias, de acuerdo con la Conferencia y Acta de Berlín, el establecimiento entre cabo Bojador y Cabo Blanco. Expresada la conformidad, la ocupación quedó legalizada. Marruecos no puso ninguna objeción.
En enero de 1885, los primeros militares llegan al Sáhara. Emilio Bonelli, nombrado comisario régio, organiza expediciones al interior para establecer tratos con las distintas tribus. En la primavera de 1886, la Sociedad española de Geografía Comercial envía a los Tecna y a la Saguia el Hamra la expedición Alvarez Pérez, que pacta con las tribus de Izarguien y Ait Musa U Ali. Este pacto se acuerda en la isla de Arrecife, y ante notario, a través del enviado Mohamed Uld Ali (de la tribu Izarguien), quien representaba a los jefes de las tribus Ait Musa U Ali e Izarguien, Embarek Uld Mohammed y Mohammed Uld Bellal. En el documento se declara que estos jefes se ponen bajo la protección del Gobierno español. La zona estipulada en este pacto queda comprendida entre Uad Chbeika y Cabo Bojador.
El 14 de mayo de 1886 llega a Río de Oro otra expedición, la del capitán Julio Cervera, el naturalista Francisco Quiroga y el arabista Felipe Rizzo Rizzo, que penetra en el Sáhara cruzando el Tiris y llega a las salinas de Iyil. En julio de ese año se declara:
"Todos los territorios comprendidos entre la costa de las posesiones españolas del Atlántico, desde Cabo Bojador a Cabo Blanco y el límite occidental de Adrak, pertenecen a españa desde el día de la fecha".
Con esta misma fecha se firma otro tratado, con Ahmed Uld Mohammed Uld Aidda, emir de Adrar-t-Tmarr, quien se "somete con su tribu bajo la protección del Gobierno español". Como gesto de buena fe entrega su caballo y su fusil al jefe de la comisión española y solicita del gobierno español "el uso de un sello especial para autorizar los documentos y correspondencia pertinentes".
Estos tratados van a ser decisivos para España a la hora de establecer su presencia en Sáhara, ya que sirven para prevenir a otras potencias extranjeras respecto de los límites de estos territorios. Una primera estimación de las dimensiones de los territorios pactados (1886) establece en 700.000 kilómetros su extensión. Sin embargo, si España hubiera penetrado entonces, y de la mano de las diferentes tribus saharauis, en estos territorios, hubiera ocupado más espacio todavía. Las razones más importantes que pueden darse para explicar la simplicidad de la cesión de estos poderes a España por parte de los saharauis, podrían ser las siguientes:
La alta densidad de la población morisca en el Adrar-t-Tmarr y el Tiris.
El deseo de contar con aliados poderosos y sin intención declarada de establecer un poder real y un Gobierno ajeno a su territorio. No olvidemos que estaban todavía cercanos los intentos marroquíes de dominio en zonas del Norte y que los franceses hacían valer su poder en el Sur.
La organización política que tenían los saharauis en el momento de la llegada de España, permitía la realización de estos pactos. La firma de los tratados con España exigía una decisión común de las tribus, que fue adoptada por el deseo general de la población de estos territorios quienes a la vez de querer beneficiarse en su relación con el exterior, pretendían también terminar con los problemas internos que enfrentaban a unas tribus con otras.
La mira de España en estos territorios, que caían en sus manos sin saber cómo, no tenía (ni tuvo hasta 1933) mayor alcance que la de tenerlos apaciguados para proteger la pesca costera.
La ocupación definitiva: 1900-1939
La presencia española en la zona comenzó a ser protestada por Francia que estaba ampliando su acción por el sur del Sáhara. Esto provocó el inicio de conversaciones en 1886, aunque no se llegó al primer tratado hasta el 27 de junio de 1900. En él van a quedar establecidos los límites entre las posesiones españolas y francesas. Los artículos 1º y 8º de este tratado establecen:
"Artículo 1º.- En la costa del Sáhara el límite entre las posesiones españolas y francesas seguirá una línea que, partiendo del punto que se indica en la carta de detalle A, yuxtapuesta a la carta que forma el anejo 2 al presente Convenio, punto situado en la costa occidental de la península del Cabo Blanco, entre la extremidad de este cabo y la bahía del oeste, se dirigirá por el centro de dicha península y después dividiendo a ésta por la mitad en cuanto al terreno lo permita, subirá hacia el norte hasta encontrarse con el paralelo 21º 20´ de latitud Norte hasta la intersección de este paralelo con el meridiano 15º 20´ oeste de París (13º oeste de Greenwich). Después de este punto, la línea de demarcación seguirá en la dirección Noroeste, describiendo entre los meridianos 15º 20´ y 16º 20´Oeste de París (13º 14´oeste de Greenwich) una curva trazada de modo que deje a Francia las salinas de la región de Idjil con sus dependencias, manteniéndose la frontera, por lo menos, a una distancia de 20 kilómetros de dichas salinas. Desde el punto de encuentro de esta curva con el meridiano 15º 20´oeste de París (13º oeste de Greenwich), la frontera se dirigirá lo más directamente posible hasta la intersección del Trópico de Cáncer con el meridiano 14º 20´oeste de París (12º Oeste de Greenwich), y se prolongará por este último meridiano en la dirección del Norte.
Queda entendido que en la región del Cabo Blanco la delimitación que deberá practicar la Comisión especial a que se refiere el artículo 8º del presente Convenio se efectuará de manera que la parte occidental de la península, incluso la bahía del oeste, se adjudique a España, y que el Cabo Blanco propiamente dicho y la parte oriental de la misma península sean para Francia.
Artículo 8º.- Ambos gobiernos se comprometen a designar, en el plazo de cuatro meses, contados desde la fecha del canje de las notificaciones, comisarios que serán encargados de trazar sobre el terreno las líneas de demarcación entre las posesiones españolas y francesas, de conformidad y con arreglo al espíritu de las disposiciones del presente Convenio".
Después de este tratado fue designado gobernador de la zona española, Don Francisco Bens. Con él se desarrolla la infraestructura que va a permitir la posterior penetración española. Su política de amistad con los saharauis y de buenas relaciones con Francia da magníficos frutos rápidamente: diversos jefes de tribus se concentran en Villa Cisneros en 1906 y desde allí se trasladan a Canarias, para cumplimentar a Alfonso XIII.
En octubre de 1902, Francia organiza el Gobierno General del África y el Territorio Civil de Mauritania. Los emiratos mauritanos al sur del Sahara occidental constituían entidades políticas bastante estables, con habitantes nómadas y sedentarios, en las cuales la autoridad del emir se perpetuaba en una misma familia. Surge entonces el fuerte rechazo y la hostilidad declarada de las tribus saharianas contra la penetración francesa. Su principal impulsor es el jefe religioso Ma El Ainin, de origen mauritano, que sobre 1870 se había establecido en la Saguia el Hamra; entre 1898 y 1902 funda la ciudad de Smara, la primera ciudad del desierto, de donde parten los ataques contra la penetración francesa y que intentaba convertirse también en un centro comercial caravanero y en un foco religioso.
El tratado franco-español de 1902, dejaba, por así decirlo, abierta y sin delimitación la posesión española de Río de Oro (zona meridional del Sáhara). Esto determinó la firma de nuevos tratados entre Francia y España.
En 1902 se proyectó otro tratado en el cual la línea de límites, partiendo del punto en el que había quedado en el de 1900, se prolongaba hacia el norte, llegando hasta los ríos Sus, Idermi e Iribi y nos concedía dominio sobre las tres importantes regiones del Sus, Nun y Tecna. Pero este tratado quedó sin firmarse por razones de índole internacional, no pasando de proyecto.
En 1904 se establece un nuevo tratado en el que se dice:
Artículo 5º.- Para completar la delimitación indicada por el artículo primero del Convenio del 27 de junio de 1900, queda entendido que la demarcación entre las esferas de influencia española y francesa partirán de la intersección del meridiano 14º 20´ oeste de París, con el 26º de latitud Norte, que seguirá hacia el este, hasta su encuentro con el meridiano 11º de París. Subirá después este meridiano hasta su encuentro con el río Draa y en seguida el Thalweg del río Draa hasta su encuentro con el meridiano 10º oeste de París y, en fin, el meridiano 10º oeste de París hasta la línea divisoria de las cuencas del río Draa y del río Sus y luego entre las cuencas costeras del río Mesa y del río Nun, hasta el punto más cercano el nacimiento del río Taserualt...
Artículo 6º.- Igualmente, el Gobierno de la república Francesa reconoce, desde luego, al Gobierno español plena libertad de acción sobre la región comprendida entre los grados 26º y 27º 40´ de latitud norte y el meridiano 11º oeste de París, que están fuera del territorio marroquí.
Este tratado de 1904 reconocía que Marruecos terminaba en el río Draa. Bens viaja al Draa y busca zonas para futuros asentamientos. Pero el Convenio hispanofrancés de 27 de noviembre de 1912 recorta los derechos españoles anteriormente especificados por lo que se refiere a los territorios integrados en Marruecos. Se establece que las zonas comprendidas entre el río Draa y el paralelo 27º 40´ sean considerados como parte de Marruecos y que, por tanto, le sean entregadas a este país cuando los protectorados francés y español desaparezcan.
