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Valparaíso Perdido y otros escritos
Valparaíso Pérdido: Iniciativa para una crítica al crecimiento urbano y un accionar acorde con estas.
Pre-Manifiesto: Insurrección sobre bicicletas
Ideas para una Psicogeografía como herramienta en la lucha de clases.
Anexo 1 (no incluido en la versión impresa ni en la descargable): el bosquejo entregado por Eduard acerca de sus conversaciones con los vecinos del Cerro Concepción.
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Iniciativa para una crítica al crecimiento urbano y un accionar acorde con estas.
Dentro de 15 años más, esto es para el 2020, según estimaciones de la ONU nuestro planeta estará habitado por cerca de 8 mil millones de personas. Para colmo la mayoría habitaremos en ciudades: centros del mundo y semilleros de estrés, frustración y violencia, pero también de “urbanas entretenciones”. Todo indica que la alta densidad poblacional estará acompañada de una gran cesantía, y consecuentemente de una precarización de la vida. ¿Como enfrentará Valparaíso ese futuro no muy lejano? Aquí presento un acercamiento al crecimiento urbano del presente y que marcará el futuro, futuro que cada uno podrá construir en su mente.
1. Ayer y hoy.
Valparaíso se expandió desde su casco histórico, por el estrecho plan hasta los cerros, rellenando y aplastando sus quebradas, botando palmas, pavimentando laderas y cumbres. Los cauces naturales de las aguas, que llegan a un mar cercado por containeres, fueron cubiertos para construir sobre ellos ejes viales.
Este crecimiento, a veces espontáneo, resulta atractivo para turistas que ven mezclada la arquitectura europea de antiguas casonas con precarias viviendas que cuelgan de los cerros, y uno que otro ascensor sobreviviente del tiempo y a la modernidad.
La ciudad de Valparaíso sigue creciendo, crece por adición, sustitución y desplazamiento.
Crece por adición incorporando cada vez más población en las cimas y quebradas de los cerros, donde están llamados a habitar lo más pobres ya sea en campamentos, tomas de terrenos, o encerrados en departamentos-nichos como solución estatal a los/as sin casa. Dentro de los departamentos-nichos el hacinamiento es conocido. Para jugar, niñas y niños, deben a diario competir con los autos por un pedazo de calle. No es mejor la situación de los padres y madres que deben lidiar con la realidad del endeudamiento. Y ni hablar del impacto sobre el suelo, la flora y fauna (palmas amenazadas, quebradas convertidas en improvisados vertederos, erosión del suelo, etc.). Los más adinerados, y otros no tanto pero con la capacidad (temporal) de obtener elevados créditos hipotecarios, han encontrado en Curauma una suerte de isla lejana del centro urbano de su contaminación, vicios y estrés. Es también un crecimiento por adición.
Otros cerros, no considerados en el Plan regulador de Valparaíso, crecen además por sustitución. El cerro Los Placeres es uno de los mejores ejemplos. Grandes edificios reemplazan, y seguirán reemplazando, a antiguas casas, aumentando la densidad poblacional pero no las relaciones interpersonales. Muy por el contrario, la frialdad de las nuevas edificaciones y sus habitantes están poniendo fin al barrio y las relaciones que antes se daba entre los/as vecinos/as. La luz y calor del sol son sólo recuerdos para las casas que hoy son aplastadas por las sombras de nuevos y cada vez más grandes edificios.
La sustitución de edificaciones, como las mencionadas anteriormente, conllevan generalmente el desplazamiento de personas. Por otra parte, los desplazados aumentan también sin que se realice sustitución alguna de las edificaciones. Es el caso de zonas como el Cerro Alegre y otras incluidas dentro del Casco Histórico, donde los antiguos vecinos/as, poseedores de una basta memoria histórica (que sólo la vida de barrio puede dar) han vendido sus propiedades ha especuladores inmobiliarios quienes se encargan de ubicar en los tradicionales barrios a personas provenientes de zonas como la Capital. Profesionales jóvenes, estudiantes universitarios, y autoproclamados artistas, entre otros, buscan empaparse de una supuesta mística y creatividad que poseerían dichos lugares. Antiguos vecinos/as son así ahora convertidos en los desplazados del Valparaíso patrimonial.
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2. Sólo quedará la historia de edificios.
