Artículo publicado en El Periódico de Aragón el 24/07/01
Mohamed VI, el rey que no supo reinar
Mohamed VI generó muchas expectativas a su llegada al trono que ahora no se cumplen. Marruecos se encuentra sumido en una grave crisis política, social y económica.
Los ciudadanos marroquís han perdido la confianza en el joven monarca
ANTONIO BAQUERO Rabat
Es como su padre", masculla con una mueca de desengaño Rashid, un camionero marroquí. ésa es su respuesta a si, dos años después de la llegada de Mohamed VI al trono, aún confía en que el rey inicie el cambio que necesita Marruecos.
El pesimismo se ha extendido. Lo que en su día se denominó el efecto Mohamed VI --las esperanzas en el joven monarca-- se ha apagado. Los marroquís ya no creen en su rey y entre ellos se ha instalado un obsesivo sálvese quien pueda . Su único objetivo es emigrar. "Lo que no entendemos es cómo esto aún no ha estallado", dice un diplomático de la UE.
Promesas incumplidas
La población está harta de palabras. "Nunca en Marruecos ha habido tanta distancia entre los discursos y la realidad. El rey se ha llenado la boca de lucha contra la pobreza y la libertad, pero la gente sigue sin ver nada", dice un político socialista.
El descontento no se debe sólo a que los indicadores económicos sean mucho peores que antes y que la sociedad, gangrenada por el paro y la miseria, esté derrumbándose. "Lo que pasa --continúa-- es que la gente está muy desengañada. El rey generó tantas expectativas, que los marroquís han sufrido un batacazo terrible al ver que todo es mentira".
La ausencia de cambios se debe a la falta de preparación del monarca. "Mohamed VI no es un hombre político. Por eso ha delegado en su entorno", afirma un exmiembro del Gobierno. "Al no conocer a la clase política, el rey ha escogido a sus asesores en base a un criterio de amistad". "Antes, la gente del entorno eran simples mediadores. Ahora, toman decisiones", advierte el experto, que destaca el creciente papel de los militares: "Muchas de sus decisiones no las consultan al rey".
Mohamed VI nunca quiso cambiar el majzen --la estructura de poder feudal que gira en torno al monarca--, sino darle una imagen más presentable. Los gestos progresistas de principios de su reinado se inscriben en esa lógica de márketing para dar popularidad a su figura.
Censura y Estado policial
La censura castra a la prensa, el país sigue siendo un Estado policial y las manifestaciones se disuelven con brutalidad. El rey, tras quemar a los socialistas, prepara el terreno para una nueva mayoría de Gobierno.
Lo que más inquieta es la fragilidad del rey. Mohamed VI aparece cada vez más como un rey débil, mal aconsejado y poco interesado por reinar. Al contrario que Hassan II, que adoraba el poder.
Su incapacidad no sólo ha hecho que delegue en los militares, sino que, además, actúa de manera irresponsable. La lista de campanas es larga. A la cumbre de Jordania sobre Palestina, Mohamed VI no fue porque prefirió irse a esquiar a Suiza; a Javier Solana, que oficia de ministro de Exteriores de la UE --la potencia política y comercial más importante para Marruecos--, el rey se tomó el lujo de no recibirle porque estaba agotado tras una noche de fiesta. El diario francés Le Monde le ha bautizado ya como El rey juerguista
El boato al estilo de las mil y una noches que rodea a la familia real tampoco ha desaparecido. Mohamed no sólo no ha convertido en museos los palacios de Hassan II, sino que planea hacerse construir otros tres. Además, el rey no comunica. No concede entrevistas, ni recibe a la prensa. Según Alí Lmrabet, director del semanario Demain, eso se debe a que carece de proyecto político: "No sabemos qué quiere hacer con Marruecos. Tengo la impresión de que nuestro país es un navío a la deriva".
El 'censo maldito' para el referéndum del Sáhara
(Publicado en el diario El Mundo el 2 de julio de 2001)
Los jefes de tribu saharauis ven con frustración cómo se aleja su votación
EDUARDO DEL CAMPO. Enviado especial
CAMPO DE REFUGIADOS DE SMARA (ARGELIA).- Bnhobeini Yahia busca en sus archivos y muestra orgulloso el último volumen del censo elaborado durante una década por la misión de la ONU para el Sáhara Occidental (MINURSO). Son los últimos 2.130 votantes aceptados en el cómputo final de 86.381 electores que, de no haber sido por el bloqueo de Marruecos, habrían decidido en julio de 2000 el destino de la antigua colonia española.
Votantes virtuales que puede que ya nunca ejerzan su derecho «a meter un papelito en una urna», que era, dice Yahia, «lo único» que pedían. El dossier que sostiene en las manos se refiere a los tres polémicos grupos tribales sobre cuya identidad saharaui Marruecos y el Frente Polisario estuvieron años sin ponerse de acuerdo.
