TESTIMONIOS
Muchas son las experiencias que a lo largo de nuestras vidas se inscriben en nuestros corazones y en nuestras mentes. Ellas son las que nos permiten aprender, y así avanzar en la gran aventura de la Evangelización.
Una Navidad en Kenia
Conocí a mis amigos de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol a través de un proceso que supongo frecuente. A partir de una inquietud espontánea por colaborar con los mas desfavorecidos, va formándose una estrategia personal para aplicarla. El proceso no es constante, y de hecho a un primer ímpetu más entusiasta que efectivo suele seguirle un periodo de alejamiento, casi olvido, de esa inquietud, sobre todo cuando el día a día es absorbente.
Con el tiempo, madura la convicción que no puedes vivir ignorando el sufrimiento de personas que salvo por el hecho trivial de haber nacido en un sitio distinto, son idénticos a ti. Las cifras de personas que deben sufrir y morir por la odiosa mezcla de insensibilidad y pereza de la pequeña parte de la humanidad que padece enfermedades derivadas del exceso de calorías (¡qué cruel paradoja!) comienzan a resultar cada vez mas difíciles de asimilar al paisaje rutinario de las noticias. Durante unos días, meses, esas cifras e imágenes “salen” del telediario y los periódicos y te acompañan a todas partes. Llegado este punto, si no eres demasiado sordo para contigo mismo, te encuentras buscando a quien pueda ayudarte a canalizar mejor el tiempo, el dinero y en cualquier caso, el entusiasmo que estás dispuesto a dedicarle. Ceder al primer impulso de hacer cualquier cosa para poder volver a convivir civilizadamente contigo mismo está bien, creo que supone haber andado más de la mitad del camino. Pero sin el soporte de gente que ha hecho de esa inquietud su vocación y su ocupación, es probable que el impulso se disperse y ceda, y tu iniciativa de la que tanto hubieras podido disfrutar acabe en vía muerta, quizás para siempre. Estarás, permíteme un juicio de valor, en la peor situación: en el pelotón de los resignados, que es el de los perdedores. Aquel que nunca sintió la inquietud, quizás tenga una vida excesivamente complicada o simplemente da para lo que da, no sentirá ni frío ni calor; aquel que lo intentó de verdad y midió mal, seguro que mejorará el tiro; pero aquel que quiso, pero se resignó sin apenas intentarlo... pierde. Sin más.
Por hacéroslo corto, en ese momento encontré a la MCSPA. Minutos después de conocer al Padre Esteban Redolad, que vino a verme a casa, decidí pasar un tiempo en Turkana para poder ver aquello que me contaba con tanta pasión. Poco tenía aquel deseo que ver con la visión católica de la Comunidad, era la convicción que lo que me tocaba hacer a mí (que por cierto, sigo sin tener completamente claro) lo haría mejor en su compañía. Algo tuvo que ver la curiosidad, por qué no decirlo. Y así, en las Navidades de 2001 llegué a Nairobi. Describir cro-nológicamente mi experiencia sería menos ilustrativo, y más aburrido, que recopilar una serie de impresiones, aisladas y personales de mi paso por allí.
1.- La Comunidad: no puedo asegurar que mi caso sea igual al de otros; yo, desde el primer momento, me sentí partícipe. El Padre Francisco Andreo, con su entusiasmo, te lo pone fácil. Quizás por la complicidad que impone el entorno o por la alegría que casi todo el mundo transmite allí, quién sabe si por simple caradura, me encontré participando, opinando, preguntando y respondiendo, al poco tiempo de llegar. La naturaleza, con espacios tan amplios, tan inusualmente grandes cuando tu entorno habitual es una ciudad, estimula la complicidad y la confianza, a más espacio, más cercanía. Es una paradoja graciosa, también pasa frente al mar.
Al hablar con Francisco Andreo, Pere Cané, Albert Salvans, María José, Esteban y todos los demás, notas que sus proyectos tienen ese encanto épico que ningún trabajo convencional (por importante que tu creas que es) puede ofrecer en una ciudad como Madrid.
