MAXIMILIANO DE HABSBURGO

FERNANDO MAXIMILIANO DE HABSBURGO

Maximiliano de Habsburgo

Archiduque de Austria, Emperador de México

del 10 de abril de 1864

al 15 de mayo de 1867

          El Príncipe Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque del Imperio Austro-Húngaro, nació el 6 de julio de 1832 en el palacio de Schoenbrün cercano a Viena, Austria. Estudió con preceptores imperiales y fue un buen estudiante que llegado a la edad apropiada resolvió seguir la carrera naval. Viajó mucho por Europa, recorrió el Mediterráneo, fue a Palestina y a Grecia, regiones todavía pertenecientes al imperio otomano; estuvo en el norte de África y en el Brasil.

          En una visita que hizo a Bélgica, en el palacio real de Bruselas conoció a la princesa Carlota Amalia, hija del primer matrimonio del rey Leopoldo, con la que poco después contrajo nupcias. Su hermano, el emperador Francisco José, lo nombró gobernador del reino Lombardo-Véneto y residió en el castillo de Miramar, frente al Adriático, donde recibió a la comisión mexicana que iba a ofrecerle la corona imperial. Se mostró dispuesto a aceptar el ofrecimiento con la condición que fuera llamado por la mayoría del pueblo mexicano, por lo que la regencia, ayudada por el ejército francés, se encargó de recoger firmas en todos los lugares ocupados por los intervencionistas. Una vez levantadas las actas de adhesión la comisión mexicana, encabezada por don José María Gutiérrez de Estrada, volvió a Miramar a ofrecer de nuevo la corona de México, que Maximiliano aceptó el 10 de abril de 1864.

          Nombró ministros y a otros funcionarios, firmó con su hermano el Emperador un contrato por el cual renunciaba a sus derechos a la corona de Austria. Después firmó el tratado de Miramar con Napoleón III; por él se comprometía el emperador de Francia a mantener en México un ejército de 25,000 hombres para apoyar al Imperio durante seis años, número de soldados que iría reduciéndose a medida que fueran organizadas las fuerzas mexicanas.

          México pagaría a Francia la cantidad de doscientos setenta millones de francos por concepto de gastos de guerra, más setenta y seis millones con un rédito del tres por ciento anual, dinero prestado en efectivo para gastos del gobierno imperial; además se tendría que pagar a la tropa todos los viajes de abastecimiento y la liquidación de la deudaJequer. Uno de los compromisos del tratado era que el gobierno imperial de México seguiría una política liberal. Empero México no estaba en condiciones de pagar la enorme suma que se le pedía y con la política liberal los conservadores se convertirían en enemigos.

          Maximiliano hizo un viaje a Roma para visitar al Papa, pero nada arregló sobre la cuestión religiosa mexicana. Finalmente embarcaron los emperadores en el puerto de Trieste, en la fragata austriaca "Novara" y llegaron a Veracruz el 28 de mayo siendo recibidos fríamente por la población. Continuaron el viaje a México, donde entraron el 12 de junio. Se les recibió espléndidamente por parte de la población, las autoridades y el ejército francés.

          Al organizar su gobierno Maximiliano nombró como ministros a personajes liberales moderados, lo que produjo el disgusto de los conservadores. Lo más grave fue que en vez de ocuparse de resolver asuntos de inmediata importancia, se dedicó a cosa por completo superficiales e inútiles como la organización de la corte y su protocolo. Después reorganizó la Academia de San Carlos, fundó los museos de Historia Natural y de Arqueología y la Academia Imperial de Ciencias y Literatura, dejando en el olvido asuntos muy serios, de primera importancia. Aunque declaró a la religión católica e del Estado, mantuvo los principios de la reforma liberal, redujo al clero a su función y lo alejó de la política y de la administración. Dispuso que se prestaran gratuítamente los servicios religiosos, que los sacerdotes quedasen a sueldo del gobierno y que toda comunicación con Roma pasara por la censura gubernamental antes de ser enviada a su destino. El Nuncio papal protestó por estas medidas y el clero mexicano comenzó una verdadera campaña contra el emperador, al que llamaban el "empeorador".

          No tardó en surgir la desavenencia entre Maximiliano y el marisca Bazaine, acusando este último al primero de no poder organizar la hacienda pública, mientras Maximiliano lo tildaba de negligente y descuidado para sofocar el estado de rebelión existente. Bazaine, para contradecir al emperador, le hizo saber que el país estaba pacificafo; que el gobierno republicano había desaparecido desde el momento en que Juárez pasó a los Estados Unidos y que en consecuencia todo individuo alzado en armas, ya sin bandera, era simplemente un bandido. Maximiliano publicó un decreto, el 3 de octubre de 1865, en el que declaraba fuera de la ley a los guerrilleros que seguían combatiendo al imperio, y que todo hombre sorprendido con armas sería remitido a las cortes marciales, para ser pasado por las armas dentro de las 24 horas después de su aprehensión. Los generales republicanos José María Arteaga y Carlos Salazar, capturados en Santa Ana Acatlán por fuerzas del coronel Ramón Méndez, fueron fusilados en Uruapan el 21 de octubre en cumplimiento del decreto de Maximiliano.

