Albert Salvans
LA RUTA QUE NOS LLEVÓ A SER MISIONEROS (VIII)
En esta octava entrega el P. Francisco Andreo nos sigue contando la historia del establecimiento en Kenia de la MCSPA.
Es muy difícil hacer ahora, en el año 2005, un resumen de la década de los ochenta. Y se hace más difícil todavía cuando esta revista tiene una distribución universal e internacional.
Para muchas personas Gavá es sólo un pueblo, y más en aquel tiempo, aunque (eso sí) un pueblo de la provincia de Barcelona, en Cataluña, una de las autonomías de España más abiertas a Europa y más punta de lanza en todos los sentidos. Gavá era un pueblo cerca del mar y cerca también del aeropuerto, con campings a los que llegaban personas de todo el mundo. Gavá tenía conmigo una larga historia a través de parientes con problemas económicos que habían Albert Salvans llegado allí, emigrantes como mi propia familia, y porque yo había trabajado allí anteriormente (1966-68) con el P. Alfredo Rubio y otras personas en la Comisión de la Pastoral de Turismo de la Archidiócesis de Barcelona. Conocía muy bien la zona porque había hecho una encuesta sobre las otras confesiones cristianas para poderles atender mejor en este servicio pastoral. Esta encuesta nos la encargó el ahora obispo emérito de la diócesis de Vic, Mons. José Maria Guix, que en aquel tiempo era Vicario General de la Archidiócesis de Barcelona. Aunque nos dio mucho trabajo visitar tantas personas en diferentes campos, también fue una gran experiencia, en la que acogíamos a sacerdotes de varios países europeos que celebraban misas los sábados y los domingos cerca de los campings, tanto en el norte como en el sur, y cerca de la playa.
Otra experiencia que recuerdo era la catequesis que íbamos a hacer cada domingo en Mataró a los ancianos de la parroquia de Santa María. El lugar se llamaba "Centro de catequesis de la Sagrada Familia", y lo llevaban unas señoras también mayores. Las conocimos a ellas, y al señor párroco, gracias al trabajo en la pastoral de turismo. Aunque humanamente hablando no era un trabajo muy brillante, de los ancianos se aprende mucho. Recuerdo que Alfredo siempre decía que si nos ocupábamos de los ancianos antes que de los jóvenes, Albert Salvans todo nos saldría bien. El anciano aparentemente recuerda pocas cosas y podría parecer que sabe poco, pero lo que recuerda es claro y nítido como el agua de una charca en reposo, cuando el barro queda abajo y el agua de la superficie es limpia y cristalina. Este consejo me sirvió de mucho, porque la tendencia humana es ocuparse de los jóvenes porque se considera que dan más rendimiento. Y hablando de rendimiento espiritual no tenemos tanto rubor como si hablásemos de rendimiento económico.
Por aquella época en Kenia hubo un intento de golpe de estado, y los que pensaban ir suspendieron el viaje. Nosotros, como ya teníamos los billetes y habíamos estado un año pagándolos a plazos, decidimos ir para no perder el viaje; pensamos que valía la pena arriesgarse. Así que cuatro de nosotros, Albert Salvans, Mónica, Jesús y yo, decidimos ir y ésta fue nuestra primera visita a esta parte del África del Este.
Con nuestro viaje a Francia en 1956, a Narbona, pasó lo mismo: primero llegamos a la estación y no sabíamos francés, siendo ya de noche. El taxista se pasó toda la noche dando vueltas porque no encontraba la dirección que le habíamos dado, o sea que nos salió bastante caro. Ya de madrugada llegamos a la casa de la familia española con la que trabajaríamos en Albert Salvans la vendimia. A esta familia mi padre les había ayudado a salir de España después de la Segunda Guerra Mundial. Ellos vivían en Francia desde finales de la Guerra Civil española, con dos hijos nacidos en aquel país.
Pues bien, esa familia, nos tuvieron trece días vendimiando para ellos, y no nos pagaron ningún sueldo. Como no sabíamos francés otros iban a comprar por nosotros y o bien las cuentas no estaban claras o la comida era más cara que en España, pero el caso es que de la estancia de casi un mes sólo pudimos trabajar once días ganando un sueldo, y con lo que ganamos no pudimos ni cubrir todo el viaje. Al final, pudimos pagar el primer plazo de la vivienda porque unos sobrinos de mi padre de Totana (Murcia) le regalaron el dinero, y así pudimos irnos a vivir a Sabadell, a un barrio que entonces se llamaba La Cruz de Barberá Albert Salvans. La calle se llamaba Las Glorias, pero la gente la llamaba la "calle del infierno", porque cuando llovía había tanto barro que no se podía ni transitar. Las casas las llamaban de arquitectura inglesa, con comedor, habitaciones y patio en el mismo lado, con un pasillo comunicándolas. Yo lo recuerdo bien porque las casas no tenían cloaca y entonces los fines de semana mi padre y yo íbamos haciendo la zanja, y según ahorrábamos dinero íbamos poniendo las tuberías del de-sagüe. Como no podíamos comprar todo de un solo golpe, estuvimos todo un año con la casa patas arriba, pero son experiencias que sirven.