El último elector válido del volumen y del censo es Tfarrah Embarec Bachir, varón, nacido en 1975 en el campo de refugiados de Smara, perteneciente al grupo tribal H61. Todo perfectamente reglado. Una bella obra de ingeniería burocrática ideada en los tiempos de la colonización española y engrasada por los negociadores saharauis y marroquíes con la mediación de la ONU que supuestamente iba a poner fin con éxito y en paz a uno de los últimos conflictos de descolonización del planeta.
Pero después de 10 años de trabajo, la ONU acaba de pedir a los refugiados saharauis que esperen cinco años más para votar, y que mientras tanto acepten formar parte de Marruecos bajo una autonomía amplia. «Hasta mis amigos de la MINURSO me dicen en privado que esto es una broma», dice Yahia, segundo de a bordo en la oficina de coordinación del Frente Polisario con la misión de la ONU.
Desde 1991, su vida ha girado en torno a la organización del referéndum, pero ahora siente más decepción que arena tiene el desierto. «Tantos años de trabajo y aplazamientos para ver esto. Nuestro error fue creer en la ONU».
Banahi Sid El Bachir y Mohamed Mohamed Abderrahman son dos de los jefes tribales saharauis que durante cinco años ayudaron a determinar quiénes de los solicitantes de voto eran «auténticos saharauis» y quiénes eran infiltrados enviados por Marruecos para hinchar el censo a su favor.
El Bachir, de 69 años, representa a la subfracción A31 de la tribu Rigueibat, una de las más numerosas. El cheij Abderrahman, de 65 años, a la B81 de la tribu Argaibat Thalat. Hace un cuarto de siglo ya trabajaban con la administración colonial española como «una especie de jefes de personal». Una de sus principales misiones consistía en demostrar ante el gobernador español quién era miembro de su tribu y debía recibir el carné rojo de residente.
Eran los buenos tiempos. Hace un cuarto de siglo empezaron los malos, y desde entonces viven en el campo de refugiados de Smara, en el infierno del sur de Argelia. Ahora llevan casi tres años en paro.
El Bachir lleva la voz cantante y, diplomático, prefiere no acusar a Kofi Annan o James Baker por cambiar de estrategia y defender hoy el plan de autonomía. «No, no decimos que nos hayan traicionado. Preferimos decir que han caído en una contradicción. Ellos mismos trajeron el plan y ellos mismos lo niegan».
Mucha frustración, pero aún les quedan reservas de aguante, como a los camellos y los escuálidos arbustos del desierto. Los ancianos ven este nuevo aplazamiento como un simple obstáculo más en el largo camino hacia la autodeterminación: «Otros pueblos han pasado por esto». Y Yahia se lo piensa y dice que no tirará el censo a la basura. «Estoy seguro de que lo vamos a necesitar en el futuro».
Así se repartierón el Sáhara. Los papeles secretos de Arias Navarro
Reproducimos a continuación las partes esenciales del artículo publicado en INTERVIU en 1978 (26 de Enero-1 de Febrero) firmado por Pedro Costa Muste y José Luis Morales. Este número de la revista fue censurado y secuestrado.
DECLARACION DE PRINCIPIOS ENTRE ESPAÑA, MARRUECOS Y MAURITANIA SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL
En Madrid, a 14 de noviembre de 1975 y reunidas las Delegaciones que legítimamente representan a los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania, se manifiestan de acuerdo en orden a los siguientes principios:
España ratifica su resolución reiteradamente manifestada ante la ONU de descolonizar el territorio del Sahara Occidental, poniendo término a responsabilidades y poderes que tiene sobre dicho territorio como potencia administradora.
De conformidad con la anterior determinación y de acuerdo con las negociaciones propugnadas por las Naciones Unidas con las partes afectadas, España procederá de inmediato a instituir una Administración temporal en el territorio, en la que participarán Marruecos y Mauritania, en colaboración con la Yemáa, y a la cual serán transmitidas las responsabilidades y poderes a que se refiere el párrafo anterior. En su consecuencia, se acuerda designar a dos gobernadores adjuntos, a propuesta de Marruecos y Mauritania, a fin de que auxilien en sus funciones al gobernador general del territorio. La terminación de la presencia española en el territorio se llevará a efecto definitivamente antes del 28 de febrero de 1976.
Será respetada la opinión de la población saharaui, expresada a través de la Yemáa.
Los tres países informarán al secretario general de las Naciones Unidas de lo establecido en el presente documento, como resultado de las negociaciones celebradas de conformidad con el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas.
Los tres países intervinientes declaran haber llegado a las anteriores conclusiones con el mejor espíritu de comprensión, hermandad y respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y como la mejor contribución al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
Este documento entrará en vigor el mismo día en que se publique en el "Boletín Oficial del Estado" la Ley de Descolonización del Sahara, que autoriza al Gobierno español para adquirir los compromisos que condicionalmente se contienen en este documento.
