![]() |
||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||
![]() |
Existen
vagamente tres ciudades de Nueva York. Nueva
York, muchas veces, es reducida a Manhattan, posiblemente porque en esta
isla angosta están presentes los sueños y las pasiones,
no solo de sus cinco distritos, sino del mundo entero. Nueva York es una
ciudad que ha experimentado continuos y febriles cambios. Encarnación
de la modernidad, esta ciudad esbelta y dinámica orientada hacia
el futuro actualmente llora los trágicos eventos del 11 de setiembre
de 2001. Los ataques que costaron tantas vidas humanas y destruyeron el
World Trade Center han quedado para siempre grabados en las almas de quienes
los experimentaron desde cerca o lejos. |
|||||||||||||||||
|
Estos ataques traen a la luz de manera más aguda algo que ya sabíamos intuitivamente: lo que sucede en Nueva York tiene un impacto en el mundo. De hecho, cualquier persona que haya pasado un día en Nueva York, o al menos pensado en conocer la ciudad, ha sentido el luto por los violentos ataques televisados en vivo a todo el mundo, y la mutilación por la destrucción de las Torres Gemelas, tan inseparables del horizonte de Manhattan. Como una Babel del comercio mundial, las torres albergaban a personas de decenas de nacionalidades. Miles de personas recorrían estas ciudades verticales cada día, tejiendo tramas y redes entre las diferentes "ciudades" de Nueva York y el mundo. Ciudades dentro de la ciudad, las torres se erguían como banderas norteamericanas, portaestandartes de valores colectivos de una civilización que cree en la prosperidad, la grandeza y los símbolos. Luego
del 11 de setiembre, la relectura de Here is New York1 de E. B. White
- uno de los pilares históricos de la célebre revista
The New Yorker - impresiona por su exactitud y su repentina actualidad.
Este texto breve, producido hace aproximadamente cincuenta años
en un contexto optimista de post-guerra cuando Nueva York construía
las oficinas centrales de Naciones Unidas- capta en una descripción
notable la esencia de lo que define a Nueva York como una ciudad que
es al mismo tiempo única, excitante y vulnerable. E. B. White se sorprende ante la capacidad de supervivencia de este gigantesco organismo: "Es un milagro que Nueva York simplemente funcione. Es un hecho que sobrepasa el entendimiento ( ) Por lógica, Nueva York debería haberse autodestruido hace mucho tiempo: pánico, incendio, motines, una falla en la alimentación de alguna línea de su sistema de circulación, un cortocircuito en algún profundo laberinto. ( ) Pero la ciudad atenúa sus peligros y deficiencias dando a sus habitantes dosis masivas de una vitamina suplementaria el sentido de pertenencia a una entidad única, cosmopolita, poderosa e incomparable." Testigo de la Segunda Guerra Mundial, White es conciente de la fragilidad de Nueva York, y de la seducción que puede generar. Subraya de manera clarividente, "Un solo escuadrón aéreo, no mayor que una bandada de gansos, podría rápidamente terminar con esta isla de fantasías, incendiar las torres, demoler los puentes, transformar los pasajes subterráneos en cámaras letales, reducir a cenizas a miles de personas. Ahora, la inminencia de la muerte es parte de Nueva York: el sonido de los aviones sobre nuestras cabezas, los negros titulares de los últimos diarios. ( ) esta amenaza está de alguna manera más concentrada debido a la concentración de la ciudad misma. Nueva York tiene una clara prioridad sobre otros objetivos de ataque. En la mente de cualquier pervertido soñador privado de iluminación, Nueva York debe aparecer acompañada de una irresistible fascinación." Lamentablemente, estas palabras suenan ahora como una profecía nefasta. En los cincuenta años posteriores a este texto de White, Nueva York ha potenciado estas características transformándose en una ciudad aún más intensa y vibrante que entonces: un centro de intercambio en el encuentro de todas las posibilidades. White concluyó Here is New York con una nota humanística, confiando en que la nueva liga de naciones representada en la O.N.U. tendría fuerza suficiente para mantener a los "aviones de la muerte" en la tierra. Luego de los ataques, el sentimiento de seguridad de las personas fue sacudido. En contrapartida, el sentido de pertenencia a una entidad única e incomparable, y la solidaridad de todos los newyorkinos y de la comunidad internacional se intensificaron, fortaleciendo lazos que el individualismo de las últimas décadas había debilitado. En este sentido la tragedia sirvió para expandir la iconicidad de Nueva York señalando el lugar incomparable ocupado por esta ciudad, tanto en términos reales como en el imaginario colectivo. Nueva York no es la capital del país ni del estado al que pertenece, pero es en cierto modo un centro de globalización. Aunque parezca paradójico, Manhattan es una ciudad autosuficiente, que se encuentra tan cerca o lejos del resto de los Estados Unidos como del resto del mundo. Un centro que separa y reúne a la vez, un lugar singular y único. Los
eventos del 11 de setiembre no influyeron nuestra selección artística,
que estaba definida a la fecha en que sucedieron los eventos. De todas
formas nuestra mirada a ciertas obras ha sido afectada. El tema en cuestión
es la imposibilidad de abstraerse del complejo sistema interpretativo
que se nos ha impuesto luego de los recientes ataques. En una época en que colapsan las nociones de escuela o estilo, un intento de capturar un Zeitgest en la selección de cinco artistas sería imposible. Como contrapartida, la posición incomparable de Nueva York es definida por su status de isla, forzada a construir puentes con el mundo que la transforman no en una capital, sino en un nodo, el punto más central en una red. Este lugar que Nueva York ha inventado para si misma no esta tan relacionado con una voluntad de ocupar una posición central, sino con la fuerza de haberse convertido en un cruce de caminos, o un portal, en sentido de la WWW. Más que un lugar de nacimiento o residencia, es un lugar de pasaje, un lugar de reunión. Por Julian Zugazagoitia
|
|
| Volver a la página principal |