Con el propósito de conocer algunos testimonios de los/as aún no desplazados del casco histórico del Valparaíso “patrimonio de la humanidad”, Eduard [1] vagó por el Cerro Concepción en busca de algunas palabras de estos vecinos/as que pagan unos de los más elevados arriendos de Valparaíso. Las principales razones para esta migración estarían en la gran tentación que provoca el dinero y el agobio permanente de las deudas que obligan a buscar soluciones tan extremas como el abandono del barrio que los vio nacer y crecer. Estos barrios tradicionales cuentan hoy con muchos interesados en adquirir alguna casa, por lo que el accionar de las inmobiliarias, que desean lucrar de este momento, es muy fuerte. Por eso no resulta raro que los hijos/as, una vez muerto su padre y/o madre –antiguos vecinos de barrio- hayan encontrado rápidamente a compradores para sus ex-hogares. Más triste es la realidad de aquellos vecinos que ya viejos y solos, sintieron que la casa les quedó muy grande por lo que tomaron la difícil decisión de vender.
Sorprendentemente muchos de los que habitaron durante décadas en este barrio no eran propietarios. Ahora habitan en otros lugares donde el arriendo no es tan elevado. Otros llegaron a acuerdo con los propietarios y subarrendaron la propiedad, principalmente a estudiantes universitarios.
Son numerosas las historias que ha generado este mercado inmobiliario, un vecino contó que profesionales de la política como Guido Girardi y Schaulson lo habían tentado, pero que este no había cedido. Quien tuvo más suerte fue el ex-alcalde de Valparaíso, Hernán Pinto, quien se hizo de una céntrica casona en el Cerro Alegre. Nada raro es que los vecinos encuentren debajo de sus puertas propagandas de distintas inmobiliarias que los instan a vender sus propiedades.
Por barrio no sólo se entiende al lugar físico, sino que también a su historia y su gente. Esta llegada incesante de personas de mayor poder adquisitivo están no sólo desplazando a los antiguos vecinos/as, sino que están poniendo fin así a la comunidad en el barrio. Las islas crecen en estas tradicionales zonas, y el antiguo barrio se convierte así en un gran archipiélago burgués.
3. Geografía urbana y lucha de clases
Corrían los últimos años de dictadura, el verano era caluroso y las entretenciones eran pocas para alguien que vivía rodeado de la pobreza. Me pasaba los días ya sea en el patio de mi casa o en la calle. Una vieja bicicleta y una tabla encerada (con la cual me deslizaba sobre las pendientes encementadas) eran mis casi únicos juguetes. Los desechos daban pie a la creación. Un día de sofocante verano, confundido por las alegres imágenes de la televisión (eran días de Festival), me deje llevar por un impulso y sin pensarlo más me decidí a dejar por un rato las cumbres de Playa Ancha. Yo también quería gozar. Durante media hora caminé cerro abajo para tomar la micro 1 de la Central Placeres. Me dirigía hacia Reñaca, epicentro del adinerado turismo viñamarino. El impacto fue más grande de lo esperado. La diferencia entre esa gente y yo era mayúscula. No era sólo mi ropa. Esta estaba limpia aunque algo fuera de moda y no era de esas marcas de “importancia”. Tampoco era solamente mi piel morena, allí también habían muchos morenos, aunque el mío era natural y el de ellos producto de horas bajo el sol. Cada vez sentía más calor, mi ropa no era cómoda pero tampoco me atrevía a quitármela para refrescarme en el mar. Deambule por calles y galerías, en donde desperté las sospechas de uno que otro guardia, hasta que un policía me pidió que le mostrara mi identificación. Después de unas preguntas acerca de donde era y que hacía allí, algo inquieto me dejo ir, pero sin antes sugerir que me fuera de ahí. A pesar de tener la sombra de un edificio, sentía más calor. Era el calor de la impotencia ante tal discriminación. Cuando me aprontaba para irme sentí una voz que me llamaba. Era un vecino del cerro, lo veía ha diario pero nunca lo había saludado. Se me acerco para saber lo que quería el policía. Después de unas cuantas palabras me regaló uno de los helados que él vendía en los alrededores de la playa, y me dijo: “vallase mijito que ya se va ha hacer tarde”. Tomé la 1 de vuelta, caminé el cerro de subida durante unos 40 minutos y llegué a casa, cansado, con hambre y confundido ante la evidencia de dos realidades económicas tan contrapuestas.