ACTA DE LAS CONVERSACIONES MANTENIDAS, DE UNA PARTE, ENTRE LAS DELEGACIONES DEL REINO DE MARRUECOS Y LA REPUBLICA ISLAMICA DE MAURITANIA, Y DE OTRA, DE ESPAÑA, A PROPOSITO DE LOS ASPECTOS ECONOMICOS DERIVADOS DE LA TRANSFERENCIA DE LA ADMINISTRACION DEL SAHARA
Las tres Delegaciones han acordado lo siguiente:
Pesca : Reconocimiento conjunto por Marruecos y Mauritania de derechos de pesca en las aguas del Sahara a favor de 800 barcos españoles, por una duración de 20 años y en las mismas condiciones actuales, salvo el canon a ser abonado a partir del sexto año. Durante los cinco primeros años, los barcos de pesca españoles quedarán exentos de todo canon. Para los quince años siguientes abonarán un canon que será el más favorable posible concedido a cualquier país tercero con una rebaja convenida. Antes del comienzo del sexto año, una Comisión Mixta de las tres partes se reunirá para fijar dicho canon.
Bienes públicos : Antes del 31 de diciembre de 1975, expertos de los tres países se reunirán con objeto de establecer la lista de bines públicos que sería transferida por España como parte integrante del territorio, y la de aquellos otros bienes que pudieran ser objeto de transferencia mediante el pago de la correspondiente indemnización. Para estos últimos, las partes fijarán antes de dicha fecha las eventuales modalidades de valoración, transferencia y pago.
Bienes privados : Marruecos y Mauritania se comprometen a respetar las propiedades privadas españolas en el Sahara y asegurar a su propietarios su libre disposición y una justa indemnización en caso de expropiación.
Comercio : Marruecos y Mauritania estimularán el desarrollo de las corrientes de comercio tradicionales entre España y el Sahara en el marco de sus reglamentaciones de comercio exterior.
Otras cuestiones : Antes del 31 de diciembre de 1975, expertos de España, Marruecos y Mauritania se reunirán a fin de examinar y de resolver los problemas de navegación aérea y marítima y de las comunicaciones en general, así como cualquier otro tema que pueda derivarse de la transferencia del territorio del Sahara.
Madrid, 14 de noviembre de 1975.- Firmado por los representantes del Reino de Marruecos y el de la República Islámica de Mauritania y por Carlos Arias Navarro.
ACTA DE LAS CONVERSACIONES ENTRE EL REINO DE MARRUECOS Y ESPAÑA
Cooperación económica
Prospección minera: Establecimiento de una o varias sociedades de investigación geológica en forma de Joint Venture para la exploración mineralógica en el territorio del Sahara e incluso en Marruecos. Por parte española se aportarían los conocimientos geológicos que están a su alcance, y durante la fase de investigación, es decir, hasta que se descubra un yacimiento y se demuestre su explotabilidad económica, correrían a su cargo todos los gastos derivados de la investigación, gastos que serían a fondo perdido si aquella es infructuosa.
 Como contrapartida, Marruecos se compromete a compartir la sociedad que haya que fundar como consecuencia del resultado positivo de alguna o varias de las investigaciones emprendidas. En cada una de estas sociedades, el socio español tendría derecho en principio al 35 por ciento del accionariado y en este caso cada socio se haría cargo, proporcionalmente a su participación, de los gastos de investigación más los de desarrollo y puesta en explotación del yacimiento. El socio español tendría derecho a la importación del porcentaje de producto equivalente al de su participación y ello a los precios que en cada momento rijan en el mercado internacional.
Si bien el ámbito de actuación de estas sociedades investigadoras puede extenderse a Marruecos, España desea que en el caso específico del actual territorio del Sahara, esta actividad se realice en régimen de prioridad.
Asistencia técnica en Meskala: Habida cuenta de la experiencia española en minería y su probada capacidad técnica en este campo, se conviene en establecer un acuerdo de colaboración o asistencia técnica entre Marruecos y España, conducente a desarrollar y poner en producción la mina de Meskala. Para ello sería necesario que, tras un conocimiento específico de la actual situación del proyecto, España ofertara una posible cooperación que pudiera ser tan amplia como ambos países estimasen conveniente.
Cooperación estudios siderúrgicos: En los mismos términos indicados en el apartado anterior, se establecerían unos principios de acuerdo, por los que España asesoraría a Marruecos en el estudio de previabilidad de una posible factoría siderúrgica a construir en su territorio.
Fabricación química: Habida cuenta de la potenciabilidad marroquí en el campo de la producción de roca fosfatada y la potenciabilidad española en el campo de la producción de ácido sulfúrico y potasas, ambas partes interesan una cooperación y actividad conjunta en el campo del ácido fosfórico y de los abonos, al objeto de utilizar al máximo sus recursos en materias primas y obtener un mayor valor añadido de las mismas. Estas factorías podrían estar ubicadas en Marruecos o España, e incluso en ambos países, lo que facilitaría y rebajaría el coste de los fletes.
Agricultura : Al igual que en apartados anteriores, los dos países entienden que una asistencia técnica española en el campo de la hidrogeología y planes de regadío, es deseable y ello en las condiciones en que se convenga y que resulten equitativas para todas las partes.
Construcción naval : Habida cuenta de la colaboración acordada entre Marruecos y España en el campo de explotación de fosfatos (Fos Bucráa) y de fabricación química, se acuerda estudiar la viabilidad de una empresa de transporte marítimo mixta, en proporciones a determinar y en la que España desea aportar su capacidad en construcción naval.