En 1916 algunas tribus saharauis facilitan a Bens la ocupación de Cabo Juby y planea la ocupación de Ifni. A los saharauis les conviene este proyecto porque la lucha contra Francia es muy dura (encabezada por los sucesores de Ma El Ainin) y secretamente reciben armas españolas y alemanas. Un puesto español al norte facilitaría el suministro y crearía un punto de refugio útil.
En 1920, Bens ocupa La Güera en el extremo sur del Sáhara "español". El sentido de este establecimiento era eminentemente pesquero. La pesca era la base de la economía española en el Sáhara. Martín Peinador estima en seis mil el número de pescadores canarios que faenan en aguas saharianas (1908) y la calidad de las capturas es considerada de primer orden mundial. No había otro tipo de riqueza en el Sáhara; las salinas de Iyil fueron a parar a Francia, para lo cual se creó una curva en el mapa en el extremo suroeste.
En octubre de 1933, la tribu Ulad Delim pide la entrada de España en el interior. Los franceses les están persiguiendo y atacando utilizando para ello a tribus mauritanas leales a Francia y bien armadas. El poder francés pretendía atraer a la población nómada de Sáhara hacia sus zonas a cualquier precio. De este modo, con un desierto deshabitado sería más fácil de pactar con España la entrega total del territorio. El interés para Francia era evidente, poseyendo, como poseía, Marruecos, Mauritania y Argelia, y siendo el Sáhara un obstáculo para comunicar esas zonas entre sí. Un documento oficial español fechado en La Güera el 19 de junio de 1934 y firmado por el delegado gubernativo, dice que el procedimiento francés de derivar hacia tribus mauritanas la lucha que contra ellos mantienen las tribus Ulad Delim y Erguibat está teniendo un gran éxito. Los franceses despueblan el norte de Mauritania t concentran la población cerca de Senegal. A los saharauis se les hace la vida imposible mediante gazis (razias). Roban el ganado y fuerzan a una guerra que obliga a las tribus de Ulad Delim y Erguibat a adentrarse cada vez más en Mauritania. Simultáneamente , Francia ofrece a Ulad Delim la paz a cambio de su establecimiento en Mauritania. El 24 de junio de 1934 se conocen las condiciones del pacto: los Ulad Delim entregarán 20 fusiles y 20 camellos. Francia entregará a cambio 500 camellos. Para celebrar el pacto hay que ir a Dakar (Senegal) y allí inscribirse como franceses. Los saharauis conocen perfectamente que esta marcha de los jefes de tribu a Senegal obligará al resto a trasladarse con ellos. Por ese motivo solicitan constantemente la penetración de España.
En el año 1934 tendrá lugar esa penetración: se funda el puesto de Aargub y se ocupan Daora y Smara, los dos únicos lugares con construcciones en uso en el interior del territorio saharaui. En ese mismo año se ocupa Ifni con la ayuda de los saharauis. España penetra en el Sáhara sin derramamiento de sangre. En Ifni, la sangre que cae es saharaui.
En ese mismo año, el último Sultán Azul se entregará a España. Se establece en Cabo Juby y va a proporcionar a España un importante talismán para gobernar en el Sáhara: determinadas palabras de su padre, el mítico Ma El Ainin, sobre los españoles. Al morir recomendó a sus hijos, discípulos y acompañantes que si tenían que entregarse a algún Gobierno extranjero se entregaran a España, pues eran los más nobles entre los cristianos con los que había tratado.
El Gobierno de la República, sin embargo, va a emplear al Sáhara como residencia de deportados. Sólo con el levantamiento militar de Franco y por necesidades propias de la guerra civil, se empieza a recorrer todo el territorio y se fundan nuevos puestos y poblados; El Aaiun, en 1938, Tantan en Tarfaya, Guelta, Auserd, etc. Esta tarea fue llevada cabo básicamente por el capitán Antonio de Oro.
Las guarniciones del Sáhara se unen a las tropas nacionales en la guerra civil española, y reclutan a un par de centenares de nativos. Algunos de estos saharauis morirán al lado de Franco, otros volverán cargados de medallas. España había empleado una táctica colonial clásica para la "captación de indígenas": la creación de unos cuerpos armados saharauis (mia) con sueldo y armas españolas. Estos suponen, por una parte, la existencia de una vanguardia que facilita la penetración por el hecho de conocer el territorio y los habitantes, y por otra, la posesión de valiosos rehenes de las distintas tribus, cuya presencia junto a España impedía hipotéticos ataques de las tribus contra el ejército español.
La intensa colonización: 1939-1960
Desde el final de la Guerra Civil española hasta 1956, el Sáhara vive en paz. Franco lo visita en 1950 y declara:
"Vuestros hermanos en España no vienen aquí a alterar vuestra paz, vuestra libertad y vuestro señorío; vienen a ayudaros, a traeros el progreso de la civilización, los sanatorios, los médicos, todos los medios de que la ciencia dispone, para que vuestros dolores y vuestras molestias puedan ser atendidas".
En 1946, se crea el Africa Occidental Española (A.O.E.) que contiene los territorios de Ifni, Cabo Juby y Sáhara. Sin embargo todo queda centralizado en Ifni. La región de Tarfaya, de acuerdo con el tratado de 1912, se reconoce como zona de protectorado. Hasta 1955 no se crean unos Tribunales de Costumbres en los que intervienen dos vocales musulmanes junto a una mayoría peninsular, y el 21 de marzo de 1956, se reconocen los Tribunales Cheránicos musulmanes, que siempre han funcionado en el Sáhara.
Se desarrolla en esos momentos el más importante intento de sedentarización de la población saharaui. Desde los primeros momentos el Aaiun no sólo será un puesto militar de importancia, también se establecerán pequeños comercios y centros administrativos, al tiempo que "se alumbraron fuentes en una y otra margen de la Saguia el Hamra, y se iniciaron los cultivos, tanto por los organismos oficiales, de un modo experimental y de enseñanza, como por los naturales del país que tuviesen conocimientos agrícolas, a los que se les distribuyeron parcelas" . Seis años después de la ocupación por Antonio de Oro del Aaiun, y siguiendo el relato de Galo Bullón, la ciudad contaba ya con "importantes almacenes de sociedades al por mayor, barrio comercial, plazas amplias, calles espaciosas... , escuelas españolas, escuela de Artes y Oficios, hospital, cómodas viviendas y una población indígena que se ha sedentarizado y edifica por su cuenta viviendas para sí y para alquiler, que labra tierras, posee huertas a las que aplica la enseñanza que se les da en nuestra pequeña granja de experimentación, en donde hay instalados además gallineros, vaquería, porquerizas, etc.". Como vemos, la sociedad indígena progresivamente se iba incorporando al nuevo sistema económico que imponía la presencia de los españoles en sus territorios, bien mediante su dedicación a un naciente negocio inmobiliario o con su especialización en actividades agrícolas, sistema en el que algunos veían la posibilidad de huir del modo de vida nómada, siempre sujeto a las difíciles condiciones del Sahara.
El interés español por la explotación de las más que probables riquezas mineras del Sahara originó el inicio de una serie de expediciones científicas, que comenzaron en el año 1945, si bien hubo un paréntesis en estas exploraciones en los años 1957 y 1958, como consecuencia de la guerra que tuvo lugar en esos años entre el ejército español y las Bandas Armadas de Liberación (B.A.L.) y diferentes grupos saharauis.
La evolución económica y política del Sahara está directamente relacionada con el desarrollo de las diferentes expediciones investigadoras. En función del objeto de estudio de las mismas podemos distinguir tres etapas:
1.- La iniciada en 1941, por Manuel Alía, con el objetivo de estudiar la posible existencia de yacimientos de hierro, fosfatos y otros minerales. Consecuencia de estos estudios será el encargo a la empresa pública ADARO de los trabajos de campo necesarios para la posible puesta en marcha de los yacimientos descubiertos. Así, en 1955, la citada empresa señalaba en su Memoria anual que "por la baja Ley de estos fosfatos y por su situación geográfica no es posible llegar a una explotación remuneradora a los precios actuales, pero hay en este punto un problema de autarquía que tal vez aconseje llevarlo adelante aún con pérdidas".
2.- La segunda etapa vendrá marcada por las prospecciones petrolíferas. Se inició en 1959 y se extiende en su plenitud hasta 1964. El comienzo de esta fase viene marcado por la aprobación, en marzo de 1959, de la Ley de Hidrocarburos. Durante los años 1960 y 1961 las compañías petrolíferas invertirán en investigación casi 3.000 millones de pesetas. Esta situación provocó una importante reactivación económica y un rápido crecimiento del Aaiun, de forma tal que en 1963, José Mª Ríos, Presidente de ENMINSA (Empresa Nacional Minera del Sahara), señalaba que "una de las dificultades mayores con las que se tropezó fue el rápido y desmesurado crecimiento de Aaiun, motivado por la gran importancia de las investigaciones petrolíferas que se llevan a cabo, lo que hacía casi imposible encontrar cualquier clase de alojamiento, tanto para el personal técnico, como para los empleados y obreros" . Sin embargo, esta reactivación fue transitoria, por el escaso interés comercial de los resultados de las investigaciones, en relación con los precios del petróleo en esos momentos.