En el relato anterior la respuesta convencional esperada por el policía dice relación con alguna actividad económica, como sería el trabajar, ó el visitar un familiar (que tiene un profundo carácter de clase). Pero la inexistencia de este tipo explicaciones pone en evidencia el carácter clasista que tiene hoy la geografía urbana.
Una característica de Valparaíso es la relativa homogeneidad económica entre sus habitantes. Claro que la nivelación es para abajo: la mayoría somos pobres o muy pobres. La instalación en algunas zonas de personas más adineradas aún no desequilibra esta realidad. Lo cierto es que el plan se caracteriza por una sobriedad económica, esto es, no existen grandes moles ni tiendas muy lujosas (salvo un par de excepciones), incluso dos Mc Donalds debieron cerrar producto del fracaso económico (cosa que enorgullece a quienes nos declaramos enemigos del capitalismo). Esta situación podría ahora ser revertida por un grupo de empresarios/as. Mucho se ha especulado acerca del futuro borde costero, que se debe construir y que no. Desafortunadamente el común de la gente estamos muy lejos de esa discusión. Por ahí una asociación de junta de vecinos (es sabida la escasa representatividad de estas organizaciones) y otro grupo de autoproclamados defensores de Valparaíso han tenido la oportunidad de dar su opinión. El resto estamos excluidos, por que así lo quieren los empresarios/as (quienes planifican el crecimiento urbano a su medida) y por cierto por nuestra incapacidad de organizarnos en torno a este tema. Unos/as están muy ocupados en sus trabajos u hogares y los/as otros/as, activistas políticos, tienen “suficiente” trabajo con las manifestaciones de siempre (día del trabajador, 21 de mayo, elecciones, etc.).
Existen razones fundamentadas y también intuitivas para creer que el borde costero se convertirá en un polo de desigualdad de Valparaíso. Lujosas tiendas y hoteles, caros cafés y restoranes, molo para veleros y yates, son sólo algunas de las cosas anunciadas. La construcción de estos darán trabajo temporal en el área de la construcción, y tal vez después exista para algunos/as la posibilidad de un esclavizante trabajo en los servicios (mozos, cuidadores de autos, guardias privados… nada que ya no conozcamos: sueldos miserables y largas jornadas de trabajo incluso los días domingos y feriados).
Los beneficios del borde costero que los/as empresarios/as planean construir no serán para los porteños, menos su goce. Hoy día muchos no tienen dinero para bajar al plan, ni siquiera para buscar trabajo. Muchos viven casi toda su vida en los cerros. Estos muchos serían los discriminados de un borde costero exagerado en lujos capitalistas.
4. Comunidad versus la conducción empresarial y la tutela estatal.
Urbanismo Sostenible: “El término se aplicaba al funcionamiento de un sistema en circuito cerrado, generando su propia energía y eliminando sus propios residuos, hechos incompatibles con la expansión inherente al capitalismo, basada en la especialización de las actividades y la deslocalización productiva. Los proyectos alternativos de esa “izquierda” pintada de verde, ni pretenden limitar el frenesí de la economía, ni cuestionan el sistema capitalista y su sagrada idea de progreso. Además, resulta más que evidente el hecho de que no existe un modelo capitalista que se sostenga. Hablar de sostenibilidad bajo estas condiciones es una estupidez, o peor, un engaño, ya que no existe un capitalismo “limpio”, capaz de comerse sus marrones.”
Miguel Amorós [2]
Miguel Amorós
Los dirigentes/as políticos conocen muy bien el potencial económico de la urbanización, tanto así que lo promueven ilimitadamente sin importar las reales necesidades de los residentes. Los empresarios/as han encontrado en estos políticos/as los aliados que necesitaban. El resultado de esta alianza es la cesión del proceso urbanizador a la iniciativa privada de empresarios sedientos de más dinero. Por supuesto que nuestra pasividad, juega a favor de estos.
Bajo esta conducción empresarial, ¿Qué podemos esperar para el Valparaíso de los próximos años? Aquí van algunas ideas:
1º La museificación de algunos lugares, con la consiguiente migración de la gente a zonas con más bajos arriendos.