Turismo : Marruecos obtendrá de parte española, en los términos detallados que en cada caso se acuerden, la asistencia técnica en los proyectos a desarrollar en este campo.
Firman el documento el embajador marroquí y Carlos Arias Navarro.
ACTA DE LAS CONVERSACIONES ENTRE MAURITANIA Y ESPAÑA RELATIVAS A LOS ASPECTOS ECONOMICOS DERIVADOS DE LA TRANSFERENCIA DE LA ADMINISTRACION DEL SAHARA
Las Delegaciones han convenido lo siguiente:
Pesca : Como complemento del acuerdo de cooperación en materia de pesca marítima firmado entre ambas partes el 14 de febrero de 1964, la República Islámica de Mauritania concede derechos de pesca en las aguas mauritanas (territorio actual) a favor de doscientos barcos españoles, para un periodo de quince años. Los cánones aplicables, las especificaciones de los barcos, así como las zonas de pesca serán fijados anualmente por una Comisión mixta sobre la base de las condiciones, las más favorables aplicables a los países terceros.
Para el año 1976, la Comisión Mixta se reunirá antes del 31 de diciembre de 1975. España suministrará a Mauritania anualmente la lista y las características de los doscientos barcos antes citados, así como las sustituciones que pudieran producirse.
Además, en el marco del Acuerdo 1964, Mauritania autorizará la libre pesca a otros barcos españoles, a condición de que éstos desembarquen la totalidad de sus capturas en los puertos mauritanos.
Por su parte, España se compromete a estimular a los barcos españoles pescando en aguas mauritanas, a desembarcar sus capturas en los puertos mauritanos.
IMAPEC : El Gobierno mauritano participará en el capital de IMAPEC (Industrias Mauritanas de Pesca) en proporción a discutir. La participación mauritana será creciente hasta la adquisición total del capital de IMAPEC. En el caso de cesión de la participación mauritana a intereses de terceros países, el Instituto Nacional de Industria o las entidades españolas privadas, tendrán prioridad para adquirir la parte mauritana.
Madrid, 14 de noviembre de 1975. Firmado por el Gobierno de la República Islámica de Mauritania y Carlos Arias Navarro.
Estos documentos que hoy por vez primera ven la luz son solamente una parte de lo que el pueblo español tiene derecho a saber y se le ha venido ocultando sistemáticamente durante más de dos años. El día en que este ejemplar de INTERVIU salga a los quioscos, el pleno del Congreso estará discutiendo la ratificación del acuerdo pesquero hispano-marroquí, que ha sido solicitada por el Gobierno. Es a ellos, a los representantes elegidos libremente por el pueblo español, a los que corresponde que se acabe de una vez por todas con el viscoso silencio que ha venido rodeando el acuerdo de Madrid.
El pueblo español, en repetidos actos y manifestaciones, ya ha dicho no a los acuerdos del gobierno Arias. Ahora sólo cabe esperar que el pacto sea denunciado y que sean desenmascarados los turbios intereses que dieron lugar a que España no cumpliera el papel que estaba obligada a jugar en el Sahara y abandonara a todo un pueblo a manos de la feroz dictadura marroquí.
INTERVIU, 26 de enero-1 de febrero de 1978, pag 14-17
¿Quién asesinó al líder saharaui Mohamed Basiri?
El Mundo (España) Miércoles, 8 de marzo de 2000
La familia del primer independentista, desaparecido hace 30 años tras ser arrestado por fuerzas españolas, exige al Gobierno español que aclare su paradero
JAVIER ESPINOSA. Enviado especial.
TINDUF (ARGELIA).- Para la mayoría de la sociedad española ese nombre significa ya muy poco. Sin embargo, en la ciudad de jaimas (grandes tiendas de campaña) que se agrupan al sur de Tinduf, la figura de Mohamed Basiri mantiene intacta esa aureola mítica de la que habla José Ramón Diego Aguirre en su libro Guerra en el Sáhara.
En el campamento Smara, Sidi Elyasa Lebsir evoca todavía la figura de su primo con una admiración que no disimula. «Era un hombre de una altura intelectual inigualable. Hablaba inglés, francés, árabe. Él fue el primero que nos advirtió: "Nunca conseguiremos la independencia del Sáhara de manera pacífica". En aquel entonces no le creímos. La historia le dio la razón», afirma el invidente de 52 años.
Lebsir conoció muy bien a Basiri. Fue uno de los seis jóvenes que secundaron al propio periodista nacido en Tan Tan (Marruecos) cuando éste decidió crear en 1969 la organización clandestina Avanzada para la Liberación del Sáhara. «Basiri estudió en las universidades de El Cairo (Egipto) y Siria. Cuando regresó a Marruecos trabajó en dos periódicos, pero escribió un editorial en el que decía que el Sáhara debía ser para los saharauis. Le avisaron que tenía una semana para abandonar el territorio o el Rey ordenaría su ejecución. Escapó y se instaló en Smara (en aquella época parte del Sáhara español)», aclara Lebsir.