Las investigaciones petrolíferas, fundamentalmente de CEPSA, llevaron al descubrimiento del yacimiento de fosfatos de Bu-Craa. Esta empresa obtuvo en 1960 nueve permisos de investigación, que afectaban a 2.163.781 hectáreas, siendo uno de los puntos objeto de estudio la zona en la que se encontraba el citado yacimiento. A principios de 1962 CEPSA suspende sus trabajos de campo, para proceder al análisis de los resultados, y en julio de ese mismo año se constituía ENMINSA, si bien desde septiembre de 1961 existía una Comisión del INI, encargada del estudio de las posibilidades mineras del Sahara. Dicha comisión surgió de la entrevista realizada en enero de 1961 entre el Presidente del INI, Sr. Suanzes y los ingenieros Sres. de la Viña y Ríos, siendo presidida por éste último.
3.- La tercera fase se inicia con la constitución en 1962 de la empresa antes mencionada, ENMINSA, y estuvo centrada en la nueva política planificadora del INI sobre el territorio con la posterior constitución, en 1968, de FOSBUCRAA, continuadora de la labor de ENMINSA. Durante esta tercera etapa, el Sahara, y su capital Aaiun, conocieron el momento de mayor desarrollo económico, al aumentar considerablemente su población europea, atraída por las expectativas económicas que generaba el yacimiento de Bu-Craa, al tiempo que se ponía en marcha el Plan de Promoción del Sahara, fundamentalmente destinado a las inversiones públicas en infraestructuras, conducentes a preparar el territorio para el despegue económico que se esperaba como consecuencia de la exportación de fosfatos al mercado mundial. No en vano se preveía que el Sahara se convirtiera en el cuarto productor mundial de fosfatos, tras EE.UU., Marruecos y la URSS.
El fuerte despegue del Sahara se fue haciendo evidente a lo largo de esta etapa, pues se observa un progresivo incremento de los presupuestos destinados a la zona y el continuo crecimiento de la población española asentada de forma permanente en la región.
El desarrollo económico del territorio generaba de forma paralela diferentes situaciones que indicaban que algo comenzaba a moverse en el Sahara y en sus gentes en el camino hacia un futuro al margen del colonialismo español. Los primeros síntomas de disconformidad de la población saharaui con la situación existente se produjeron en los últimos años de la década de los cincuenta.
En 1956, Marruecos reasume su independencia y al año siguiente reclama los territorios que están bajo protectorado español - la zona que va desde Uad Draa al paralelo 27º 40´ - . Simultáneamente ha creado el Yeis Taharir, Ejército de Liberación (considerado como "bandas incontroladas") que pretende construir el "Gran Marruecos" propugnado por El Fassi, fundador del movimiento nacionalista marroquí, el partido Istiqlal: un imperio que llegue desde el río Senegal y Tumbuctu (en Malí) hasta Toledo en España; reivindica en definitiva el imperio de los almorávides.
La independencia de Marruecos es festejada por los saharauis y las autoridades españolas, aunque detectaron lo que ocurría, no reaccionaron debidamente, pues consideraba el movimiento destinado exclusivamente a combatir al colonialismo francés. Incluso el Ejército de Liberación marroquí entra en territorio español, con permiso de España, con el objeto aparente de trasladar efectivos y armas a Mauritania para levantar una guerra contra Francia. Por esas fechas, el Gobierno español tenía bastantes cosas que reprochar a los franceses. Entre ellas, el mantenimiento del cerco internacional. Pero las "bandas incontroladas" comienzan a controlar el territorio y, lo que es más grave, al haber penetrado en el Sáhara de la mano de España, aparecen a los ojos de los saharauis como los próximos gobernantes del territorio.
El 2 de marzo de 1956, España, a remolque de Francia, entrega la zona norte de su protectorado a Marruecos. Días después se registra la presencia de guerrillas en el Sáhara occidental, iniciándose lo que se llamó la Guerra de Ifni, por ser el territorio donde los combates fueron más mortíferos y traumatizantes para la población y para las Fuerzas Armadas Españolas.
Diferentes facciones saharauis, fundamentalmente erguibat e izarguien, se alinearon con las posiciones marroquíes, logrando no solo importantes avances sino también el repliegue del ejército español en puntos próximos a la costa del Sahara. La fuerte censura de prensa impidió que la sociedad española tuviese conocimiento de lo que estaba ocurriendo en la colonia africana y sólo las familias de los soldados fallecidos en los combates tuvieron conciencia exacta de lo ocurrido, caso de los cuarenta y dos militares muertos en el combate que tuvo lugar el 13 de enero de 1958 en Edchera, punto a veintidós kilómetros de Aaiun, en el que el Ejército de Liberación infligió un fuerte castigo a las tropas españolas. Diego Aguirre eleva a 152 el total de fallecidos en los enfrentamientos de los años 1957 y 58, a los que añade la cifra de 518 heridos y 53 desaparecidos. La situación en los meses de agosto y septiembre de 1957 queda perfectamente definida por el Gobernador del territorio al afirmar:
"Se está creando una fuerza enemiga que ya hoy es posible sea superior a la nuestra y que con los medios de que dispongo no puedo combatir. A Alcubilla (jefe del E.M.C.) le escribí pidiendo medios en personal y transportes, aunque, por lo que me contestó, no parecen muy propicios a dármelos. A esta gente no se les echa como no sea por la fuerza. Poneros de acuerdo con el Ministerio del Ejército y hacer todo lo posible para proporcionarme medios ".
El Ejército español tuvo tiempo de enviar refuerzos desde Canarias y la Península utilizando aviones de "Iberia" en cuyo fuselaje a toda prisa se pintaba la cruz de San Andrés. A pesar de ello, el enclave fue ocupado casi totalmente, llegando las avanzadas del Ejercito de Liberación al borde mismo del aeropuerto. Las tropas españolas pudieron estabilizar la situación conservando sólo un estrecho reducto protegido por campos de minas y alambradas, infranqueables para los medios de que disponía el Ejercito de Liberación. La Legión y los paracaidistas fueron las unidades principalmente empleadas, pero también combatieron soldados de reemplazo sustituyendo a lso nativos, que desertaron en una proporción del 90 %. La Aviación utilizaba los T-6 y "Junkers" de la Guerra Civil, pues el gobierno norteamericano puso su veto para la utilización de material militar de ayuda.
Un nuevo hecho viene a asombrar a la opinión pública: el 10 de enero de 1958, Ifni y Sáhara son convertidos en provincias españolas. Se las dota de sellos distintos para el franqueo de la correspondencia y se nombra a procuradores en Cortes y consejeros nacionales del Movimiento entre los saharauis. Frente a lo que pudiera parecer, España se prepara para una larga permanencia en el Sáhara. No obstante, la situación de Ifni no era fácilmente sostenible ni rentable. Continuamente, elementos procedentes de las "bandas incontroladas" hostigaban las posiciones españolas. La presión de un sector del mando militar se oponía al abandono. Pero en 1969, tras una serie de conversaciones con las autoridades marroquíes, las Cortes aprobaron la retrocesión de Ifni a Marruecos. Esta devolución se derivó de la coyuntura internacional incompatible con la continuidad de situaciones de ese tipo. Además, la posesión de Ifni carecía de significación: sin valor económico, carente de posibilidades de desarrollo ni de apoyo para la flota pesquera canaria, muy distante del resto de las posesiones españolas en Africa Occidental, la creciente autonomía de la aviación comercial la descalificaba incluso como escala técnica para nuestras relaciones aéreas con el Africa central y meridional y también con los países hispanoamericanos del hemisferio sur. Por otra parte, el inmovilismo de la administración española y la ausencia de espíritu previsor en relación con la reivindicación armada de Marruecos y sus "bandas incontroladas", impidió que la retrocesión se negociara para obtener ventajas en otros lugares o, por lo menos, diferir o encauzar de forma más favorable los problemas de descolonización entonces pendientes.
Comprendido por Francia el peligro que supone para sus colonias la enemistad con España concierta conversaciones y se discuten planes secretos de acuerdos que observen el reconocimiento francés sin trabas al Gobierno de Franco. Este acercamiento se concretó en la llamada OPERACIÓN ECOUVILLON que se pone en marcha en la segunda quincena de febrero de 1959. Durante quince días la aviación francesa mata a todo ser vivo en el desierto, los pozos de agua, imprescindibles para la supervivencia en el desierto, son envenenados, y los camellos y las fieras, son abatidos sin distinción. Al mismo tiempo, varios miles de soldados españoles intervienen en la operación siguiendo un doble objetivo: por un lado cerrar por el Norte la desbandada hacia Marruecos; por otro, intentar embolsar a los combatientes en la Saguia El Hamra. Los franceses cierran, desde Tinduf, la escapada hacia Argelia, y por Bir Mugrein, Atar y Nuadibu, las puertas a Mauritania. En estos enfrentamientos jugó un destacado papel el saharaui Hatri uld Said uld Yumani, chiuj de la facción Bohiat, de los Erguibat, y que será una figura destacada en la historia reciente del Sahara, hasta su fallecimiento en 1997 en Marruecos. Este destacado líder saharaui, inicialmente alineado con los grupos armados, acabará dirigiéndose a las autoridades francesas establecidas en Mauritania en demanda de protección para sus gentes y las de otras tribus. Hatri uld Said sería en la década de los setenta presidente de la Asamblea General del Sahara y Procurador de las Cortes franquistas, así como hombre de confianza del Almirante Carrero Blanco. En 1975, tras asistir a una sesión de las Cortes en Madrid y realizar una escala en el Aeropuerto de Gando, se desplazó a Marruecos donde se sometió a Hassan II.