2º La construcción de espacios especiales para turistas (¿borde costero?) excluyentes para la mayoría de los porteños, y asociado a esto, el aumento de la “seguridad” en estos lugares (cámaras de televigilancia, guardias privados, etc.) para así evitar el libre tránsito de aquellos/as considerados como indeseables.
3º La profundización del Valparaíso suministrador de servicio, lo que en una sociedad neoliberal significa trabajos mal pagados y temporales.
4º Construcción en lo cerros para todas las direcciones (a nivel del suelo, quebradas, y también hacia el cielo).
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Cualquier accionar que pretenda devolver la ciudad a la gente pasará por la caída del capitalismo, caída que debe ser provocada por la misma gente. A no confundirse con meras transformaciones estéticas hechas por los actuales dirigentes/as (entiéndase empresarios, políticos y religiosos de las altas esferas).
El Estado otorga espacios de supuesta participación ciudadana, espacios en que la población estaría representada. Gran mentira. En la mayoría de los casos un par de vecinos/as, que se autodenominan representantes de la población, son invitados sólo para justificar la existencia de dichos espacios. Ó más simple aún, una pequeña burocracia ambientalista fija tasas de destrucción del ambiente o arquitectos arrogantes encuentran soluciones y propuestas urbanas “amigables”… todo simple palabrería.
Por ahora, y mientras el capitalismo no caiga, medidas descentralizadoras, de autoabastecimiento y que promuevan el desarrollo de asambleas, parecen ser las mejores formas de resistencia al actual crecimiento urbano. Todas estas apuntan hacia una real autonomía de la comunidad. Algunos pequeños ejemplos son los huertos urbanos, el trueque, las ocupaciones de viviendas, la administración local (de vecinos/as) de algunos espacios ya existentes, el reclamo y ocupación de las calles por y para la gente, etc. Todas estas medidas ejecutadas en comunidad expulsan localmente al capital. No hay que confundirse con los liderazgos interesados encubiertos en juntas de vecinos, centros culturales y otros[3].
Interesante resulta la importancia que Murray Bookchin le da a otras ideologías socialmente progresistas (pero no movidas por meros intereses materiales) como son las ecologistas, feministas, étnicas, morales y contraculturales. Estas ideologías cruzan las líneas tradicionales de clases (en su concepción marxista). A partir de estas se puede crear un interés general con miras muchas más amplias (nuevas y de mayor creatividad) que los intereses particulares de orientación económica del pasado.
“Y será a partir de este punto que el «pueblo» nacerá y se dirigirá hacia las asambleas, un «pueblo» que irá más allá de los intereses particulares y dará una mayor relevancia a la orientación municipal libertaria”[4].
Murray Bookchin tiene un planteamiento bastante claro del papel que la comunidad debe jugar en un proceso revolucionario. Este opone dos zonas de la actividad social humana: el trabajo y la comunidad. De la fábrica señala que muy por el contrario de servir para “disciplinar”, “unir” y “organizar” al proletario capacitándolo para el cambio revolucionario (según la teoría marxista), ha servido sólo para esclavizarlo en los hábitos de la “subordinación”, la “obediencia” y la “robotización descerebrada”.
“…donde los trabajadores están en movimiento, su batalla es totalmente defensiva (irónicamente se trata de una batalla por mantener el sistema industrial que se enfrenta con un desplazamiento del capital y un aumento de la tecnología cibernética) y que refleja los últimos coletazos de una economía en decadencia”.
Así, según sus palabras, la única forma que tienen los oprimidos/as de volver a la vida es cambiando los hábitos industriales por la actividad libre de comunizar (el proceso vital que da el significado a la palabra comunidad). Es necesario reemplazar la política estatal (donde sólo somos electores representados y dirigidos) por la política social, por la organización asamblearia. Al Estado Nacional se lo pone fin con la supremacía de las asambleas en ciudades y pueblos, asambleas que deberían tener una estricta vigilancia sobre cualquier forma de coordinación confederal.
5. Entonces.

Si queremos poner fin a la conducción empresarial del crecimiento urbano, a la destrucción planificada de la ciudad, debemos vincular nuestra vida privada a la vida pública para construir asambleas desde la base y acercarnos así a una comunidad libertaria, a un socialismo orientado hacia y por organizaciones populares descentralizadas. Debemos invadir la esfera pública con nuestras pasiones que se encuentran hasta ahora confinadas en nuestro mundo privado y atomizado.
