En cuanto a sus sentidos, tanto el de la vista como el del oído están bastante más desarrollados que en los humanos. Por ejemplo, en el oído de un gato el tictac de un reloj suena cuatro veces más fuerte. Su oído también puede diferenciar a hombres y mujeres, dado que es especialmente sensible a las altas frecuencias, de hecho también sienten más agrado por los tonos altos y en cuanto a voces, tonos femeninos. Pueden oír simultáneamente cientos de sonidos que ni el hombre ni el perro podrían ser capaces de detectar y analizar por separado y ni mucho menos juntos. Poseen más de veinte músculos en cada oreja, lo que les permite moverlas independientemente a fin de localizar sonidos con total precisión, son incluso capaces de oír la corriente eléctrica residual, esa que va por los cables eléctricos incluso con los electrodomésticos apagados. Toleran una cacofonía de sonidos que a nosotros nos resultaría ensordecedora. Su oído es tan fino que pueden localizar la posición exacta de una presa en tan sólo 1/16 parte de segundo
Su otro sentido especialmente desarrollado es la vista. Para ellos la vista es crucial para la caza, tanto como el oído. Sus ojos se concentran en la presa excluyendo todos los demás objetos. En ese momento es lo único que ve con total nitidez. Lo demás es una masa borrosa. Sus ojos funcionan casi con la misma eficacia de día que de noche. La visión nocturna de los gatos es 5 veces mejor que la humana. Poseen gran cantidad de células receptoras de luz, el precio sin embargo es una cierta pérdida de nitidez. La visión se ve mejorada por un mecanismo de reflexión, en la parte posterior del ojo tiene una capa de cristales reflectores que envían de nuevo a la retina la luz no utilizada. Cuando la oscuridad es total los bigotes sustituyen a los ojos. Todos los objetos producen perturbaciones en el aire que los rodea, aun en las noches quietas los bigotes pueden percibir imperceptibles cambios en la atmósfera. Este radar le permite caminar entre objetos que apenas ve, como si sus bigotes fueran otro par de ojos y a pesar de no ver a su presa, pueden determinar por este medio y sobre todo por el oído su posición exacta con un error de solo unos centímetros a una distancia de decenas de metros.
Un sentido que tienen poco desarrollado es el gusto, que es bastante inferior al humano, de hecho poseen un 25% menos de papilas gustativas que nosotros y, al revés que los perros, no son golosos. En cuanto a la comida, detestan la comida fría de la nevera, lo que más les gusta es que se encuentre a la temperatura de la presa, en torno a 36 grados. Poseen no obstante un sentido a medio camino entre el gusto y el olfato, tienen un órgano en el paladar que no tiene el hombre, los olores entran por la boca y ascienden por dos orificios situados detrás de los dientes delanteros y que conducen a una diminuta cámara donde se concentran y se absorben, lo que significa que los olores pueden, literalmente, saborearse.
Su olfato, por otra parte, es 14 veces más sensible que en los humanos, si bien está menos desarrollado que en los perros. Este es un sentido que utilizan para comunicarse, no para cazar. Es más probable pensar que nos reconocen más por el olfato que por la vista, de hecho, ellos no reconocen su imagen en el espejo porque carece de olor. En comparación con el hombre, un gato posee doscientos millones de células olfativas, mientras que el hombre sólo cinco millones, además el área de cerebro reservada al olfato es también mayor que en el hombre. Pueden saber quien ha estado en una habitación y cuando se ha ido sólo olisqueando el aire.
Otro fino sentido que poseen es una especie de tacto, pero no de la forma que nosotros lo entendemos. Las sensibles almohadillas de sus patas registran cualquier vibración. Esto lo utilizan ellos como un sistema de alarma. Los gatos, por este medio, son capaces de percibir un terremoto días antes de que suceda, registran incluso los que no son capaces de registrar los modernos aparatos científicos de medición. Todavía no se ha encontrado explicación a esta peculiaridad. En cuanto al resto de su piel, el pelo les protege del exceso de calor, por ello toleran temperaturas extremas, es fácil verlos durmiendo plácidamente muy juntos a estufas, chimeneas, etc. a una distancia que a nosotros nos resultaría insoportable o cuando menos incómoda, mientras que ellos perciben un agradable calorcillo.
También toleran en gran medida el dolor, debido a un elevado número de endorfinas que generan cuando les son necesarias.
Tienen un excepcional sentido de la orientación, muchos han recorrido cientos de kilómetros para volver a su territorio. Se cree que se orientan por una combinación del sol y el campo magnético de la tierra. Más difícil es explicar cómo algunos gatos han recorrido distancias enormes para reunirse con sus dueños tras una mudanza cuando ellos no han estado nunca allí. La ciencia actual no puede explicar en su totalidad la magia felina. Quizás sus sentidos estén mucho más desarrollados de lo que pensemos o posean sentidos que aún desconocemos.