La operación ECOUVILLON significó la primera muestra de la política de colaboración entre las autoridades francesas y las españolas en esta parte del noroeste africano que tuvo su continuación en octubre de 1960 cuando tiene lugar en Madrid una reunión entre el Director General de Plazas y Provincias Africanas, General Díaz de Villegas y el Coronel Villiers de L'Isle-Adam, Adjunto al Jefe del Gabinete Militar del Primer Ministro francés. El objeto de la reunión es explicar a las autoridades españolas el proceso de independencia de Mauritania, que culminará el 28 de noviembre de ese año, y los problemas que para ambos países se puedan derivar. El enviado francés apunta como primer problema la probable reacción marroquí de no reconocer a la nueva República Islámica de Mauritania y una más que posible acción subversiva por parte de aquel país con la finalidad de generar descontento entre los mauritanos. En este punto, considera como de vital importancia el papel que puedan desempeñar los indígenas pertenecientes a la tribu Erguibat, a los que cifra en 27 o 28 mil. En su opinión, este importante grupo podría optar por alguna de las siguientes opciones: a)constituirse en nación independiente; b) integrarse en el Sahara Español; c) Unirse al Sahara francés; d) integrarse en Mauritania; Y e) unirse a Marruecos. El Coronel Villiers plantea entonces la necesidad de adoptar dos tipos de medidas. Una de carácter defensivo, consistente en lograr la fijación de los erguibat en Mauritania y el Sahara Español mediante los incentivos económicos necesarios que les permitan vivir sin su tradicional movilidad por la necesidad de pastos para sus camellos y de mercados para su venta. Esto impediría sus habituales traslados al sur de Marruecos, a Gulimin, donde podrían ser sometidos a actividades políticas contrarias a los intereses franco - españoles. Sin embargo, este aspecto defensivo debía verse complementado con otra segunda medida de carácter ofensivo, de forma tal que las actividades petrolíferas en Tarfaya de la empresa italiana E.N.I., dirigida por Mattei, no se desarrollaran fácilmente ni llegaran a tener éxito con "objeto de que no se desarrolle la economía del Sur marroquí, que pudiera atraer a los saharauis." Este último objetivo debía lograrse "por todos los medios". Esta posición francesa, claramente expresada por el Coronel Villiers, fue criticada por el Gobernador General del Sahara, el General Alonso, quien en escrito dirigido al Director General de Plazas y Provincias Africanas, afirmaba lo siguiente: "Conforme con la idea de que no nos conviene que exista una situación en el sur marroquí que atraiga a los saharauis, es preciso pensar bien en los medios para lograrlo. El Coronel Villiers dice claramente que hay que impedir que las actividades de investigación petrolífera del italiano Mattei en Tarfaya se desarrollen normalmente, para que no lleguen a tener éxito. Entiendo que esto exigirá realizar actos de sabotaje y agresiones contra los que trabajan en dichas investigaciones."
A continuación el General Alonso mostraba su absoluta disconformidad con estos procedimientos, para lo que alegaba varias razones, pero sobre todo, la existencia a escasa distancia de Tarfaya, en la zona española, de trabajos de investigación petrolífera que podrían ser atacados en represalia por las acciones llevadas a cabo sobre la zona marroquí. Por último, el General Alonso señalaba que "para lograr el fin de que los saharauis no sean atraídos hacia el sur marroquí, es preciso crear una situación más favorable en el Sahara Español y en Mauritania, mediante una continua preocupación por resolver sus problemas económicos, sanitarios y culturales, y elevar su nivel de vida al ritmo más rápido posible. España y Francia tienen más posibilidades y medios que Marruecos y deben ponerse en acción. El dinero empleado en eso será más fructífero y seguramente menos cantidad que el necesario para garantizar la protección de nuestros grupos de investigación petrolífera, en toda la extensión de nuestra Provincia, ante las seguras agresiones que se realizarán como represalia y contestación a las hechas en Tarfaya."
No obstante lo anterior, el día 14 de marzo de 1961, cinco meses después de la reunión entre el representante del Gobierno francés y el Director General de Plazas y Provincias Africanas en Madrid, cuatro técnicos italianos de la Compañía Agip Mineraria, del grupo Mattei, que trabajan en las prospecciones de Tarfaya, "son sorprendidos cerca de la frontera al norte de Aaiun y conducidos a esta población el mismo día". Los ingenieros italianos serán trasladados a Las Palmas el 17 de marzo y ese mismo día una avioneta los traslada nuevamente a Tarfaya. El Gobierno General del Sahara informó que los técnicos italianos se habían perdido como consecuencia del mal tiempo, por lo que fueron trasladados al Aaiun con la finalidad de garantizar su seguridad. Previamente, el 11 de marzo, once técnicos petrolíferos, tres norteamericanos, dos canadienses, un francés y cincos españoles fueron secuestrados en un campamento de la Union Oil Company y trasladados a Marruecos, donde serán entregados a los embajadores de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y España el 21 de marzo por Hassan II, quien había sido proclamado rey el 26 de febrero de ese mismo año. Estas actuaciones parecen poner de manifiesto que se había puesto en marcha lo que el General Alonso expresaba como un temor en su escrito de 19 de octubre de 1960.
Pero la actividad de los servicios de información españoles no fue a lo largo de los años de presencia en el Sahara orientados exclusivamente a la colaboración con la otra potencia colonial. Sólo algunos años más tarde de esta colaboración hispano francesa, se iniciaron contactos entre los servicios especiales españoles y los marroquíes. En efecto, en el año 1964, el entonces Comandante Dlimi, Director de Seguridad Adjunto y el Comandante Youssi, adjunto al General Ufkir, del Servicio de Información Militar del Ejército marroquí visitaron Aaiun en compañía de dos oficiales españoles del Alto Estado Mayor. Su objetivo era coordinar la actuación de los respectivos servicios de información en lo referente a las fronteras de ambos países con Argelia, y evitar posibles actuaciones argelinas en esa zona, que "pudieran crear un incidente que perturbara las relaciones hispano - marroquíes." Esta colaboración en el territorio del Sahara se emprendía tras el éxito de la desarrollada en las plazas de soberanía, Ceuta y Melilla, con la finalidad de restringir la entrada de elementos procedentes de Argelia y Egipto, que posteriormente pudieran dirigirse hacia Marruecos. El Alto Estado Mayor, con esta colaboración pretendía "consolidar al Rey, al tiempo que aumentamos nuestro prestigio en sus esferas oficiales."
Esta política de colaboración entre el Alto Estado Mayor y las autoridades militares marroquíes supuso el inicio, ya en 1964, de la política de simpatía que el organismo militar español mantuvo hacia Marruecos en los momentos decisivos de finales de 1975, que culminaron con la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. Como es sabido, la tesis favorable a la entrega del territorio a Marruecos gozó de mayor aceptación en el Estado Mayor, frente a las teorías contrarias sostenidas por sectores de gobierno.
En la década de los sesenta el número de emigrantes españoles, fundamentalmente canarios, comienza a adquirir importancia. Su presencia en diferentes sectores, fundamentalmente en las excavaciones de Bu-Craa, construcción y pequeño comercio, provocó preocupación y malestar entre los saharauis más jóvenes, que denunciaban como los emigrantes, sobre todo los procedentes de las islas, ocupaban puestos de trabajo que en su opinión debían ser ocupados por los naturales del territorio.
No obstante, la preocupación del gobierno por el control de la población saharaui llevó a la administración colonial a emplear mano de obra indígena de forma excesiva, de manera que en los presupuestos destinados a la realización de las numerosas pistas que se trazaron durante esos años, el 70 % correspondía a mano de obra saharaui. Según diferentes informes, casi un 30% de la población indígena percibía un salario de la administración española.
Esta sedentarización y proletarización de un amplio sector de los saharauis, junto a la aparición de una incipiente clase media, dedicada al comercio, acelerará el sentimiento nacionalista, que inicialmente se traduce en una demanda de mayor participación en los asuntos del país.
La imposible descolonización: 1960-1975
El 14 de diciembre de 1960, la ONU, de acuerdo con la resolución 1.514 de su Asamblea General, ratificó la declaración para la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, y recomienda al Gobierno español, tras oír a Marruecos y Mauritania, que organice una votación, que ella supervisará, para evidenciar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Francia concede la independencia a Mauritania y España comienza a pensar que algún día habrá que independizar el Sáhara. Reconoce ante las naciones Unidas que esta región se encuentra dentro de los territorios no autónomos, pero, a la vez, organiza una firma masiva entre los saharauis solicitando la presencia española.
Sin embargo, las presiones de la ONU aumentaban. En 1963, inscribe al Sáhara en la lista de los territorios que debían ser descolonizados. En diciembre de 1965, la Asamblea General de la ONU pide a España que ponga fin a su colonización del Sáhara Occidental; y en 1966, la ONU reconoce el "derecho inalienable" del pueblo saharaui a la autodeterminación, de conformidad con la resolución 1.614 (XV). Los fosfatos comienzan a verse como conflicto potencial al ser Bu-Craa el yacimiento más importante del mundo. Marruecos y Mauritania, se quejan ante la ONU, cada uno por su parte, de que en el Sáhara no se celebre un referendum de autodeterminación.