Enrricco Roda
Valparaíso, abril y septiembre, 2005
[1] Aquí tienen algunas ideas captadas en mis conversaciones con Eduard. Podrán encontrar un borrador escrito por este en www.adriatan.tk
[2] "Urbanización y Destrucción”. Miguel Amorós Reelaboración de la conferencia-coloquio del 7 de abril de 2004 en el centro social La Mistelera de Dènia (Alacant).
[3] Algun@s ya han sacado un “mal provecho” de estas propuestas libertarias. Por ejemplo el Centro Cultural Playa Ancha que por un lado gritaba al mundo que la vieja casona que utilizan como sede sería una okupa, mientras que por otro lado su más antiguo habitante cobraba (y tal vez se sigue cobrando) arriendo a sus moradores. Así dicho espacio constituye una sucursal más de las actuales formas de convivencia capitalistas.
[4] “Seis Tesis Sobre Municipalismo Libertario”. Murray Bookchin, 9 de septiembre de 1984. Traducción por Miguel Jaime.
Insurrección sobre bicicletas
La Ira de Febrero:
Con entusiasmo pedaleé por la Av. España hacia Viña del Mar. El temor, no infundado, a ser golpeado por un auto o bus me llevo a circular por la dispareja vereda y no por la calle (en la calle se puede pedalear más rápido a la vez que se consume menos energía). Mi objetivo era circular por primera vez en la ciclovía existente en Viña del Mar. Ya en el lugar me molesté porque éstas corrían a la altura de la vereda y no de la calle, esto significa que en cada esquina debo disminuir la velocidad para descender a la calle y una vez cruzada, subir la vereda siguiente, todo esto con un evitable gasto de energía. Los/as ciclistas podemos gastar 5 veces menos energía que los peatones. Por eso mi molestia, y de todos quienes vemos a la bicicleta como un transporte y no sólo como un pasatiempo. Seguí pedaleando. Me contenté al recordar que este era sólo el primer tramo construido, y que tal vez, los siguientes serían a la medida de los/as ciclistas de todos los días.
Han pasado varios meses desde ese primer viaje por la ciclovía viñamarina, una vía que no crece y parece que no crecerá, al menos en el corto plazo. La idea original era que el primer tramo de ciclovía cruzaría el Sporting, tomaría 8 Norte por Av. Perú, seguiría por Avenida los Héroes, el Puente Casino y pasaría por Caleta Abarca. Más de 2 kilómetros de ciclovías con una inversión estimada de 50 millones de pesos. Una segunda etapa del proyecto suponía unir Viña del Mar y Valparaíso hasta la Caleta Portales, donde se podría conectar con los trenes de Merval, todo al mejor estilo europeo. En contraposición, al mejor estilo chileno, tenemos la llegada de las nuevas autoridades al municipio viñamarino quienes ahora desconocen el proyecto porque, según ellos, estaría mal hecho(?). La ampliación de la ciclovía de 8 norte hacia la avenida Perú había sido cancelada indefinidamente. La alcaldesa Virginia Reginato dice no tener nada en contra de las ciclovías pero reclama que éstas, como están pensadas, no son rápidas debido a los semáforos y entradas de autos, además acusa a Vladimir Morales (ex director de Secpla) de supuestas irregularidades, este alega inocencia y acusa a la UDI de querer desconocer toda la gestión de la administración anterior. Las acusaciones van de un lado a otro, la discusión se dilata, y como tantas otras veces tendremos que esperar, a no ser por la presión de la gente. La historia no estaría completa sin la participación de los/as empresarios/as. Marta Escudero, dueña del Hotel San Martín, señala que en Ámsterdam hay muchos ciclistas y ciclovías, pero que “el chileno es muy flojo para eso”, y no es el único argumento que tiene en contra: “la calle es muy angosta [la av. Perú], si hay una ciclored puede pasar por cualquier otra calle"[1]. Es la opinión de una empresaria que prefiere los autos de turistas a las bicicletas de trabajadores/as y estudiantes. Y como no, si la avenida Perú es para empresarios/as una verdadera plataforma de negocios, y para ello necesitan estacionamientos y no ciclovías.