          La emperatriz Carlota hizo un viaje a la península de Yucatán, donde fue muy bien recibida y agasajada por la población y por las autoridades, que siempre fueron imperialistas. Para Napoleón III las cosas no iban bien: en la Cámara de Representantes le pidieron explicaciones sobre los costos y resultados de la expedición a México. Una nueva potencia, Prusia, manejada por el enérgico canciller Bismarck, se mostrba amenazadora y Estados Unidos, que salía de la Guerra de Secesión triunfante, el partido de la Unión simpatizador de Juárez y de su gobierno, manifestaron desagrado en la corte de Las Tullerías, porque un ejército francés estuviera en México y demandaban de inmediato que ese ejército se retirara.

          Por todas esa causas y mucho más por la económica, que estaba dejando exhaustas las arcas del tesoro francés, Napoleón III resolvió dar por terminada la empresa en México dos años antes del plazo fijado en los tratados de Miramar. Cuando Maximiliano recibió la comunicación del emperador de los franceses avisándole el retiro de las tropas, resolvió abdicar; pero la emperatriz Carlota Amalia no se resignó a perder la corona y embarcó para Europa, aunque ya en el camino de México a Veracruz dio muestras en repetidas ocasiones de trastornos en sus facultades mentales.

          Iba dispuesta a exigir de Napoleón el cumplimiento de lo convenido y a solicitar la ayuda del Papa. Llegó a Francia y celebró dos entrevistas con Napoleón, quien le declaró terminantemente que para México no prestaría un zuavo ni un franco más. La emperatriz marchó a Roma a buscar la ayuda del Papa y allí se le declaró la locura, de la que jamás se recuperó. Fue conducida por un hermano a Bruselas y alojada en un castillo, donde vivió hasta 1927. Nunca recobró la salud.

          Maximiliano cuando supo de la enfermedad de la emperatriz, pr segunda vez decidió abdicar y embarcarse con los últimos contingentes franceses que eran concentrados en Veracruz poco a poco, abandonando las ciudades del norte que inmediatamente eran ocupadas por los soldados republicanos. Los franceses que habían empezado a embarcarse el 18 de diciembre de 1866, terminaron de hacerlo el 11 de marzo de 1867. Maximiliano marchó a Orizaba el 21 de octubre de 1866 para salir con Bazaine a Europa, pero circunstancias familiares, los ofrecimientos del partido conservador que lo tenían bloqueado y la llegada de los generales Miramón y Márquez, lo animaron a seguir en México. Reorganizó el ejército imperial y dio el mando a esos dos antiguos jefes conservadores. Miramón intentó un golpe de mano y atacó Zacatecas, donde se encontraba el gobierno republicano. Juárez y su gabinete, que habían venido desde Paso del Norte a Chihuahua, Durango y la capital zacatecana, estuvieron a punto de ser hechos prisioneros, aunque lograron a duras penas escapar hacia Jerez.

          Pocos días después el general Mariano Escobedo derrotó al general Miramón en San Jacinto de Aguascalientes y le hizo muchos prisioneros, entre ellos su hermano Joaquín y ciento noventa franceses, todos fusilados al siguiente día. Maximiliano resolvió hacerse fuerte en Querétaro, donde se concentraron las tropas de Márquez, Miramón, Méndez y Mejía. Dos ejércitos, el del Norte al mando del general Escobedo y el del Occidente del general don Ramón Corona, avanzaron sobre Querétaro.

          El emperador envió al general Márquez a México, con poderes extraordinarios para qu acompañado por el general donSantiago Vidaurri recogiera la mayor cantidad de elementos para auxiliar Querétaro. Márquez en México supo que el general Porfirio Díaz sitiaba Puebla, por lo que marchó con 3,500 hombres en auxilio de esa plaza que tras de un violento asalto cayó en poder de los republicanos el 2 de abril. Márquez quiso retroceder pero fue alcanzado en San Lorenzo y completamente derrotado por el general Díaz. Márquez se refugió en la capital, sitiada por las tropas republicanas.

          Querétaro había resistido con buen éxito y cuando se supo del desastre de Márquez, Maximiliano decidió rendir la plaza en la creencia de que se le permitiría regresar a Europa. El coronel Miguel López, jefe de la guarnición de la La Cruz, entregó su posición a los republicanos que entraron en la plaza el día 15 de mayo. El emperador se retiró al Cerro de las Campanas con algunos de sus generales y se entregó como prisionero. Fue puesto preso en el convento de La Cruz y después trasladado al de Capuchinas.

          El gobierno mexicano dispuso que un consejo de guerra juzgara a Maximiliano y a los generales prisioneros, quienes resultaron sentenciados a muerte. El general Ramón Méndez, simplemente identificado fue pasado inmediatamente por las armas. A pesar de las gestiones de sus defensores don Mariano Riva Palacio y don Rafael Martínez de la Torre y de los ministros europeos y de Estados Unidos acreditados en México, la sentencia fue confirmada y se fusiló al archiduque Maximiliano y a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en las faldas del Cerro de las Campanas, el 19 de junio de 1867.

          Dos meses después llegó a Veracruz la fragata "Novara" que venía a recoger los restos de Maximiliano solicitados por su familia y el 27 de noviembre de 1867 se embarcó al cadáver del infortunado archiduque, quien hoy reposa en el panteón imperial de los capuchinos, en Viena.






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