Avanzada se convirtió en el primer movimiento nacionalista saharaui enfrentado a la colonización española. Su influencia, y la del propio Basiri, quedó de manifiesto durante las multitudinarias manifestaciones del 16 y 17 de junio de 1970 en El Aaiun, que concluyeron con la intervención de tropas de la Legión. Las fuerzas españolas abrieron fuego sobre los civiles matando al menos a tres personas e hiriendo a varias decenas.
Desde esa fecha, los saharauis recuerdan aquellas jornadas como la masacre de Zemla, el barrio donde se produjo. Para el delegado del Gobierno en El Aaiún, «la intervención del Tercio fue ejemplar y evitó una catástrofe con el menor número posible de víctimas», según reza su informe oficial del 23 de junio de 1970. El suceso marcaría la eclosión en 1973 de la lucha armada abanderada por el Frente Polisario.
«Basiri fue detenido a las 2.00 horas del día 18. Las fuerzas de seguridad arrestaron a decenas de jóvenes, pero el único que desapareció fue él. Mi primo fue recluido en el cuartel de Ritin de la Policía Territorial. Yo fui el último que habló con él, el 1 de julio de 1970. Me dijo que le habían torturado, pero parecía muy tranquilo. Después lo trasladaron a la prisión central de El Aaiún. Allí se pierde su rastro entre el 10 y el 12 de julio», añade Lebsir.
Secundada por organizaciones de derechos humanos como la saharaui Afapredesa o la española APDH, la familia Basiri inició en 1998 una batalla burocrática para intentar conocer qué ocurrió con el dirigente nacionalista. «Se han enviado cartas a los ministerios españoles de Exteriores, de Interior, de Defensa, al Defensor del Pueblo,... Los tres departamentos gubernamentales respondieron que no sabían nada del asunto», afirma Abdelaziz Azizi Lebsir, hermano de Sidi.
La última comunicación oficial data del 30 de abril de 1999, fecha de la misiva que firma el director general del gabinete del ministro de Defensa, Pedro Argüelles Salaberría, en la que éste «lamenta» no poder proporcionar «información suplementaria» sobre lo acaecido con Basiri.
La tesis de España en su día fue que «había sido expulsado a Marruecos y que más tarde había muerto en el atentado al rey Hassan II en Sjirat, en el año 1971», según escribe Diego Aguirre.
«No somos niños. Esa bobería no se la cree nadie», apunta Sidi Lebsir. Su hermano explica que preparan una querella contra el Estado español. «Estamos seguros de que falleció, pero queremos saber quién le asesinó», añade Brahim Dahi, de Afapredesa.
Tras los sucesos de Zemla, Sidi Lebsir pasó 18 meses encerrado en las cárceles de la colonia. «El desinterés del Gobierno español por el caso de Basiri es similar al que mantiene sobre la cuestión saharaui. Desde 1975, las autoridades de España nos han traicionado una vez tras otra», sentencia en su perfecto castellano.
Las Tropas Saharauis, de Desposeídos y Desplazados
29-4-1997
Hay Niños, Jóvenes y Viejos Desarrapados
Tuvieron a Raya a Marruecos y Mauritania
Hoy, Sólo Baker Podría Evitar Otra Guerra
J. JAIME HERNANDEZ, enviado
TINDUF, Sahara Occidental, 28 de abril.-Su imagen brota de entre la nada, como un aviso de Armagedón. La larga columna de carros de combate, de misiles tierra-aire y de hombres con uniforme verde olivo comparecen distorsionados por ese horizonte de arena parduzca que reverbera entre intensas ondas de calor.
El cielo es bajo y severo. Y el aire caliente y pegajoso comprime la imagen de un ejército que, serpenteando entre las abrasadoras dunas del desierto sahariano, se vislumbra imponente y avasallador.
Es el ejército delia República Árabe Saharaui y del Frente Polisario.
Este es un ejército de desposeídos y desplazados. Un ejército de refugiados y desarrapados. Un ejército de niños, jóvenes y ancianos. Un ejército de almas estragadas. De piel oscura.
El mismo que mantuvo a raya a la formidable coalición militar de Marruecos y Mauritania entre los años 1976 y 1991. El mismo que soportó los bombardeos de napalm y fósforo blanco y las conspiraciones de París y Mauritania en 1977.
El mismo que hoy se muestra dispuesto a entrar de nueva cuenta en guerra si, acaso, fracasan los renovados intentos de pacificación de las Naciones Unidas a través de su flamante enviado especial a la zona, el ex secretario de Estado norteamericano, James Baker.
Entre olores de multitud, un impresionante coro de alaridos tribales y un comité de recepción digno del gran Saladino, el mediador de las Naciones Unidas para el Sahara Occidental, James Baker, arribó el pasado domingo a la localidad sahariana de Smara -muy cerca de la frontera argelina, para cumplir así con la última etapa de una gira que lo llevó por Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sahara Occidental.
Bajo el brazo, los términos de un plan de paz que sólo ha agotado su primera ronda de contactos; su primera catadura por parte de todos los sectores en conflicto.