Sin embargo todos/as concuerdan en algo: en los beneficios de las bicicletas. Éstas no contaminan, ocupan menos espacio en estacionamientos que los autos, son más baratas y requieren menos mantención que un auto, etc. Pero estos argumentos no son suficientes para políticos/as burócratas ni menos para interesados empresarios/as. Un reportaje publicado en febrero por el Mercurio de Valparaíso cuestionando la cancelación del proyecto de ciclovías hizo retroceder parcialmente a la administración de Reginato. Unos días después estos se encuentran más accesibles a discutir el reinicio de la construcción de las ciclovías.
Y la conclusión es la de siempre. El futuro de la ciclovía está en nosotros/as, está en la capacidad de organizarnos y de ejercer la presión necesaria. Está en los/as ciclistas y en la complicidad que podamos contraer con los/as no ciclistas. Apoyar las ciclovías es apoyar el espacio urbano para la gente, es la lucha entre quienes habitamos las ciudades y quienes ven a éstas como un negocio, ya sea en el campo empresarial o de la política partidista.
El Pre-Manifiesto de Septiembre:
1º En ciudades atestadas por autos declaro al uso de la bicicleta, como medio de transporte, una forma de insurrección al capitalismo y al fomento que hace este de la utilización del auto privado para desplazarse en ciudades cada día más contaminadas.
2º Los trabajadores/as y estudiantes que a diario usan la bicicleta para desplazarse constituyen un hito más en la lucha de clases, en la lucha entre dirigentes y dirigidos, entre sometedores y sometidos, entre dueños y espectadores. Mientras unos prefieren el consumo capitalista otros optan por la autogestión hasta de los medios de transportes.
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Además del carácter económico que tiene la utilización de la bicicleta como transporte (no se consume petróleo ni derivados de estos, los costos de compra y mantención son bajos, se ahorra en medicamentos al ser los ciclistas más saludables, etc), tiene un carácter de autonomía e insumisión mucho más interesante, y en cuanto no se pierda de vista esta perspectiva se podrá conseguir una unión fraternal de individuos enfrentada al actual orden y sus formas neoliberales de relacionarnos con los demás individuos y el medio ambiente.
3º El y la ciclista conciente del potencial anticapitalista del uso de la bicicleta debe reclamar de las calles el espacio suficiente para un desplazamiento seguro, rápido y oportuno.
4º Aquellos que están imposibilitados de usar diariamente la bicicleta, sea por razones geográficas o de salud, pero que se reconozcan enemigos del capitalismo y su fase neoliberal de apropiación del espacio urbano, deberán unirse en complicidad con quienes reclaman ciclovías.

5º Todo lo anterior hace a la lucha de ciclistas concientes en una de las tantas luchas que a diario damos por liberarnos del yugo capitalista y de su moral hipócrita y consumista. En consecuencia la lucha por ciclovías no debe entenderse como una lucha aislada ni menos única.
6º Finalmente debemos unir a nuestra trinchera de lucha al creciente número de ciclistas que a diario circulan por las calles de la ciudad. Para esto es necesaria la difusión de nuestro pensamiento libertario-insurreccionario en torno al uso de la bicicleta de manera clara y creativa. Así el reclamo de las calles para la gente servirá también para minar los cimientos del capitalismo.
Enrricco Roda
Valparaíso, abril y septiembre, 2005
ideas para una Psicogeografía como herramienta en la lucha de clases.(+)
1 En los años de gestación del Situacionismo surgieron muchas propuestas delirantes, con más adornos literarios que con una verdadera profundización teórica. Un ejemplo de ello es la introducción o popularización que hizo Guy Debord en su entorno situacionista del concepto de Psicogeografía. Según este, esta se puede entender como:
“…el estudio de las leyes precisas y de los efectos exactos del medio geográfico, conscientemente organizado o no, en función de su influencia directa sobre el comportamiento afectivo de los individuos.”[*]
No es muy difícil notar que la geografía urbana afecta nuestras emociones, inclusos nuestras creencias. Así parece que existen ciudades cuya arquitectura favorece al cristianismo, otras a la creación, otras a la depresión, etc. Aunque la gente está conciente de la influencia de los barrios sobre sus emociones, se contenta con asumir que las calles más elegantes causarían un sentimiento de satisfacción. No quieren ver más allá. Una de las funciones de la Psicogeografía debe ser, mediante investigaciones, la de desmitificar dicha creencia.