Nuestra sorpresa fue llegar a Mombasa y oír a la gente que nos saludaba diciendo "Jambo, Jambo". Ya en Kenia, un sacerdote comboniano nos dijo que el misionero es el hombre que conoce muchas lenguas, pero que no habla bien ninguna. Una vez en Kenia, Jesús Navarro (un chico del grupo), había conocido a una religiosa, no sé ni cómo ni dónde, que nos puso en contacto con el padre Felipe Martínez, un sacerdote mexicano del Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras (los Misioneros de Guadalupe). El padre Felipe fue el ángel e instrumento de Dios que nos trajo aquí. El primer viaje a Kenia, visto desde la perspectiva de los años, fue (aparte de los días organizados en la YMCA en Nairobi y en un hotel en Mombasa) una sucesión de autobuses y maletas arriba y abajo. Primero fuimos a Mombasa, luego a Nairobi, luego a Kapenguria y Albert Salvans a Katilu con los padres combonianos, concretamente con el P. Antonio Guirao, que nos acogió muy bien. Después fuimos de Kapenguria a Kisumu, siempre cargados de maletas, y de Kisumu a Mbale y a Buyangu. En Mbale nos recibieron los Misioneros de Guadalupe, y ellos nos llevaron a Buyangu, a visitar a unas religiosas mexicanas de la Congregación de María Inmaculada. También conocimos al padre Celso Rodríguez, un sacerdote asociado a los Misioneros de Guadalupe. La vuelta de Buyangu a Nairobi la hicimos con el padre Felipe Martínez, entonces Superior Regional. En el viaje le expusimos nuestro deseo de que algunas mujeres de nuestra comunidad pudieran vivir en Nairobi, alquilando una casa dentro del territorio de su parroquia. Él nos dijo que veía más viable que fueran primero a Buyangu durante un año.
Aunque lo más importante lo teníamos: la bendición del Señor Cardenal, y bendición significa “bien decir”, “hablar bien”, “acoger de corazón”, “asistir con las plegarias”, para que Dios tenga a bien ser providente. Además les dio permiso para tener el Santísimo, porque dijo que si llovía o hacía mal tiempo y un día no podían ir a la Iglesia siempre podrían visitar a Nuestro Señor en el Sagrario. Chalbi Drive es una calle que estaba junto a Albert Salvans un barrio conocido con el eufemismo de “traditional village”. En la práctica, caminando desde la calle Chalbi hasta la parroquia de Saint Austin, que es la iglesia más cercana, se tarda más de una hora, y entonces no tenían ningún vehículo.
En aquel entonces yo estaba de párroco en Gavá, y sólo podía ir a Kenia durante mis vacaciones y en otras ocasiones en que mi presencia era necesaria. Como cuando una vez en que uno de los chicos que trabajaba en la casa, Paul Okundi, sacó el coche que nos acababan de donar y al no saber conducir tuvo un accidente; más tarde les envenenaron a los perros y también un día les asaltaron la casa. Cuando eso sucedió me llamaron y tuve que viajar a Kenia, y poco a poco adquirimos experiencia para poder hacer frente a los problemas. Pero al principio y más siendo mujeres jóvenes, todo se hacía más difícil.
Paul está ahora en cielo y a una de sus hijas, creo que es la mayor, la hemos podido ayudar en sus estudios. Dos sobrinos de él, John y Loui, están en España. Fueron allí cuando eran niños, y ahora ya son jóvenes adultos. Los crió una de las mujeres de la Comunidad, Rosa Bruguera. Albert Salvans A través de Paul conocimos a Samuel, un tío suyo que era conductor de una agencia de viajes. Samuel está también en el cielo. A través de Samuel conocimos a la familia Okundi, y la presencia de esas personas, misteriosa pero real, nos ha ido ayudando y sosteniendo durante todos estos años.
P. Francisco Andreo, MCSPA