"Reconozco que éste es un problema muy complejo y muy difícil de resolver. Pero yo no estaría hoy aquí si no creyera en la esperanza de alcanzar un acuerdo pacífico y satisfactorio entre todas las partes.
"Creo que ya ha llegado el momento de que esta gente pobre del Sahara Occidental cuente con una solución definitiva y duradera", fue el mensaje que James Baker dejó caer en el corazón del Sahara Occidental poco antes de perderse a bordo de su helicóptero y en medio de una inmensa nube de arena y polvo.
El mediador de un conflicto que hoy sigue oscilando entre la paz y la guerra, desde el establecimiento de un precario alto al fuego entre el ejército Saharaui y las tropas de Marruecos -el 6 de septiembre de 1991-, deberá redactar y entregar su reporte al secretario general de la ONU, Kofi Anan.
El informe, a su vez, deberá servir de soporte a un nuevo plan de paz que atempere y concilie las hasta ahora irreductibles diferencias entre Marruecos, el Frente Polisario de la República Saharaui, Argelia y Mauritania.
RAICES DEL CONFLICTO
En la pequeña y arenosa localidad sahariana de Agueinit, los muros y las paredes de las paupérrimas casas de adobe lanzan sus beligerantes proclamas:
"Toda la patria libre, o morir...", es el lema que pende desde uno de los muros que parecen servir de escenario a una de las muchas puestas en escena que hoy se repiten en todas las "villas miseria" del Tercer Mundo.
Niños con brotes de sarna en la cabeza, vientres hinchados, calles polvorientas, calles de desesperanza por las que corretean y juegan pequeños espectros de carne y hueso con juguetes manufacturados de lata, trozos de madera, cartón y alambre.
En el centro de la aldea una "haima". Una enorme tienda de campaña erigida bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
En el interior me aguarda el comité de viejos y honorables del pueblo. Más una perfumada comitiva de mujeres jóvenes y esbeltas, de mirada pícara y furtiva. Otras más, entradas en años y en carnes, parecen observar con ese aire de nostalgia y resignación que les impone su condición de abuelas respetables.
Un enjambre de niños me atosiga como moscas de establo. Una pequeña niña, de nombre Manana, me pregunta una y otra vez mi nombre y el lugar donde vivo. Me cuesta trabajo distraer de ellos la mirada y, sobre todo, concentrar mi atención en el augusto grupo de honorables que me recibe en su haima con un aire de untuosa solemnidad.
"Nosotros no estamos dispuestos a aceptar nada menos que la independencia. Por eso hemos luchado y estamos dispuestos a seguir luchando para recuperar nuestros territorios y lograr la autodeterminación", me dice Hach Mohamed Alí, el alcalde del pueblo, un hombre entrado en los 40 que parece disfrutar con la sensación de sentirse importante mientras le habla al periodista extranjero que ha llegado desde muy lejos con el único fin de entrevistarle.
En la memoria de este hombre queda aún el sabor amargo de la colonización de las tropas españolas. Pero, también, el de la súbita e inexplicable rapidez con la que el gobierno español decidió el retiro definitivo de sus tropas del Sahara Occidental en febrero de 1976, a los pocos meses de la muerte del dictador Francisco Franco, en noviembre de 1975.
Precisamente, la precaria salud del Generalísimo había animado al Rey Hassan II de Marruecos a preparar el terreno en caso de una claudicación de España a la continuidad de su soberanía sobre el Sahara Occidental. Una soberanía que, por cierto, le había sido reconocida a España en 1885 durante la histórica Conferencia de Berlín que las potencias europeas concelebraron para repartirse el mismo continente africano que hoy abandonan a toda prisa para alejarse de la herencia maldita que han dejado tras de sí, con un largo rosario de guerras civiles y marchas de peste y hambruna.
En octubre de 1975, cuando el dictador Francisco Franco lanzaba sus últimos estertores, el Rey Hassan de Marruecos se pone en marcha para lanzar su más ambiciosa campaña de conquista sobre el Sahara Occidental.
Más de 350,000 almas, de nacionalidad marroquí, toman parte en esta cruzada de conquista. La "marcha verde" se le denominaría a este primer intento de Hassan II por "marroquinizar" el Sahara Occidental.
El experimento de Hassan II desembocaría en guerra. En una cruenta guerra de 15 años de duración y un elevadísimo saldo en vidas humanas y pérdidas materiales. Una guerra de anexión que permitiría a los ejércitos de Marruecos hacerse con el control de gran parte de la antigua colonia española y desplazaría a poco más de 70,000 personas que hoy malviven en medio del más inhóspito y cruel de los exilios.
Setenta mil almas que serían expulsadas de su paraíso terrenal. De una extensión territorial que hoy desean recuperar bajo el principio de autodeterminación que ya les reconoció la ONU. Incluidas las regiones de Aaiun, Smara y Bucra -el llamado "triángulo útil"-, que los ejércitos de Marruecos amurallaron en 1980 para preservar los ricos yacimientos de fosfato, una de las principales razones del conflicto.