En 1967, El Jatri, jefe de la tribu Boihat, protagoniza un levantamiento contra España y todo el ejército nativo le secunda. El jefe militar de la revuelta será el cabo Merebbih, de la tribu Erguibat. España, ante las presiones de las Naciones Unidas, y con el propósito de sofocar los conflictos internos, crea en ese mismo año la Yemáa o Asamblea General del Sáhara como órgano superior semirepresentativo y establece las bases de una Administración local como primeros pasos de una autonomía para los saharauis. La misión de la Yemáa, exclusivamente saharaui, era el examen de los asuntos de interés general y la propuesta por propia iniciativa de todas aquellas cuestiones que considerara convenientes para el desarrollo del territorio. Su composición era la típica de las instituciones españolas de la época, basada casi totalmente en la de las Cortes orgánicas metropolitanas. Entre los vocales natos estaban los alcaldes de las dos ciudades (Aaiún y Villa Cisneros) y los chiujs o notables de las principales tribus; los vocales electivos eran 40, elegidos por todos los saharauis varones mayores de 21 años. Asesor de la Yemáa era el Secretario General, funcionario militar casi siempre, que a las órdenes del gobernador dirigía todos los asuntos civiles de la Administración. En cuanto a la administración de Justicia, se seguían las normas generales, manteniendo íntegramente los tribunales cheránicos, en los que los nativos tenían fuero especial en los asuntos civiles y criminales siempre que no hubiera españoles implicados.
Pero estas medidas son insuficientes para detener las presiones de las Naciones Unidas para que se instaure el proceso descolonizador, y para evitar el desarrollo de la conciencia nacional de los autóctonos. La juventud saharaui, más radicalizada ante la lentitud con que las Naciones Unidas iban tratando el problema de su país, constituye, a finales de 1967 el Movimiento de Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro, conocido también como Organización de Vanguardia para la Liberación del Sáhara, o simplemente como "el Partido" cuyo líder fue Mohamed Sidi Ibrahim Basir (Basiri). Pretendía una autonomía del territorio bajo la tutela española hasta la independencia total. La política de Basiri apuntaba a largo plazo. Pero un acontecimiento en principio intrascendente desencadenó los acontecimientos. El 27 de mayo de 1970 Argelia, Marruecos y Mauritania proclamaron su intención de "colaborar en la liberación del Sáhara". El régimen de Franco respondió con su pirotecnia habitual: el gobernador español convocó para el 17 de junio en el Aaiún una manifestación de adhesión a España. El nuevo movimiento saharaui, desde la clandestinidad, decidió obstaculizar el plan gubernamental, realizando otra manifestación de signo opuesto. A las 12 horas del día 17 de junio de 1970, mientras un par de cientos de saharauis nutrían la concentración oficial en el centro de Aaiún, no menos de 2.000 jóvenes se manifestaban en la explanada del barrio periférico de la Hatarrambla. A las 15 horas, el gobernador general del Sahara, general Pérez de Lema, dio orden de disolver a la multitud. A las 17 horas, el delegado gubernativo, comandante López Huertas, envió una compañía de la Policía Territorial, formada por soldados de reemplazo, que fue atacada con palos y piedras. A las 19,30 horas se presentó en el lugar una compañía del Tercio, al mando del capitán Carlos Díaz Arcocha. Los legionarios dispararon al aire para intimidar a la turba y recibieron una lluvia de piedras. La compañía abrió fuego y en suelo quedaron 4 muertos (20 según otras versiones) y más de 20 heridos.
Basiri fue detenido y conducido al cuartel de la Policía Territorial, posteriormente a la cárcel central de Aaiún y más tarde al cuartel del Tercio. Unos días más tarde lo llevaron al cuartel de Artillería. Una madrugada de julio de 1970, una patrulla del Tercio Juan de Austria, al mando de un oficial de la Policía Territorial , se llevó al prisionero en dirección al desierto. Nunca más se le volvió a ver. Entre las versiones contrapuestas de lo sucedido, la más aceptada es la de que las autoridades locales facilitaron su eliminación. Si así fue, constituyó un error de excepcional transcendencia para el futuro político del territorio, pues, en los sucesivo, el movimiento de resistencia, radicalizado y sin líder, careció de la posibilidad de haber negociado la descolonización del territorio.
En mayo de 1973 el nacionalismo, que ha aumentado su fuerza e implantación en la clandestinidad, vuelve a resurgir con un renovado vigor, planteando claramente la independencia. Se concreta entonces la creación del Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro), de características básicamente anticoloniales. Se producen a partir de entonces una serie de ataques contra puestos, patrullas y convoyes españoles, ataques que continuarán al año siguiente y hasta junio de 1975. El movimiento de liberación adquiere pronto una extensión y una aceptación generales; su principal dirigente, nombrado más tarde para cargo de secretario general, es El Ueli uld Mustafa, originario de la Saguia, que ha realizado sus estudios en el extranjero. Pero al mismo tiempo, gran parte de la juventud y de las mujeres se van uniendo también a la corriente nacionalista e independentista. El gobierno español, que había mantenido la línea de una permanencia indefinida hasta la muerte de Carrero Blanco a fines de 1973, comienza al año siguiente una trayectoria distinta, con objeto de llevar al país hacia una independencia tutelada. Fruto de ello es la elaboración de un estatuto de autonomía (que ni siquiera ve la luz oficial a causa de las presiones que Marruecos lleva a cabo en Madrid, oponiéndose al nacimiento de un Estado independiente en su frontera sur) y la aparición del P.U.N.S. (Partido de Unificación Nacional Saharaui), grupo político vacío de ideario y cuyo único propósito era el de llevar al país hasta la independencia de la mano de España. Dispuso de libertad de movimientos y de algunos fondos para gozar de apariencia saludable, pero su inutilidad y la falta de apoyo era evidente. El Frente Polisario arrastraba a la mayoría del pueblo saharaui. Al año siguiente, el secretario general del partido Halihenna Rachid, se fugó a Marruecos con la caja de la organización: doscientas cincuenta mil pesetas.
El 20 de agosto de 1974 , el Gobierno español anuncia su intención de celebrar un referendum de autodeterminación en el Sahara en los seis primeros meses de 1975. Marruecos reacciona política y diplomáticamente para paralizar la consulta que sabe que le resultará adversa, si se plantea en términos de independencia o anexión. El 17 de septiembre, Hassan II propone a España y a la ONU recurrir al Tribunal Internacional de Justicia para que se dictamine si el territorio del Sahara era res nullius, tierra de nadie, en el momento de la llegada de los españoles, en cuyo caso aceptaría el referéndum, o si, por el contrario, existían títulos jurídicos de Marruecos sobre el Sahara, solicitando entonces de la ONU que recomiende negociaciones directas entre Rabat y Madrid. Para apoyar su postura, Marruecos recurre a Mauritania. El precio para conseguirlo es la oferta que hace el ministro marroquí, Laraki, :"Mauritania está interesada en el futuro del Sahara y ha de ser asociada, debido a sus derechos, al arreglo y a la solución del litigio". Para respaldar esta oferta de colaboración, se acordará un reparto del territorio entre Hassan II y Mohtar uld Dadah. En este momento en que Marruecos renuncia a su rivalidad con Mauritania, a la que reconocía desde hacía sólo 4 años, el ministro de Asuntos Exteriores mauritano, Hamdi uld Muknass, recoge el señuelo ofrecido por los marroquíes y declara ante la Asamblea General que Mauritania no podía dejar de responder favorablemente al llamamiento lanzado en nombre del Gobierno marroquí..., por cuanto que éste ha reconocido expresamente nuestros derechos sobre esa región del Sahara".
A comienzos de 1975, la delegación española en las Naciones Unidas, por boca de Jaime de Piniés acepta la visita al Sahara de una misión de la ONU, solicitada años antes por el organismo internacional y desoída por España. La misión de la ONU, compuesta por Simeon Ake, de Costa de Marfil; Manoucher Pishva, de Irán, y Marta Jiménez, de Cuba, comprueba en su recorrido largo y detallado por todo el Sahara que "dentro del territorio, la población, por lo menos casi todas las personas entrevistadas, estaban categóricamente a favor de la independencia y en contra de las reivindicaciones territoriales de Marruecos y Mauritania". Al mismo tiempo, la visita había permitido el gran salto a la actualidad nacioal e internacional de la fuerza e implantación del Frente Polisario, frente a los pocos adeptos al P.U.N.S.. A ello se unió en estos días, la deserción al Frente Polisario de dos patrullas de la Agrupación de Tropas Nómadas, levándose consigo a 15 españoles, vehículos, armas, etc. En las mismas fechas también - como ya hemos mencionado - el dirigente del P.U.N.S. se fuga a Marruecos con los fondos del partido, haciendo acatamiento al rey Hassan II.
Todas estas circunstancias adversas para la política pretendida por España, suponen que en las entrevistas mantenidas por las autoridades españolas con los miembros de la misión a su regreso a Madrid, se señale que España desea retirarse del Sahara cuanto antes y que no acepta asumir responsabilidades añadidas por causa de la paralización del referéndum decidida por la ONU. Se llega incluso a insinuar un traspaso de poderes a los saharauis sin referéndum previo, lo cual supondría el triunfo del Frente Polisario, lo mismo que había hecho Portugal en Mozambique respecto al FRELIMO.
