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Plaza y Jardín en el paisaje Urbano

Alberto Mengual Muñoz

Fuente: http://www.via-arquitectura.net
 

 

La ciudad tradicional se presenta como un conjunto edificado, compacto y separado de la naturaleza, donde el hombre ha creado sus propios espacios, su paisaje; paisaje que en contraposición a la naturaleza, acota y racionaliza en un afán de humanizar su entorno.

La ciudad actual, con su crecimiento desmesurado, ha invadido la naturaleza circundante alterando la relación entre lo construido y lo no construido, diluyéndose y extendiéndose los límites de la ciudad en un entorno indefinido, donde la naturaleza ha sido forzada a abandonar su carácter intrínseco. Esta transformación del paisaje natural en paisaje artificial o al menos construido no ha supuesto la creación de lugares mejores. Como consecuencia de estas intervenciones se generan espacios libres por el simple cumplimiento de un estándar urbano, que por lo general se abandonan a su suerte sin un claro significado dentro del contexto de la ciudad.

Por otro lado, la rapidez de desarrollo y la tecnología de nuestro mundo actual han producido una geografía en la que los lugares ya no tienen el mismo significado ni se perciben con las características con las que fueron creados. De una lectura pausada del espacio, hemos pasado a una lectura dinámica de todos los espacios, lo que ha supuesto la transformación de los valores que percibimos en ellos.

Si consideramos que nuestra percepción de la ciudad en su concepción tradicional ha cambiado, no así cabe decirlo de los planteamientos urbanísticos, los cuales mantienen una concepción del espacio libre como vacío, que si bien sigue aumentando en cuantía métrica, no da respuesta a las nuevas necesidades del ser humano en su relación con el espacio. Estas necesidades sin embargo sí han sido captadas por los profesionales del consumo. Mientras que los espacios libres de la ciudad se vacían día a día reduciéndose cada vez mas su uso, los espacios similares creados en las grandes áreas comerciales y de ocio cuentan cada vez con mayor número de usuarios. La mayor agilidad en la acomodación fácil a los gustos de los ciudadanos les permite crear espacios de usar y tirar, espacios "Kleenex" que desaparecen cuando dejan de ser útiles al comercio al que sirven.

Por ello, lejos de plantearnos los espacios libres de la ciudad como espacios creados para su servicio, ya sea para articular su trama urbana como para cumplir con un estándar urbano de calidad, y lejos también de plantear estos lugares como espacios dotacionales que bajo una visión bidimensional de la ciudad aparecen bajo manchas mas o menos intensas repartidas en toda su extensión, nos planteamos su valoración desde un punto de vista cualitativo, desde una visión ajena a esa estandarización que fuerza a la creación de espacios sin otro objetivo que el cumplimiento de normativas urbanísticas.

Situados intramuros, estos espacios libres surgen como espacios con carácter propio, como escenarios donde el hombre adquiere su propio protagonismo en intimidad o en su relación con sus congéneres.

La plaza, lugar de reunión por excelencia, de acontecimiento sociales y de participación, de encuentro y charla, de comunicación con los demás. El jardín, intimo, sensual, espacio de meditación, de percepción y encuentro con uno mismo.

La plaza, cargada de atributos, juega un papel histórico, de memoria de acontecimientos pasados o para el futuro recuerdo.

El jardín, utopía de una naturaleza creada por el hombre, responde a una necesidad de placer sensual, en contraste con una realidad biológica acomodada a un mundo distanciado de sus orígenes. El espacio adquiere aquí las dimensiones que el ser humano capta de la propia naturaleza y responde a sus reflexiones sobre como debía ser esta.

 

En cualquier caso, ambos, como espacios abiertos diseñados, acomodados, se presentan como territorios donde cada persona establece sus referencias espaciales, temporales, abstractas, destilándose en ellos la esencia de la ciudad.

Ambos dan respuesta a unas necesidades hoy por hoy banalizadas o mas bien reducidas por sistemas de consumo que dificultan las normales relaciones de cada individuo a través de estos lugares.

La plaza deriva en vacío urbano articulador de tráficos de vehículos o intercambiador de medios de transporte. El jardín en reducto extraño donde la naturaleza pervive, vacío urbano refugio de enamorados.

La tendencia cada vez mas creciente hacia espacios multifuncionales, o justificados en aras a una mayor rentabilidad social (¿comercial?) ha derivado hacia la creación de espacios libres privados de características acomodadas a intenciones ajenas a las necesidades que les dio origen. El espacio, pues, pasa a servir a intereses para los que no fue concebido. La plaza, en estos casos se presenta como un espacio envolvente de formas arbitrarias cuyo objeto es facilitar la mayor atención del individuo hacia el continuo escaparate y el jardín como una justificación ante las nuevas sensibilidades medioambientales.

Aparentemente antagónicos, hoy vemos en ellos mas puntos en común que distanciamiento. Frente a un conglomerado de espacios cerrados o controlados, se presentan como espacios abiertos o verdaderamente libres, como negativo o positivo de otros usos claramente encontrados, y frente a un mundo dinámico y rápido, se presentan como espacios de circulación lenta, de sosiego, de parada.

El descubrimiento de otras formas de relación surgidas a través de nuevos modos de comunicación, supone un nuevo entendimiento del espacio, donde cada usuario pasa a ser un elemento activo en su generación. A través de estas distintas percepciones, pasamos de recibir y adaptarnos a un espacio previamente creado, a generar nuestro propio espacio acomodado a nuestras pasiones, humores e intenciones en cada momento. Parece, por tanto, que el espacio virtual, en su indefinición, permite unas posibilidades "mas reales" que el propio espacio real. Si bien esto puede parecer un tópico, no cabe duda que con ello ha cambiado la mirada del hombre sobre las cosas, surgiendo diferentes pautas de lectura de la realidad.

La transformación de las actividades humanas, de las formas de vida, de todo el contexto económico y social a través de un crecimiento espectacular, el cambio de percepción de lo social, lo público y lo colectivo, han supuesto a su vez una transformación de las relaciones del ser humano con el espacio que le rodea. ¿Cómo podríamos concretar estos entornos a los que se tiende o en los que se producen las relaciones en la actualidad?. Hoy mas que nunca se busca la interrelación entre espacios, la superposición o confluencia de funciones.

Las nuevas relaciones entre arquitectura y paisaje, entre espacios cerrados y abiertos proponen nuevas formas de arquitectura donde no resulta necesario distinguir entre interior y exterior, donde los usos pueden acomodarse indistintamente estableciendo relaciones mucho mas directas y donde las fronteras o límites desaparecen diluyéndose y generando nuevos espacios de transición. La integración en el paisaje, ya sea natural o urbano, no puede ser solo volumétrica. Requiere de cierta permeabilidad no solo espacial, sino también funcional, de nuevas energías que llenen los "vacios" de la ciudad de contenidos, que transformen los simples espacios libres en espacios de acogimiento, adecuándolos o multiplicando sus usos. La condición de los espacios libres urbanos debe estar ligada a su reconsideración y reelaboración continua en el tiempo con la suficiente agilidad para adaptarla y adecuarla a las necesidades de cada momento. La plaza, el jardín, responden a una manifestación cultural propia del momento en que fueron creados, pero no por ello debemos olvidar su principal función en el contexto de la ciudad. Deben mantenerse vivos.


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