SALDOS DE LA GUERRA
En la cárcel "9 de Junio" -la fecha en que murió el mártir y fundador del Frente Polisario, Luali Mustafá Sayed-, la pequeña población de 500 prisioneros de guerra marroquíes viven hacinados en un conjunto de viviendas modulares que, vistas a la distancia, se asemejan a un arracimado tejido de panales de miel.
Sus redomados habitantes parecen lanzar miradas de rabia contenida y recelo al grupo de periodistas extranjeros que han sido llevados ex profeso, ante ellos, por representantes del gobierno Saharaui en el exilio para corroborar la "fiel observancia" a los arrojadizos principios de la Carta de los Derechos Humanos de Ginebra.
Pocos de ellos aceptan hablar abiertamente. El cruce de miradas que intercambian entre ellos es un poderoso mecanismo de control. Una inmensa mayoría de ellos parece haberse "dado de baja" desde hace un buen tiempo. Con el pequeño rosario musulmán en la mano -'komboloi"- y un cigarro en la otra, la inmensa mayoría permanece sentada con aire ausente. Otros más se agazapan en algún pequeño rincón a la espera de que el inoportuno visitante se dé por vencido y decida retroceder sobre sus propios pasos.
Encuentro, al fin, alguien que parece dispuesto a hablar. Es un hombre de ojos pequeños y gestos nerviosos. Le pregunto su nombre en inglés y en español. Pero él sólo acepta a hablar en francés, una de las lenguas que dejó en herencia el colonialismo de Francia sobre gran parte de Marruecos. Me cuenta que purga condena desde hace ya casi 20 años. Y su historia me resulta tan cruel como irónica.
Según Fayed -el hombre de ojos pequeños, cráneo semirrapado, y un mar de arrugas en el rostro-, él era un inocente civil que transitaba a bordo de su propio camión de transportes cuando fue interceptado por tropas del ejército Saharaui. "Les dije que yo era un civil. Que sólo estaba trabajando. Pero no me creyeron y, desde entonces, me trajeron aquí. De eso ya hace 20 años, creo..."
Fayed ha aceptado enseñarme su pequeña habitación, un cubículo en forma de panal que comparte con otros compañeros. Dentro de su habitación y libre ya de la mirada de sus paisanos, Fayed me da una carta y me pide por favor que se la envíe a Marruecos. También me pide un rollo de fotografía para sacar algunas fotos de él y de sus amigos para enviárselas a sus familiares.
"Nosotros tenemos una pequeña cámara. Lo que no tenemos es rollo de película para tomar foto", me dice.
En la pequeña habitación, hay una impresionante colección de fotos. Mujeres con niños en brazos. Jóvenes risueños que parecen estar en buena forma. Familias enteras arracimadas en torno a una mesa.
"Esta es mi familia", me dice Fayed mientras suspira. "Me envían fotos, ropa y, a veces, algo de comida. Y yo, cuando puedo, les envío cartas, fotos y algún dinerito que consigo haciendo cosas de madera o de hojalata..."
El caso de Fayed -al igual que el resto de los dos mil prisioneros de guerra marroquíes que hoy siguen privados de su libertad en distintas cárceles del Sahara Occidental-, representa un caso de excepción en el largo historial de conflictos bélicos en todo el planeta.
La captura y posterior confinamiento dentro de territorio de guerra han marcado el inicio de su muerte oficial. Y es que, para el gobierno de Marruecos, para el reino de Hassan II, estos dos mil hombres no existen. Nunca han existido. Son dos mil ciudadanos "invisibles" que perdieron rostro e identidad, familia y amigos, desde el momento mismo de su captura.
El 20 de junio de 1989, el gobierno de Marruecos rechazó recibir en un gesto de buena voluntad, un grupo de 200 prisioneros liberados por el Frente Polisario. La razón que esgrimió en ese entonces el gobierno de Hassan II fue que no podía aceptar a esos prisioneros de guerra en tanto que, para Marruecos, nunca hubo, ni ha habido, una guerra de anexión contra el Frente Polisario y la población Saharaui.
Aceptar la existencia de esos dos mil prisioneros sería tanto como aceptar los antecedentes de una guerra con las fuerzas del Frente Polisario. Y eso es algo que Hassan II no parece dispuesto a reconocer, por encima de estas dos mil almas que hoy no parece querer nadie. Ni los saharauis -que bastante carga tienen ya con el peso de sus poco más de 200,000 refugiados- ni los marroquíes que parecen disfrutar con esta suerte de "amnesia de guerra" para zafarse del control de las Naciones Unidas y de la batería de resoluciones que se han dictado al fragor de una guerra que, en opinión de Marruecos, nunca ha existido.
La infantil posición del gobierno marroquí tendrá que toparse, sin embargo, con un nuevo anuncio de liberación de prisioneros. El mismo que el Presidente del gobierno Saharaui en el exilio, de Mohammed Abdelaziz, ofreció en primicia al enviado especial de la ONU, James Baker, para anticiparle la entrega incondicional y unilateral de un grupo de 87 prisioneros de guerra marroquíes.