El día 23 de mayo de 1975, al término del Consejo de Ministros, el de Información, León Herrera, hace llegar a la prensa una declaración redactada por Carro, ministro de la Presidencia, según la cual ...
"El Gobierno confirma su deseo de cumplir las resoluciones aprobadas por las Naciones Unidas y, al mismo tiempo, declara su propósito de transferir la soberanía del territorio del Sahara en el más breve plazo que sea posible, en la forma y modo que mejor convenga a sus habitantes y a la satisfacción en su caso de cualquier legítima aspiración de países interesados en aquella zona".
En el seno del Gobierno español comenzaban a tomar forma las tesis abandonistas o entreguistas, que en realidad no eran nuevas. Ya en 1966, El Fassi, ideólogo del Gran Marruecos, se había trasladado a Madrid con permiso de Hassan II y se había entrevistado dos veces secretamente con el General Muñoz Grandes, vicepresidente del Gobierno, quién se mostró convencido de los derechos de Marruecos sobre el Sahara y prometió aceptar el principio de soberanía marroquí y, como contrapartida, acuerdos económicos privilegiados, queriendo primero informar a Franco y vencer la oposición de Castiella, entonces ministro de Asuntos Exteriores, partidario de la autodeterminación. El entendimiento por tal camino no terminaría con esta visita: en febrero de 1967 El Fassi sufre un accidente de automóvil que interrumpe la comunicación; pero el 27 de julio Muñoz Grandes escribe a Hach Mohamed Baraka, residente en Tetuán y consuegro de El Fassi:
"Conviene que hable usted con Fassi para que recuerde a S.M. el rey las conversaciones que mantuvimos sobre el porvenir del Sáhara, y debe contestarme a fin de encauzar las negociaciones de forma oficial".
(Attilio Gaudio Sahara Espagnol, fin d´un mythe oficial?. Presenta facsímil de la carta de Muñoz Grandes, a quién habían cesado el 22 de julio)
Otros contactos se realizan a través de Solís Ruiz, ministro de varios gobiernos de Franco, que en 1975 va a desempeñar un importante papel en la entrega del Sahara a Marruecos. Según las manifestaciones del propio Hassan II, "con España hemos mantenido constantemente un dialogo secreto; en 1966, con motivo del X aniversario de la independencia, celebré una entrevista con el representante del Jefe del Estado español, señor Solís".
El entendimiento oficial para la entrega todavía no era posible por el fuerte condicionamiento que suponían los compromisos españoles en las Naciones Unidas para la autodeterminación del Sahara, mantenidos por el ministro Castiella y su equipo, y a la consecuente política seguida en el territorio. Tal entendimiento y el desarrollo de esas posturas entreguistas sólo serán posibles cuando surjan las circunstancias adecuadas. Y estas aparecerán en octubre de 1975.
El 16 de octubre de 1975, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, hacía público su dictamen sobre las cuestiones relativas al Sahara. Consideraba que el Sahara occidental, en el momento de la llegada de España, fijado en 1884, no constituía una res nullius, sino que se hallaba habitado por poblaciones que, aunque nómadas, estaban social y políticamente organizadas en tribus y colocadas bajo la autoridad de jefes competentes para representarlas. Con respecto a las alegaciones de Marruecos, las conclusiones del Tribunal eran:
"Los materiales e informaciones proporcionadas al Tribunal no establecen la existencia de ningún vínculo de soberanía territorial entre el Sahara occidental, por una parte, y el reino de Marruecos o el conjunto mauritano, por otra. Por tanto, el Tribunal no ha comprobado la existencia de vínculos jurídicos de tal naturaleza que puedan modificar la aplicación de la resolución 1.514 (XV) en cuanto a la descolonización del Sahara occidental y, en particular, la aplicación del principio de autodeterminación mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio"
La Corte admitía que el sultán de Marruecos había podido ejercer su autoridad sobre ciertas tribus del territorio, las facciones tekna, que nomadeaban en la zona de los caids teknas en el interior de Marruecos (al norte del río Draa), por intermedio de estos caids sedentarios del sur, que dependían del Majzen marroquí. Pero el Tribunal tenía en cuenta que el territorio de los teknas, formaba parte entonces del bled siba, el territorio en desoden que no obedecía al sultán, y que los teknas nómadas no hacían acto de sumisión a los caids del sur; se contentaba con decir que estas facciones teknas, estaban sometidas, en una cierta medida, a la autoridad de los caids teknas. El Tribunal concluía que no había ningún lazo de soberanía territorial entre Marruecos y el Sahara occidental, pero que existía un lazo jurídico de sumisión entre el sultán y algunas, pero algunas solamente, de las poblaciones nómadas del territorio.
Con respecto a Mauritania mantenía las mismas conclusiones de carencia de soeranía, pero por análogas razones que las vistas con respecto a Marruecos reconocía que por el nomadismo de los habitantes del Sahara, existían algunos lazos de carácter jurídico entre las tribus del país Chinguetti y las del territorio, inclusive con derechos sobre la tierra.
Es decir, el Tribunal de La Haya emitía un dictamen concluyente en los fundamentos relativos a la soberanía, pero político y acomodaticio, reconociendo algunos lazos jurídicos sobre el Sahara de los países reivindicadores. Tales lazos son los que pueden existir entre todas las regiones fronterizas del mundo.
El mismo día, 16 de octubre, solamente unas horas después de haberse hecho público el dictamen del Tribunal de La Haya, Hassan II se dirigía a la nación por radio y televisión para anunciar que la Corte había afirmado la existencia de vínculos jurídicos y de sumisión entre la población del Sahara y el reino de Marruecos. Silenciando la parte del dictamen que negaba todo lazo de soberanía territorial, Hassan II estimaba que no había diferencia entre los lazos jurídicos y de sumisión ( señalando la importancia de esta noción en el derecho internacional islámico), y la soberanía territorial. Una vez reconocido este derecho, decía Hassan II "no nos queda más que recuperar nuestro Sahara, cuyas puertas se nos han abierto".
Según los proyectos de Hassan II, "la recuperación" se haría de una manera pacífica, mediante una marcha civil en la que participarían 350.000 voluntarios (el incremento demográfico anual), quienes solamente irían armados con el Corán: era la Marcha Verde. Lo que en realidad se pretendía con ella era evitar que la ONU, a la vista del informe de la misión de visita, y el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia, afirmando ambos la necesidad de aplicar la resolución 1.514 y la autodeterminación, aprobase una resolución en la que el referéndum, detenido un año antes, fuera ya inevitable. Hassan II disponía de dos meses como máximo para anexionarse el Sahara, acción que cuenta con las bendiciones de EE.UU., de Francia, de numerosos países árabes y de una parte del Gobierno español.
La Marcha Verde no es fruto de la improvisación, sino un trabajo de preparación elaborado durante varios meses para anticiparse a cualquier resolución de la ONU. El Gobierno español tenía cierto conocimiento de los propósitos marroquíes. El 28 de abril, Hassan II había declarado que el ejército marroquí se encontraba en el sur para servir de marco a la marcha inexorable que emprendería el pueblo marroquí con su rey a la cabeza; en agosto asegura que en octubre sabría si iba a entrar en el Sahara por medios pacíficos o por las armas. Aunque las amenazas de invasión son denunciadas por nuestra delegación en la ONU (Jaime de Pinies), el Gobierno español no parece preocuparse por el tema, aunque a grandes rasgos conocía los proyectos de Marruecos, puesto que los servicios de información en Marruecos de Presidencia de Gobierno y del Alto estado Mayor eran importantes.
Según señala José Ramón Diego Aguirre, parece ser que la marcha fue proyectada por un gabinete de estudios estratégicos localizado en Londres y financiado por Arabia Saudita. El Departamento de Estado norteamericano tendría conocimiento de la misma, que entonces se llamaba "marcha blanca", estando considerada como una operación destinada a resolver un problema entre dos países aliados, más que como una acción agresiva. El Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger habría estudiado en julio el expediente ordenando una misión de preparación que visitaría a los gobernantes españoles, para propiciar conversaciones entre las dos partes sobre la base de la aplicación de la doctrina de la ONU. En esas fechas, Kissinger hace unas declaraciones según las cuales el Sahara debía pasar a Marruecos. Los preparativos de la marcha habrían sido hechos con la colaboración de ciertos consejeros norteamericanos y una reducida participación marroquí para reducir el riesgo de indiscreciones. El 21 de agosto, Kissinger habría sido informado en Jerusalén, donde se encontraba, del estado de los preparativos logísticos, dando luz verde a su puesta en práctica con un telegrama enviado a Rabat desde la embajada de los EE.UU. en Beirut, cuyo texto era : "Laissa podrá andar perfectamente dentro de dos meses; él la ayudará en todo".
El 21 de octubre de 1975, el primer ministro marroquí, Ahmed Osman, da salida a una vanguardia de 20.000 voluntarios. El 3 de noviembre se concentran en Tarfaya 306.000 participantes, procedentes del núcleo de parados y subempleados de las grandes ciudades sobre todo, a los que se unen los dirigentes hasta completar los 350.000.