2. La Psicogeografía se ubica en un espacio no euclidiano. Las distancias en los espacios psicosociales no sólo se miden metros, por lo que la distancia más corta entre dos puntos no es siempre la recta. La intersección entre el tiempo y el espacio puede ser estudiada psicogeograficamente pero no se puede realizar una repetición mecánica de los resultados. Así no da los mismo recorrer calles como la Prat (llena de bancos e instituciones financieras) al mediodía, cuando la gran cantidad de gente la hace casi intransitable, que a la medianoche, cuando las calles vacías te permiten ver al frente y detenerte por ejemplo a observar los edificios. En el día las distancias de la calle Prat nos parecerán generalmente más largas.
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3. La Psicogeografía puede constituirse en una herramienta para la lucha de clases. Así por ejemplo, además de desmitificar la supuesta satisfacción que producirían los barrios elegantes, nos debe ayudar a estudiar las emociones y contradicciones que se generan en situaciones como aquellas en que los niños pobres son interrogados por policías cuando estos visitan los barrios elegantes. La respuesta esperada por los policías es meramente económica, para ellos estas ahí por trabajo, porque quieres robar, etc. Incluso la respuesta de visitar un familiar es económica, en cuanto que esta puede ser respondida generalmente por gentes de una misma clase.
4. La construcción de mapas psicogeográficos puede ayudar a entender el porque las personas privilegian ciertos “desplazamientos insumisos” a otros. La construcción de dichos mapas significa el explorar aquellos sectores que normalmente no recorreríamos por no tener una “buena razón” para hacerlo. Los desplazamientos por “buena razón”, como son el trabajo, estudios, turismo, deporte, etc., se encuentran en oposición a los “desplazamientos insumisos”, que serían aquellos que se realizan sin ninguna de las motivaciones de “buena razón”.
5. La Deriva (o Derive) aparece como el principal legado práctico de la Psicogeografía Situacionista de Guy Debord. Esta se presenta como:
“…una técnica de paso ininterrumpido a través de ambientes diversos” [**].
La Deriva consiste en que uno o varias personas renuncian durante un tiempo a sus labores habituales y los desplazamientos que estas actividades le significan, para dejarse llevar por el magnetismo del lugar y las posibilidades que este esconde. Andar a la deriva podría ser entonces un “desplazamiento insumiso”. La ciudad oculta flujos de desplazamientos por descubrir, es por esto que el azar no juega un papel importante, ya que la ciudad y sus atracciones te guían en la Deriva. Sin gran fundamentación Debord sugiere que la Deriva se realice entre 2 o 3 personas, y su duración puede ser de varias horas, incluso días. Otras formas de Deriva apelan a la desorientación, como es recorrer una ciudad con el mapa de otra distinta, la utilización de algoritmos matemáticos (por ejemplo avanzar una cuadra y virar a la derecha, avanzar tres cuadra y luego a la izquierda, dos cuadra más y luego a la derecha y repetir), etc.
6. La investigación psicogeográfica hecha desde una perspectiva insumisa y anticapitalista puede constituirse en una herramienta que posibilite la comprensión de la lucha de clases en el plano de la geografía urbana y favorezca un accionar contra el capitalismo, su consumismo, jerarquización, obediencia y sumisión.
Enrricco Roda
Valparaíso, septiembre, 2005.
(+) En términos marxistas la lucha de clases es entendida como aquella dada por dos clases económicas claramente diferenciadas. Sin embargo, hoy día deben considerarse nuevas concepciones de estas, como por Ej. las de Castoriadis quien señala que ésta lucha está dada entre dirigentes y dirigidos. No obstante lo anterior, en esta parte se enfatiza en los aspectos económicos.
[*] Introducción a una crítica de la geografía urbana. Guy E. Debord. Publicado en el # 6 de Les lévres nues (septiembre 1955). Traducción de Lurdes Martínez aparecida en el fanzine Amano # 10.