"Yo he agradecido personalmente a su excelencia, Mohammed Abdelaziz, la generosidad de este acto y me propongo comunicárselo de inmediato al gobierno de Marruecos. Espero que esta decisión contribuya a allanar el camino para encontrar una fórmula de conciliación en toda la zona", dijo el ex secretario de Estado norteamericano, poco después de entrevistarse con los representantes el Frente Polisario y del gobierno Saharaui.
LA SOLUCION DEL CONFLICTO
En la pequeña localidad de Raguni -una de las pocas que escapan al tórrido escenario de arena y piedra caliza del Sahara Occidental-, un palacete de aspecto humilde sirve de base al Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Árabe Saharaui.
La bandera de la RASD ondea bajo un sol de justicia. Los muros de la sede de la cancillería han sido recién pintados de un color amarillo huevo para recibir a la importante delegación de periodistas internacionales. La vista de excepción de los informadores ha sido dispuesta con todo lujo de detalles. El patio y el pequeño estacionamiento han sido barridos con especial esmero. Algunas vallas han sido pintadas de color rojo bermellón para imprimirle al inmueble un aspecto más serio y respetable.
Varios soldados se logran entrever en las casetas de vigilancia que se encuentran apostadas en lo alto de este edificio de muros de barro, techos abovedados y ventanas rústicas. El grupo de periodistas ha venido al encuentro del ministro de Asuntos Exteriores, Bachir Mustafá Sayed, uno de los hombres más curtidos en el arte de la diplomacia. Uno de los grandes valores de la RASD en la delicada misión de desactivar un conflicto que se ha enquistado durante más tiempo del aconsejable en esta zona del planeta, una de las más tórridas e inhóspitas.
De cara ante ese grupo de periodistas, Bachir Mustafá Sayed desgrana las principales condiciones del Frente Polisario y del gobierno Saharaui, para no recurrir de nueva cuenta a las armas:
"Nosotros sólo aceptamos la independencia. Y rechazamos cualquier forma de autogobierno o estatus de autonomía bajo la férula de Marruecos", dice Mustafá Sayed ante este grupo de periodistas que ya barrunta y especula con un tipo de solución hecha a la medida de las aspiraciones de Marruecos. Una solución que, según sospechan algunos representantes del gobierno de la RASD, sería muy similar a la que se adoptó en su momento en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania para salir al paso de la intifada palestina.
"Quien esté pensando en ese tipo de solución está errando el camino. Porque el caso Saharaui no tiene nada que ver con la cuestión palestina", dice Mustafá Sayed con un aire que parece dejar entrever algo de desaliento. Un halo de pesimismo que ronda a una de las figuras más importantes del Frente Polisario. Un aviso de posible fracaso. De posible derrota ante la poderosa capacidad de maniobra del Rey Hassan de Marruecos.
El desaliento que Mustafá Sayed parece intentar ocultar -aunque con poco éxito-ante el grupo de periodistas internacionales sólo contribuye a confirmar lo que resulta evidente desde los últimos años. El equilibrio de fuerzas en todo el mundo ya no es el mismo que hace 22 años, cuando el Frente Polisario inició una de las campañas de adhesión internacional más espectaculares para contrarrestar los intentos de Marruecos y Mauritania por anexionarlos.
Hoy, en cambio, los vientos de la diplomacia internacional no parecen soplar en favor de la causa Saharaui. La onda expansiva que produjo el derrumbamiento del Muro de Berlín -para marcar el fin de la Guerra Fría- ha tardado mucho en llegar hasta esta orilla del planeta, una de las más pobres, olvidadas y sojuzgadas.
El reacomodo de fuerzas que produjo el colapso del Imperio soviético en la zona del Oriente Medio, el papel clave que ha jugado el Rey Hassan de Marruecos en todo el Magreb -y su participación activa en la Guerra del Golfo al lado de la coalición que encabezó Estados Unidos contra Irak-parecen ser elementos de peso que obran en contra de la causa Saharaui.
Aunado a ello, el gobierno de Argelia, que en su momento fue el principal suministrador de armamento y apoyo político frente a Europa y la comunidad internacional, parece hoy menos interesado que nunca en apoyar la causa Saharaui. Los viejos sueños de dominio argelino, sobre el vasto territorio del Magreb y el avance del integrismo dentro de su propio territorio, le impiden distraer mayores energías de las que ya invirtió en favor del Frente Polisario y la República Saharaui.
El Sahara Occidental es hoy para Argelia una "papa caliente" de la que parece dispuesta a renunciar. Han sido demasiados años en créditos y ayuda militar. Un lujo que hoy no se puede permitir, teniendo en casa un ambiente de preguerra civil.
Sólo España -que con sus ayudas de carácter humanitario y apoyo solidario, ha iniciado una estrategia de "respiración asistida" para no dejar morir solos a los saharauis- parece dispuesta a seguir apoyando la causa de la independencia en el Sahara Occidental. Una empresa que, en todo caso, se antoja difícil y que tendrán que dirimir en el curso de los próximos meses todas las partes en conflicto con la mediación de las Naciones Unidas y de su enviado especial, James Baker, un hombre llamado a desactivar uno de los polvorines que aún dormitan sobre esta candente zona de la tierra como viejo recuerdo de la Guerra Fría.
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