La Marcha Verde creaba las condiciones adecuadas para que se hicieran fuertes las tesis abandonistas en algunos sectores del Gobierno español. Cuando en el Sahara aparece la fuerza nacionalista del Frente Polisario y se disipa la viabilidad de un Sahara pro-español con independencia tutelada, el criterio que paulatinamente se impone en el Gobierno es el de la cesión a Marruecos, obteniendo determinadas ventajas. Intentar mantener la presencia española, sin duda alguna por medio de enfrentamientos armados, acarrearía problemas internacionales y el surgimiento de un Estado contrario a España.
Defensor máximo de la postura entreguista es el Alto Estado Mayor, porque un Sahara independiente en la órbita de Argelia y Libia era un peligro para Canarias y un hueco en el sistema defensivo occidental. Por otra parte, desde la revolución de los claveles en Portugal (1974), para los EE.UU. es fundamental reforzar el flanco atlántico africano, consolidando la posición de Hassan II, amenazado por los intentos de golpe de estado y de asesinato de 1971 y 1972, así como por los movimientos subversivos de 1973 y la siempre incierta situación interior. Convenía impedir que el Sahara se convirtiese en un Estado independiente bajo la inspiración e influencia de una Argelia surgida de la revolución, y de una Libia hostil, que conseguirían una comunicación directa entre el Mediterráneo y el Atlántico. A ello se unen los intereses de Francia, inclinada a mantener la estabilidad marroquí por sus privilegiadas relaciones económicas, junto con las intenciones de Giscard d´Estaing de constituir un eje París-Madrid-Rabat-Nuackhott-Dakar, enfrentándose a la presencia argelina y sustituyendo la débil acción española en la zona.
Todos estos planteamientos no eran desconocidos, lógicamente, para el Gobierno español y sus intenciones eran cada vez más evidentes. En el mes de abril de 1975 tiene lugar una reunión entre Presidencia de Gobierno y el Alto Estado Mayor, en la cual varios miembros de este organismo manifiestan que necesariamente debe anexionarse el Sáhara a Marruecos. El argumento de esta tendencia es que un Sahara independiente, dominado por el Frente Polisario y apoyado por Argelia, serviría al MPAIAC (movimiento para la autodeterminación e independencia de Canarias) para acentuar su influencia en las islas. Además se obtendría de Marruecos la concesión de dos bases militares y, lo que era más importante, el olvido indefinido de las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.
El 23 de mayo, el Alto Estado Mayor encomienda al Mando Unificado de Canarias el estudio de la total evacuación del territorio, y el 18 de junio, entre las directrices que se envían a este Mando, está la de transferir la administración del Sahara, es decir, la entrega al país más interesado, Marruecos.
La influencia de los círculos civiles, políticos y económicos también fue importante. El ministro Solis había mantenido ya contactos anteriores con Hassan II. Solís será enviado para las primeras ofertas y conversaciones con Hassan II en cuanto se anunció la marcha. A su regreso, Solís declararía:
"Anoche, a las cinco de la madrugada, Arias me indicó que me agradecería que fuese a Rabat. Y, claro, cuando uno forma parte de un equipo, obedece disciplinadamente y allí he ido...Vengo muy satisfecho. Creo que hemos dejado las puertas abiertas para posteriores conversaciones en un ambiente de amistad extraordinario"
Empresas interesadas en la economía marroquí eran FESA (Fertilizantes Españoles), Rumasa y Urquijo. Los beneficios de los productores de abonos, como FESA, se ven doblados cuando el mismo consorcio financiero realiza la transformación en ácido fosfórico. En España, FESA trataba tanto los fosfatos de Bu Craa, como los marroquíes de Yussufía y Juribga. El OCP (Office Chérifien de Phosphates) cedía los fosfatos en depósito a FESA, que los transformaba en ácido fosfórico para la compañía estatal marroquí. El pago del servicio se realizaba con fosfatos vendidos a precio de coste, 10-12 dólares la Tonelada, que FESA podía comercializar en el mercado.
Otra cuestión son las actitudes y beneficios personales. En marzo de 1977, el ministro de Información de la República Arabe Saharaui Democrática declaraba en la prensa que el Frente Polisario disponía de una lista de 25 personalidades españolas - políticos y financieros que habían formado parte de los últimos gobiernos de Franco - que habrían recibido grandes cantidades de dinero para que el Gobierno favoreciera la entrega del Sahara a Marruecos.
En todo este panorama, todavía no hemos mencionado la figura de Franco. Se podría pensar que fue decisiva la situación de España con un dictador moribundo y que este hecho - que podría recelar una seria incertidumbre en la política española - fue aprovechado hábilmente por Hassan II. Si bien es cierto que ésta fue otra circunstancia a tener en cuenta, no hay que olvidar que las tesis entreguistas son muy anteriores en el tiempo. Como dice Miské, la fragilidad psicológica de un régimen agonizante no basta para explicar tanta precipitación e incoherencia.
El 17 de octubre de 1975 se reúne el Consejo de Ministros presidido por Franco, ya gravemente enfermo y que se encuentra vigilado por sus médicos desde una habitación contigua por medio de un monitor. Durante el informe que presenta el ministro Cortina sobre la marcha marroquí y el problema del Sahara, Franco tiene que retirarse aquejado de un fuerte dolor, según todos los indicios de tipo cardíaco. Pero no se da comunicado alguno a la nación sobre su estado de salud.
En este Consejo se toma la decisión de abandonar el Sahara en manos de Marruecos, tomando las debidas precauciones primero para que la decisión no sea conocida ni por la opinión pública ni por el Ejército, y , en segundo lugar, para que los nacionalistas saharauis - el Frente Polisario - no pueda ofrecer resistencia. Parece ser que Franco "no se enteró" de esta decisión, pero hasta el 30 de octubre los poderes de la Jefatura del estado no son cedidos al Príncipe Juan Carlos. ¿Qué sucedió en ese espacio de tiempo?. ¿Quién o quiénes tomaron las decisiones relativas al problema del Sahara?.
El día 18 de octubre, el general jefe del Alto Estado Mayor, y Presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, Carlos Fernández Vallespín, envía al teniente general jefe del Estado Mayor Central la siguiente comunicación:
"Junta de Jefes de Estado Mayor. N/Ref. JCO 804. Operación Golondrina. Excmo. Sr. Comunico a V.E. la decisión tomada por el Presidente del Gobierno estableciendo la fecha del día diez de noviembre de mil novecientos setenta y cinco, a las nueve horas, para la iniciación de la "Operación Golondrina". Madrid, dieciocho de octubre de 1975. Máximo secreto"
La Marcha Verde se pone en movimiento el día 21 de octubre. Tres días antes, y sin que las fuerzas españolas del Sahara hayan iniciado su despliegue defensivo, se da la orden secreta de iniciar la Operación Golondrina, es decir, la evacuación del territorio con el abandono total por parte de la población civil y de las fuerzas del Sahara. Mientras tanto, el Mando Unificado de Canarias seguía organizando operaciones para supuestos enfrentamientos con el Frente Polisario y las F.A.R. marroquíes - Operación Trapecio y Operación Marabunta -.
El 27 de octubre tiene lugar una reunión de trabajo del Alto Estado Mayor con objeto de estudiar un acuerdo militar entre Marruecos, Mauritania y España, que conduciría a la administración del territorio por parte de Marruecos y Mauritania, hasta llegar al término de la presencia española. Se fijaban los plazos para que se fueran desguarneciendo los puestos y posiciones con el fin de que fueran ocupados por Marruecos y Mauritania. La evacuación quedaba condicionada a que se garantizase la posterior ocupación con fuerzas suficientes para hacer frente a amenazas de "bandas incontroladas" (Frente Polisario) o de una tercera potencia (Argelia). A partir del 30 de octubre - momento en que la Marcha Verde todavía está en Tarfaya - las F.A.R. marroquíes invaden el territorio, sin protesta alguna de españa y se dirigen hacia Hausa, Echdeiría y Farsía, donde son detenidas por las fuerzas del Frente Polisario. En definitiva, cuando las fuerzas del Sahara no han completado aún su despliegue defensivo ni se han montado los campos de minas contra la marcha marroquí (1 de noviembre), el máximo organismo militar español, asesor del Jefe del Estado y del Gobierno, ha elaborado un plan no para oponerse a la anunciada invasión, sino para entregar el territorio, sus habitantes y sus posibles resistentes en manos de quienes teóricamente eran sus enemigos, Marruecos y Mauritania.
De la misma manera que el Gobierno hace un doble juego ante las fuerzas militares y ante la población, también el Ministerio de Asuntos Exteriores y las representaciones diplomáticas llevan a cabo una contradictoria actuación. El día 18 de octubre, Piniés solicita en la ONU la convocatoria del Consejo de Seguridad, pero hasta el día 22 no se adopta una resolución anodina, en la que ni siquiera se cita la marcha, haciendo un llamamiento a la moderación y encargando al secretario general que entable consultas con las partes. El día 26, el Secretario General de la ONU, Waldheim , visita a Hassan II para exponerle su propuesta sobre el Sahara:
 Inmediato relevo de España en el Sahara.
 Periodo (de seis a doce meses) de administración provisional por funcionarios marroquíes, mauritanos y saharauis supervisada por las Naciones Unidas que, incluso, estaría dispuesta a enviar sus tropas.