[**] Teoría de la deriva. Guy Debord (1958). Texto aparecido en el # 2 de Internationale Situationniste. Traducción extraída de Literatura Gris, Madrid, 1999.
Anexo 1 (no incluido en la versión impresa ni en la descargable): el bosquejo entregado por Eduard acerca de sus conversaciones con los vecinos del Cerro Concepción.
Desde hace varios años ya que en Valparaíso han sido erradicadas las fuentes laborales de producción , dando paso a diversas formas de trabajo, donde un gran porcentaje está en manos de las casas comerciales y todo lo que tenga que ver con este modelo mercantil en el que vivimos (gracias a cada uno de los votantes). Como decía, las fuentes laborales rondan en todo lo que sea vender-comprar, le vendes a los demás para que ganen otros, a cambio, tu recibes una pequeña comisión. Tú eres el intermediario, así sobrevive el puerto. Y como mucha gente se va a vivir donde está la pega, muchos se han tenido que ir de Valparaíso, ya que aquí no hay pega. Hay posibilidades, pero para quienes vienen a invertir. Y creo que desde un tiempo a esta parte hay otro factor que influye bastante en lo que hoy se ve en Valparaíso. Me refiero a la declaración de Valparaíso como patrimonio de la humanidad. Debido a esto hay zonas que están protegidas por ley, o sea, no se pueden modificar en su diseño. Las construcciones del cerro Concepción entran en esta calificación lo que llevó a que los precios de los arriendos aumentaran considerablemente. Esto provocó otro efecto, que la gente que mucho tiempo llevaba viviendo ahí (que tampoco era propietaria) tuviera que buscar un arriendo para su alcance. Algunos de los nuevos arrendatarios invirtieron en la propiedad haciendo un negocio top a la altura del cerro. Otros, llegaron a acuerdo con los propietarios y subarrendaron la propiedad, y que por supuesto también tuvo su efecto, la llegada masiva de estudiantes o profesionales jóvenes a vivir al lugar, dándole otro aire al vecindario, una nueva generación y con otras costumbres. Según las personas oriundas del cerro y con las cuales tuve la posibilidad de conversar, a medida que han pasado los años, los antiguos propietarios de las casas o se han muerto o bien se han tenido que mudar ya que la casa se les hace grande. Los hijos de los primeros, ya profesionales o con su vida prácticamente formada deciden vender la propiedad, dando paso, en ambas situaciones, a la llegada de nuevos vecinos al sector.
Y no sólo por estos motivos la gente tiene que empezar a buscar un nuevo hogar , a veces la tentación es más grande, y más aún si se está algo endeudado (cosa que no es muy rara en el modelo económico y social) puede ser fácil caer presa de ciertos compradores que aprovechando de su alto poder adquisitivo mueven sus hilos a ver si cae algún propietario y les sale el negocio, tal como lo hicieron los señores Girardi y Schaulson, a quienes , por lo menos con quien conversé, no les resultó el interés demostrado con tal porteño. A quien sí le resultó me dijo, fue al ex alcalde de Valparaíso, el Sr. Pinto, quien adquirió una humilde casita por una céntrica calle del cerro Alegre.
Otra cosa es para fin de año, donde el puerto se hace chico ante tanto visitante que aparece para los últimos días del año, en que los porteños desaparecen para dar lugar al visitante, la mayoría santiaguinos diría yo (que se entienda que no tengo nada con ellos, sólo es el relato de la realidad) y que vienen a disfrutar de estos impuestos carnavales culturales en donde mucha gente para la cual están hechos los carnavales, la familia porteña, no entiende mucho, lo que queda demostrado con la participación, que salvo para algunos casos, no se hace presente. De un momento a otro le cambian el panorama, le invaden las calles y la vida cotidiana por una locura obligada de fin de año. En esta fecha también se hacen presentes las ofertas para poder disfrutar tranquilamente una noche de año nuevo en el cerro Alegre o Concepción (como también bastante en Avenida Alemania, para esas fechas como también interés de la empresa inmobiliaria) pero que se encuentran ante la negativa por parte de los propietarios.
Todo lo anteriormente expuesto relacionado con los propietarios y/o arrendatarios de casas de uno o de los dos cerros, se recoge de lo que se conversó con ellos para ser posible el desarrollo del presente artículo.
Los antecedentes anteriormente expuestos demuestran ....
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