2.- Los Proyectos: según percibí en los pocos días que tuve la oportunidad de compartir con la Comunidad en Kenia, algunos rasgos distinguen las iniciativas de la Comunidad respecto a otras instituciones que trabajan en la zona:
La primera es la permanencia. La Comunidad actúa no desde un conocimiento lejano, abstracto o teórico de las necesidades de la gente a la que sirve. Lo hace desde la integración previa en la comunidad y desde una vocación de permanencia. La gente de la MCSPA compartirá en buena medida la suerte de los demás habitantes de la zona. Se rompe así la dicotomía cooperante-comunidad local, con realidades y aspiraciones distintas. Las personas que integran la MCSPA no llegan, hacen o dan y se marchan; pertenecen al grupo de personas a las que la iniciativa que impulsan afectará en términos de asistencia sanitaria, infraestructura hidráulica, agricultura experimental, educación y nutrición infantil...
La segunda diferencia, a mi modo de ver, es el significado de cada proyecto. Tengo la impresión que muchas instituciones de gran mérito e indudable carácter solidario conciben su actividad como la sucesión de acciones más o menos ambiciosas, todas loables pero aisladas. La MCSPA concibe cada iniciativa como parte integrante de un objetivo superior al fin del propio proyecto: establecer un estilo de vida que aumente las posibilidades de desarrollo personal de los habitantes de una determinada región. Los proyectos son aproximaciones a este objetivo. Me han explicado que en otros países distintos de Kenia, la Comunidad también trabaja en proyectos puntuales. Como ya comenté, escribo desde mi experiencia personal y concreta, mi visita a Turkana. Supongo que la clave es una vez más el conocimiento profundo, la vocación de permanencia y la actitud de “ajuste fino”, de prueba y error, que permite el establecimiento permanente.
3.- La misión pastoral: no soy la mejor opción a la hora de obtener un análisis profundo de este aspecto. Conozco la vocación pastoral de la MCSPA: en su caso la fe y una vivencia real y moderna del Evangelio son catalizadores importantes de su obra, y en buena medida responsables de su particular carisma.
Desde la perspectiva de alguien creyente -en un sentido laxo del término- y nada practicante, pero que ha crecido en un entorno de fe y práctica católica, llama la atención la alegría y la concentración con la que la gente de la MCSPA y el entorno de la misión de Nariokotome disfrutan del fondo y la forma de la Eucaristía.
Me refiero al fondo cuando recuerdo el rigor y la devoción con la que se celebra la Eucaristía. Me refiero a la forma cuando recuerdo la actitud, el diálogo, la participación natural y simple, por tanto convincente, con la que lo hacen.
Espero que mis amigos de la MCSPA me permitan añadir un matiz respetuoso respecto a la Eucaristía. Las celebraciones, vistas y sentidas desde mi educación y antecedentes, occidentales, burgueses y urbanos, tienen una estética que impresiona. Os aseguro que oír cantar, incluso bailar una misa en el corazón de África, en el ocaso de cualquier día, a orillas de un lago como el Turkana, crea sensaciones que ninguna argumentación racional, por brillante y oportuna que sea, igualaría. Puede hacerte replantear algunas convicciones y actitudes personales que se han ablandado demasiado a base de moverse siempre a favor de la corriente.
4.- Cómo ayudar: Estoy seguro que la gente de la MCSPA encontrará siempre un sitio, un papel, un momento, para que todo el que quiera pueda disfrutar participando. ¿El secreto? Creo que está en su entusiasmo nada arrogante. Ellos están contentos por lo que ya han conseguido, y sin embargo, están más contentos aún por los proyectos que están por venir, los inmediatos y los futuros. Soy de los que creen que quien tiene un proyecto tiene mucho ganado para ser feliz. Imaginaos ellos, que tienen un montón y además están deseando compartirlos.
Volví de las Navidades en Kenia con la sensación de quien ha encontrado amigos que le acompañarán mucho tiempo. Y así ha sido hasta hoy; gracias, Esteban
José María Palencia