 Referéndum
 Los intereses españoles se negociarían en el marco de conversaciones entre las partes.
Hassan II no acepta esta propuesta porque sabe que ya existe un acuerdo con España. El día 28, Waldheim se entrevista con los españoles. El Gobierno no rechaza la propuesta (no puede hacerlo) pero alega que no cree en su viabilidad al no ser aceptado por Marruecos. El representante del Secretario General de la ONU, Lewin, prosigue sus contactos en Madrid, Argelia y Marruecos, pero Hassan II sigue rechazando el plan.
El 1 de Noviembre Arias-Salgado declara en la ONU que si no se toman medidas, el Gobierno español, consciente de sus obligaciones de potencia administradora, repelerá la marcha marroquí con todos los medios a su alcance. Los diplomáticos españoles y las fuerzas del Sahara están haciendo la guerra por su cuenta, ajenos a los manejos del Gobierno español.
El día 2 de noviembre se produce un hecho inesperado: el Príncipe de España, Jefe de Estado en funciones, se presenta de improviso en Aaiún, en contra de las intenciones del Gobierno. Sus palabras venían a indicar un cambio con respecto a lo hecho hasta ahora por el Gobierno:
"España cumplirá sus compromisos y tratará de mantener la paz, don precioso que tenemos que conservar. No se debe poner en peligro vida humana alguna cuando se ofrecen soluciones justas y desinteresadas y se busca con afán la cooperación y el entendimiento entre los pueblos. Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen".
Al día siguiente se produce la sorprendente huida a Marruecos del presidente de la Yemáa, Sidi Jatri uld Said uld Yumani, que rinde pleitesía a Hassan II. ¿No sería una maniobra de los responsables de Presidencia de Gobierno para neutralizar - a favor de Marruecos - el efecto de la visita de Don Juan Carlos.
El día 3 de noviembre llega a Madrid el primer ministro marroquí Ahmed Osman, y se entrevista en la Zarzuela con el Príncipe y con Arias, Cortina y Carro. De las conversaciones surge el acuerdo tácito de permitir la entrada de la marcha unos 10 kilómetros en el territorio, donde podrían permanecer 48 horas.
El día 5 Hassan II anuncia que la Marcha Verde atravesará la frontera al día siguiente. El Consejo de Seguridad de la ONU, por medio de su presidente, Malik, de la URRSS, hace un llamamiento a Hassan II para que ponga fin a la marcha. El rey marroquí hace caso omiso.
El día 6 de noviembre ya hay 50.000 marroquíes dentro del Sahara. Marruecos comunica a España que la marcha continuará y rechaza toda intervención de la ONU. El embajador español Martín Gamero pide instrucciones para la inminente ruptura de relaciones diplomáticas, pero en contra de lo esperado, Cortina le hace transmitir a los marroquíes que España estaba abierta a todo dialogo. Madrid decide que si los marroquíes se retiraban en el plazo previsto, las negociaciones podrían comenzar. Tampoco Marruecos acepta esto.
El día 8, el ministro Carro, con Martín Gamero, se entrevista con Hassan II en Agadir y le ofrece las suficientes garantías sobre la entrega del Sahara. Sólo entonces, al día siguiente, 9 de noviembre, a las 19,50 horas, Hassan II pronuncia un discurso según el cual los objetivos políticos habían sido alcanzados, debiendo volver todos a los puntos de partida. El día 10, los voluntarios de la Marcha Verde regresan a Tarfaya.
Los acontecimientos producidos entre los días 2 al 8 de noviembre pueden llevar a pensar que el Gobierno español llegó a temer que la marcha marroquí progresara y provocara un enfrentamiento armado y que tal posibilidad "obligó" a decisiones posteriores. Pero, en realidad, la situación era muy negativa para Marruecos. Sus efectivos militares no eran numerosos y parte de ellos ya estaban combatiendo contra los saharauis del Frente Polisario. Hassan II jamás había pensado en hacer la guerra en el Sahara, por temor a la superioridad española y a la intervención de la ONU, que conduciría al referéndum, según confesó él mismo.
La entrega del Sahara se formaliza en Madrid entre el 12 y el 14 de noviembre de 1975, por medio de los Acuerdos Tripartitos. Se daba entrada a la administración de Marruecos y Mauritania, contra toda doctrina de la ONU, y España se retiraría definitivamente el 28 de febrero de 1976. No se mantenía en los acuerdos respeto alguno por el principio de autodeterminación. Hassan II sabía bien el grado de rechazo que alcanzaría entre la población saharaui - sus nuevos súbditos descolonizados - y se introdujo un artículo, según el cual "se respetaría la opinión de la población saharaui expresada a través de la Yemáa. El 28 de noviembre la Yemáa se autodisolvería en prueba de disidencia con los Acuerdos de Madrid y por considerar que en ambiente coactivo no podía seguir siendo el órgano representativo del pueblo saharaui.
Los Acuerdos Tripartitos de Madrid comprenden un documento principal y varios protocolos adicionales. El primero, titulado Declaración de principios entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sahara Occidental, pone fin a la presencia de España en el Sahara. Se alude al requisito internacional de Autodeterminación y para proceder a una descolonización se sustituye el referéndum por una consulta a la Yemáa. Se firmaron tres protocolos en forma de Actas, entre las tres partes interesadas, entre España y Marruecos y entre aquella y Mauritania, respectivamente. El protocolo bilateral entre España y Marruecos reconocía los derechos de pesca en las aguas del territorio para 800 barcos españoles durante 20 años, exentos los 5 primeros de todo canon. El futuro acuerdo de pesca en nada se parecería a estas condiciones. Con respecto a los bienes públicos, antes de fin de año se reunirían varios expertos para establecer su lista, así como la de que aquellos otros que fueran objeto de indemnización. Nunca hubo tal reunión ni se percibió indemnización alguna. Otros acuerdos de cooperación económica comprendían derechos de pesca en las aguas atlánticas de Marruecos para 600 barcos durante 15 años y 200 en las aguas del Mediterráneo con condiciones especiales. Se preveía el establecimiento de sociedades de investigación geológica en el Sahara y en Marruecos, teniendo el INI el 35 % de las acciones, así como una asistencia técnica para poner en producción el yacimiento de fosfatos de Mescala (Marruecos) y para una factoría siderúrgica en Nador. Absolutamente nada de lo previsto en los acuerdos se llevó a efecto, ni los prometedores acuerdos de pesca, ni la fijación e indemnización de bienes, ni el reconocimiento de inmuebles de España en el Sahara, ni la cooperación en Mescala, que finalmente llevó a cabo la URRSS, ni en Nador ni en parte alguna. Se puede decir que los firmantes de los Acuerdos de Madrid entregaron el territorio y sus habitantes sin compensación ni provecho alguno para la nación española. Otra cosa serían los beneficios personales, que es seguro que los hubo.
Sin embargo, era necesaria una cobertura jurídica de la abortada descolonización. El 25 de octubre, cuando la entrega ya estaba decidida, se había publicado en el Boletín de las Cortes un proyecto de Ley de descolonización, que se pasa a la comisión de Leyes Fundamentales, para tramitarlo con carácter de urgencia. No se solicita del Gobierno antecedentes, informaciones, ni dato complementario alguno. El 10 de noviembre se debate le proyecto en la comisión presidida por Fernández Cuesta. Se discute el título desprovincialización en lugar de descolonización. Dieciocho años después de que Carrero y Franco hubieran convertido al Sahara en provincia española, sus procuradores tenían que admitir que nunca había formado parte de la nación. Se impone la tesis defendida por Pío Cabanillas y otros de permitir hacer al Gobierno lo que crea más conveniente y el proyecto se aprueba.
El 18 de noviembre, cuando ya hace cuatro días que se han firmado los Acuerdos de Madrid, aún no hechos públicos, el proyecto pasa al Pleno de las Cortes, que nada sabe del tratado internacional. El ministro de la Presidencia, Carro, defiende el proyecto en nombre del Gobierno:
"Este proyecto de ley no supone cambio ni discontinuidad en la política española respecto al territorio; hoy por hoy, el Gobierno español no está vinculado por compromiso alguno respecto a la suerte del mismo y de su población. Esta ley, si fuese aprobada, representaría el primer paso eficaz en el camino de la descolonización; no se trata, en manera alguna, de buscar una legalización a ultranza de decisiones o acuerdos ya concluidos".
Ni siquiera los seis procuradores en Cortes de origen saharaui intervinieron en los debates y votación de la ley de descolonización. Parece ser que durante la sesión se les reunió en una sala de las Cortes donde varios miembros del Gobierno, el ministro del Ejército incluido, les seguían hablando de su cercana independencia con fuerzas militares propias organizadas por cuadros españoles.
Las Cortes aprueban la Ley de Descolonización del Sahara, que es firmada por el Jefe del Estado en funciones, el día 19 de noviembre, y publicada el día 20. Franco había muerto en esa madrugada y el país está más preocupado por la inmediata transmisión de poderes.
Oficialmente la presencia española finalizó en el Sahara el 26 de febrero de 1976. Desde ese día, España se desentendía de todo lo relacionado con el Sahara y sólo quedaba en Aaiún un pequeño grupo de comerciantes, los empleados españoles trabajando en Fos Bu Craa y media docena de funcionarios completados por los facultativos del hospital y la docena de maestros de la llamada Misión Cultural.
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